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jueves, 20 de diciembre de 2012

Colombia: ¡De nuevo la paz, de nuevo el campo! Intervención de la Mesa Nacional de Unidad Agraria




Por Mesa Nacional de Unidad Agraria

Red de Prensa Alternativa del Suroccidente Colombiano / Miércoles 19 de diciembre de 2012

Video:
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=5-adWv9IBGs
El Foro Política de Desarrollo Agrario Integral (Enfoque Territorial) convocado por la mesa de diálogos de paz de la Habana, Cuba, comenzó con las intervenciones de diversos sectores representativos del país. En esta entrega, Eberto Díaz Montes de la Mesa de Unidad Agraria.

¡De nuevo la paz, de nuevo el campo!


El campo Colombiano sigue siendo el escenario perfecto de convergencia para encontrar el camino hacia la paz. Ignorarlo o desconocerlo es contribuir a mantener cerrado el paso para salir del largo laberinto de la guerra y la confrontación política por la vía menos dolorosa.
Las generaciones que hemos vivido durante las últimas cinco décadas, no hemos disfrutado del derecho constitucional a la paz. El conflicto armado colombiano consecuencia de múltiples causas y conflictos sociales, económicos y políticos, aún no resueltos, como el problema agrario histórico del cual mucho se ha hablado desde los distintos gobiernos e instituciones del estado, pero es poco o nada lo que se ha hecho para resolverlo. Manteniéndose intactas las estructuras del antiguo modelo latifundista y terrateniente, que conjuga la violencia y el despojo con la concentración de riquezas y poder político.

 

La desigualdad social una realidad que incrementa la hoguera del conflicto social y armado

Las actuales condiciones que viven los pobladores rurales se caracteriza por una profunda inequidad y exclusión social, que tiende a perpetuar la brecha de desigualdad entre lo rural y lo urbano. Valga decir que a pesar de que el presupuesto destinado al sector agrícola se incrementó para el año 2008 en un 134% la situación de los pobres rurales no mejoro. Es importante resaltar que aun en medio del regocijo del gran empresariado y del gobierno por los datos favorables referentes al crecimiento económico de los últimos años en el país, la pobreza se mantiene en estándares superiores a la mayoría de los países de América Latina.
Si bien los datos del 2008 indicaban que la pobreza rural había disminuido en el campo de un 67% al 65.2%; en ese mismo periodo creció la indigencia en el campo del 27,4% en el 2005 al 32,6% en el 2008. Según el informe nacional de desarrollo humano del año 2011, elaborado con el apoyo de las naciones unidas deja ver que en aquellos municipios definidos por el mismo como de alta ruralidad las personas en pobreza por necesidades básicas insatisfechas NBI son del 74,66%. Teniendo una gran influencia en ello el descenso del mercado laboral en el campo, los salarios paupérrimos, las dificultades para el acceso a tierra, a recursos financieros y en general el abandonó del estado a la economía campesina.
De otro lado Colombia es un país con deficiencias alimentarias, se calcula que el 80% de las personas que padecen hambre en el territorio nacional viven en las zonas rurales, el 50% de ellos practican la agricultura tradicional y minifundista.

 

Un modelo de desarrollo economico que privilegia la gran propiedad y a los agronegocios

Los datos del Departamento Nacional de Planeación DNP, nos señalan como en el decenio entre 1995 y 2006 la inversión pública en desarrollo rural descendió del 35,6% al 0,9%, recuperando una parte de participación en el 2001 con el 26,9%, en contraste con el comportamiento ascendente de los recursos de apoyo a la «nueva agricultura», en particular los incentivos a la capitalización rural (ICR), y el del desaparecido y cuestionado programa de subsidios Agro Ingreso Seguro AIS, creado por la Ley 1133 de 2007.
El crecimiento y expansión del agro negocio encadenado a la producción de agro combustible, la producción de materia prima para la exportación ha mantenido su ritmo expansivo, agudizando los viejos y nuevos conflictos sociales y ambientales que sufre el país. Entre los más connotables problemas que está causando la llamada nueva agricultura y sus principales cultivos como la Palma Aceitera, el Pino o el Eucalipto, entre otros, se están desarrollando ecosistemas uniformes. Estos sustituyen los ecosistemas naturales y por ende la biodiversidad, dando origen a daños catastróficos como los escases en la producción de agua, modificación de la estructura y composición de los suelos, alterando a su vez la relación de especies de fauna y flora, agravando la situación alimentaria de la población rural.
Cabe anotar sin embargo que el mayor efecto y el principal del actual modelo de desarrollo es el de la apropiación de extensas áreas de tierra por parte de corporaciones, especuladores y «supuestos inversionistas nacionales y extranjeros»
Las políticas de garantías jurídicas a los «inversionistas» sumado a extranjerización y concertación de la propiedad de la tierra, tiene profundos efectos negativos en términos productivos, los datos permiten apreciar una disminución del área cultivada. En 1990 se sembraron 2,5 millones de hectáreas de cultivos semestrales y 1,2 millones en permanentes. Para 1997 se perdieron aproximadamente 700 mil hectáreas de esta área, equivalente al 15% del total de la misma. Los más damnificados fueron los cultivos temporales llegando a 1,6 millones de hectáreas, mientras que los permanentes se expandieron en gran cantidad, incrementando hasta 1.4 millones de hectáreas siendo las frutas (8.5%), palma africana (6.9%), caña de azúcar (5.5%) y banano (3.7%)
Según datos del ministerio de agricultura (2010) de la superficie continental colombiana, que consta de una extensión de 114.17 millones de hectáreas, 63.26 millones (55.4%) no son tierras de uso agropecuario, en tanto 50.91 millones (44.6%) si son aptos para esta función. De los cuales 21.5% millones son aptos para la agricultura, sin embargo solo 4.9 millones de hectáreas son usadas para este fin como cosa no novedosa en Colombia 38.6 millones de hectáreas se utilizan en ganadería extensiva, aunque solo 20 millones son aptos para este uso.
Es importante resaltar, según estudios de investigadores, el 43% del área sembrada corresponde fundamentalmente a explotación de menos de 20 hectáreas cuyo porcentaje tan solo llega al 9% de la tierra en propiedad, siendo esta pequeña propiedad la responsable principalmente de abastecer de alimento a los colombianos. Es allí donde queremos enfatizar y señalar que mientras el estado coloca toda su institucionalidad y recursos financieros al servicio de los grandes negocios agroexportadores, a su vez que descuida de manera perversa la producción de la economía campesina fundamentalmente.
La acción estatal para dotar de tierras a los campesinos, que adquirió su mayor importancia después de la creación del Incora en 1961 y especialmente desde la Ley primera (1ª) de 1968, se redujo tras la Ley 4ª de 1973, tomando un pequeño aire con la Ley 30 de 1998 y definitivamente se estancó desde la entrada en vigencia de la Ley 160 de 1994, se sustituyó la adquisición de tierras para campesinos por programas de mercado subsidiado de tierra, proyecto de este del Banco Mundial, situación que no ha cambiado y se mantiene en perjuicio de las comunidades rurales.
La inconstitucionalidad de la Ley 1152 de 2007 o Estatuto de Desarrollo Rural intento demoler las conquistas del pasado del movimiento campesino obtenidos desde 1926, pues pretendía establecer la validez de las escrituras no originadas en el estado y tramposamente elaboradas hasta 1997.
Desde el proyecto que actualmente promueve el gobierno nacional sobre desarrollo rural con enfoque territorial se viene promoviendo el derecho de superficie que garantizará la apropiación y despojo de grandes extensiones de tierras por sectores transnacionales e inversionistas de la tierra en Colombia.

Un modelo perverso y depredador

La profundización del actual modelo de desarrollo económico neoliberal se ha constituido en el mayor responsable de las desigualdades sociales y económicas que viven los pobladores del campo. La aprobación del actual plan nacional de desarrollo tiene como objetivo principal impulsar la productividad y competitividad del sector agropecuario para ello ha privilegiado el impulso y apoyo de la gran agricultura comercial y agroindustrial a través de la locomotora que lleva el mismo nombre, cuyos efectos negativos generarán grandes repercusiones en los territorios, ecosistemas, recursos hídricos, en los páramos y bosques naturales. De otro lado los territorios rurales se verán gravemente afectados por la gran explotación minera que tiene su punto de apoyo principal en la locomotora minero energética y la Ley minera que garantiza la concesión de millones de hectáreas a las transnacionales de la minería por lo tanto se trata de un modelo de desarrollo perverso y depredador que no solo garantiza normas jurídicas a los grandes inversionistas sino que además pone a su disposición la soberanía sobre los bienes comunes o bienes naturales en desmedro de las comunidades que habitan el campo colombiano.
De otro lado el Plan Nacional de Desarrollo económico favorece la concentración de la propiedad rural, desconociendo de hecho la necesidad de redistribución de la propiedad de la tierra, elemento esencial para garantizar el uso adecuado y sustentable del suelo, que a su vez sea un factor que permita reducir los costos de producción. Como si fuera poco se pretendió introducir un artículo (60 de la Ley del Plan), que desaparecía la Unidad Agrícola Familiar en beneficio del gran empresariado rural y transnacionales.
Corresponde mencionar que en el marco de las perversidades del plan y modelo de desarrollo los alimentos se han convertido en una mercancía más, dejando a millones de compatriotas sin el derecho fundamental a la alimentación.

 

Una propuesta para la paz desde el movimiento campesino colombiano

Desde la Mesa Nacional de Unidad Agraria hemos venido impulsando y articulando las diferentes iniciativas del movimiento campesino colombiano y que hoy se materializan en la construcción del mandato nacional agrario, los mercados campesinos de la región centro del país y el proyecto de ley general de tierras, reforma agraria y desarrollo rural integral. Todas ellas constituyen un aporte invaluable a la construcción de la paz con justicia social que garantice una vida digna a los pobladores rurales y en general al pueblo colombiano.
Como lo estableció el mandato nacional agrario realizado en el año 2003 el campo colombiano requiere de profundas trasformaciones sociales, económicas y políticas a través de la puesta en ejecución de políticas públicas y del fortalecimiento de la institucionalidad del sector agropecuario y de apoyo a la economía campesina especialmente, garantizando derechos fundamentales como la vida, libertades democráticas, de organización y un profundo respeto por los derechos humanos siendo la soberanía alimentaria y la autonomía alimentaria uno de los elementos necesarios para garantizar el derecho a la alimentación del pueblo colombiano, por ello es necesario que el Estado proteja como un derecho fundamental de los colombianos la producción de alimentos sacando la agricultura de todo tratado de libre comercio que signifique competencia desleal y ventajas a las grandes transnacionales que trafican con el derecho a la alimentación. En ese mismo sentido la tierra es un derecho fundamental para las comunidades rurales y se debe garantizar de manera inmediata su acceso rápido tal como lo promueve la constitución colombiana en sus artículos 64,65 y 66; garantizando así que la tierra y los alimentos no se conviertan en una mercancía al mejor postor.
Sin lugar a equívocos el campo colombiano requiere de una profunda reconstrucción y ésta debe girar al rededor del fortalecimiento y apoyo de la economía agropecuaria y agroalimentaria, para ello es necesario garantizar políticas estructurales que garanticen el acceso al crédito a la comercialización, a la educación y formación técnica al desarrollo de infraestructuras, a la producción de semillas nativas, vivienda digna y agua potable como también el derecho universal a la salud a todos los pobladores rurales. Se deberá dar una protección especial al medio ambiente que permita la recuperación de los agros sistemas y ecosistemas promoviendo la producción agroecológica y criando nichos o territorios libres de cultivos transgénicos.
Se debe garantizar una política de concertación con los pequeños y medianos cultivadores de coca, amapola y marihuana cuyo propósito sea la incorporación de estos productores a sistemas legales de industrialización y convenio con el estado para comprar la hoja de coca como su sede en Perú y Bolivia.
Es urgente y necesario para la paz el reconocimiento político del campesinado como sujeto de derechos específicos y actor social diferencial, con identidad propia y pluricultural tal como lo reza el Mandato Nacional Agrario garantizando de tal manera los derechos campesinos y campesinas de acuerdo a la carta de los derechos campesinos que cursan las naciones unidas a favor de estos. Así mismo el estado colombiano urge reconocer y ratificar el convenio 141 de la OIT sobre las organizaciones de trabajadores rurales y su función en desarrollo económico y social.
En general la paz debe ser el goce pleno de los derechos sociales, económicos y culturales, para la totalidad de la población colombiana y particularmente para los habitantes del campo de nuestro país solo así se pondrá fin a las múltiples causas y conflictos sociales, económicos y políticos que le dieron origen a la confrontación armada en nuestra nación. (continúa en el video):
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=5-adWv9IBGs

Foro Agrario: “No le teman a la controversia de ideas”


Hernan Camacho, Foto; Carmela Maria (Itv)
para la Alianza de Medios y Periodistas por la Paz.



Por: Hernan Camacho - Voz para la alizanza de medios
Con un panel de contexto se dio inicio a las mesas de trabajo del Foro “Política de Desarrollo Agrario con Enfoque Integral”, organizado por las naciones unidas y la universidad Nacional. Las tesis de aproximación fueron ricas en argumentos y realidades a partir de las cuales sirvieron de insumos a los 1200 invitados de al menos 16 sectores representativos del agro colombiano.
El campesinado, indígenas, afrocolombianos, mujeres, lgbti, iglesias, partidos políticos, defensores de derechos humanos, movimientos sociales y populares, gremios y empresarios del campo escucharon atentos las intervenciones previas a las deliberaciones, entre ellas, la presentada por Olga Lucia Quintero, vocera de La Asociación Campesina del Catatumbo, Ascamcat, y la Asociación nacional de Zonas de Reserva Campesina, Anzorc, quien aterrizo su ponencia titulada: La paz de los campesinos es la paz con justicia social.
“Si bien el régimen político y económico se ha basado en la exclusión de los más amplios sectores de la sociedad, no dudamos que tal exclusión se ha ensañado en contra nuestra” señaló la líder campesina quien además llamó la atención en el la concentración de la tierra de la que dice se manifiesta en un coeficiente Gini por encima del 0,8. Como plena prueba de los mayores indicadores de pobreza que afectan al campo, además, de la violencia política contra el campesinado, y una contrareforma agraria que ha dejado entre 8 y 10 millones de hectáreas de tierra despojada a los pobladores.
La contundente ponencia de Olga Lucia Quintero, rechazó de manera contundente los por menores de la afamada ley de víctimas promocionada por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos. “Lejos de restituirnos la tierra, con esta ley a lo sumo nos entregarán títulos, para entregársela asegurada a los grandes empresarios nacionales y extranjeros, de quienes se nos dice como un mal chiste, que nos convertirán en “empresarios”, mote con el que ocultan una renovada forma de explotación de nuestra fuerza de trabajo”.
La paz resulta entonces un concepto más allá del apaciguamiento, la justicia social tiene contenido. En palabras de la vocera campesina del Catatumbo los colombianos, los excluidos y en especial los campesinos tienen derecho y pueden ejercer el poder; “No solo reclamamos la redistribución de la tierra, sino la redistribución de toda la riqueza que los trabajadores colombianos construimos día a día. Reclamamos la redistribución del poder. No reclamamos el poder al que estamos sometidos, el poder que oprime, discrimina y excluye, el poder que despoja, arrasa la vida, y teme a la diversidad” indicó.
No obstante la frase que levando los aplausos del auditorio fue “A los sectores aferrados al poder y a la riqueza les decimos hoy: no teman al poder desde las bases, no le teman a la controversia de ideas, a la diversidad y la creatividad, no teman a la construcción soberana y democrática de nuestra historia. No teman a la riqueza y la tierra bien repartidas, no le teman a la justicia social”.
Por último, llamó la sociedad en pleno, a los excluidos, a los olvidados, a los maestros, a las amas de casa, a los estudiantes, a los comerciantes, a todos los que contribuyen a la riqueza del país con su trabajo a la movilización social en busca de la paz. “Les invitamos a apropiarse de los destinos del país”.
De esta manera se hizo práctica la participación política de los ciudadanos organizaciones sociales y populares en el proceso de paz. Aún faltan más voces que enriquezca el debate, pero sin duda es un punto de partida muy importantes y los insumos deben ser tratados en la Mesa de La Habana entre los plenipotenciarios de las FARC-EP y Gobierno nacional.

Pavor a la Paz

Por Allende La Paz, Cambio Total.

El Foro Agrario citado por la Mesa de Conversaciones de La Habana, con el concurso de la ONU, ha sido prolijo en pronunciamientos y en evidenciar la posición de los enemigos de la Paz.
Por el lado de las organizaciones agrarias, las propuestas y visiones sobre el pago de la deuda social por parte del gobierno con el sector agrario y campesino, además del arranque de mecanismos para desarrollar el campo, estarán en manos de la Mesa de Conversaciones y ahí se discutirá un Nuevo Modelo Agro-pecuario para Colombia. No es de poca monta lo logrado hasta ahora. Y lo es porque en la tenencia de la tierra radicó, ha radicado y radicará el punto central del conflicto interno.
El pueblo campesino y los empresarios agrarios que asistieron se dieron cita y discutieron en sana paz sobre sus visisones de campo sin ningún temor, civilizadamente. No fue necesario el uso de la fuerza y las armas para discutir el problema agrario. Todos llegaron con sus visiones y así se fueron. No era el objetivo “convencer” al contrario. Era, eso sí, construir entre todos unas políticas de convivencia, respeto y civilidad, a fin de ir allanando l camino de la Paz.
Los que le tienen pavor a la Paz, quizá por la enorme deuda que pagar por su criminalidad, se auto-excluyeron del Foro y han demostrado que, todavía, le apuestan al modelo militar- narco-paramilitar que significia violencia, saqueos, expoliación, ejecuciones, desapariciones, masacres y desplazamiento forzado, modelo que les ha permitido desarrollar su modelo de acumulación capitalista.
Fedegan ha demostrado que el sector ganadero no quiere pagar la deuda que tienen con el pueblo colombiano. Décadas de expolicación, asesinatos y salarios miserables pagados a los peones a servicio de los terratenientes, quieren que continúa siendo la forma de explotación del sector. Y cuando los trabajadores luchan por sus derechos, los asesinan, o los mandan asesinar. Son de ingrata recordación las masacres cometidas por los narco-paramilitares, de la mano de Hernán Giraldo y Jorge 40, de poblaciones caracterizadas por ser luchadores populares, precisamente en la tierra en donde nació Lafaurie.
Esas “vacas muertas” de Fedegan como que tienen “pacto con el diablo” porque después de muertas siguen asesinando a los campesinos y trabajadores. O es que ha olvidado Fedegán la condena de Jorge Visbal Martelo por narco-paramiltiarismo? O es que han olvidado que ese sector ha sido partícipe del apoyo brindado en su época por los entonces senadores Edgardo Vives Campo y Miguel Pinedo Vidal al desarrollo del narco-paramilitarismo en el departamento del Magdalena?
En todo caso, el Foro Agrario demostró -como en su época se hizo en el Caguán- que podemos convertir ésta Mesa de Conversaciones en un inmenso laboratorio de Paz y Democracia. Afortunadamente las FARC-EP han persisitido en su empeño de concocar a todos los colombianos en favor de la Paz. Las “vacas muertas” serán arrolladas por los deseos de cambio total del pueblo colombiano.