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martes, 18 de junio de 2013

La Nueva Izquierda colombiana. Por Alberto Pinzón Sánchez




Los procesos de unidad popular amasados y surgidos desde las bases sociales, en la acción práctica de la lucha y la movilización social contra el Terrorismo de Estado imperante en Colombia, y por una democracia real y participativa; debe en gran parte su efectividad actual a los liderazgos jóvenes o frescos, y en todos los casos, completamente desmarcados de los viejos vicios de los gastados figurones de la “llamada Izquierda tradicional”, tan proclive a reproducir los mismos vicios clientelistas o corruptos que critican (de dientes para afuera) a los partidos de la oligarquía militarista colombiana.

Hay llamados desde todos los girones del abanico político de la llamada “Izquierda colombiana” (que incluye la democracia cristiana, las tres variantes de la Socialdemocracia, el progresismo, los liberales de izquierda, el maoísmo, el Enverhoxismo, el Anapismo y el marxismo académico) a una necesaria confluencia o si se avanza en ella, a una unidad electoral para enfrentar la imparable reeleción de JM Santos, y todos (sin excepción) recaen en los mismos estribillos con los que desde hace más de 50 años se viene promoviendo dicha unidad fracasada e inane:

1- Participación en las “próximas” elecciones presidenciales ante las cuales urge presentarnos unidos.

2 Con un acuerdo “programático” (en el papel) diseñado a la perfección en los directorios políticos y completamente alejados del querer de las bases populares.

3- Con “nuestros” candidatos, que son los mismos tradicionales figurones gastados de la izquierda que han hecho tránsito por todas ellas, nunca beneficiando al pueblo que la mayoría de las veces ni siquiera los desconoce.

Y 4- Ahora sí, liberados del cáncer de las componendas o la corrupción que nos pusieron al borde de la extinción; no más Bernal Amorocho, ni Morenos Rojas, ni el indio Rojas Birri, ni Garzones, ni Bulas, ni Romeros, ni Tarsicios, ni Mariaemas, ni Marcelo Torres, ni Petro: Honestidad y trasparencia 100%.

Lo cual está bien pero resulta incompleto, porque las bases populares llevan 50 años enfrentando el Terror Anticomunista del Estado con su remedo de democracia, y luchando radicalmente, como pueden, contra eso, y es obvio que como mínimo, quien aspire a representarlos en el establo de Augías, haya hecho en la práctica lo mismo: enfrentar ese Terrorismo de Estado aún vigente. O por lo menos preguntarse honestamente ¿Para qué acaban de aprobar, contra viento y marea, en el Congreso de la República de Colombia una Ley de Fuero Militar, que confirma lo dicho por Hitler de que en su guerra no hay población civil?

Todos tenemos derecho legítimo a expresar nuestros deseos o aspiraciones políticas. No faltaba más. Lo que en todos los casos debemos considerar seriamente, es la posibilidad real de que se puedan realizar. Es decir, preguntarse con el cerebro intacto, ¿si con las actuales leyes colombianas o mejor, con el actual Régimen Político que está en discusión en el proceso de paz de la Habana entre el Estado colombiano y las FARC–EP, es posible participar electoralmente? o si pudiera ser mejor, acumular fuerzas organizativas hasta que se pueda (nótese la condicionalidad) lograr en la Habana, el acuerdo definitivo que pudiera finalizar el conflicto interno colombiano.

En todo caso y para disgusto de muchos, existe ya en Colombia una “nueva Izquierda” con cuadros no comprometidos con el Poder dominante, la mayoría de ellos jóvenes desconocidos en el poder mediático pero si por sus compañeros de lucha, frescos y surgidos en la concientización que les ha dado la vida en la lucha contra el Terrorismo de Estado y la movilización popular contra él. Elegidos directamente por las bases y las organizaciones sociales de la gente del común, aglutinadas para conformar la Marcha Patriótica y el Congreso de los Pueblos y todas las más de tres mil 3.000 organizaciones que las conforman, imposibles de mencionar aquí.


Es una “nueva Izquierda” que inspirada en la obra teórico-práctica de Lenin y Bolívar, finalmente ha encontrado su camino totalmente diferente y (talvez contrario) al de la “Izquierda tradicional” colombiana, y fundamentalmente surgida en el complejo Proceso de encontrarle una Solución Política al cruento conflicto social y armado de Colombia, y de ahí su consigna central de “Paz con Justicia Social, Democracia y Soberanía”. La práctica social, según Marx único criterio de verdad, les está dando la razón y por eso, la Oligarquía neoliberal colombiana y el imperialismo la quieren exterminar por las balas antes de que alcance su madurez plena, o cooptar, para evitar su próximo pronunciamiento electoral.

viernes, 26 de abril de 2013

Un año de su nacimiento: Marcha Patriótica, una nueva esperanza. Por: Luis Alfonso Mena S.




(*) Jueves, 25 Abril 2013 03:19

Al cumplirse este martes 23 de abril el primer año de creado el Movimiento Político y Social Marcha Patriótica, reproducimos el artículo publicado en el periódico alternativo PARÉNTESIS sobre este hecho. En el año transcurrido, el nuevo colectivo se ha convertido en motor fundamental del proceso de paz en Colombia, lo cual quedó demostrado con la gigantesca movilización del martes 9 de abril, cuando más de un millón de voces, que respondieron al llamado de Marcha, entre otros movimiento, dijeron si a los diálogos de La Habana, a la solución política del conflicto armado interno y a la paz con justicia social.

Estamos en presencia de la construcción de una nueva izquierda, valiente, radical en cuanto a que lucha por transformaciones estructurales, por un modelo de sociedad diferente al capitalismo, y que se hace desde abajo, en tanto se apoya en los movimientos sociales irrigados a lo largo del país. Una izquierda en plena marcha.

Una nueva esperanza surgió el lunes 23 de abril en Colombia. Se llama Marcha Patriótica.

Las imágenes de miles y miles de hombres y mujeres venidos de abajo, trabajadores del agro, obreros, desempleados, estudiantes, intelectuales, negros, mulatos, indígenas… copando las avenidas de Bogotá hasta la plaza de Bolívar en una extraordinaria marcha por la patria hicieron que la esperanza retornara, ojalá para permanecer.

De nada sirvió la maledicencia de los de siempre, las élites oligopólicas, contra los de abajo cuando éstos decidieron marchar sin pedir permiso para propugnar por transformaciones estructurales, no por meras reformas, como muchos adocenados se acostumbraron a pedir.

De nada valieron las intimidaciones que el establecimiento político-militar lanzó contra los colombianos movilizados desde todos los puntos cardinales del país para decir “presentes” con sus luchas regionales contra las transnacionales que quieren acabar con el río Magdalena en El Quimbo o con la pequeña minería o con el agro a través del TLC…

Los marchantes, líderes sociales de verdad, voceros curtidos de comunidades de veredas, barriadas, colegios, universidades, no le hicieron caso al vociferante Ministro del Interior, ni a los comandantes de las Fuerzas Militares, ni a los directores amenazantes de la Policía y llenaron las avenidas con banderas blancas, rojas, amarillas, verdes, azules representativas de una nueva pluralidad en la izquierda colombiana surgida de las luchas sociales.

Tampoco sucumbieron ante la retahíla de los medios de las clases dominantes que no cesaban en su afán de buscar los supuestos nexos de los organizadores de la marcha con la insurgencia, y que con una ignorancia grosera de nuestra historia reclamaban porque la Marcha contiene el adjetivo Patriótica, como si ser patriota fuera propiedad privativa de alguien o, peor aún, constituyera un delito.

Muchos de los que estigmatizaron la movilización pensando que los marchantes se arredrarían se equivocaron: aunque el paramilitarismo sigue actuando de la mano de no pocos agentes del Estado, la sociedad hoy está atenta para evitar, en la calle, que ocurra lo mismo que sucedió hace 28 años contra la Unión Patriota, barriada a punta de masacres, en un holocausto infame protagonizado por la extrema derecha colombiana que siempre se opondrá a los cambios de fondo que necesita el país.

Sacar el país de la guerra

Los marchantes tenían claro que lo primero que debemos hacer los colombianos es sacar a la patria de la guerra, acabar el conflicto y que ello sólo se logra con una negociación política acompañada de cambios estructurales, no de remiendos ni prebendas.

“Marcha Patriótica manifiesta su compromiso ético y político con la búsqueda de una solución política al conflicto social y armado”, recalca la Declaración Política aprobada el domingo 22 de abril.

Muchos de quienes marcharon provienen de las zonas de conflicto donde padecen la guerra y por eso quieren que ésta cese, como punto de partida para la construcción de una sociedad nueva, pues creen que otro mundo es posible.

“En Marcha Patriótica manifestamos la decisión política de luchar por un nuevo modelo económico, de Estado y de sociedad, que posibilite la transformación estructural del modo de vida y de producción”, sostiene la Declaración Política.

Los que llenaron la Plaza de Bolívar y estuvieron hasta entrada la noche, desde el mediodía del lunes, entienden que el parlamentarismo no es el fin de las luchas de la izquierda, que esta filosofía es, en su esencia, transformadora y se realiza en la cotidianidad, en las luchas diarias, bajo el cielo abierto de la inmensidad del país, no en los recintos cerrados de los hacedores de las leyes.

“Todo ello, en dirección a la construcción de un proyecto alternativo que supere la prevaleciente organización capitalista de la sociedad”, agrega la Declaración Política.

Saben que solo las luchas pacíficas, pero portentosas, podrán logar en el futuro leyes justas que institucionalicen un nuevo poder, el poder popular al que tanto le temen los de arriba.

Por eso se proponen “impulsar procesos constituyentes regionales y locales por la solución política y la paz con justicia social, tendientes hacia la realización de una Asamblea Nacional”.

En fin, el movimiento político y social nacido ayer no teme inscribirse en la nueva dinámica continental, no le teme a hacer parte de las transformaciones que muchos no quieren ver en los pueblos vecinos, por ceguera política o por decisión de clase excluyente.

Marcha Patriótica no duda que Colombia debe entrar en la senda de “un nuevo orden internacional basado en los principios de la soberanía, la no intervención, la autodeterminación y el internacionalismo de los pueblos, y contribuir a la integración de Nuestra América”.

En suma, se propone la lucha por la Segunda independencia, económica, política, social y cultural, de la patria.

Estamos en presencia de la construcción de una nueva izquierda, valiente y radical en cuanto a que lucha por transformaciones estructurales, por un modelo de sociedad diferente al capitalismo, y que se hace desde abajo, en tanto se apoya en los movimientos sociales irrigados a lo largo del país.

Es una izquierda social y política en plena marcha. Por todo eso caminaron ayer miles y miles de colombianos. Y abrieron una senda de esperanza.

(*) Artículo publicado en el periódico PARÉNTESIS el lunes 23 de abril de 2012.

Foto: José Julián Mena R.




martes, 9 de abril de 2013

La Marcha es del Pueblo

De toda Colombia viene el Pueblo



Allende La Paz, Cambio Total

« Es la hora », dice el « canciller » Ricardo Téllez, comandante de las FARC-EP. « Apoyamos la marcha de la Paz », dice Petro. « La Marcha por la Paz no es de nadie », dice JM Santos, y dice apoyarla. El pueblo, el principal promotor de la Marcha, la organiza y es la que le meterá masa. Por todo ello, la Marcha por la Paz de hoy 9 de Abril 2013 es única y exclusivamente del pueblo. Que nadie salga ahora tratando de ganar réditos con ella.

Es el pueblo el que ha puesto los muertos en la confrontación bélica fratricida... No hay ningún rico entre las víctimas... desde el « Negro » J.E. Gaitán hasta los últimos sindicalistas asesinados...
Es el pueblo el que ha sacrificado la vida misma por la Paz...

Es el pueblo el que con su sangre generosa ha regado los campos y ciudades por una paz conculcada por la oligarquía asesina empotrada en el poder que cada 4 años le declara a guerra.

Por ello, es inentendible que las Centrales Obreras esgriman argumentos anodinos para no avalar la marcha... Increíble ! Por eso su aislamiento de los últimos años, por su inconsecuencia.

Por ello, el PDA nuevamente « pela el cobre » y dice que no marcha porque sería « avalar » al gobierno Santos... Inverosímil... Por ello está como está, muerto en vida !

Por ello, es entendible que Uribhitler y el « inútil » de Fachito Santos digan que no van a marchar... Y quién los invitó a la Marcha si son ellos los primeros victimarios ?

La Marcha de la Paz como toda marcha produce sus efectos. Los « enemigos de la Paz » van quedando solos, aislados, reducidos a su mínima expresión y a lo que realmente son, una ínfima ínfima minoría que quiere trazarle derroteros al movimiento popular.

La Marcha de la Paz demuestra quiénes quieren la Paz y quiénes están contra ella. Así de sencilla es la cosa. No bastan excusas. No bastan discursos inenteligibles.

La posición es de clase y todo aquel que se aparte de ella queda a la « vera del camino ». Es el pueblo, del pueblo, para el pueblo. La Marcha es el pueblo mismo !

Hoy veremos a la Marcha Patriótica marchando como siempre. Veremos marchando a la masa de colombianos cansados de la guerra. Los veremos agitando banderas, gritando consignas, marchando... porque « aunque la marcha sea lenta sigue siendo marcha... ». Veremos a los obreros, los campesinos, los indígenas, las mujeres –entre ellas las madres de Soacha-, los niños, todos juntos, en un abrazo cósmico aportando sus energías positivas por la Paz, la Paz con Justicia Social.

« Es la hora » y en ella recordaremos a J.E. Gaitán y las más de 500 víctimas que ha producido el conflicto interno. Hoy diremos : « Aquí estamos, no los hemos olvidado, y seguimos en la lucha... ». Nuestro pueblo merece la Paz, por ella luchamos. Basta de mezquindades !


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Publicado por Blogger en CambioTotalRevista

viernes, 5 de abril de 2013

Quindío, la patria chica de Manuel y Timochenko, presente en la marcha por la paz del 9 de abril



Comandante Timochenko


por Jhon Jairo Salinas/ marcha patriótica Quindìo
Viernes, 05 de Abril de 2013

Desplazados y destechados, indígenas, campesinos, hombres, mujeres, jóvenes, nos congregaremos, sumándonos desde esta tierra quindiana, a la gran marcha por la paz, el día 9 de abril, en la cuidad de Bogotá.

El departamento del Quindío, rodeado de exuberantes montañas, paisajes verdes, palmas, café, danzarinas cascadas, con una extensión territorial de 1800 kilómetros cuadrados y una división política administrativa de 12 municipios, cuya capital es Armenia, vio nacer, en tres de sus municipios, a los líderes más emblemáticos de las dos expresiones insurgentes más antiguas de América Latina, como lo son las FARC y el ELN. Los hermanos Vásquez Castaño, fundadores del Ejército de Liberación Nacional (ELN), vinieron al mundo en Buenavista; Manuel Marulanda Vélez, mentor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), era oriundo de Génova, y actualmente, Tebaida y Calarcá se disputan la cuna de su máximo dirigente, Rodrigo Londoño Echeverri, más conocido como “Timochenko”.

Ésta parte del país, también vio nacer al poeta comunista Luis Vidales , nativo de Calarcá, quien en 1.985 obtuviera el premio Lenin de paz, equivalente al premio Nobel de los antiguos países de la cortina de hierro. A su vez, el municipio de Filandia fue el lugar de nacimiento de uno de los máximos líderes del Partido Socialista de los Trabajadores, Ignacio Torres Giraldo, sindicalista, organizador popular e intelectual marxista, muerto en Cali el viernes 15 de noviembre de 1968. Los padres de Ignacio, eran de origen antioqueño y descendientes de colonos.

Con todo y los breves antecedentes históricos mencionados, no podemos dejar pasar desapercibido que en todo el territorio del Quindío -antigua zona de guerreros pijaos- la lanza del cacique Calarcá resistió, imponiendo su rebeldía a los invasores europeos que osaron adentrarse por dichas tierras.

En la década de los años cincuentas, nuestra región fue una de las que más sufrió los rigores de la violencia política entre liberales y conservadores, poniendo una alta cuota de muertos, al dar origen a la primera resistencia de campesinos liberales, que veían como los “chulos”, de extracción conservadora, imponían la barbarie a quienes oteaban la bandera liberal gaitanista.
El 9 de abril de 1948, en el departamento del Quindío la (…) correlación favorable a los gaitanistas en el reagrupamiento del liberalismo (junio de 1947), determino dentro de la actividad una proporción de directivos y nominados pertenecientes a estratos económicos medios, mayor que de costumbre. En Armenia y Calarcá para muestra, los respectivos directorios municipales Liberales que funcionaban el 9 de abril de 1948 teniendo que asumir las responsabilidades ante el acontecimiento imprevisto, estaban compuestos en porcentajes bien altos por simples titulares de profesionaless liberales y periodistas. Su presidente en Armenia era el locutor de un noticiero radial, el oficio, pues, lo puso a las puertas del horno que le causaría ser juzgado por un concejo verbal de guerra como radio amotinado del 9 de abril; desde el momento que se conoció en la ciudad la notica del asesinato del caudillo Liberal Jorge Eliecer Gaitán hacia la 1:30 de la tarde, se había propuesto impulsar la movilización de liberales a través de la radio, dejando en la memoria colectiva la consigna percutora ¡a las ferreterías, a las quincallerías!; así iniciaba a pertrecharse de las únicas armas existentes en el mercado, los fierros y machetes destinados a las faenas campesinas, sirvieron de armas para la sublevación liberal.(…) (Carlos Miguel Ortiz Sarmiento- Estado y subversión en Colombia, la violencia en el Quindío, año 50 – biblioteca de autores Quindianos – Pág. 125,126 año 2002)

Tales antecedentes, así sea por los escasos elementos históricos recogidos, hacen  la urgente necesidad de que el departamento se convierta en un laboratorio de paz.

Hoy, la región entera atraviesa una grave crisis económica y social. Ocupamos el tercer puesto, a nivel nacional, de desempleo, padecemos la quiebra económica de nuestros caficultores, un alto índice de sicariato; la presencia de bandas emergentes -Bacrim y “Rastrojos”- controlando el negocio del micro-tráfico. Según el informe de transparencia nacional, el Quindío está entre los cinco departamentos más corruptos del país. Datos de la defensoría del pueblo, a nivel nacional, nos ubican como la región más desigual después de Chocó. De los casi 600 mil habitantes, el 75% están entre los niveles de pobreza, miseria e indigencia; de los 1800 kilómetros cuadrados de la extensión territorial, más de la mitad se encuentra en concesión minera. Megaproyectos, como el fracasado Túnel de la Línea, contaminaron las aguas que surte el acueducto de los casi 100 mil ciudadanos calarqueños. La multinacional Smurfit Kappa cartón Colombia con 12 mil hectáreas sembradas en coníferas, hacen que el verde esmeraldino de nuestro paisaje, sea un “sofisma de distracción”.

Desplazados y destechados, indígenas, campesinos, hombres, mujeres, jóvenes, nos congregaremos, sumándonos desde esta tierra quindiana, a la gran marcha por la paz, el día 9 de abril, en la cuidad de Bogotá, con un número aproximado de tres mil quindianos, que marcharan por la dignidad de este país. Exigiendo como objetivo principal, la paz con equidad y justicia social, gritando un canto a la vida y a la esperanza de quienes hemos estado sometidos a una guerra impuesta desde sus inicios, por las elites mezquinas que no han querido entender que somos más los que luchamos por un verdadero futuro, donde nuestros niños y niñas, puedan vivir en el país que soñaron nuestros próceres de la independencia, bajo la egida de la libertad y autodeterminación de nuestros pueblos.

viernes, 1 de marzo de 2013

100 constituyentes por la paz, nos propone Andrés Gil de la Marcha Patriótica

Andrés Gil, vocero de la Marcha Patriótica.



Por Horacio Duque


La multitud vive el contagio de la paz, del rechazo a la guerra y la violencia. Están en curso centenares de actividades para involucrar millones de personas en tareas puntuales que fortalezcan el proceso de diálogos que adelanta el gobierno nacional con las Farc/EP-

El proyecto de las 100 constituyentes por la paz es de espesor histórico, debe comprometer el poder constituyente colombiano como potencia transformadora y revolucionaria del Estado y la formación social burguesa.

100 constituyentes en veredas, municipios, localidades, distritos, departamentos, regiones, universidades y sectoriales.

La tarea despegó con el Encuentro de Barrancabermeja, en septiembre de 2011 y avanzó con la del Peñón, municipio de Santander, organizada con tesón y entusiasmo por Andrés Gil, el dinámico y carismático vocero de la Marcha Patriótica.

Andrés Gil hizo la presentación de la filosofía de este proyecto político en Bogotá. 

No se trata de otra artimaña electorera para pescar votos con miras a la rutina seudo democrática por venir. Es un punto de encuentro que sirve de pivote al poder constituyente para hacer realidad la paz mediante el cambio político del orden oligárquico establecido.

Las 100 constituyentes serán como nuestro octubre de 1917, como la larga marcha de la revolución China, como la epopeya de Luis Carlos Prestes en Brasil, como el asalto al Cuartel Moncada, como la primavera árabe, como el alzamiento zapatista de México en 1993, como la rebelión bolivariana de Chávez, como la onda prolongada de los indignados españoles/griegos/portugueses/irlandeses/italianos, como la revolución boliviana de Evo, como la rebelión ecuatoriana de Correa, como los Ocupa de New York, en fin, como la insurrección de indígenas y cafeteros, como la resistencia prolongada de nuestras masas campesinas que completan más de 50 años en la lucha por la libertad, la tierra, la igualdad y la independencia.

Empezamos el próximo 9 de abril con una gigantesca marcha sobre Bogotá y el resto de la nación. 

Juega el recuerdo histórico, vital en el movimiento de ruptura con el orden oligárquico. Los dueños del poder, las élites plutocráticas quieren el olvido de nuestras luchas.

Ya se trabaja en la organización del 9 de abril. Se reúnen los comités en la Alcaldía de Gustavo Petro, con la coordinación de Jorge Rojas, y la participación de muchas organizaciones y militantes, que ojala la práctica sectaria de “personajes dogmáticos”, supuestos dueños de la verdad y de la maquinaria, no excluyan con códigos centralistas asfixiante.

El Presidente Juan Manuel Santos ha hecho público su apoyo a las movilizaciones convocando a gobernadores, alcaldes y demás funcionarios estatales para que se sumen a todos los eventos. Y el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, persevera con su modelo pedagógico para la paz.

Sugiero a los organizadores de las 100 Constituyentes las siguientes:

La Constituyente (Cte, en adelante) de Bogotá por la paz, por una ciudad democrática y sin segregación social.

La Cte de Cundinamarca y sus provincias.

La Cte de Ibagué y el Tolima.

La Cte de la salud.

La Cte minera.

La Cte del Caribe y sus provincias.

La Cte del Catatumbo.

La Cte de Buenaventura.

La Cte de las Regalías petroleras.

La Cte de la libertad de prensa y de los medios de comunicación.

La Cte del Eje Cafetero.

La Cte de Bucaramanga y Santander.

La Cte para un nuevo “régimen ciudadano”

La Cte para un nuevo régimen electoral.

La Cte por los derechos de la mujer.

La Cte indígena.

La Cte de la población afrodescendiente.

La Cte del Valle del Cauca y el pacífico.

La Cte antioqueña.

La Cte del Caguan.

La Cte del Putumayo.

La Cte de la Frontera colombo-venezolana.

La Cte de la frontera con Ecuador.

La Cte obrera y sindical.

La Cte de la pequeña y mediana empresa.

La Cte de los damnificados de los bancos y sector financiero.

La Cte de la vivienda popular y el ordenamiento urbano democrático.

La Cte LGTB.

La Cte de la cultura.

La Cte de los TLC y la globalización de Colombia.

La Cte de las infraestructuras viales.

La Cte de las víctimas del Estado.

La Cte de soldados y policías.

La Cte de Arauca.

La Cte de los Llanos orientales.

La Ce de los municipios.

La Cte de Barranquilla, Santa Marta y Cartagena.

La Cte de los campesinos algodoneros.

La Cte de los campesinos lecheros.

La Cte de los campesinos maiceros.

La Cte de los campesinos cacaoteros.

La Cte de los campesinos arroceros

La Cte de Barrancabermeja y el Magdalena Medio.

La Cte de Urabá.

La Cte del Oriente Antioqueño.

La Cte contra la corrupción y por la transparencia.

La Cte de los trabajadores del Estado.

La Cte de Neiva y Huila.

La Cte del Sumapaz.

La Cte de Pereira y Risaralda.

La Cte de Popayán y Cauca.

La Cte de Montería y Córdoba.

La Cte de la Mojana.

La Cte de la Serranía del Perija

La Cte del agua y los paramos.

La Cte universitaria.

La Cte del movimiento comunal.

La Cte de los niños.

La Cte de los adultos.

La Cte por los derechos de los animales.

La Cte religiosa.

La Cte de Nariño.

Son las que sugiero.

Se necesita una metodología, una guía, una agenda, unos principios de organización, para que este proceso tenga la contundencia requerida en su cometido político de cambios en favor de la paz.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Recuento histórico, conflicto armado paz con justicia social





Por Jhon Jairo Salinas/Marcha Patriótica/
Jueves, 27 de Septiembre de 2012
Durante 100 años los partidos tradicionales llevaron a los hijos del pueblo a la guerra, en función de intereses que beneficiaban fundamentalmente a las grandes élites. Sin embargo en los sectores del pueblo empezaba a hacerse incontenible el clamor de los viejos problemas ir-resueltos.
Durante 100 años los partidos tradicionales llevaron a los hijos del pueblo a la guerra, en función de intereses que beneficiaban fundamentalmente a las grandes élites. Sin embargo en los sectores del pueblo empezaba a hacerse incontenible el clamor de los viejos problemas ir-resueltos y los nuevos conflictos sociales que aparecían. Al avanzar el siglo XX el campesinado seguía sin acceso a la tierra, y el naciente movimiento obrero que luchaba por las reivindicaciones laborales más elementales era tratado no como un problema social sino de orden público, como lo mostraban los luctuosos hechos de Ciénaga en 1928. (Documento Marcha Ptriòtica)
Cabe resaltar que en dicho periodo de tiempo se organizan las ligas campesinas, compuestas por campesinos que trabajaban en las grandes haciendas cafeteras, y exigían aumento de sus salarios, y que las pesas con las cuales medían su trabajo, y por lo tanto su salario, estuvieran calibradas. Dicho movimiento agrario se fortalece con el incipiente proceso de Reforma agraria bajo la consigna “la tierra es para quien la trabaja”, pues les permitió apropiarse de los terrenos baldíos. Esta reforma fue implementada a través de la ley 200 de 1936 bajo la presidencia de Alfonso López Pumarejo. “Pero la reforma se suspendió en 1944 por presiones del Partido Conservador y de los mismos terratenientes liberales. Y aquí comienza a liquidarse la reforma agraria. La parálisis del proceso de distribución de tierras, fue lo que creó una condición general de violencia, tanto del Partido Conservador como del Partido Liberal. Esto es un hecho significativo de este periodo. Es la gasolina de toda la violencia”.
La violencia generada por el Partido Conservador, concebida como oposición beligerante a la “chusma” –como definían al campesinado- da origen en la década de los años 40’s a la organización de grupos irregulares armados, llamados chulavitas o también conocidos como pájaros en diferentes zonas del país, que operaron junto con la policía con una clara orientación del Partido Conservador y la bendición de la Iglesia Católica. Estos grupos son los antecedentes de los paramilitares, pues el objetivo fue y actualmente es el mismo: desplazamiento, para eliminar al opositor con la muerte y destinar las tierras usurpadas a proyectos productivos agropecuarios. Las tierras o los lotes que quedaban “limpios” de liberales, los conservadores las daban a los chulavitas como forma de pago de estos “favores”, mientras a los campesinos desplazados les quedaban tres opciones: ir a las ciudades a convertirse en trabajadores, colonizar la montaña (selvas o páramos) ampliando la frontera agrícola o “enmontarse” y proteger la vida.
Estos graves hechos de violencia se agudizan con el asesinato del caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán en 1948, lo cual marca un recrudecimiento de la violencia tanto en la zona rural como urbana de ese entonces, cuyos mayores impactos agudizaron la acciones de los chulavitas en las zonas rurales del país. La muerte de Gaitán es un símbolo, pero no es el inicio mismo del conflicto armado actual, ya que éste se enraizaba en la tozuda y violenta respuesta latifundista a la justa reivindicación campesina, aunada a la política de Estado de persecución contra la oposición política y social.
En respuesta a la violencia que estaba generando los terratenientes, los campesinos que huyeron hacia la montaña se organizaron en grupos de resistencia armada. Estos grupos de tuvieron diferentes tendencias ideológicas y formas de actuar en medio de la violencia, variando de acuerdo a la región donde se encontraban. Es así como gran parte de estos grupos fueron organizados por el Partido Liberal en los años 50´s y apoyados económicamente por los comerciantes, ganaderos y terratenientes de este partido. Paralelamente, en las antiguas zonas de las ligas campesinas, cuyas orientaciones provenían del Partido Comunista, se organizan grupos de autodefensa, los cuales buscaron una solución para los campesinos que las conformaban, pues se armaron para proteger su vida, y la posibilidad de vivirla dignamente: mediante la posesión de tierra para trabajar. Inicialmente estas autodefensas aunque tuvieron una inclinación política, su labor giró en torno a las actividades cotidianas del campesinado de la época.
Las circunstancias que generaron este fenómeno son evidentemente políticas, económicas y sociales, y se relacionan íntimamente. Políticas en el sentido que el inicio del actual conflicto armado fue una respuesta popular a la violencia, que materializaba la forma de ejercer el poder o de gobernar. Y sociales y económicas, en el sentido que las condiciones de vida del campesinado (falta de tierra, pocas vías de acceso, ausencia de escuelas, etc.) y de los trabajadores generaron inconformidad y levantamientos de los campesinos principalmente en una lucha incesante por la tierra, en contravía de la creciente preocupación de los terratenientes.
Estos antecedentes son fundamentales para comprender cómo la historia que se esconde en la violencia bipartidista tiene otra cara: el interés de las clases dominantes de controlar económica y políticamente al país a costa de la muerte y desplazamiento de miles de colombianos. Estas circunstancias sociales, económicas y políticas han tenido cambios en el tiempo, sin embargo la violencia como forma de ejercer el poder en nuestro país, la concentración de la tierra en pocas familias, y la desigualdad social son constantes que aún persisten, siendo las causas principales del conflicto que vivimos a diario. La violencia bipartidista encubrió realmente una guerra de clase, una contra-reforma agraria efectiva y una urbanización obligada que sobre-ofertó obreros para la economía urbana, rebajando los salarios y aumentando las ganancias de las empresas.
Pero precisamente, ante la inexistencia de contradicciones irresolubles entre los partidos tradicionales mientras miles de sus copartidarios se enfrentaban a machete y escopeta, sus jefes naturales hacen las paces en las playas del Mediterráneo, llegando a un gran acuerdo nacional, pero sin el pueblo. Se promueve una política de desmovilización de los grupos armados, a los que acuden incluso las expresiones más radicalizadas de este inmenso movimiento insurgente. Sin embargo, el nuevo régimen ni siquiera está dispuesto a garantizar la vida de los campesinos que han entregado sus armas. En 1960 es asesinado, Jacobo Prías Alape, dirigente de las guerrillas comunistas del Sur del Tolima, llevando a muchos campesinos a temer por sus vidas y refugiarse en zonas de autodefensa.
El conflicto que no se resolvía por la ausencia de garantías para los dirigentes campesinos, arreciará por la intervención directa de los norteamericanos en nuestro país. El imperio del Norte, enceguecido por su confrontación de la Guerra Fría, y ante el efectivo despertar de movimientos guerrilleros inspirados en la revolución cubana por toda América Latina, da la orden del bombardeo a las zonas campesinas macartizadas por el conservador Gómez Hurtado como “repúblicas independientes”. Es así como de la agresión a las regiones de Marquetalia, El Pato, Riochiquito y Guayabero, surgen las actuales FARC.
Mientras tanto, otros sectores políticos expresando la inconformidad creciente de capas medias urbanas dan origen a otros grupos insurgentes como el ELN, el EPL, así como a otros tantos. El Estado buscó desde entonces la “salida militar” y declaró la guerra no sólo a estas organizaciones, sino gracias al seguimiento a pie juntillas de la denominada Doctrina de Seguridad Nacional, emprendió una persecución abierta contra cualquier expresión social no afín al régimen, en su paranoica teoría del “enemigo interno”, forma larvada de la actual diatriba anti-terrorista.
Así mismo, volviendo a su vieja usanza, las clases poseedores relanzas sus “pájaros” con especial furor desde la década del 80, ahora bajo el mote de paramilitares, con la innegable anuencia de los altos mandos y coincidiendo con el empoderamiento de los carteles del narcotráfico dentro la elite colombiana. En los 90s este fenómeno se eleva a una verdadera política de Estado, anclada no al combate militar de la insurgencia sino al control político, la persecución al movimiento popular y la salvaguarda de los grandes intereses económicos de los capitales legales e ilegales.
CARACTERIZACIÓN DEL CONFLICTO COLOMBIANO
El proceso histórico del conflicto colombiano no puede explicarse solamente desde sus características armadas sino desde las causas que dieron origen a estas organizaciones que decidieron ejercer la lucha armada.
El conflicto armado colombiano constituye entonces la expresión más evidente de un profundo conflicto social, que tiene su origen en las intensas desigualdades sociales existentes al interior de la sociedad colombiana, así como en el excluyente régimen político colombiano; la concentración de la tierra y de los demás factores de la producción, la exclusión de las mayorías de los mecanismos de toma de las decisiones políticas y económicas, el aniquilamiento físico de la oposición, como en el caso de la Unión Patriótica UP constituyen muestras de dicha realidad. La actual desigualdad social, ha sido una constante en nuestra historia y está fundamentada en el enriquecimiento de un sector minoritario de la sociedad mediante el desplazamiento del campesinado, la explotación de los trabajadores y el empobrecimiento del pueblo colombiano en general.
Pese a lo anterior, la posición oficial del régimen uribista ha sido la de desconocer las raíces sociales del conflicto y limitar la acción armada a un simple actuar de bandas del narcotráfico, donde paramilitares y guerrillas significan lo mismo y su lucha se dá en la competencia que existe por rutas y mercados de la droga. Bajo este argumento la lucha armada no comprende ningún fin político, por lo tanto discusiones como el estatus de Beligerancia, el intercambio de prisioneros y la solución política del conflicto no tiene cabida en la agenda política del gobierno nacional.
Seguidamente otra característica propia del gobierno nacional es la de dibujar la lucha armada y social en el marco de la acción preventiva, el enemigo interno, y los grupos terroristas. Desde esta lógica, todo accionar armado se reduce a hacer parte de una “amenaza terrorista” latente al interior del territorio que quiere atentar contra el gobierno nacional y el gobierno estadounidense. La lucha social se estigmatiza como “apología al terrorismo” y de esta forma se manipula y doblegan las intenciones de cambio y transformación social, generando un hilo de vulnerabilidad sobre las poblaciones y sectores sociales que se atrevan a proponer nuevas formas de vida.
Este sometimiento ideológico se fortalece con la ayuda económica y tecnológica, recibida del gobierno estadounidense y la entrega de territorios para que los militares extranjeros instalen sus bases de dominación supranacional.
Bajo estos preceptos ideológicos del terrorismo, el gobierno nacional desconoce la existencia del conflicto social y armado y cierra toda posible vía que nos lleve a encontrar una solución política y negociada entre los diversos actores.
Ante esta actitud, se contrapone la de la sociedad internacional vecina, principalmente Venezuela y Ecuador, quienes padecen los alcances del conflicto colombiano y sus incidencias en sus propios países. Estos gobiernos han promovido a nivel internacional una cruzada para la solución política y negociada en Colombia, para lo cual han puesto recursos y presupuestos en pro de lograr dosificar los impactos de nuestra guerra nacional.
Así mismo, diferentes organizaciones sociales y populares que recogen varios sectores de la población, han articulado diversas iniciativas en pro de la solución política del conflicto, promoviendo a través de un dialogo fluido con la guerrilla de las FARC–EP, liberaciones unilaterales de rehenes que permitan tomar confianza hacia un acuerdo humanitario, - intercambio de prisioneros de guerra -, como el primer paso, para que las partes logren sentarse en la mesa a dialogar, y así generar caminos de paz que permitan la eliminación de las causas políticas, económicas y sociales promotoras del conflicto y de la desigualdad social que reina en nuestro país.
PERSPECTIVAS HACIA LA SOLUCIÓN POLÍTICA DEL CONFLICTO
1. El reconocimiento del conflicto en su complejidad es un paso necesario en la búsqueda de su solución. El actual conflicto no se reduce sólo a su dimensión armada, sino que la exclusión de orden económico, político y social se encuentra en la raíz del mismo, siendo parte integrante de éste. Así mismo, el entendimiento de la solución del conflicto como motor de cambio social y el reconocimiento del papel activo que todos los colombianos -no sólo de las partes enfrentadas en la confrontación militar- debemos asumir en su solución, son indispensables en la búsqueda de salidas estructurales y de largo plazo para terminar la guerra.
Otro de los reconocimientos que debe hacerse es que la vía militar como forma de resolver el conflicto ha fracasado, hecho que ha sido demostrado a través de décadas, ya que ha sido la apuesta de “solución” hecha por el establecimiento durante los ya casi 50 años de guerra. El mito de la victoria militar como salida al conflicto no constituye una solución real ni estructural al mismo, puesto sus profundas raíces sociales hacen que su superación vaya más allá de la rendición de alguno de los contendientes armados.
Nuestro largo conflicto social y armado es un problema que debe ser resuelto de raíz, aprendiendo de las experiencias fallidas. La única salida duradera y sólida es la solución política y la búsqueda caminos de paz cimentada en la justicia social. La solución política al conflicto social y armado debe entenderse como el proceso de transformaciones políticas, sociales y económicas necesario para la superación de las causas estructurales que le dieron origen. La solución política no es la pax romana no como la paz de los sepulcros sino la generación de condiciones económicas, sociales y políticas para que las mayorías tradicionalmente excluidas lleguen a tener condiciones de vida y de dignidad necesarias para la solución de los conflictos por vías diferentes a la armada.
La solución política requiere de la participación y acompañamiento de todas las fuerzas vivas del país, afectadas e involucradas dentro del mismo. Cualquier apertura de diálogos que pretenda construir salidas estructurales al mismo debe iniciarse con la construcción de una agenda de paz que integre los aspectos propios del desarrollo de la guerra, pero también sus causales y combustibles. En estos, deben tratarse los grandes temas nacionales que generen garantías para la paz, estos incluyen la apertura democrática del sistema político colombiano, así como la resolución de problemáticas sociales acuciantes como las de la concentración de la tierra y el desempleo, es decir, se trata de la paz en una condición de justicia social.
Desde el Cabildo Abierto hacemos un llamado a los movimientos sociales para hacer confluir sus propuestas y reivindicaciones con la apertura de un verdadero proceso de diálogo en pos de la salida política. El problema de la guerra y la paz no es una cuestión de los grupos en conflicto sino de toda la sociedad colombiana y nuestro compromiso activo es un deber de todos los demócratas, humanistas y luchadores sociales. Parte angular de una verdadera solución política será un amplio y fuerte movimiento de masas por la paz de nuestro país, deliberativo, propositivo y dispuesto a la movilización en pos del clamor central de nuestro pueblo: la paz con justicia social.
Una solución política del conflicto requiere de un Estado que brinde garantías para la asociación, para la movilización ciudadana y para el ejercicio de la oposición política, en el que la democracia supere el marco limitado de las libertades individuales reivindicadas por la burguesía hacia el reconocimiento de una libertad colectiva que sólo es posible concretar por medio de la justicia social.
Los cambios requeridos para la salida política del conflicto son estructurales, estos deben incluir reformas políticas e institucionales sustanciales, en función de las cuales se hace necesaria la concreción de una nueva Constituyente a través de la cual puedan repensarse las bases sobre las que se construirá el país.
2. El intercambio humanitario de prisioneros constituye un paso esencial en la búsqueda de salidas políticas al conflicto, puesto que éste sigue constituyendo la única alternativa real que existe para garantizar el retorno a la libertad de la totalidad de los retenidos políticos sin poner en riesgo su integridad física. El sufrimiento de los militares retenidos, de los presos políticos y de sus respectivas familias, debe aliviarse cuanto antes, convirtiéndose en un paso certero hacia verdaderos acuerdos que avancen en la finalización de la guerra.
Mientras tanto, el gobierno, sigue sometiendo a los prisioneros a la ruleta rusa de los rescates militares que pueden comprometer la integridad física y la vida misma de los retenidos -cómo ha sido demostrado en múltiples oportunidades-, o al intercambio de dinero por retenidos, bajo fachadas de operaciones rimbombantes o bajo nombres eufemísticos como las llamadas “acciones humanitarias de autoridad” . Esta parece ser la única propuesta hecha por el actual gobierno, síntoma del tratamiento dado por este a los militares retenidos como trofeos de guerra intercambiables por una suma de dinero, poniendo por encima de la libertad de nuestros compatriotas la tozudez de mostrarse fuerte aún a costa del sufrimiento de los cientos de colombianos privados de su libertad.
El intercambio de prisioneros no implica la rendición de ninguna de las partes ni tampoco la desmovilización de quienes son liberados, no constituye tampoco un “intercambio humanitario de claudicación” como argumenta Álvaro Uribe, pues ninguno de los contendientes armados que tienen en su poder retenidos del otro bando estarían declarando su rendición como el concepto de claudicación lo insinúa. No obstante constituye un paso esencial para avanzar hacia la conquista de la tan anhelada paz con justicia social, partiendo del reconocimiento del contrario y la construcción de confianzas para la resolución del conflicto.
El intercambio humanitario tiene antecedentes históricos nacionales e internacionales. Desde el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra firmado entre Bolívar y Morillo en 1820, hasta el Acuerdo de Los Pozos realizado en 2001 demuestran la viabilidad jurídica, política y humana para la libertad de los retenidos por los bandos. No es un problema numérico frente a los prisioneros. Un estado como el de Israel ha firmado un intercambio humanitario en el año 2008 con un grupo como Hezbollá, donde ha liberado importantes 5 importantes presos políticos condenados a cadena perpetua a cambio de recibir los cuerpos de dos soldados israelíes. No hay tampoco impedimento judicial para la liberación de los prisioneros de guerra, ni de la de los presos de conciencia, cuando el mismo presidente Uribe excarceló unilateralmente y extra-procesalmente al guerrillero Rodrigo Granda. El problema del intercambio ha sido y sigue siendo la voluntad política, y desde el Cabildo Abierto seguiremos en la brega por obtener escucha a este clamor.
3. El fracasado proceso de paz con los paramilitares demuestra que la entrega de armas no es garantía para la resolución del conflicto; un proceso truncado ya que no existe ni verdad ni reparación para las víctimas ni para el país, que no se compadece con el ingente daño causado por estas bandas a millones de colombianos.
El paramilitarismo sin dejar de operar se ha renombrado como “bandas emergentes”, “águilas negras”, “BACRIM” y en muchos casos ha legalizado su labor a través de la acción directa de las FFMM oficiales, como lo demuestran los tristemente célebres “falsos positivos.” El verdadero desmonte del paramilitarismo debe partir de una decisión de Estado, atacando realmente a la fuerza social que se esconde tras él: los especuladores del negocio de la tierra, las grandes transnacionales, los altos mandos militares, y los gamonales del clientelismo, en contubernio todos con las mafias del narcotráfico.
La extradición de los máximos jefes desmovilizados ha dificultado en extremo las claridades necesarias sobre los crímenes de guerra cometidos, sus cómplices y la continuidad de la violencia paramilitar en la actualidad. El retorno de los jefes paramilitares a Colombia para rendir cuentas ante nuestra justicia, para pagar por los crímenes cometidos en nuestro país y para cumplir con su deber de informar toda la verdad oculta hasta hoy en torno a su financiación, apoyo y relacionamiento, es una condición ineludible para la paz. Las tierras y demás bienes arrebatados a sangre y fuego a los campesinos y al pueblo colombiano, deben volver a sus verdaderos dueños y no seguir extraviadas entre los testaferros y el Estado.
4. La superación del conflicto social y armado requiere de unas Fuerzas Militares para la paz, cuya base sea un nuevo mando militar formado en la defensa de nuestra soberanía nacional y el respeto a las libertades ciudadanas; Colombia necesita una nuevas FFAA purgadas de la Doctrina de Seguridad Nacional con base en la cual ha actuado durante décadas bajo el supuesto de la existencia del “enemigo interno”. La depuración de la oficialidad implicada en violaciones de DDHH en asocio con el paramilitarismo y el narcotráfico, en asesinatos de civiles como los denominados “falsos positivos” y en casos de corrupción, es otra de las tareas ineludibles hacia la consolidación de la paz. Se requiere barrer con cualquier resquicio del fuero militar detrás del que pretenden esconderse los criminales de guerra y rechazar firmemente los intentos fascistas por la restitución de modalidades afines a la impunidad.
El presupuesto de estas FFMM debe ser coherente con las nuevas necesidades del país; no es sostenible para un país que aspira saldar la brecha social que ha sido combustible del conflicto armado, mantener un presupuesto militar cercano al 7% del PIB requiriendo cada año el aumento de la carga tributaria para alimentar la guerra como sucede en la actualidad, con un pie de fuerza hipertrofiado que se ha cuadruplicado en la última década y un pasivo pensional que crece hacia el infinito. En ningún otro momento de la historia colombiana el porcentaje de inversión en guerra fue tan alto, este presenta una tendencia creciente desde el año 1991, pasando del 2% al 6,32% en 2007 y al 6,5% en 2008. Este corresponde al más alto nivel de inversión en guerra del continente americano y a uno de los más elevados del mundo, por encima de Estados Unidos (4,04% del PIB) o los países europeos pertenecientes a la OTAN (alrededor del 2% del PIB). La salida política al conflicto requiere de la reducción y readecuación técnica, presupuestal y operacional del Ejército para la preservación de paz en las fronteras; la Policía deberá reorganizarse para garantizar la seguridad ciudadana.
5. Una salida política requerirá también del cese de las políticas intervencionistas que han estado presentes en las diversas etapas del conflicto y que han constituido uno de los motores centrales de su escalamiento. El episodio más reciente de intervencionismo en el conflicto colombiano lo constituye la firma del denominado “Acuerdo complementario para la cooperación y asistencia técnica en defensa y seguridad” entre Colombia y los EEUU, en el marco del cual se autoriza al personal militar norteamericano el acceso y uso de al menos siete (7) bases militares colombianas. Estas bases neocoloniales, aunadas a décadas de intervención militar directa a través de asesores, financiación, instructores, ayuda técnica y demás son violatorias a nuestra independencia y mancillan la gesta patriótica por la que regaron su sangre los colombianos hace 200 años.
La decisión de Washington de hacer expresa su participación en la guerra colombiana se explica gracias a que nuestro conflicto se ha convertido en una verdadera conflagración regional. De forma vergonzosa el suelo patrio se ha convertido en la cabeza de playa de los yanquis para la agresión a los gobiernos alternativos de Suramérica. Por ello la paz en nuestro país, es la paz para el continente: el desarme de las bases norteamericanas, el retiro de la IV Flota y el desmonte del Plan Colombia II, son caminos certeros para desactivar la carrera armamentista que perjudica a la región.
Dada esta dimensión del conflicto colombiano, visualizamos la participación de la comunidad internacional como esencial en el proceso de solución política, enmarcada ésta dentro de los principios de soberanía nacional e independencia política. Planteamos a la Comunidad Suramericana de Naciones, UNASUR, como mediador para el inicio de diálogos de paz, partiendo de escuchar a las partes en contienda.
La búsqueda de la salida política al conflicto requiere de la construcción de propuestas en torno a un nuevo país, así como de la definición de una agenda de lucha y movilización de los sectores sociales comprometidos con esta opción. La Marcha Patriótica y el Cabildo abierto por la Independencia no pueden ser inferiores a esta necesidad histórica, y deben aportar en tal sentido; no puede desaprovecharse esta magnífica oportunidad en la que miles de colombianos procedentes de diversas regiones del país, afectados por el conflicto en sus múltiples expresiones y afines a la salida política nos congregamos para celebrar el bicentenario de nuestra primera gesta independentista, así como la continuación de la lucha por una independencia definitiva. La construcción de una agenda nacional de lucha por la solución política y un gran movimiento de masas por la paz y el intercambio humanitario es una labor histórica ineludible en la que estamos llamados a contribuir.
                                        ¡Marcha Patriótica¡