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domingo, 30 de junio de 2013

La entrevista de Min-Guerra Pinzón, en ABC de España. Por Alberto Pinzón Sánchez





No es por un azar que el Minguerra colombiano Pinzón, haya escogido para dar sus declaraciones, uno de los diarios más reaccionarios de Europa: el falangista y monárquico ABC de Madrid.

El Min-Guerra con un gran titular, aparecido este 20.07.2013, que debe estar haciendo pensar a Uribe Vélez, pues no se sabe si es una invitación a que se monte en la canoa o una amenaza, le dice: “Uribe haría bien en apoyar a Santos en lugar de criticar”. Pero el verdadero objetivo de la entrevista es más simple: hacer propaganda al plan real que está implementando el gobierno colombiano, de una manera que su jefe JM Santos, no ha podido hacer en todo este tiempo que lleva gobernando. Dice Min-Pinzón lo siguiente:  

”El presidente Santos ha generado una estrategia de varias dimensiones: de lucha contra la pobreza y la desigualdad; una diplomacia activa, que nos ha conectado con el mundo; un modelo económico sostenible, con acuerdos comerciales con Europa y EE.UU.; políticas de reconciliación como la restitución de tierras y la ley de víctimas, y de un fortalecimiento de las Fuerzas Armadas. Es la suma de todo la que mueve a Colombia hacia la paz y la prosperidad. Los diálogos son importantes, pero no es el único esfuerzo hacia la paz del gobierno. El presidente ha ordenado que se mantenga la presión por parte de las Fuerzas Armadas. Esto se ha venido cumpliendo y debe motivar que, más temprano que tarde, estas organizaciones entiendan que este es el mejor camino que les queda. Sobre el plazo, hay que ver lo que dicen los negociadores” [1].

Pero la realidad contradice a la alegre propaganda del Min-Guerra colombiano:

1) Sobre la pobreza y desigualdad en Colombia, donde hay 20 millones de pobres entre 47 millones de habitantes, podemos agregar algunas otras cifras dadas por “Portafolio”, periódico económico de la misma familia Santos:

·         La Pobreza en Colombia se ubicó el año pasado (2012) en 32,7%
·         La pobreza extrema o indigencia fue de 10,4 %
·         El índice GINI fue de 0,539
·         En las zonas rurales (donde se libra la guerra contrainsurgente) la pobreza afecta a casi la mitad de la población. En esas áreas la pobreza subió al 46,8 % (46,1 % en 2011), mientras que la extrema pobreza llegó al 22,8 %. Estos índices ya habían crecido respecto al 2011
·         En las cabeceras urbanas la pobreza registrada fue de un 28,4 %, y un 18,9 % en las áreas metropolitanas, mientras que en las otras cabeceras la pobreza es de 42,2 % en 2012.
·         En 2012, los ingresos por cápita a nivel nacional alcanzaron la media de 566,192 pesos en las cabeceras urbanas, y 207, 235 pesos en las zonas rurales. Ver [2]

2) Sobre la diplomacia que nos ha conectado con el mundo; no es sino leer las ultimas noticias abundantemente reseñadas durante este mes, sobre el Eje del Pacífico, promovido por los países que tienen tratados de Libre Comercio con EEUU ( Méjico, Chile; Perú y recientemente Colombia) como cuña neoliberal a los intentos integracionistas del continente suramericano. O la visita diplomática del uribista venezolano Capriles al presidente JM Santos, con el claro propósito de desestabilizar las relaciones con Venezuela. O el anuncio presidencial de ingresar a la OTAN concretado finalmente en los contratos sobre compra de armas e información, y la venta por parte de Colombia de mercenarios para las guerras de la OTAN, que acaba de firmar Min-Pinzón en Bruselas.

3-Sobre los Tratados de Libre Comercio con las potencias del norte y la economía sustentable; no es sino mirar las masivas y combativas manifestaciones populares que se han venido dando en los últimos meses, de los sectores campesinos y agrarios como cafeteros, lecheros, arroceros, cebolleros, paperos avicultores, ect, arruinados con las políticas neoliberales del “Free Market” del gobierno Santos. Eso sin contar el estado pre-insurreccional que se está viviendo en el campo colombiano a raíz de los fusilamientos de campesinos reclamantes en el Catatumbo, ejecutados por los robots de la Policía y por los francotiradores escondidos del heroico ejército colombiano.

4-Sobre el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas; no es sino además de considerar lo ya dicho sobre los contratos militares Colombia- OTAN; leer las noticias nacionales o extranjeras, sobre la aprobación en el honorable congreso colombiano la ley del Fuero (feudal) Militar para blindar con impunidad a los militares, que ha declarado a la población civil (el enemigo interno de los contrainsurgentes) como blanco legítimo a futuro.

4) Y finalmente, en cuanto a la famosa ofensiva militar del Honor que dice haber eliminado 43 “supuestos” jefes de columnas guerrilleras en los últimos años; habrá que esperar las estadísticas sobre bajas militares (muertos y heridos) que suministre León Valencia y su ONG, quien es el único que tiene acceso a las cifras oficiales del Ministerio de Guerra de Pinzón, para saber el costo humano de tan sanguinaria y pírrica propaganda en la prensa falangista española. Ahora bien, sobre los costos económicos de esta publicitada y victoriosa ofensiva militar, ya todo el mundo sabe que los 500 mil soldados y policías colombianos, además de los millones de dólares que aportan los contribuyentes estadounidenses, consumen “solamente” el 6% del PIB; pues la enorme cifra real del gasto militar en Colombia es secreta y solo la conoce una comisión especial del honorable Congreso de la República.

Lapidarium: La agente falangista Salud Hernández Mora, quien desde el periódico colombo-español El Tiempo, viene intentando desde hace décadas meternos por los ojos a Carlos Castaño y su ideología “moralizadora”; hoy derrotada por las evidencias de la ruina de su país de origen y del falangismo en sus dos vertientes: tanto la el PP como del PSOE, prepara las condiciones para dar el salto, esta vez apoyándose en ese “bárbaro inquisidor quema-libros” que pretende unir la justicia divina con la humana, para llevar literalmente a Colombia de la mano de Uribe y sus enanitos verdes, a la edad media. Así son las ratas cuando los barcos se están hundiendo: brincan de primeras. Vale la pena leerla en [3].

Lapidarium II: Bill Clinton quien hace poco dijo: “I Love García Márquez” ¿Si habrá leído “La Mala Hora”, la más colombiana y realista de las novelas suyas?

[1] «Uribe haría bien en apoyar a Santos en lugar de criticar».
[2] Pobreza en Colombia se ubicó el año pasado en 32,7%.
[3] La España corrupta

viernes, 24 de mayo de 2013

Persistir en la movilización popular. Por Alberto Pinzón Sánchez


Movilización de campesinos y cafeteros


Persistir en la movilización popular

Por Alberto Pinzón Sánchez

Cuando la movilización popular por una nueva Colombia en paz con justicia social, estaba ganando las calles y las plazas del país entero; JM Santos alinea sus astros y desde la “fundación buen gobierno”, ese remedo de “think thank” estadounidense que tiene más de tanque militar que de pensamiento y con toda la resonancia mediática posible, lanza prematuramente su tan esperada como temida reeleción presidencial con el san-benito de que “quiere la re-elección de todos sus programas”.

De inmediato se precipita dentro de toda la casta electorera de Colombia (la que está convencida desde hace siglos de que democracia es igual a elecciones) la angurria tradicional por acomodarse y participar en la “batalla electoral”, nótese la connotación militarista de la convocatoria y el intento claro de desviar la atención del supremo objetivo de la exitosa movilización popular: La paz y la justicia social y soberanía.

Ya se anuncian todo tipo de alianzas y coaliciones electoreras imaginables: De derecha, de centro, de centro-izquierda y de Izquierda, gobiernistas y antigobiernistas, de amigos de la paz y de enemigos de ella, del bipartidismo, del bipartidismo ampliado y del Opus Dei. De astutos varones electorales y del cretinismo parlamentario. En fin…

Javier Giraldo
Entonces como el aguijón acerado de una incómoda avispa surgen las preguntas del verdadero sacerdote Javier Giraldo, enviadas ayer a los miembros de la mesa de diálogos de paz en la Habana, titulada “al oído de los que dialogan sobre la paz” “, y que bien vale la pena leer con detenimiento en [1].  

En lo que respecta solamente a las elecciones, se pregunta el sacerdote jesuita Javier Giraldo lo siguiente:

“
¿Quién puede, en realidad, participar en unas elecciones en Colombia? ¿Acaso, quien decide participar en cargos de elección popular, no necesita tener muchos miles de millones de pesos? ¿Quién suministra ese dinero? ¿Cuál es el papel de los partidos? ¿No se revela aquí, acaso, un filtro económico ineludible, mediante el cual los poderes económicos más concentrados, cooptan, condicionan, seleccionan y someten a quienes van a ejercer el poder público?

¿Cómo funciona el aparato electoral? ¿No es acaso una verdad sabida y de público dominio, que este aparato está plenamente controlado por el narcotráfico fusionado con el paramilitarismo? ¿Acaso la arraigada “parapolítica”, en la medida en que fue fugazmente escrutada por altas Cortes, no reveló el más desvergonzado dominio y control del narco-paramilitarismo sobre el aparato electoral? ¿Acaso los mismos magistrados que incursionaron en esas pocilgas morales no se sintieron impotentes y temerosos de continuar explorando y se dieron por vencidos? ¿Acaso el país no recibe frecuentemente noticias que se filtran, sobre parlamentarios y políticos supuestamente privados de su libertad pero que mantienen sus poderes electorales intactos a través de renovadas estructuras? ¿No tiene acaso, el funcionamiento del aparato electoral, todas las características de una estructura “mafiosa”?

¿No es acaso evidente la persistencia del paramilitarismo a lo largo y ancho del país? ¿Será posible ocultar por más tiempo el origen y las características del paramilitarismo, tal como fue diseñado por la misión militar estadounidense en febrero de 1962, comandada por el General William Pelham Yarborough, con su carácter de estrategia de Estado para el involucramiento de civiles, como brazos clandestinos de las Fuerzas Oficiales, destinados a combatir maneras de pensar no afectas a la ideología imperial, en un momento en que no existía oposición armada en Colombia? ¿Será posible ignorar todos los manuales impulsores del paramilitarismo que han tenido un carácter oficial clandestino durante estas cinco décadas y las estrategias semi-públicas de promoción del paramilitarismo, como las “Convivir”, las “Redes de Informantes y Cooperantes” etc.? ¿Será posible ignorar por más tiempo las numerosas y multifacéticas cooperaciones entre fuerza pública y estructuras paramilitares, así se llamen estas “Bacrim” o tomen otros variados nombres? ¿No constituye, acaso, una ignorancia afectada el no percibir el carácter que tiene el paramilitarismo en sus más variadas versiones, de brazo aniquilador o desarticulador de la oposición política y de los sectores críticos al poder dominante?

…Y enseguida la MURALLA POLÍTICA, léase el aparato o maquinaria electoral, como un tercer filtro, entroniza los poderes mafiosos en el control real del clientelismo, sirviéndose a su vez del enorme poder encubridor y des-informador de la Muralla Mediática y del poder intimidante de las armas ligadas al dinero (narco-paramilitarismo) con capacidad de controlar incluso el anémico y corrupto aparato de justicia. Aferrados a esta muralla, los partidos llegaron a convertirse en unidades administrativas para la compra de votos y para pagarlos con puestos, abandonando toda identidad ideológica….. ”

Las movilizaciones de los cafeteros, campesinos, arrozeros, mineros, paperos u otros sectores populares que
se han lanzado a las calles y carreteras sacudieron a la oligarquia colombiana e indicaron el camino.


Así las cosas, y advertido el pueblo colombiano y movilizado conscientemente por calles y carreteras de todo el país; no deberá caer en la estratagema electorera que se ha tendido desde la cúpula del Poder Central para desmovilizarlo, sino que más bien, deberá persistir en la única política que tiene futuro tanto en Europa como en America, que es la más amplia Lucha de Masas, hasta lograr que hayan condiciones políticas adecuadas y reglamentadas con el fin de que la participación en las elecciones sean verdaderamente democráticas, legítimas y legales. Es decir hasta que no se haya derrumbado la “Muralla electorera y política” descrita por el verdadero sacerdote Javier Giraldo.

Entonces si se podrá hablar de participación electoral amplia, democrática y protagónica para definir el futuro de Colombia. Lo demás será el carnaval electoral de siempre, que otro preclaro sacerdote colombiano Camilo Torres hace 50 años señalaba:


“En Colombia, quien escruta elige”, y, más si se trata de re-elegir como presidente de la república un tallador de naipes, contra quien según las reglas del garito, no hay empate posible. 

[1] Al oído de los que dialogan sobre la Paz. Por Padre Javier Giraldo.

domingo, 21 de abril de 2013

La contradicción en el seno de la izquierda colombiana


Imagen Google

Por Alberto Pinzón Sánchez

Quien desde la llamada Izquierda  colombiana se oponga a una Constituyente que, refrende los acuerdos alcanzados en la Habana y las Farc-EP y los demás acuerdos alcanzados con el ELN y el EPL, para finalizar el histórico conflicto social armado de Colombia, pues sencillamente no ha comprendido el  “ABC”  de la Solución Política; pues una es parte integrante e inseparable de la otra  

¿Cómo se va a reconciliar el Estado colombiano con sus ciudadanos, si no es desmontando las dos patas que soportan el conflicto interno?  Una, la estructura de la tenencia de la tierra y dos, la máquina del Terror del Estado.

Pero  además, si para oponerse a ella, argumenta que las elecciones  para elegir a los constituyentes pueden ser ganadas por AUV  y sus 7 enanitos,  pues  no ha hecho un análisis concreto de la situación concreta actual en perspectiva. No ha entendido el novedoso momento político que se está viviendo en Colombia a partir del auge de la movilización social Unitaria y Organizada  desde la base popular cada vez más politizada y consiente, organizando múltiples procesos Constituyentes locales y regionales y, pidiendo paz con justicia social democracia y soberanía, es decir que por su tradicional ceguera electorera, desconfía profundamente de la gente del común en su marcha irreversible hacia la segunda independencia.

Es precisamente el torrente unitario movilizado en calles y carreteras de Colombia, exigiendo paz con justicia social y soberanía, lo que ha hecho aflorar las contradicciones larvadas durante tantos años en el seno del bloque de Poder Dominante, y que a partir del “bogotazo por la paz”, del nueve de abril pasado, le han abierto a la Gente del Común un panorama totalmente nuevo e inédito, que de saberse utilizar para continuar avanzando, puede conducir a una situación insospechada como por ejemplo, un masivo y contundente  Paro Cívico Nacional;  el que no es posible visualizar con la tradicional inercia de los cálculos electoreros. “La única arma efectiva contra la guerra es la huelga”,  decía el escritor y periodista italiano Curzio Malaparte.   

Este aspecto del abandono de la lucha de masas en beneficio de las próximas elecciones que hay que estar preparando constantemente, es más serio y tiene más implicaciones de lo que se cree y, no es lo único que separa a la llamada “Izquierda colombiana”. También nos separa su concepción maoísta de la contradicción (ya superada en el resto del mundo) que solo ve en blanco y negro  la unidad y lucha de los dos contrarios, sin analizar sus complejas relaciones, interacciones e intermediaciones, es decir, el proceso complejo  de cómo se unen y luchan estos contrarios:

Claro que Uribe Vélez, es el representante epónimo del latifundio ganadero  pre-.moderno y violento. Que Pastrana  representa a los corruptos beneficiados con los millonarios negocios, (en dólares) de la guerra geoestratégica del Plan Colombia: (Araujo, Banpacífico, Dragacol, ect). Que el fanático religioso Ordoñez representa  los intereses nacionales y trasnacionales de los  jerarcas de negro del  Opus Dei y de Tradición Familia y Propiedad. Que JM Santos representa los negocios financieros de la oligarquía santafereña en su más aquilatada expresión y  que además, todos juntos están unidos en torno al credo superior del  Neoliberalismo.  

Pero también es cierto que, no solo por asuntos económicos sino por el proceso de paz de la Habana y la movilización popular, han entrado en lucha abierta e irreconciliable. Ya no es por debajo de la mesa, soterrada e hipócrita, como  venía sucediendo desde el pacto de Sitges firmado entre Laureano Gómez y Alberto Lleras. Pacto en las alturas que (entre otras cosas)  hoy es imposible volver a repetir.

Pero hay más: La concepción del conflicto interno colombiano ha trazado una cicatriz mental en sus cerebros. Mientras JM Santos reconoce con objetividad que” existe desde hace muchísimo un conflicto interno que se debe resolver políticamente”  y así sea simbólicamente,  desde  el frente de la embajada de los EEUU en Bogotá apoya el  “bogotazo por la paz”; Uribe Vélez y los demás, cegados por su anticomunismo pro-gringo, insisten tozudamente en negarlo, argumentando  que en Colombia hay una amenaza terrorista -comunista contra la democracia, que hay que derrotar militarmente.

Y después del incidente de la filtración a Uribe Vélez, de las coordenadas militares donde se encontraba el comandante Pablo Catatumbo, no hay duda de que JM Santos tiene al provocador ministro de guerra Pinzón en ese puestico,  porque es el único que le puede evitar un Golpe Militar instigado por AUV y sus 7 enanitos.

Así pues  que,  No es  el asunto teórico del rechazo al Neoliberalismo (implementado desde hace más de 40 años por la oligarquía colombiana y en lo cual no hay  dentro de la izquierda diferencias  sustanciales) lo que nos separa.  Es la incomprensión de la Salida Política, de la cual forma parte inseparable la Constituyente.  El  “electorerismo miope”  en remplazo de la lucha de masas y la desconfianza en ellas, hacedoras de la Historia; junto con la distorsión maoísta del análisis concreto de la situación concreta actual en clave estratégica, tan recomendado por Lenin, lo que está por resolverse en la praxis. Es decir en veremos. 

 La lucha contra el Neoliberalismo  trasnacional no puede convertirse en un muro metafísico que nos impida por el momento,  avanzar hacia la Paz con justicia social y democracia  con quienes quieran marchar en ese sentido, como lo acaba de decir la máxima autoridad del Polo Democrático en el foro de la Universidad Nacional. Estaríamos cayendo en el otro extremo del idealismo trotskista: Si las FARC –EP  no tiene un programa obrero y socialista, No son revolucionarias, ni nada. 

Post Scriptum: La adivinanza de la valla de Facho Santos tiene una respuesta real: Quien ha matado más policías es el régimen oligárquico colombiano, que convirtió a la Policía Nacional en un destacamento contraguerrillero, quitándolo del ministerio del Interior (donde debe estar) para enviar esos colombianos rasos a matar a sus hermanos de clase y,  a morir sin pena ni gloria en las selvas  colombianas. Pero no solo ha enviado esta guardia pretoriana comandada por Santoyo, el Papero y otros fantoches rateros con charreteras, sino a soldados rasos comandados por el general  Rito Alejo y los tantos otros héroes condecorados, paracos y cobardes que siguen en la impunidad. Ojo Fachito,  que las Victimas son consecuencia. La causa eficiente  (para que me entienda) es el Terror del Estado.           

lunes, 15 de abril de 2013

Alberto Pinzón Sánchez: Del Estatuto de seguridad nacional, a la Solución Política del conflicto interno colombiano







Por Alberto Pinzón Sánchez


(Ponencia leída el 09 de abril del 2013 en la Universidad del País Vasco. Bilbao)

Voy a hacer un corto recorrido, sobre los principales intentos de paz que se han dado en Colombia, tratando de hallarle una solución al largo e histórico conflicto social y armado, para intentar sacar algunas conclusiones que, permitan continuar avanzando hacia la Solución Política de la grave crisis generalizada en la que actualmente se debate nuestro país.

Lo primero que debemos considerar es que, Colombia como parte del globo terrestre, quiéranlo o no los Dominantes colombianos, está también inmersa en la crisis global civilizatoria actual. Colombia no es ninguna isla paradisiaca aislada del resto del mundo, habitada por los buenos salvajes que describieron los colonizadores europeos, sino una excepcional y muy rica esquina geoestratégica de Suramérica, a la cual también ha llegado el gigantesco vendaval socioeconómico originado en el centro de las tres grandes potencias del capitalismo desarrollado, USA, Europa y Japón, hoy expandida por todo el mundo.

Y como segunda consideración se debe tener en cuenta que Colombia tiene una particularidad muy propia, determinada por su historia: Después de la grandiosa batalla de Ayacucho en la que nuestro Padre Simón Bolívar, junto con el mariscal Sucre derrotaran a al poderoso Imperio español y, como consecuencia de la descomposición del régimen colonial, fue convertida por la oligarquía de esclavistas, terratenientes y exportadores que salió triunfante de la guerra de liberación, en un permanente campo de batalla, en el cual durante el siglo XIX se dieron 9 grandes guerras civiles (un promedio de una guerra a cada diez años, la última prolongada hasta 1902), todas ganadas por los santanderistas y que asolaron al país y lo hincaron ante el gobierno de los EEUU para que lo desmembrara y se apoderara de la estratégica provincia de Panamá.

En el Siglo XX, Colombia ya convertida en un enclave imperialista para la explotación bananera y la extracción petrolera minera; continuó siendo el campo de batalla del siglo anterior, pero esta vez, con un ejército unificado y entrenado militarmente por las potencias imperialistas. Entonces, la lucha tomó otra dirección; ya a no se dio entre las fracciones de la oligarquía por definir su hegemonía y usufructo del dinero público, sino contra los trabajadores, tanto del campo como de la ciudad, quienes recibieron el bautizo de sangre relatado a en Cien años de Soledad, en la inolvidable masacre de la zona bananera de Macondo de 1928, cuando más de tres mil trabajadores de la empresa bananera Yunai Fruit company fueron ametrallados por el ejército Colombiano al mando del general Cortes Vargas.

Igual bautizo de sangre, recibieron poco después los trabajadores petroleros de la tropical oil company en Barranca, los braceros y bogas del rio Magdalena, y los campesinos especialmente los jornaleros de la región andina que pedían reformas en el campo y que nunca llegaron. Por el contrario, cada solicitud popular fue respondida con las armas y el endurecimiento represivo de los gobiernos bipartidistas, hasta desembocar en 1946, en la dictadura liberal conservadora del falangista Ospina Pérez, quien como parte integrante de la naciente política norteamericana de la guerra fría contra el comunismo, inició el ciclo de la violencia bipartidista, cuyo momento culminante es la ejecución en Bogotá por parte de los servicios secretos de los EEUU, del gran dirigente popular Jorge Eliecer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Fecha desde entonces convertida, en un símbolo imborrable de la movilización popular y social en Colombia.

Este ciclo de violencia bipartidista se prolongó hasta 1957,cuando el liberal maltusiano Lleras Camargo y el falangista conservador Laureano Gómez, firmaron el pacto de Sitges en Cataluña, para detener aquella orgía de sangre y despojo, pero solo cuando ya se había logrado el objetivo maltusiano de eliminar más de 300 mil pobladores agrarios y se había realizado el despojo de cerca de 14 millones de hectáreas de las mejores tierras de Colombia, para dedicarlas a la renta parasitaria de la ganadería extensiva, con el ideal de que cada vaca debía tener una hectárea de tierra para pastar, y bajo la consigna eficiente de que sin guerra no hay tierra

Sin embargo, una crisis tan gigantesca que se intentó resolver con un pacto en las alturas del Poder bipartidista, continuó sus efectos arrasadores en la base social, y aquella violencia sectaria entre el pueblo raso dividido arbitrariamente entre liberales y conservadores, hizo brotar el él la conciencia de clase, tornándose en una lucha de resistencia al exterminio ejercido desde el Poder central contra los trabajadores, especialmente agrarios. Entonces la guerra sectaria entre pobladores liberales y conservadores, se trasformó en una guerra oficial contra el pueblo trabajador, revestida de guerra contra el comunismo, azuzada y apoyada abiertamente por el Pentágono estadounidense.

Así fue como los bombardeos masivos, iniciados en 1954 por el dictador conservador Rojas Pinilla contra algunas regiones agrarias como Villarica y el Sumapaz, donde existía alguna influencia del partido comunista; diez años después, en 1964, dieron paso a los bombardeos del Plan Lasso ( Latin American Security Operation) elaborado en la embajada de los EEUU en Bogotá, con el objetivo militar de exterminar las imaginarias “republíquelas independientes” de Marquetalia, Riochiquito, el rio Pato y Guayabero señalizadas por el hijo de Laureano Gómez y que para capricho de la historia, daría origen al movimiento de resistencia campesina que un año después, en 1965, se convertiría en las hoy conocidas FARC-EP; mientras que simultáneamente surgirían en la región del Carare el ELN, y en el alto Sinú el EPL.

Desde entonces hasta hoy, abril de 2013,cada uno de los gobiernos bipartidistas de Colombia no ha intentado resolver el conflicto así gestado, sino más bien, ha utilizado una política invariable de obligar por las armas la insurgencia guerrillera a que negocie su rendición, mientras administra el conflicto armado y lo usa para expandir el llamado mercado nacional por toda la geografía del país, es decir para desarrollar y ampliar el capitalismo dependiente, mediante el lucro producido por el despojo y la acumulación permanente de capital multinacional, incluso introduciéndole desde la década de los 70 del siglo pasado, los gigantescos capitales ilegales provenientes de las bonanzas del narcotráfico.

Por ejemplo, con la llamada ventanilla siniestra en el banco de la república de los gobierno de López Michelsen y Turbay Ayala, o en 1994 eligiendo presidentes financiados por este capital narco. Pero fundamentalmente, para aumentar la dependencia de todo tipo y en especial la dependencia militar al Imperialismo norteamericano, que en la actualidad posee 9 grandes bases militares en territorio Colombiano, con el fin geoestratégico de continuar adelantando, bajo otros disfraces y con otros nombres, el Plan Colombia /Iniciativa Regional Andina.

 La palabra DDR, aquí ya no significa la malhadada experiencia europea de la Deutsche Democratische Republic, sino la política de Desmovilización Desarme y Reinserción de la guerrilla, que como una obsesión política invencible, ha tenido la clase dominante y dirigente de Colombia durante los últimos 35 años de conflicto, pues en los 14 años que van de 1965 a 1978 , no se utilizó por los gobiernos del llamado Frente Nacional ninguna estrategia de paz diferente al control militar del Orden Publico, reforzado con la estrategia paramilitar recomendada por escrito en 1960, por la misión del US Army en Colombia, comandada por el general Yaranborough, como bien lo ha documentado el sacerdote jesuita Javier Giraldo.

Demos entonces una mirada a vuelo de pájaro, de los llamados procesos de paz realizados por los sucesivos gobiernos de Colombia a partir de 1978, hasta hoy, para entender cómo, la política de paz implementada por la clase dominante y dirigente del Estado colombiano, categorizada con el concepto sociológico de oligarquía latifundista y financiera trasnacionalizada; ha consistido simplemente en desarrollar ex profeso, un modelo inflexible e ineficaz de resolución de conflictos sociales, que se reduce a la elemental táctica política de anteponer frente a las organizaciones guerrilleras, un laberinto insoluble de aparatos burocrático jurídicos de Estado, encaminados únicamente a lograr su Desmovilización Desarme y Reinserción o (DDR), con el fin de evitar realizar las necesarias trasformaciones sociales que son la base del conflicto, lo alimentan y lo reproducen, logrando de contramano eludir su responsabilidad social e histórica como clase gobernante, para endosársela a la guerrilla bajo la pérfida sindicación de que estas no desean ninguna paz y mienten, cuando hablan de paz.

1978-1982. Gobierno de Julio César Turbay Ayala

Por recomendación del expresidente liberal Lleras Restrepo, Turbay Ayala, conocido como el presidente del estatuto de la seguridad nacional, instaló a fines de 1981 un Comité de Paz ad hoc, conformado por monseñor Revollo a nombre de la Iglesia católica, el comandante de las Fuerzas Militares Forero Delgadillo, y representantes del poder presidencial como Agudelo Ríos, para que estudiara la situación de orden público y formulara recomendaciones con el fin de aclimatar la paz y crear un ambiente favorable para que los guerrilleros se acogieran a la constitución colombiana. El presidente Turbay rechazó las recomendaciones de esa comisión argumentando que desmoralizarían al Ejército y, la comisión se desintegró con pena y sin gloria

1982.1986. Gobierno de Belisario Betancur Cuartas

Belisario quien subió a la presidencia criticando las torturas militares y demás excesos represivos de su antecesor Turbay, cometidos al amparo del estatuto de la seguridad nacional; inició una política “social-conservadora” de una paz idealizada e improvisada, sin contar con la quinta columna existente dentro de su gobierno, a quienes se limitó a llamar “enemigos ocultos de la paz”, pero quienes al final resultaron triunfadores. En septiembre de 1982 instaló una comisión de paz asesora del gobierno nacional con 40 celebridades colombianas, entre quienes se destacaba la ascendente estrella de Noemí Sanín, quien hoy, 31 años después, ostenta orgullosa un pasaporte del Estado español.

Dicha comisión tenía como principal “presentar al ejecutivo y demás ramas del poder público, las alternativas de acción dignas de estudio, para que los agentes subjetivos de la subversión puedan incorporarse a la clara normalidad de su patria, que los espera”.

4 meses después, Betancur nombró 4 altos comisionados de paz, uno de la iglesia católica, otro de las fuerzas militares, un tercero del gobierno y el último del sector empresarial privado, además de una consejera de asuntos de paz, con el fin de que sirvieran de canales de comunicación entre él, y la comisión asesora de paz.

Pero más pronto de lo esperado, brotaron las típicas contradicciones de los dominantes colombianos por el dinero para la clientela electoral, y el director de la comisión Morales Benítez debió aclarar que: “la comisión no maneja dineros, no realiza obras públicas, ni reparte tierras, ni dirige las tareas de la rehabilitación; quienes vigilan las inversiones y siguen el curso de las obras de rehabilitación son los altos comisionados; ellos son los gerentes de paz. Ellos pueden hablar de plata contante y sonante”.

Pese al avance de la estrategia paramilitar del Estado que se venía implementando desde 1960, tres meses después Morales Benítez debió hacer aquella dramática y conocida declaración de “los enemigos agazapados de la paz, quienes por fuera y por dentro del gobierno tratan de impedir la paz. Contra esas fuerzas reaccionarias que en otras épocas lucharon como hoy con sutileza contra la paz y lograron torpedearla”. Pese a esta dificultad, el gobierno Betancur, en marzo de 1884, logró firmar con las Farc los acuerdos de la Uribe, que un año después darían origen al partido político Unión Patriótica. Y para darle cumplimiento a los acuerdos, un mes más tarde crea otra comisión nacional de verificación.

 El nuevo aparato burocrático para la DDR, continuó en expansión a pesar del ambiente de zozobra e incertidumbre creado por la quinta columna enemiga de la paz, y entre julio de 1984 a noviembre de 1985, fecha en que el grupo guerrillero M-19 se tomó el palacio de justicia de Bogotá. Entonces se creó otra nueva comisión nacional para negociar con el M19, el EPL y el ADO, junto con más diez 10 subcomisiones de dialogo nacional, y se conformó otra comisión de paz, dialogo y verificación como remplazo de las demás comisiones que venían funcionando.

Con la quema del palacio de justicia en noviembre de 1985, los enemigos agazapados de la paz endurecen su oposición a las iniciativas del gobierno Betancur, y la ofensiva exterminadora contra los desmovilizados y militantes de la UP adelantada por aquellas fuerzas reaccionarias ocultas, pero ya estructuradas como una herramienta paramilitar del Estado, se configura una sin salida. Sin embargo, Betancur insiste y logra mejorar un poco el ambiente político en favor de la paz, con los acuerdos de diciembre de 1985, con dos destacamentos del ELN y la prórroga de los acuerdos de marzo del 86 con las FARC. Finalmente la comisión empieza a desgranarse como una mazorca de maíz con la renuncia paulatina de sus miembros, y el 5 de agosto de 1986, el presidente debe oficializar la desintegración de la misma.

1986-1990 Gobierno de Virgilio Barco Vargas

Durante los 4 años del gobierno liberal de Virgilio Barco, se dan dos hechos fundamentales: uno, se desarrolla gran parte del plan de la inteligencia militar llamado Baile Rojo con el que se exterminó a la Unión Patriótica y dos, los narco-para-traficantes hacen irrupción pública. Sin embargo, la política de DDR de Barco, aunque fue bastante más simple que la de su predecesor, también fue rica en aparatos jurídicos y comisiones.

 El ministro del interior Cepeda Ulloa, aclaró el trabalenguas presidencial de la siguiente manera: “el presidente Barco dijo, no creamos la ilusión de que va a haber paz. Nosotros podemos aspirar a normalizar la situación pública, no podemos aspirar a que haya paz. No va haber paz. No creemos en esa ilusión, aquí lo que vamos es a lograr normalizar la situación”. En efecto, en agosto del 86 se conforman dos aparato jurídico políticos paralelos denominados, consejería para la reconciliación normalización y rehabilitación, y el plan nacional de rehabilitación. Pardo Rueda, actual ministro de trabajo del gobierno Santos, en aquel entonces director de esa consejería, complementó la sutil política oficial de paz de Barco de la siguiente manera: “Se trata de omitir la palabra paz y reemplazarla por tres largos conceptos: reconciliación, normalización y rehabilitación, desprendiéndola del simplismo convencional de identificarla solo con diálogos con la guerrilla”.

1990-1994 Gobierno de César Gaviria Trujillo

César Gaviria, antiguo ministro de gobierno del gobierno Barco, dio continuidad en los puntos básicos de la estrategia de paz del anterior gobierno, con una ligera modificación: el modelo DDR negociado con el M–19 y concluido con la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, se convirtió en el ejemplo inflexible a seguir durante toda la administración Gaviria. Por ejemplo, el mismo día en que se llevaban a cabo las elecciones para definir los constituyentes (9 de diciembre de 1990) las Fuerzas Armadas bombardearon “casa verde”, lugar donde se encontraba el Secretariado de las FARC, eliminando por la vía militar cualquier posibilidad de acuerdos políticos con este grupo y con los demás que aún formaban parte de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Sin embargo dos nuevos aparatos burocráticos se conformarían para enfrentar la reacción guerrillera: la consejería presidencial para la defensa y la seguridad nacional a cargo del ascendente burócrata Rafael Pardo Rueda, y la consejería presidencial para Medellín a cargo de la luminosa María Emma Mejía.

En 1991, después de un accidentado proceso político a favor de un dialogo por la paz, desarrollado por la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar; el gobierno Gaviria se vio forzado a iniciar formalmente las conversaciones de paz en Caracas, las cuales poco después se trasladaron a Tlaxcala (Méjico). Como respuesta administrativa, Gaviria nombró como responsable de las mismas a Jesús (chucho) Bejarano, asignándole nuevas funciones presidenciales. En enero de 1992, Bejarano es remplazado por Horacio Serpa Uribe, quien 4 meses después y de común acuerdo con los delegados de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, dio por terminadas las conversaciones de paz.

Durante el desarrollo de estas conversaciones de Caracas y Tlaxcala, el gobierno Gaviria conformó como complemento la comisión consultiva para el Orden Público, y el famoso carrusel burocrático de la paz liderado por Bejarano, conformado por una pléyade de asesores oficiales, todos hoy vigentes como Ricardo Santamaría, Carlos Eduardo Jaramillo, Tomás Concha, Reynaldo Gary, Gonzalo de Francisco, Eduardo Díaz Uribe y José Noé Ríos, entre otros.

Para fines de 1991, el gobierno Gaviria logra acuerdos de DDR con el EPL, el PRT y el Quintín Lame, y para vincular al empresariado privado en tal gestión, creó en septiembre 1991, otra comisión asesora de reinserción dirigida por el actual miembro del equipo negociador de Santos Ricardo Santamaría, para que articulara con el propio presidente Gaviria, el aporte privado a la reinserción.

 En noviembre de 1993, se restructura la consejería para la paz a cargo de Carlos Eduardo Jaramillo, quien acompañará a Gaviria hasta el final de su mandato, concretando acuerdos de DDR , con la Corriente de Renovación Socialista, las milicias de Medellín, y el Frente Francisco Garnica del EPL. La política gubernamental de la DDR, había obtenido un claro aunque parcial triunfo al haber desintegrado la coordinadora guerrillera Simón Bolívar y reinsertado gran parte de sus integrantes. Solo continuaron resistiendo en armas las Farc –EP, el ELN y una pequeña fracción del EPL.

1994.1998 Gobierno de Ernesto Samper Pizano

El gobierno de Samper Pizano, da otro desarrollo burocrático de la DDR. Buscando aliados que le ayudasen a enfrentar el conocido escándalo del financiamiento electoral por el narcotráfico llamado proceso ocho mil, Samper nombró a Carlos Holmes Trujillo, conocido jefe político de la derecha liberal como alto comisionado para la paz, debiendo aclarar posteriormente en otro decreto presidencial, que este cargo estaba dentro de la consejería presidencial para la paz bajo la dirección de José Noé Ríos.

Además, conformó otra instancia de carácter consultivo: la comisión de acción para la paz, encargada de desarrollar el asunto financiero, tan caro a su gestión; la cual ampliaría y dejaría establecida a través de la Ley 368 de 1997y reforzaría con la creación del fondo de programas especiales para la paz, o cuenta del departamento administrativo de la presidencia, destinado a apoyar financieramente las funciones del alto comisionado para la paz.

Samper, considerando insuficiente todo el anterior aparataje DDR, estructuró en julio de 1995, una nueva comisión facilitadora de paz para la reinserción del pequeño residuo del M-19 llamado Jaime Bateman Cayón. La responsabilidad recayó esta vez en el Arzobispo de Popayán, Alberto Giraldo Jaramillo, en el administrador Arquidiocesano de Cali Héctor Gutiérrez Pabón, la secretaria de gobierno del Cauca, el rector de la Universidad Libre de Cali, junto al ex-combatiente del M-19 Germán Rojas Niño y el presentador de los cuenta-chistes en televisión, Alfonso Lizarazo.

Y para a agosto del 95, con participación de la iglesia católica, los gremios económicos, políticos, intelectuales y representantes de los medios de comunicación, organizó otra nueva comisión de conciliación nacional, integrada por sectores de la Iglesia católica, los gremios económicos, políticos y representantes de los medios de comunicación para que ayudaran en el asunto de la paz.

 Por si fuera poco, en Julio de 1998, luego de la declaración de Viana en España y la declaración de Mainz en Alemania, Samper creó el comité operativo preparatorio de una posible convención nacional con el ELN, y junto a este comité operativo, actuó el comité nacional de paz.

 Por último, en abril de 1995, el presidente Samper creó la comisión facilitadora de paz de Antioquia, por decisión de la gobernación del departamento en ese entonces a cargo de Álvaro Uribe Vélez. Destacamos este hecho, porque esa fue la primera iniciativa DDR de tipo regional en la que el gobierno central daba autorización a una gobernación departamental, y sería pieza clave en la etapa exploratoria que terminaría 10 años después, con la DDR de los grupos paramilitares durante el gobierno de Uribe Vélez.

1998-2002 Gobierno de Andrés Pastrana Arango

Sin grandes variaciones, Pastrana continuó la lógica de los aparatos burocráticos jurídicos para la DDR, nombrando a Víctor Gumersindo Ricardo, como alto comisionado para la paz en la consejería presidencial para la paz, junto a Camilo Gómez Alzate como su secretario privado y poniendo en funcionamiento el consejo nacional de paz, junto con el comité nacional de paz.

Pastrana con el compromiso hecho al presidente de los EEUU Bill Clinton, para adelantar el Plan Colombia elaborado en 1997 en EEUU, y en pleno auge del narco- paramilitarismo, pasó de la fase exploratoria con la guerrilla de las FARC –EP, a iniciar el proceso de diálogo y negociación que denominó “negociar la paz con las FARC medio de la guerra”. Decretó en noviembre de 1998, la denominada zona de distensión del Caguán y concentró los esfuerzos presidenciales e institucionales en la constitución de la mesa nacional de diálogo y negociación y en un comité temático nacional.

El 7 de enero de 1999, día de la instalación formal de los diálogos, designó como negociadores gubernamentales a Víctor Gumersindo Ricardo, María Emma Mejía Vélez, Fabio Valencia Cossio, Nicanor Restrepo Santamaría y Rodolfo Espinosa Meola. Y bajo la coordinación del gobierno, conformó el comité temático nacional con reconocidos narco- para políticos como Pomárico y Pinedo Vidal.

El 4 de julio de 1999, cambió el equipo negociador inicial para conformar un segundo, con Fabio Valencia Cossio, Pedro Gómez Barrero, Camilo Gómez Alzate, Juan Gabriel Uribe y el general retirado Gonzalo Forero. A comienzos mayo del 2000, Pastrana aceptó la renuncia de Víctor Gumersindo Ricardo y nombró en su remplazo, como nuevo alto comisionado para la paz, a su secretario privado Camilo Gómez Alzate. Sin embargo, después 4 meses de difíciles diálogos, el 6 de mayo de 1999, los negociadores del gobierno y los representantes de las FARC EP lograron firmar y protocolizar los 12 puntos de la Agenda Común por el Cambio hacia una Nueva Colombia. Por fin después de más de 50 años de conflicto social y armado en Colombia, se firmaba y legalizaba por ambas partes el primer documento de Estado: una Agenda y básica para una salida política al conflicto interno de Colombia.

El proceso de negociaciones continuó a pesar de interferencias políticas y militares de todo tipo, y en septiembre de 2000, Pastrana tras aceptar la renuncia del empresario privado Pedro Gómez Barrero, conforma un tercer equipo para las negociaciones con participación del partido liberal y la Iglesia católica. En reemplazo de Gómez Barrero nombra al empresario del sector petrolero y ex director de la Esso-Colombia Ramón De La Torre Lago, a monseñor Luis Alberto Giraldo Jaramillo, a Luis Guillermo Giraldo Hurtado y a Alfonso López Caballero quienes junto a Fabio Valencia Cossio, Juan Gabriel Uribe y el general Forero Delgadillo, continuarían en la mesa. En noviembre de 2000, se crea como órgano asesor y consultor del gobierno, el frente común por la paz y contra la violencia, integrado por el propio presidente Pastrana, Horacio Serpa Uribe, Luis Fernando Alarcón, Antonio Navarro, y los actuales encarcelados Ciro Ramírez, Samuel Moreno y Luis Guillermo Giraldo Hurtado.

Después de varios congelamientos, a inicios de 2001, Pastrana y Marulanda lograron reactivar la negociación con la firma del Acuerdo de los Pozos, reafirmando la necesidad de continuar los diálogos, agilizar las propuestas de intercambio humanitario, discutir el cese de fuegos, analizar el asunto de la erradicación manual y concertada de los cultivos ilícitos, e invitar a la comunidad internacional. Además de común acuerdo conformaron la comisión de personalidades (también conocida como de los notables) con el propósito de encontrar caminos para acabar con el paramilitarismo y disminuir la intensidad del conflicto.

En abril del mismo año Pastrana creó la comisión de países facilitadores para el proceso de paz, integrada por representantes de los gobiernos de Canadá, Cuba, España, Francia, Italia, Suecia, Suiza, México, Noruega y Venezuela, y en abril, se inician en el Caguán las denominadas audiencias públicas. Finalmente, el 3 de junio de 2001, el Gobierno Pastrana anunció un nuevo y cuarto equipo negociador con las FARC-EP nombrando a Reinaldo Botero Bedoya, Ricardo Correa Robledo y Manuel Salazar Ferro, quienes junto al alto comisionado Camilo Gómez y un nuevo comisionado adjunto para la paz Luis Fernando Críales, serían los encargados de afrontar la última fase del proceso del Caguán, y cuyo accidentado desarrollo en medio de la guerra, terminó con su rompimiento el 20 de febrero de 2002, motivado por uno de esos hechos de guerra y sin haber desarrollado ningún punto de los pactados en la agenda de 1999

2002-2010 El octienio de Álvaro Uribe Vélez

Desde antes de su elección como presidente y una vez posesionado en 2002, Uribe Vélez condicionó cualquier intento de negociación a la declaratoria previa de un cese unilateral de hostilidades por parte de los llamados por él “grupos armados ilegales”. Ninguna insurgencia aceptó una rendición, solo aceptada por los narco paramilitares de las AUC, con quienes se venía negociando como se dijo desde 1995, cuando Uribe Vélez era gobernador del departamento de Antioquia.

El extraño aparato burocrático jurídico para la DDR de los narco paramilitares, legalizado con la ley 975 de 2005, conocida como la ley de Justicia y paz, fue conducido por el hoy prófugo de la justicia colombiana Luis Carlos Restrepo, pero siempre estuvo orientado directamente por el presidente Uribe Vélez y, tal y como ha quedado demostrado hasta el día de hoy, se limitó únicamente a extraditar a los EEUU a los principales jefes narco para militares, acusados no de crímenes de Estado sino de narcotráfico, sin estructurar una política gubernamental de paz para todo el país.

2010 a la fecha. Gobierno de Juan Manuel Santos

Apoyado por el apabullante aparataje político militar y mediático, creado por el gobierno estadounidense con el Plan Colombia, durante el octienio de Uribe Vélez, su ministro de defensa J M Santos resultó elegido en 2010. En su discurso de posesión Santos plantea una política DDR ambigua, insinuando que él tenía en su bolsillo la llave para abrir la puerta de un eventual proceso de paz con las guerrillas, y dando a entender que había centralizado totalmente bajo su responsabilidad inmediata, el asunto de la paz en Colombia, sin delegaciones en comisiones nacionales ni otros aparatos burocrático jurídicos de Estado como los que se venían creando en las administraciones precedentes. Después de haber dado muerte a dos miembros del secretariado, jubiloso anunció la cárcel o la tumba, como únicas condiciones que tenía la guerrilla para su rendición, desmovilización y reinserción.

Mientras en paralelo y haciendo honor al legalismo santanderista característico de su clase social hasta aquí expuesto, empeñó todos sus recursos políticos en llevar al congreso de la república los principales lineamientos de su “locomotora neo-liberal para la paz”; que resultó convertida en una cascada de leyes presentada como Marco jurídico integral para la paz, y que contiene la reforma a la justicia, la justicia transicional, el fuero para el estamento militar, el código penal, el código minero, la reforma política, la reforma a la salud y, la ley de restitución de tierras; aspecto este último, que le ha granjeado la oposición radical del sector del rentismo latifundista y ganadero pre-moderno, ligado al narco paramilitarismo, opuesto visceralmente a cualquier proceso de dialogo con la insurgencia.

Como todo parece indicar, la guerrilla de las FARC- EP logró superar los golpes militares recibidos en el secretariado y adaptarse a la nueva situación fluida de guerra contrainsurgente tecnológica. Este hecho, sumado a los cambios democráticos y progresistas dados en América latina y el Caribe, junto a la creciente y masiva movilización popular en el interior de Colombia, han hecho recapacitar, parcialmente, al gobierno Santos en su empeño de DDR y, considerar seriamente una posibilidad distinta a la solución militar de exterminio de la insurgencia, tradicionalmente compartida por toda su clase social. Lo cual ha aumentado el encono en contra suya, por parte de los enemigos agazapados de una paz para Colombia.

Con esto, el 04. 09.2012, Santos comunicó oficialmente, que después de 6 meses de contactos discretos con la dirección de las Farc –EP, había logrado firmar un acuerdo para la terminación del conflicto colombiano, conocido como la agenda de la Habana. Proceso actualmente en desarrollo en medio de la criminalización de la protesta social y el creciente accionar paramilitar, y enmarcado dentro del erróneo concepto pastranista de adelantarlos en medio de la guerra. No obstante, ambas partes anuncian haber logrado acuerdos sustanciales en cuanto al primer punto, es decir el problema agrario colombiano, verdadera madre del cordero.

Pero, también hay que decirlo. Tal como lo venimos relatando, tantos años de guerra contrainsurgente y de terrorismo de Estado vigente e impune, han sumido a Colombia en una tremenda y casi insuperable crisis humanitaria, semejante a la de Sudan, pero potencializa por los efectos de la crisis civilizatoria global. Claro que como también se ha dicho, Colombia no está en el desierto del Sahara, sino en una rica esquina geoestratégica de Suramérica y el Caribe.

Terrorismo de Estado actuante, vigente, sonante, e impune, implementado consiente y planificadamente por un Estado reconocido legalmente por la comunidad mundial de naciones, que no puede igualarse jurídicamente con los crímenes cometidos en medio de la guerra por cualquiera organización ilegal perseguida por ese Estado. Y que de no superarse inmediatamente, continuará siendo como ha sido advertido por múltiples organizaciones humanitarias, una gran amenaza para la paz en Colombia y de la región, pues de no desmontarse completamente la paz será peor que la guerra.

Dada la trascendencia que este engendro tiene para el futuro de Colombia; voy a referirme así sea someramente, dando algunas de las pocas cifras oficiales que se pueden entresacar de entre la maraña estadística existente y que ha tornado caótica su comprensión.

Cifras oficiales que todos sabemos están “pordebajiadas” (como decimos los colombianos) pero que alcanzan a mostrar el tamaño del engendro, gestado y construido a conciencia, desde hace más de medio siglo por la clase dominante y dirigente de Colombia con la ayuda invaluable del pentágono estadounidense.

El 01 de enero de este año, la fiscalía de Colombia informa que ha logrado documentar, entre junio del 2005 y diciembre del 2010, es decir durante el octienio de Uribe Vélez; 39. 546 acciones criminales del Terror del Estado, realizadas con la complicidad de 1.124 políticos. 1.023 militares y 393 servidores públicos, y que arrojan los siguientes datos macabros: 173. 181 fusilamientos. 1597 masacres. 34. 467 desapariciones forzadas. 3.9 24 fosas comunes exhumadas, con 4.809 cadáveres. 74.990 desplazados que se suman a los (6) seis millones de desplazados internos existentes. 3.000 (tres mil) falsos positivos la mayoría en la impunidad, y 12. 000 militares investigados por la justicia, para quienes se aprobó una ley de fuero militar. Y en las mazmorras del régimen se pudren 8. 000 prisioneros políticos.

Pero no es solo en el gobierno de Uribe Vélez. El colectivo por la paz con justicia social, informa que, durante el primer año del actual gobierno de Juan Manuel Santos, es decir entre agosto del 2010 y agosto del 2011, se ha logrado establecer el asesinato de 36 defensores de los derechos humanos, 18 dirigentes agrarios de la restitución de tierras, 28 sindicalistas de la CUT, y 50 opositores políticos.

Datos que como lo dije, confirman la tendencia gubernamental para criminalizar la protesta social opositora y, lo más importante, que la estrategia paramilitar del terror del Estado, llámese Convivir, Autodefensas Unidas de Colombia, o Bandas Criminales Bacrim, sigue actuando impunemente, y frente a lo cual, los convoco desde ya con el más amplio sentido internacionalista de Simón Bolívar, a desplegar una ilimitada solidaridad militante para que el pueblo trabajador colombiano logre definitivamente una Solución Política al histórico conflicto social armado y pueda construir una verdadera paz democrática, con justicia social y soberanía, de la cual deben formar parte esencial e insustituible las otras dos insurgencias del ELN y del EPL.   

Muchas gracias y discúlpeme el haber abusado de su paciencia