sábado, 5 de enero de 2013

La muerte en los medios y el futuro de la prensa



La muerte en los medios y el futuro de la prensa

Eleazar Díaz Rangel
Cuando terminaba el año 2012 se produjeron dos hechos de extraordinaria significación, todavía no leídos en profundidad, sobre el mundo de los medios. Una de las mas prestigiosas revistas estadounidenses, Newsweek, cuando estaba a punto de cumplir 80 años, dejó de circular después de pérdidas anuales estimadas en 30 millones de dólares, y una baja en el tiraje que en los ochenta era de cuatro millones y había llegado a 1.400.000 hace dos años. Este cierre es otra expresión de la crisis mediáticas en ese país, donde en cinco años han cerrado 145 diarios y solo 14 pasaron a la red digital. La Comisión Federal de Comunicación (FCC) reveló que se han perdido 35 000 puestos de trabajo, 18 millones de lectores dejaron la prensa, y entre 2005 y 2010 las pérdidas desbordaron los 23 mil millones de dólares.
Los editores de Newsweek comenzaron a buscar soluciones cuando percibieron la crisis que se les avecinaba, cambiaron su línea editorial para hacerla mas accesible al llamado gran público, “con portadas y contenidos cada vez mas llamativos y superficiales”, lo que afectó su calidad sin ganar lectores. Ahora en enero podrán leer Newsweek Global on line, previo pago del servicio, con personal reducido y sin poner en riesgo la calidad del periodismo, aseguran sus editores.
“Algunos periodistas y expertos en medios de comunicación son escépticos sobre el futuro de esa marca y de otras muchas empresas de comunicación atrapadas en una combinación letal de un modelo de negocios que no se sostiene y otro que no muestra aún un camino claro para la supervivencia”, según resume una investigación de Antonio Caño, corresponsal de El País en Washington.
La extinción de esta revista, ¿confirma la hipótesis de un estudio de una universidad de EEUU -creo que la de Pensilvania-, según el cual un día de octubre de 2040 circulará el último ejemplar de un diario impreso en ese país? Entre tanto, trascienden informaciones sobre las serias dificultades de la prensa en cada vez mayor número de países, y no necesariamente vinculados a la grave situación de la economía europea. Miles de periodistas han quedado desempleados. Las crisis de El País y El Mundo, de España, es buen ejemplo de cuanto ocurre en muchos medios. Y sin embargo, Walter Buffet, tercero en la lista de los multimillonarios del mundo, con más de 50 mil millones de dólares, está comprando periódicos como si estuviese enterado de que algo bueno pasará, pero nadie sabe la verdad de estas compras, si es que no son una manera de echar dinero en saco roto.
La otra muerte
Veamos el nuevo hecho significativo. La noticia la ofreció hace poco la agencia EFE desde Nueva York: La desaparición del periódico The Daily “menos de dos años después de su lanzamiento a bombo y platillo como el primer gran diario diseñado exclusivamente para la tableta electrónica iPad plantea nuevas dudas sobre hacia dónde debe orientarse la prensa escrita”.
El mismo despacho explica que el fracaso de ese ensayo “…es simplemente un recordatorio de que en el mundo digital postimpreso, el poder ha pasado de los editores a los consumidores”. Según el editor jefe del portal especializado Mashable, Lance Ulanoff; los lectores de noticias en Internet crean sus propios periódicos a base de retazos de diferentes diarios en múltiples plataformas, por lo que el pecado original de este periódico fue precisamente estar disponible solamente para el iPad durante su primer año de vida, y auque después amplió ese espectro, no tuvo una audiencia suficiente para convertirse en un negocio sostenible a largo plazo, reconoció el magnate de medios Rupert Murdoch, cuando anuncio su cierre. The Daily alcanzó 100 mil suscriptores, pero se estima que necesitaba el doble para estabilizarse.
La agencia EFE cierra así: “Sea cual sea la razón de la rápida desaparición de The Daily hace evidentes las dificultades que afrontan los medios de comunicación para encontrar nuevas vías para ser rentables y complica el nacimiento de más iniciativas que busquen delinear el camino hacia el que debe dirigirse la prensa escrita”.
Últimas Noticias
En el caso de Venezuela, Últimas Noticias conserva su alta circulación y credibilidad, mientras varios diarios de América Latina han desaparecido (el último fue La Nación, de Chile), y la mayoría ha visto disminuir su circulación, como es el caso de El Tiempo, de Bogotá y Clarín, de Buenos Aires, que de 400 mil ejemplares en 2007 bajó a menos de 300 mil el 2011, y su dominical se redujo de 800 mil a 600 mil, según el Instituto de Verificación de Circulación (IVC).
No obstante esa circunstancia que lo convierte en el diario más leído en Venezuela, los propietarios de la Cadena Capriles han instalado en sus nuevas edificaciones una Redacción Unificada con las tres marcas, el portal, y sus redes sociales, con las más altas tecnologías, que revelan cómo miran al futuro sin abandonar el presente de los medios impresos. El vicepresidente de la Cadena, Ricardo Castellanos, opina que “se ha colocado a los Directores y a todo el plantel de periodistas de esta redacción única frente al enorme reto de la transformación para que a la vuelta de muy pocos años la Cadena Capriles sea una empresa de medios multimarca y multiplataforma capaz de enfrentar con éxito y viabilidad económica el cambio de paradigmas que hoy vive la industria”.
Al final, serán los lectores y anunciantes los factores fundamentales de su crecimiento y del futuro de los cambios que se adelantan.

jueves, 3 de enero de 2013

Bombardeos y periodismo




Bombardeos y periodismo

Algunas reflexiones sobre el papel del periodista


Por Dick Emanuelsson, subdirector ANNCOL


TEGUCIGALPA / 2013-01-02 / “Contundente golpe a las Farc en el departamento de Nariño”, decía el título en la página web de la FAC, Fuerza Aérea Colombiana, el 2 de diciembre de 2012.

Inmediatamente comenzó a rodar por el planeta una bola de nieve. Y antes de terminar el día, el número de los guerrilleros muertos había aumentado por los “reporteros en el Internet” a 20-28. La breve nota se había convertido y había creado miles de artículos, opiniones y crónicas en donde se pronosticaba la pronta muerte de la guerrilla de las FARC. Y se equivocaron y se “quemaron” otra vez.


HOY HA PASADO EXACTAMENTE un mes desde que los aviones de la FAC vomitaron sus bombas de 500-1000 kilos de explosivos sobre los dos campamentos guerrilleros en el sur de Colombia. Doce días antes, el 20 de noviembre, la guerrilla de las FARC había decretado una tregua unilateral de cese de operaciones ofensivas contra las Fuerzas Militares Colombianas, para, como decía el comandante Iván Márquez desde la Habana, “ambientar el proceso de Diálogo de Paz entre las partes”.

La respuesta por parte del Estado fue muerte y desolación.

Pero ¿Cuántos guerrilleros murieron en los dos bombardeos de los campamentos? ¿Fueron 20-22 cómo decían todos los medios, incluso medios alternativos que muchas veces, por su posición crítica a ese Estado son catalogados como “Pro-FARC”?

Hoy entré para verificar la cifra en el portal de Internet de la FAC y leí lo siguiente:

“En menos de 24 horas se neutralizaron 02 áreas campamentarias, 8 guerrilleros abatidos, entre ellos 02 cabecillas, 03 capturados y abundante material de guerra e intendencia” [1].

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A MI ME PARECE PENOSO leer en algunos medios alternativos que en su afán de actuar como si fueran medios de ¡“ULTIMA HORA”!, como suelen decir en Honduras los periodistas sensacionalistas, “tragan” absolutamente cada elemento fabricado en el “Departamento E5” del Ejército Nacional en sus partes de guerra.

En ese departamento prestaba sus servicios Ernesto Yamhure, el primer secretario de Uribe en la embajada colombiana en Estocolmo.
Mentía y mentía sin parar, no solo en la Revista Bimensual del Ejército, sino en la web de la FAC, Caracol Radio, El Espectador, Radio Súper u otros medios de la oligarquía colombiana. Hasta que fue desenmascarado como “escritor fantasma”, asesor político y amigo personal de Carlos Castaño, el jefe de los escuadrones de la muerte colombianos, acusados por la Fiscalía colombiana de haber sido responsable de los asesinatos de 150.000 civiles.


MANUEL MARULANDA fue “dado de baja” 1200 veces en la prensa pero el legendario comandante era un “pícaro” y murió de un infarto, es decir en forma natural, en marzo de 2008.

El 31 de diciembre 2012 supimos que la FAC había hecho un otro bombardeo, ésta vez en la región de Urabá, supuestamente a un campamento de las FARC donde fueron masacrados 14 guerrilleros por las bombas. Las estadísticas parecen como Europa y USA donde se convierte en algo frío cuando se trata de hablar sobre seres humanos de carne y hueso convertidos en números.

Y con la parte de guerra de los generales, salen los medios oficiales y alternativos en una competencia penosa y repudiable para reproducir y transmitir las declaraciones de los agentes y fabricantes de la Inteligencia Militar. Todo el mundo traga las declaraciones como si fueran totalmente ciertas.
Los “Alternativos”, indignados porque el bombardeo fue ejecutado durante la tregua unilateral de la guerrilla, pese que “guerra es guerra” y los guerrilleros más que cualquier persona lo reconocen y lo sienten en carne y hueso.

Pero lo insólito es que los medios alternativos reproducen los detalles y las cifras sin cuestionar absolutamente nada desde el punto de vista periodístico.

Y hay varios detalles MUY interesantes para cuestionar en éste último caso, solo basta leer y escuchar textos y audio, respectivamente, que por ejemplo publicó RCN. En el enlace de audio, que supuestamente es una grabación interceptada por la inteligencia militar de la segunda comandante del 5º Frente, ella habla cómodamente por la radio a otro frente lo que quiere decir, que el resultado del bombardeo no ha sido total, como ha sido reportado en TODOS los medios, sino que hay guerrilleros que han logrado llevarse todo el equipo y remolcarlo a un lugar seguro donde la comandante se comunicó al otro frente o Bloque para reportar sobre el bombardeo.

Es uno de varios detalles que son, para un investigador, policía o periodista, elementos fundamentales para hacerse una imagen sobre el tema y el caso.



NO ES QUE CUESTIONO la noticia de que un campamento guerrillero haya sido bombardeado. Lo que extraña es que medios serios como Aporrea y VTV (Venezolana de Televisión) hoy, 2 de enero, publiquen la noticia sobre el bombardeo más reciente. Y a final de la nota mencionan también que “a principios de diciembre un ataque aéreo contra un caserío en Nariño dejó 20 guerrilleros muertos”.

Eso muestra que la política de Guerra Psicológica Colombiana ha tenido y sigue teniendo mucha fuerza y éxito, aún en los medios alternativos y oficiales como los de Venezuela. Por Política de Estado los medios oficiales venezolanos hoy no cuestionan a Santos. Sabemos incluso, que medios oficiales han tenido que censurar y hasta retirar reportajes programados sobre la lucha del pueblo colombiano por que han topado con la política guerrerista o neoliberal entreguista de Santos.

En vez de cuestionar a Santos, como todos los medios tienen la obligación de hacer, los medios venezolanos se dedican a investigar y criticar a Uribe. Esta bien, pero muestra la debilidad por que, como decía Piedad Córdoba, “Santos es mil veces más peligroso que Uribe”.


Y TIENE TODA LA RAZÓN. Santos es el profesional manipulador, él miente, inventa la frase “Falsos Positivos” para distraer y desviar la atención por los fusilamientos y las ejecuciones arbitrarias del Ejército. Es un violador del Derecho Internacional Humanitario (DIH) por usar, como ministro de defensa de Uribe, el emblema y las insignias de la Cruz Roja Internacional en la liberación de unos prisioneros de guerra en manos de las FARC. También violó el DIH cuando 6000 efectivos del ejército tenian rodeado el comandante Alfonso Cano. En vez capturarlo, según las convenciones internacionales, Santos optó por asesinarlo fríamente y mostrar el hecho como un “trofeo de guerra”. O, como dijo Iván Márquez en entrevista a éste reportero el 8 de noviembre, 2012:

“Todo el mundo vio o escuchó al presidente Santos en una asamblea de la ONU afirmar que lo tenían rodeado a Alfonso Cano y que él dio la orden de eliminarlo. Así lo dijo, eso es algo muy grave”.

Lo palpable es que hay voces internacionales que proponen a éste criminal de guerra para el Premio Nobel de la Paz. No sería nada extraño que lo obtuviera.


La guerra psicológica y los ataques sutiles en contra el Proceso de Paz es
multifacético. En el Faksimil una muestra de eso en la portada de El Tiempo,
el órgano de la familia Santos que “pone y quita presidentes en Colombia”.


LO QUE HA MOSTRADO LA GUERRA en Colombia es que el Estado tiene un descomunal aparato mediático a su disposición, no para facilitar un Proceso de Paz sino para torpedearlo. Las experiencias y la actuación de los medios colombianos en el proceso de paz en Caguán (1999-20 de febrero 2002) son desastrosos. Marulanda tenia toda la razón cuando se dirigía a los dueños y los directores de los medios oficialistas colombianos diciendo: “Ustedes nos tienen una deudita”.

Todos los periodistas colombianos o los internacionales que tienen años de experiencia en la situación de Colombia lo pueden confirmar.  La responsabilidad para corregir la Guerra de Mentiras de los Medios colombianos y sus aliados internacionales, es inmensa.  Porque son 44 millones de colombianos los que son literalmente víctimas de una guerra mediática sin fin, tanto en el campo de batalla como psicológicamente.

Tengamos cuidado de no caer en trampas. Cuando de informar se trata es imprescindible chequear a fondo la información. Periodista serio no es el que se apresura por lanzar la primicia, mucho menos si la fuente proviene del mismo estado que asesina a mansalva al pueblo.

Nota:
[1] Contundente golpe a las Farc en el departamento de Nariño (FAC).

miércoles, 2 de enero de 2013

Parece ser que Santos y su gobierno quieren cerrar caminos a la democracia

Avisos como éste ha sido lo común desde que comenzó el proceso de paz en Oslo y la
Habana el 18 de noviembre, 2012. Mientras las FARC han declarado una tregua de
operaciones ofensivas,  el Estado, dirigido por Santos, ha iniciado una Guerra Total.



Por Athemay Sterling Acosta
Enero 03 de 2013

“Todo pueblo cuyos derechos fundamentales sean gravemente ignorados tiene el derecho de hacerlos valer especialmente por la lucha política o sindical, e incluso, como última instancia, por el recurso a la fuerza. Los movimientos de liberación deben tener acceso a las organizaciones internacionales y sus combatientes tienen derecho a ser protegidos por el derecho humanitario de la guerra”.
Declaración de Argel  4 de Julio de 1976 


1
Cuando un Régimen Político se encuentra en crisis: está desgastado, en descomposición y por supuesto en camino a su destrucción como lo ha demostrado Santos en este comienzo de año de 2013 y fin de la calenda pasada cuando apela a la guerra, estando la insurgencia en cese al fuego unilateral,  su gobierno y él invocan la imposición, la muerte y  la violencia, como el gasto insensato del erario que no es de Él, y gastarlo en billones en Bombardeos en medio de las festividades, cuando arroja toneladas de bombas sin fin, como hizo EEUU en Vietnam donde fue derrotado, afectando a la población civil que tiene protección del Derecho Público Internacional, bombardear sin estar permitido en el Derecho Internacional a los combatientes en tregua y cese al fuego que durará hasta el 20 de enero de 2013, si es que Santos y su deteriorado gobernar determina acordar con Ellas un cese bilateral de fuegos con las Farc-Ep, continuaría este cese al fuego pero de forma bilateral como lo exige Colombia entera.

Lea Juan Manuel Santos, y aprenda este axioma mío de la política: cuando un gobierno como el suyo no es capaz de gobernar mediante la persuasión, mediante el convencimiento, es decir políticamente, y tiene que apelar a la fuerza, al engaño, a la perfidia, a la guerra contra el pueblo, a la muerte desde el mismo Estado que debe preservar la vida de Colombianas y colombianos y no lo hace, significa que ya no es capaz de gobernar políticamente, está en plena crisis de poder realmente político, y se asienta en las FFMM a quienes le dio Fuero Militar para vulnerar los Derechos y apoyarlo a Usted, lo obliga a renunciar, a hacerse a un lado, para que seamos nosotros en plena movilización pacífica o insurreccional,  y seamos todo el movimiento popular sin exclusiones, quienes en un Gobierno de Transición creemos las bases materiales y subjetivas para construir un Estado de Nuevo Tipo, donde toda la población colombiana, nacionales y extranjeros, podamos ejercer los Derechos Universales conquistados por la humanidad y los practiquemos a plenitud, es decir que haya Paz con Justicia Social. 



2
Usted Santos con sus áulicos en el interregno que indico realizó múltiples sobrevuelos de naves de guerra, unas que bombardeaban indiscriminadamente y  causaron estrés postraumático en niños, mujeres, ancianos y población campesina creando zozobra innecesaria, dicen unos, yo digo  practicando Usted el más nazi terrorismo de Estado contra el pueblo campesino que produce la alimentación a Colombia entera, ¿o es que quiere destruir también la riqueza socialmente producida para reemplazarlas por transgénicas? ¿O quiere desruralizar más a Colombia a través del desalojo y despojo al pueblo campesino?  Todo esto lo he vivido cuando converso e interactúo con la población campesina colombiana.

Le digo que no piense en reelección, piense mejor como ya le planteé, y hágase a un lado, pues sino no es capaz de gobernar políticamente, y el anhelo nacional es la Paz con Justicia Social, y usted está en contravía, ni gobernará este período y menos será reelegido.

La derecha colombiana dirigida por su señoría, aunada en una resquebrajada “unidad nacional” aúpan al narco paramilitarismo que ya ha cobrado la vida de Dirigentes Populares, y usted con su gobierno son los sujetos activos criminales determinadores por la apología que hace diariamente a la guerra, a la muerte y a la violencia.

En estas festividades de fin y comienzo de año ya nos ha asesinado a varios de nuestros compañeros y dirigentes del movimiento popular colombiano que lo confronta a Usted, pues somos afectados por su Régimen Político de Derecha, y por eso somos Oposición Política a su Régimen neoliberal y nazi-guerrerista, adiestrado por la CIA, la MOSAD y el Imperialismo.

Un gobernante verdadero debe llamar a la Paz, a la Convivencia, a la tranquilidad, a la participación democrática en la vida del Estado, que la gente toda ejerza sus Derechos en realidad y no se queden formalmente en esta Constitución Política sujeta a ser reemplazada por otra como consecuencia del sentir del País de una Asamblea Nacional Constituyente realmente Democrática, sin exclusiones, pues la actual se hizo contra las Farc-Ep, la Unión Patriótica y la Oposición Política que existimos en Colombia bajo el amparo de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos o Declaración de Argel de 1976, de la cual coloco como epígrafe parte de ella en este escrito, a pesar que su clase social y sectores que lo apoyan han generado en Colombia la más grande catástrofe humanitaria y social en toda nuestra historia.

Su Derecha y usted mismo a través de Gina Parody su alcaldesa esquirol, paracos del bloque capital de “facho” Santos, Uribe también, su “unidad Nacional”, “uribeños”,  e igualmente con el Representante por Bogotá Miguel Gómez hijo del clan fascista de los Gómez, militante del Partido Conservador, integrante de la “unidad nacional” el más gran reaccionario del DC dizque iniciarán la revocatoria del mandato a Gustavo Petro, toda una campaña de la Derecha Colombiana y Bogotana en especial que no les dará frutos, pues respaldamos la política de defender lo público como Gobierna el legítimo Alcalde Gustavo Petro en el DC.

Ustedes atacan hasta su propia Democracia, ya no la resisten, por eso serán reemplazados por auténticos hijos del pueblo, que si ustedes en su incapacidad para gobernar cierran el camino, se abrirán otros, fundados en la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos o Declaración de Argel que nos permite como ella dice en su Preámbulo:

“Vivimos tiempos de grandes esperanzas, pero también de profundas inquietudes, - tiempos llenos de conflictos y de contradicciones, - tiempos en que las luchas de liberación han alzado a los pueblos del mundo contra las estructuras nacionales e internacionales del imperialismo, y han conseguido derribar sistemas coloniales, - tiempos de luchas y de victorias en que las naciones se dan, entre ellas o en su interior, nuevos ideales de justicia, - tiempos en que las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre hasta la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, han expresado la búsqueda de un nuevo orden político y económico internacional.
Pero son también tiempos de frustraciones y derrotas, en que aparecen nuevas formas de imperialismo para oprimir y explotar a los pueblos.
El imperialismo, con procedimientos pérfidos y brutales, con la complicidad de gobiernos que a menudo se han autodesignado, sigue dominando una parte del mundo. Interviniendo directa e indirectamente, por intermedio de las empresas multinacionales, utilizando a políticos locales corrompidos, ayudando a regímenes militares que se basan en la represión policial, la tortura y la exterminación física de los opositores; por un conjunto de prácticas a las que se les llama neo-colonialismo, el imperialismo extiende su dominación a numerosos pueblos.
Conscientes de interpretar las aspiraciones de nuestra época, nos hemos reunido en Argel para proclamar que todos los pueblos del mundo tienen el mismo derecho a la libertad, el derecho de liberarse de toda traba extranjera, y de darse el gobierno que elijan; el derecho, si están sojuzgados, de luchar por su liberación, y el derecho de contar en su lucha con el apoyo de otros pueblos.
Persuadidos de que el respeto efectivo de los derechos del hombre implica el respeto de los derechos de los pueblos, hemos adoptado la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos.
Que todos los que, a través del mundo, libran la gran lucha, a menudo con las armas en la mano, por la libertad de todos los pueblos, encuentren en la presente declaración la seguridad de que su lucha es legítima”.

También nos apoyamos en lo indicado al final de Ella misma cuando ordena y legitima nuestra lucha popular, sea en el terreno que sea, cuando se nos cierra caminos para elevar de nivel la Democracia,  que Santos y su santoral sigue oponiéndose a Ella y al cambio a favor del pueblo.
Y si eso llegare a suceder  pues será el mismo pueblo quien venza, pues no hemos nacido para ser vencidos, sino para vencer. ¡Y Venceremos!
Dice el final de la Declaración de Argel del 4 de Julio de 1976 que:

“…Los atentados más graves a los derechos fundamentales de los pueblos, sobre todo a su derecho a la existencia, constituyen crímenes internacionales que entrañan la responsabilidad penal individual de sus autores. Todo pueblo cuyos derechos fundamentales sean gravemente ignorados tiene el derecho de hacerlos valer especialmente por la lucha política o sindical, e incluso, como última instancia, por el recurso a la fuerza. Los movimientos de liberación deben tener acceso a las organizaciones internacionales y sus combatientes tienen derecho a ser protegidos por el derecho humanitario de la guerra. El restablecimiento de los derechos fundamentales de un pueblo, cuando son gravemente ignorados, es un deber que se impone a todos los miembros de la comunidad internacional…”

Juan Manuel Santos: así actuaremos el pueblo colombiano de manera legítima y eficaz con el apoyo Iuris del Derecho Público Internacional que los tiene a Ustedes en la mira para ser juzgados por crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra, de agresión y acciones genocidas, de los cuales usted y otros son sujetos activos cuando ordenaron masacres en el marco del tipo penal de la perfidia, por ejemplo; y también determinadores cuando como gobernantes ilegítimos hacen propaganda nazi a la muerte, a la violencia y a la guerra contra la sociedad colombiana, afectando también la Paz Continental y Mundial. 

Colombia. 2013: ¿Santos enfrentará al latifundismo ganadero?

Dos hombres de la misma oligarquía pero representando
diferentes corrientes de poder de ella.


Por Fernando Dorado
Publicado por Servicio Informativo “Alai-amlatina”


ALAI AMLATINA, 02/01/2013.- Uribe terminó por distanciarse y enfrentarse a Santos durante el año 2012. Era previsible. No por cuestiones personales, caracteres o intereses individuales. Son intereses de clase y de sectores de clase los que determinan e impulsan esos cambios.

Por ello, el fenómeno político (y económico) de mayor relevancia en Colombia durante el año 2012 fue la abierta confrontación entre los representantes políticos de la oligarquía latifundista tradicional (grandes ganaderos) y la burguesía transnacionalizada (1) (que incluye a grandes terratenientes productores de caña de azúcar y palma). Uribe Vs. Santos.

La contradicción entre grandes terratenientes y burgueses industriales ha existido de tiempo atrás, y se expresó durante la década de los años 30 y 40 (López Pumarejo), y 60 y 70 (Lleras Restrepo) del siglo pasado (XX). La precaria y parcial reforma agraria que lideró la débil burguesía industrial colombiana fue una de las expresiones de esa contradicción.

Esta contradicción siempre existió pero ahora se ha manifestado abiertamente y parece profundizarse hacia el futuro. Circunstancias particulares como los diálogos con la guerrilla, la reforma tributaria, y otros asuntos menores, han hecho evidente ese rompimiento de una manera pública y con tendencia a profundizarse. Por eso, no es casual que el gobierno haya aceptado debatir el tema del “desarrollo rural” y el problema de la tierra como primer punto de la agenda a debatir con la guerrilla, y que en esa mesa – por primera vez – no estén representados los grandes latifundistas y ganaderos colombianos.

Tal situación es un aspecto de la evolución de las contradicciones estructurales que alberga la realidad colombiana y que debe entenderse – estudiarse – a fondo, para poder orientarse en la vida y la acción política.

La burguesía transnacionalizada (“urbana”, gran financiera, gran industrial y agroindustrial) también se muestra independiente de las políticas más derechistas de la inteligencia estadounidense (halcones del Departamento de Estado y de la CIA), planteándose la posibilidad de iniciar un nuevo camino frente al problema de las drogas.

Detrás de esa diferenciación está la creciente conciencia entre amplios sectores de las burguesías transnacionalizadas de América Latina (principalmente las de Brasil y Argentina, pero también las de Colombia, México, Chile, Perú y algunos países de Centroamérica) de que su futuro ya no puede estar ligado –total y únicamente– a los EE.UU. Saben que la bonanza extractivista de materias primas (petróleo, gas, oro, carbón, cobre, coltán, agrocombustibles, etc.) no puede ser aprovechada plenamente si no juegan en un bloque latinoamericano que les permita utilizar las contradicciones y tensiones que se presentan en los mercado globales.

En Colombia la mayoría de la izquierda no acepta la evolución de esa contradicción. Frases como “Santos es Uribe III” o “Santos es igual a Uribe” sirven para salir del paso sin mucho análisis. Sin embargo, el no analizar la tendencia y progreso de esas contradicciones los conduce muchas veces a llevar agua a molino ajeno, a encontrarse de buenas a primeras al lado de uno de sus más irreconciliables enemigos, como está sucediendo hoy.

No es casual que algunos sectores del MOIR (partido político de izquierda que hoy es el principal sostén del Polo Democrático Alternativo PDA) terminen coincidiendo en muchos aspectos con el “uribismo”. Por fin parece que han encontrado “su” burguesía nacional, representada por los terratenientes ganaderos y grandes productores cafeteros, que han empezado a sentir y “descubrir” que las políticas santistas (que son herencia de las políticas de Uribe), les están golpeando intereses vitales de sus economías agrarias.

Pero del otro lado están los grandes terratenientes que ya han re-convertido sus procesos productivos y que se sienten seguros con la política de las cinco locomotoras neoliberales. Ellos no tienen propiamente intereses “nacionales”. Son parte de la burguesía “transnacionalizada”.

¿Quiere esto decir que la burguesía transnacionalizada puede ceder en asuntos vitales con respecto al campo? Todo depende de la correlación de fuerzas que alcance a mover la mesa de negociaciones entre el gobierno y la guerrilla. Si las masas campesinas se movilizan unificada y ampliamente, y sobre todo, si logran involucrar amplios sectores sociales urbanos en los asuntos de la Paz, los sectores dominantes hoy representados en el gobierno podrán negociar en forma puntual – no una reforma agraria – pero sí algunos cambios en la política para medianos y pequeños productores así como para campesinos sin tierra, que podrán afectar intereses de grandes latifundistas, sobre todo de Antioquia y la Costa Atlántica.

Es decir, desde el análisis de clase se puede prever que la burguesía transnacionalizada puede “sacrificar” intereses de la oligarquía latifundista y ganadera a cambio de terminar el conflicto armado, porque en lo fundamental lo que les interesa es conseguir un ambiente propicio para profundizar las inversiones extranjeras en infraestructura vial y energética, y en la explotación de recursos minerales y de agrocombustibles.

El gobierno – y las fuerzas económicas en él representadas – requiere, por tanto, de que las guerrillas y las organizaciones populares que luchan por Paz con justicia social logren desarrollar un importante movimiento social y político en torno a la Paz que sirva para contrarrestar la fuerza política de la oligarquía latifundista y ganadera que encabeza Uribe.

Sin embargo tal tarea no va a ser fácil. El gobierno tiene la presión de fuerzas económicas y militares que no aceptan por ningún motivo algún tipo de distensión en la guerra que se adelanta contra la insurgencia. Por ello no puede declarar un cese bilateral de fuegos aunque, en la medida en que los diálogos ganen fuerza política, tal eventualidad podría ser contemplada por el alto gobierno.

Pero además, el gobierno es temeroso de que ese movimiento social – si se convirtiera en un fuerte torrente de opinión – lo obligue a ceder en aspectos estratégicos que el gran capital no está dispuesto a conceder. He ahí la balanza con la que juega y de allí su actitud medrosa y calculadora.

NOTA: Uno de los temas poco estudiados por los teóricos de la izquierda en Colombia es la transformación de importantes sectores gran-terratenientes y gran latifundistas (cañeros, palmeros, rentistas) en grandes industriales del agro, lo que les dio un peso importante dentro del bloque financiero que se consolidó durante la década de los años 90s del siglo XX, y que hoy fungen a nivel regional latinoamericano como grandes burgueses transnacionalizados (Ardila Lulle, Sarmiento Angulo, entre otros).

Nota:
(1) Nueva burguesía “urbana” la denomina Ignacio Ramonet en su análisis sobre el proceso de Paz en Colombia. Ver: ¿Paz en Colombia? http://www.rebelion.org/noticia.php?id=160119. Sobre la categoría “burguesía transnacionalizada” ver: “La Burguesía trans-nacionalizada y la reelección de Santos”: http://viva.org.co/cajavirtual/svc0280/articulo14.html y “Tres tipos de burguesía; tres grupos de países”: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=143893

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martes, 1 de enero de 2013

Eduardo Galeano: Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa

Incluso desde el 2005, los territorios palestinos han sido reducidos.



Por Eduardo Galeano
Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes Eduardo Galeano, escritor latinoamericano.
Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.
Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador.
Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen. Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho. Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos? El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales.En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica. Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro? Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena. (Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró.)

¿Derecho de injerencia o derecho internacional? Respuesta a la izquierda anti-antiguerra


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Por Jean Bricmont
Publicado en Red Voltaire | Bruselas (Bélgica) | 29 de diciembre de 2012
Incapaz de concretar su necesaria reconstrucción ideológica después de la desaparición del «hermano mayor» soviético, la izquierda europea se pierde hoy en día en luchas sobre los valores e instituciones de la sociedad ya existente, en el plano interno, y a favor del intervencionismo humanitario, en materia de política exterior. Hundida de lleno en la incoherencia, esa izquierda está llamando al imperialismo estadounidense a «garantizar» la protección de los pueblos. Pero, ¿cómo se puede pretender proteger a los demás cuando uno mismo ha renunciado a su propia libertad?
Desde los años 1990, y sobre todo después d la guerra de Kosovo, en 1999, los adversarios de las intervenciones occidentales y de la OTAN han tenido que enfrentar lo que pudiéramos llamar una izquierda (y una extrema izquierda) anti-antiguerra, en la que se inscriben la socialdemocracia, los Verdes y la mayor parte de la izquierda «radical» (como el Nuevo Partido Anticapitalista [1], diferentes grupos antifascistas, etc.) [2]. Es una izquierda que no se declara abiertamente favorable a las intervenciones militares y que a veces llega a criticarlas (aunque en general, critica únicamente las tácticas aplicadas y las intenciones, vinculadas al petróleo o de orden geoestratégico, atribuidas a las potencias occidentales), pero que dedica la mayor parte de sus energías a «advertir» contra las supuestas derivas del sector de la izquierda que se mantiene firmemente opuesto a esas intervenciones.
Esa izquierda anti-antiguerra nos llama a apoyar a las «víctimas» en contra de los «verdugos», a ser «solidarios con los pueblos en contra de los tiranos», a no ceder ante un «antiimperialismo», un «antiamericanismo» o «antisionismo» simplificadores y, sobre todo, a no convertirnos en aliados de la extrema derecha. Después de los albaneses de Kosovo –en 1990–, nos ha dicho que «tenemos que proteger» sucesivamente a las mujeres afganas, a los kurdos iraquíes y, más recientemente, a los pueblos de Libia y de Siria.
No se puede negar que esa izquierda anti-antiguerra ha resultado extremadamente eficaz. La guerra contra Irak, presentada como la lucha contra una amenaza imaginaria, suscitó una oposición pasajera, pero sólo ha habido una débil oposición en las filas de la izquierda ante las intervenciones presentadas como «humanitarias», como la de Kosovo, los bombardeos contra Libia o la actual injerencia en Siria. Toda reflexión sobre la paz o el imperialismo ha sido simplemente barrida por la invocación del «derecho de injerencia», de la «responsabilidad de proteger» o del «deber de ayuda a un pueblo en peligro».
Una extrema izquierda nostálgica de las revoluciones y las luchas de liberación nacional tiende a analizar cualquier conflicto interno en determinado país como una agresión de un dictador contra su pueblo oprimido que aspira a la democracia. La interpretación, compartida por la izquierda y la derecha, sobre la victoria de Occidente en la lucha contra el comunismo ha tenido un efecto similar.

 

¿Quién es ese «nosotros» al que se llama a «proteger e intervenir»?

La ambigüedad fundamental del discurso de la izquierda anti-antiguerra reside en saber quién es ese «nosotros» que debe proteger, intervenir, etc. Si se trata de la izquierda occidental, de los movimientos sociales o las organizaciones de defensa de los derechos humanos, habría que hacerles la misma pregunta que hizo Stalin al referirse al Vaticano: «¿Con cuántas divisiones cuentan ustedes?» Efectivamente, todos los conflictos en los que se supone que «nosotros» debemos intervenir son conflictos armados. Intervenir significa entonces intervenir militarmente. Y para intervenir militarmente, hay que disponer de medios militares.
Medios que, evidentemente, la izquierda europea no tiene a su disposición. Podría recurrir cuando más a los ejércitos europeos, en vez de recurrir a las fuerzas armadas de Estados Unidos. Pero los ejércitos europeos nunca intervienen sin un apoyo masivo de Estados Unidos, lo cual implica que el verdadero mensaje de la izquierda anti-antiguerra es el siguiente: «Señores americanos, ¡hagan la guerra, no el amor!» Peor aún, dado que después de su debacle en Afganistán e Irak los estadounidenses no van a arriesgarse a mandar fuerzas terrestres, lo que se le pide a la US Air Force, y únicamente a ella, es que bombardee a los países violadores de los derechos humanos.
Se puede argumentar, por supuesto, que el porvenir de los derechos humanos debe ponerse en manos del gobierno de Estados Unidos y depender de su buena voluntad, de sus bombarderos y de sus drones. Pero lo importante es entender que ese es el verdadero significado de los llamados a la «solidaridad» y las exhortaciones de «apoyo» a los movimientos secesionistas o rebeldes implicados en las luchas armadas. Esos movimientos, en efecto, no tienen ninguna necesidad de eslóganes coreados en «manifestaciones de solidaridad» en Bruselas o en París y no es eso lo que piden. Lo que quieren es armamento pesado y bombardeos contra sus enemigos y eso sólo puede proporcionarlo Estados Unidos.
Si fuese honesta, la izquierda anti-antiguerra tendría que asumir esa opción y llamar abiertamente a Estados Unidos a bombardear allí donde se violen los derechos humanos. Pero tendría que asumir esa opción hasta sus últimas consecuencias. O sea, reconocer que la clase política y militar que supuestamente debe salvar a los pueblos «victimas de sus tiranos» es precisamente la misma que desató la guerra contra Vietnam, que impuso el embargo y las guerras contra Irak, la misma que impone sanciones arbitrarias contra Cuba, contra Irán y contra todos los países que le desagradan mientras que sostiene a toda costa a Israel, la misma que se opone por todos los medios –incluyendo los golpes de Estado– a todos los reformadores surgidos en América Latina –desde Arbenz hasta Chávez, pasando por Allende, Goulart y tantos otros– y que explota desvergonzadamente los recursos y trabajadores en todas partes del mundo. Hace falta una enorme cantidad de buena voluntad para ver en esa clase política y militar el instrumento de la salvación de las «víctimas». Sin embargo, eso es, en la práctica, lo que predica la izquierda anti-antiguerra ya que, debido a la correlación mundial de fuerzas, no existe ninguna otra instancia capaz de imponer su voluntad por medios militares.
Por supuesto, el gobierno de Estados Unidos apenas sabe de la existencia la izquierda anti-antiguerra. Cuando Washington decide si se mete o no en una guerra lo hace únicamente en función de sus propias posibilidades de éxito, de sus propios intereses, de la oposición interna y externa a la guerra, etc. Y cuando desencadena una guerra, Washington quiere ganarla cueste lo que cueste. Así que no tiene ningún sentido pedirle a Washington que solamente emprenda intervenciones buenas, únicamente contra los malos de verdad y con medios amables que garanticen las vidas de civiles e inocentes.
Quienes llamaron a la OTAN a «mantener los progresos de las mujeres afganas», como hizo Amnesty International USA en la reunión de la OTAN en Chicago [3], de hecho están llamando a Estados Unidos a intervenir militarmente y, entre otras cosas, a bombardear a los civiles afganos y a enviar drones a violar el espacio aéreo de Pakistán. Y no tiene ningún sentido pedir a Estados Unidos que proteja y que no bombardee, porque eso va en contra del modo de funcionamiento de los ejércitos.
Uno de los temas favoritos de la izquierda anti-antiguerra es llamar a quienes se oponen a las guerras a no «apoyar a los tiranos», en todo caso a no apoyar al tirano del país atacado. El problema es que toda guerra exige un masivo esfuerzo de propaganda, y que esta última se basa en la demonización del enemigo, sobre todo de su dirigente. Para oponerse eficazmente a esa propaganda, no se puede hacer otra cosa que denunciar las mentiras de la propaganda, contextualizar los crímenes del enemigo y compararlos a los de nuestro propio bando. Tarea necesaria pero ingrata y arriesgada para quien la realiza ya que el menor error le valdrá eternos reproches, mientras que las mentiras de la propaganda de guerra siempre se olvidan al término de las operaciones.
Ya en tiempos de la Primera Guerra Mundial, Bertrand Russel y los pacifistas británicos eran acusados de «apoyar al enemigo», sin tener en cuenta que si se dedicaban a desmontar la propaganda de los Aliados no era porque les gustara el Káiser si no porque defendían la paz. La izquierda anti-antiguerra adora denunciar «el doble rasero» de los pacifistas coherentes que denuncian los crímenes de su propio bando pero que contextualizan o refutan los crímenes atribuidos al enemigo del momento (Milosevic, Kadhafi, Assad, etc.). Pero ese «doble rasero» no es otra cosa que el resultado de una opción deliberada y legítima: la de luchar contra la propaganda de guerra allí donde nos encontramos, o sea en Occidente, propaganda que a su vez se basa en una demonización constante del enemigo atacado y en la idealización de quienes lo atacan.
La izquierda anti-antiguerra no goza de la menor influencia sobre la política estadounidense, lo cual no quiere decir que carezca de efectos. Por un lado, su retórica insidiosa ha permitido neutralizar todo movimiento pacifista o antiguerra, pero también ha hecho imposible toda posición independiente de parte de un país europeo, como la de la Francia de De Gaulle, o al menos como la de la Francia de Jacques Chirac o la Suecia de Olof Palme. Hoy en día ese tipo de posición se vería inmediatamente bajo el fuego de la izquierda anti-antiguerra, que dispone de una resonancia mediática considerable y que tildaría esa actitud de «apoyo al tirano», de política digna de la época del Pacto de Múnich y de «crimen de indiferencia».
Lo que ha logrado la izquierda anti-antiguerra es destruir la soberanía de los europeos ante Estados Unidos y liquidar toda posición de izquierda independiente ante las guerras y el imperialismo. También ha llevado a la mayoría de la izquierda europea a adoptar posiciones que contradicen por completo las de la izquierda latinoamericana y a erigirse en adversaria de países que, como China y Rusia, están tratando –de forma totalmente justificada– de defender el derecho internacional.
Una extraña característica de la izquierda anti-antiguerra es que siempre es ella la primera en denunciar las revoluciones del pasado como acontecimientos que condujeron al totalitarismo (Stalin, Mao, Pol Pot, etc.) y que constantemente nos advierte contra la repetición de los «errores» cometidos por la izquierda de aquellos tiempos al respaldar a los dictadores. Sin embargo, ahora que la revolución es cosa de los islamistas se supone que tenemos que aplaudir y creer que todo va a ir bien. ¿Y si la «enseñanza que tenemos que sacar del pasado» fuese más bien que las revoluciones violentas, la militarización y la injerencia extranjera no eran la única ni la mejor manera de realizar cambios sociales?

 

En vez de reclamar intervenciones, exijamos el estricto respeto del derecho internacional

A veces se nos responde que hay actuar «con urgencia» (para salvar a las víctimas). Aún admitiendo ese punto de vista, lo cierto es que después de cada crisis la izquierda no ha emprendido ninguna reflexión sobre cómo llegar a una política diferente, que no consista en el respaldo a la intervención militar. Una política de ese tipo exigiría un viraje de 180 grados en relación con la política que predica la izquierda anti-antiguerra. En vez de reclamar más intervenciones, tendríamos que exigir a nuestros gobiernos el estricto respeto del derecho internacional, de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados y la sustitución de la confrontación por la cooperación. La no injerencia es mucho más que la simple no intervención en el plano militar. Incluye también la no injerencia en el plano diplomático y en el plano económico: cero sanciones unilaterales, cero amenazas durante las negociaciones y aplicación estricta del principio de igualdad de tratamiento para todos los Estados.
En vez de «denunciar» constantemente a los pérfidos dirigentes de países como Rusia, China, Irán o Cuba invocando los derechos humanos –como le encanta hacer a la izquierda anti-antiguerra– más bien tendríamos que oírlos, dialogar con ellos y poner sus puntos de vista políticos al alcance de la comprensión de nuestros conciudadanos.
Por supuesto, esa política no resolvería los problemas de los derechos humanos en Siria ni en Libia ni en ninguna parte. Pero, ¿acaso se han resuelto hasta ahora? La política de injerencia está agravando las tensiones y la militarización mundial. Los países que se sienten amenazados por esa política, que son muchos, tratan de defenderse como pueden. Las campañas de demonización impiden las relaciones pacíficas entre los Estados, así como los intercambios culturales entre sus ciudadanos y también, de forma indirecta, el desarrollo de las ideas liberales que los partidarios de la injerencia dicen querer promover. A partir del momento en que la izquierda anti-antiguerra renunció a toda política alternativa a esa política, de hecho renunció a ejercer cualquier influencia sobre los problemas del mundo. Contrariamente a lo que afirma, no es cierto que con eso esté «ayudando a las víctimas». En realidad, no hace más que destruir aquí toda resistencia al imperialismo abriendo así el camino a los únicos que realmente actúan, que son a fin de cuentas los gobiernos estadounidenses. Confiarles el bienestar de los pueblos es una actitud absolutamente desesperada.
Esa actitud es un aspecto de la reacción de la mayoría de la izquierda ante la «caída del comunismo», y esa reacción consiste en apoyar precisamente lo contrario de las políticas que siguieron los comunistas, sobre todo en materia de cuestiones internacionales, en las que toda oposición al imperialismo y toda forma de defensa de la soberanía internacional es considerada por la izquierda como una forma de arqueo-stalinismo.
La política de injerencia es una política de derecha, al igual por cierto que la construcción de la Unión Europea, otro importante ataque contra la soberanía nacional. La primera respalda los intentos hegemónicos de Estados Unidos. La segunda apoya el neoliberalismo y la destrucción de los derechos sociales. Ambas se justifican en gran parte con discursos «de izquierda» que invocan los derechos humanos, el internacionalismo, el antirracismo y el antinacionalismo. En ambos casos, una izquierda desorientada por la desaparición del comunismo se ha refugiado en un discurso «humanitario» y «generoso», totalmente carente de análisis realista de la correlación mundial de fuerzas. Con esa izquierda, la derecha prácticamente no necesita ideología, le basta con invocar los derechos humanos.
Sin embargo, esas dos políticas –la injerencia y la construcción europea– están hoy en un callejón sin salida: el imperialismo estadounidense enfrenta enormes dificultades, tanto en el plano económico como en el diplomático, y la política de injerencia encuentra la oposición de una gran parte del mundo. Ya casi nadie cree en otra Europa, en una Europa social, y la Europa que realmente existe, neoliberal (porque es la única posible), no entusiasma a los trabajadores.
Por supuesto, esos fracasos benefician a la derecha y a la extrema derecha, pero es únicamente porque la mayor parte de la izquierda ha creído que el camino hacia la democracia pasa por el abandono de la defensa de la paz, del derecho internacional y de la soberanía nacional.
Fuente: www.michelcollon.info
Jean Bricmont
[1] A propósito de esa organización, ver “Colonialiste d’«extrême gauche»?”, de Ahmed Halfaoui,
[2] Por ejemplo, en febrero de 2011, en un volante distribuido en Toulouse (Francia) el tema de Libia y las amenazas de «genocidio» atribuidas a Kadhafi se abordaba en los siguientes términos: «¿Dónde está Europa? ¿Dónde está Francia? ¿Dónde está América [Estados Unidos]? ¿Dónde están las ONGs?» y «¿Es más importante el valor del petróleo y del uranio que el pueblo libio?» O sea, los autores del volante, firmado entre otras organizaciones por Alternativa Libertaria, Europa Ecología-Los Verdes, Izquierda Unitaria, Liga de Derechos Humanos, Lucha Obrera, Movimiento por la Paz (Comité 31), MRAP, NPA31, OCML-Vía Proletaria Toulouse, la organización local del Partido Comunista Francés, el Partido Comunista Tunecino, Partido de Izquierda 31, acusaban a los occidentales de no intervenir por razones de interés económico. ¿Qué habrán pensado los autores de ese volante cuando el Consejo Nacional de Transición libio prometió vender a Francia el 35% del petróleo libio? Independientemente de que se haya respetado o no esa promesa o de que el petróleo haya sido o no la verdadera causa de la guerra contra Libia.
[3] Ver, por ejemplo, Why I Had to Challenge Amnesty International-USA’s Claim That NATO’s Presence Benefits Afghan Women, de Jodie Evans.

JEAN BRICMONT / Figura destacada del movimiento antiimperialista, Jean Bricmont es profesor de física teórica en la Universidad de Lovaina (Bélgica). Acaba de publicar Impérialisme humanitaire. Droits de l’homme, droit d’ingérence, droit du plus fort ? (Monthly Review Press, 2007).