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domingo, 5 de mayo de 2013

Mano imperialista de Obama contra Venezuela.





Horacio Duque.


La política imperialista de Barak Obama contra Venezuela, es, en esencia la misma del Estado hegemónico norteamericano que no tolera la independencia y soberanía de otras naciones las cuales toman distancia de su arbitrario y violento control del mundo para explotar la riqueza natural y la fuerza de trabajo de los demás Estados.

El gobierno de Obama es el de un Estado a disposición de las poderosas multinacionales que ejerce su poder mediante una infernal maquinaria militar dotada de los más sofisticados instrumentos y tecnologías para aplastar a quienes osen desafiar su dominio y explotación.

América Latina ha sido víctima, desde su independencia en el siglo XIX, de la permanente ingerencia yanqui que ha impuesto su rumbo con invasiones, golpes de Estado y manipulación de unas élites oligarquicas que marchan a su ritmo y en absoluta subordinación. Son los títeres de Washington que reciben migajas y prebendas menores por facilitar el saqueo y ultraje a la dignidad nacional de los pueblos latinoamericanos.

México, Republica Dominicana, Guatemala, El Salvador, Cuba, Chile, Nicaragua, Colombia, Guantánamo, Honduras, Paraguay, Plan Cóndor, dictaduras argentinas, Granada y Bolivia, son capítulos concretos del avasallante y violento poder de esta potencia voraz e implacable que nos tiene como su patio trasero.

Hoy, todo el foco de sus intrigas, maniobras y acciones aniquiladoras es Venezuela bolivariana.

Barak Obama no admite la existencia de una Venezuela, soberana, democrática, popular y socialista.

El Presidente afro está aprovechando el momento de la sucesión presidencial, luego de la extraña muerte de Chávez, para actuar en tandém con el fascismo de la ultraderecha que encabeza Capriles Radonski y sembrar la anarquía,  el desorden y desgobierno, argumentando una insatisfacción con el resultado electoral del pasado 4 de abril, que fue favorable ampliamente para el nuevo jefe de Estado, compañero Nicolas Maduro.

Obama y sus servicios militares y secretos, con la CIA en primer lugar, están detrás de las acciones violentas recientes que dejaron muerte y destrucción, en los días posteriores a los comicios electorales. Su silencio es elocuente frente a tales actos de guerra. No dijo ni mu. El es su promotor en coordinación con la oposición escuálida y el paramilitarismo colombiano, que esta muy activo con la complacencia del señor Santos.

No es casual que en su actual gira por América Latina, que incluye visitas a México y Costa Rica, Obama tenga la situación de Venezuela como prioridad de sus discursos y referencias permanentes. Son sus ordenes para profundizar el caos y la desestabilización de la revolución bolivariana y del gobierno del Presidente Maduro.

La ultraderecha fascista sigue escalando su envalentonamiento y agrede con más ganas, acariciando un colapso del proceso de cambios en la patria de Bolivar y Hugo Chávez. Que, obviamente, no lo van a lograr porque en esas están desde el fracasado golpe de abril del 2002.

Es lo que no se puede permitir cruzándonos de brazos. Hay que acudir a la movilización de la multitud y poner en alerta todos los contingentes del pueblo y la nación.

La revolución necesita avanzar y para ello es necesario corregir los errores señalados en abundancia por el pensamiento critico bolivariano. Uno de los cuales es estar dormido en los laureles, como le ocurre a ciertos dirigentes que se proclaman socialistas, cuando en realidad lo que les interesa es el enriquecimiento y los negocios mediante la corrupción y el burocratismo crónico.


San Cristobal, 4 de mayo de 2013.


viernes, 3 de mayo de 2013

Venezuela post Chávez: prueba de fuego y laboratorio para la izquierda (venezolana y mundial)


Nicolás Maduro, presidente de Venezuela


Marcelo Colussi
mmcolussi@gmail.com

“La invencibilidad reside en la defensa, las oportunidades de victoria, en el ataque”.

Sun-Tzu

“La tarea es formar revolucionarios y no consumistas, culminar una revolución y no competir en una subasta de votos”.

Luis Britto-García

Una elección reñida

Más allá de la interesada y tendenciosa matriz de opinión con que la derecha, tanto nacional como internacional, quiso presentar las recientes elecciones en Venezuela proclamando fraude a los cuatro vientos, la realidad es que Nicolás Maduro, aunque sea con estrecho margen, ganó.

De ello se pueden sacar varias conclusiones.

Por lo pronto, que la derecha está desesperada por terminar de una buena vez por todas con ese experimento político que es la Revolución Bolivariana. Ya lo probó de diversas maneras, hasta con golpe de Estado (en el histórico abril de 2002) y nada le funcionó. Ahora, ante el apretado triunfo del candidato del PSUV, vio una nueva oportunidad de asaltar el poder político que perdió desde la llegada de Chávez a la presidencia –continuado en la ocasión por Maduro– y no vaciló en intentar armar un nuevo escenario golpista.

El grado de desesperación por el poder que perdió desde hace ya algunos años no lo oculta. Curiosamente, el gobernador del Estado Miranda y ahora candidato presidencial, Henrique Capriles, contradiciendo lo dicho por él mismo unos pocos meses atrás, llamó a la sublevación: “«Más nunca los venezolanos tendremos guerra. No seré quien le pida a nuestro pueblo que salga a la calle a matarse unos con otros», dijo en su discurso al reasumir la gobernación del Estado Miranda hace unos días”, publicaba el diario La Nación el 17/01/2013. El 14 de abril por la noche, viendo que la “pesadilla” chavista continuaba, olvidándose de esas pasadas declaraciones no dudó en generar una movilización violenta que intentara cerrarle el paso al triunfo del PSUV (no puede asegurarse que operadores del gobierno estadounidense hayan estado involucrados, pero no sería de extrañar). La jugada no salió como se previó, pero fue suficiente para mostrar el odio de clase contenido que hay ahí: 8 muertos, 70 heridos y varios edificios destruidos patentizan el estado político-emocional de la derecha venezolana. La magra diferencia de votos obtenida por Maduro sirvió de excusa para que esa derecha, que se siente herida y desplazada en términos políticos, pueda dar rienda suelta a su vehemencia. El pedido de fraude, aunque estaba condenado a morir pues, de hecho, no lo hubo (así lo atestiguaron infinidad de observadores internacionales), fue un intento más de reconquistar la casa de gobierno.

Que la derecha tradicional venezolana, en sintonía con la de Estados Unidos y la del resto del mundo, odien visceralmente al proceso bolivariano, no es ninguna novedad. No podría ser de otra manera, puesto que ese proceso, aún siendo un socialismo muy tibio, más bien aguado, no deja de tener como sujeto de referencia un pobrerío difuso, que para la derecha es siempre sinónimo de “chusma peligrosa”. Esto, seguramente, no es ninguna conclusión nueva.

Pero de todo esto sí pueden marcarse elementos nuevos, de los que es posible extraer nuevas conclusiones, o más bien, abrir nuevos debates

¿Hay chavismo para rato?

Todo indica que el chavismo está a la baja. Lo cual no significa que va a su disolución; eso sería lo que anhela la derecha. Pero sí ha perdido la dinámica que tuvo un tiempo atrás. La ausencia del líder, Hugo Chávez, seguramente tiene mucho que ver con esa merma, lo cual, desde una lectura minuciosa desde la izquierda, debe llevar a plantearse fuertes autocríticas como movimiento: ¿todo dependía de su figura carismática entonces? Si así fuera, se está ante un grave peligro: ¿será ahora cada vez más difícil mantener la revolución sin el líder? Pero…. ¿y el poder popular, garantía misma del proceso transformador?

No hay dudas que el caudal electoral del movimiento bolivariano sigue siendo grande; de hecho –le guste o no a la derecha– continúa siendo la mayoría, así sea por un uno por ciento de diferencia. Sigue manteniendo además la mayoría parlamentaria, con 95 diputados sobre 165, y tiene 20 de las 23 gobernaciones. Pero todo ese aparato burocrático-estatal no significa que la revolución, en términos políticos, esté avanzando. Según estudia pormenorizadamente el fenómeno Luigino Bracci, “entre 2006 y 2012 los votos del chavismo crecieron en 882.052 votantes, es decir, 12 por ciento. Muy por debajo de lo que esperaba la dirigencia chavista. En ese período, los opositores crecieron en 2.298.838 votantes, es decir, 54 por ciento”.

Aún haya ganado esta nueva elección (17 triunfos sobre 18 justas electorales), esta victoria tiene algo de pírrica, y forzosamente debe hacer prender las luces de alarma llamando a la reflexión autocrítica. “Sectores del pueblo pobre votaron por sus explotadores de siempre”, fue una primera reacción del Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, leyendo los resultados. Seguramente la explicación es más compleja que eso. En las dos últimas elecciones, la que ganó Chávez en octubre del año pasado y las que ganó Maduro en abril del 2013, el caudal de electores del movimiento bolivariano desciende. Eso tiene que tener alguna causa profunda, y no sólo la “presunta estupidez” de los votantes que prefieren a sus “explotadores”.

¿Cómo en sólo seis meses pudo el bolivarianismo perder 685.794 votos y la oposición neoliberal ganar 679.099? ¿En verdad esos electores detestan que uno de cada tres venezolanos esté estudiando, y en forma gratuita? ¿Aborrecen el servicio médico sin costo de Barrio Adentro? ¿Les amarga que los patronos deban pagarles prestaciones sociales? ¿Les subleva que seamos el país más feliz y con menor desigualdad social en América Latina? ¿Odian tener pensión para su vejez? ¿Les repugna que la Misión Milagro devuelva la vista? ¿Les duele que el gobierno construya para los sin techo quinientas viviendas por día? Si tantas ventajas los molestan, nada les impide rechazarlas ¿Pero tienen que votar para que sus compatriotas también las pierdan?, se preguntaba José Manuel Rodríguez inaugurando así la crítica, tan indispensable en estos momentos.

La caída en el caudal de votos se debe a una sumatoria compleja de factores. La ausencia física de Chávez cuenta, por supuesto. Con él los problemas también estaban, pero su gran carisma y su enorme muñeca política, al menos hasta ahora, habían servido para ir solventándolos. O, al menos, posponiéndolos. Es importante no perder de vista que los problemas estructurales del país, en la década y media de su presidencia, nunca se abordaron de raíz. Hubo, sin ningún lugar a dudas, un notable mejoramiento en la calidad de vida de la población, debido a la más equitativa repartición de la renta petrolera. Pero el poder económico nunca dejó de estar en manos de la derecha tradicional. “Según las Cuentas Nacionales, explicitadas por el Banco Central de Venezuela (BCV), el PIB privado (el porcentaje de la actividad económica del país en manos directas del empresariado) corresponde al 71% del total (año 2010). En el año de 1999 el PIB privado era de 68%. Es decir que, a pesar de las nacionalizaciones, el PIB sigue siendo mayoritariamente privado, y comparado con países que nada tienen que ver con el comunismo –como Suecia, Francia e Italia, donde el PIB es mayoritariamente público (estatal)–, el estado venezolano no tiene en sus manos (salvo el petróleo) ningún resorte económico importante de la economía”, nos informa un economista marxista como Manuel Sutherland. El enriquecimiento de los banqueros nunca fue tan grande como en este período. 

Si la derecha levantó todas las armas posibles contra el proceso bolivariano, fue porque perdió su supremacía política. La económica nunca le fue cuestionada realmente.

Justamente por esa ambivalencia, porque los resortes básicos de la economía nacional siguieron en manos de la oligarquía vernácula, siempre ligada política, cultural y hasta emotivamente a la derecha estadounidense, el chavismo no avanzó en la construcción de una verdadera opción socialista con poder popular que levantara un proyecto de transformación radical. Más allá de un intento redistributivo y bastante retórica, la burguesía nacional no fue tocada. De ahí esa suma complicada de causas que hacen que el panorama económico-social se torne hoy tan dificultoso: inflación siempre creciente, una impopular devaluación del 46% en febrero pasado y un dólar paralelo por las nubes, desabastecimiento crónico de productos de primera necesidad, la siempre omnipresente dependencia del petróleo, el escaso desarrollo industrial propio que fuerza a importar casi un 50% de los alimentos. A lo que se suma, no como males menores sino, quizá, con mayor fuerza en la percepción de las grandes masas populares, una generalizada y abrumadora corrupción así como una delincuencia y una inseguridad ciudadana prácticamente fuera de control.

Ante este panorama la pérdida de 685.794 votos no significa simplemente que “los pobres son masoquistas y optaron por el candidato de los explotadores”. Esa corrida de votos tuvo mucho de mensaje, de voto castigo por todo este entramado de problemas que se van acumulando y a los que no se les da real solución desde el gobierno. Si los problemas estaban con Chávez (también la última enorme devaluación, por ejemplo), la presidencia que se le abre a Nicolás Maduro se vislumbra como mucho más complicada aún.

Por lo pronto, el caudal de votos con que llega a Miraflores, sin poner ya en discusión como quiere la derecha si es mayoría legítima o no (por supuesto lo es, así sea por un voto de diferencia), augura un panorama muy problemático: gobernará sobre una sociedad profundamente dividida. Y dividida, además, en partes iguales. Chávez siempre tuvo una diferencia electoral notoria sobre sus contrincantes; pero además –quizá es esta la cuestión básica– tenía total ascendiente sobre las Fuerzas Armadas, garantía última de la continuidad del chavismo. Maduro, no se sabe.

Está claro que Nicolás Maduro inicia su período presidencial en condiciones de mayor debilidad que Chávez. Más allá de la cuestionable campaña electoral donde se presentó como “el delegado” del Comandante, su “hijo dilecto”, su “ungido sucesor”, es evidente que, para bien y/o para mal, Maduro no es Chávez. Lo cual puede abrir interesantes oportunidades: no toda decisión habida y por haber en Venezuela tendrá que pasar por él, con lo que pueden ir pensándose nuevas formas de conducción, quizá no tan centralizadas como fue el caso en vida de Chávez.

Que Maduro sabe de todos los problemas con que va a enfrentarse (inflación, inseguridad, corrupción) es evidente. Por lo pronto habló de la puesta en marcha de un cuerpo secreto especialmente dedicado a la persecución de malversaciones, lo cual, por supuesto, sería un gran paso. Pero como dijo Mario Hernández: “El único problema que veo es que habla permanentemente de las medidas que va a tomar pensando solamente en el aparato estatal, en las fuerzas de seguridad, en las Fuerzas Armadas pero no piensa, ni menciona, desgraciadamente, la auto-organización de la gente, es decir, el desarrollo del poder popular, de las misiones, la profundización de la revolución”.

Y esto, justamente, nos lleva a la otra conclusión importante.

La Revolución debe ser más que un proceso electoral

“Las carencias del poder popular pueden ser fatales, puesto que allí se concentran los embriones de la construcción socialista. Ese poder es el gran resguardo de continuidad del proyecto revolucionario, frente a los imprevisibles vaivenes de la disputa electoral. Por esta razón cuando se cierra un acto comicial no sólo hay que contar los votos obtenidos. Se necesita saber cuánto se avanzó en la organización de la estructura popular”, decía acertadamente Claudio Katz siguiendo el proceso en Venezuela.

Si algún mérito a nivel internacional tuvo el proceso que abre Hugo Chávez, fue el de volver a dar esperanzas. En medio de una marea neoliberal salvaje, y luego de las sangrientas dictaduras militares que habían barrido Latinoamérica en las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado, el retomar banderas que parecían condenadas al olvido –socialismo, revolución, imperialismo– dio nuevas esperanzas, fue volver a creer que los cambios son posibles, que no estamos condenados ineluctablemente a un mundo de injusticias regido por los capitales. Esto será su gran aporte a la historia, sin dudas.

En la construcción del proclamado socialismo del siglo XXI fue mucho más errático, y ahí su legado es más difuso, quizá cuestionable incluso. Pero en el medio del mar de desesperanza que cundía para los 90, ganar elecciones con propuestas medianamente populares ya fue un logro. La sucesión de “presidentes progresistas” que se viene dando en Latinoamérica en estos últimos años, y las propuestas de integración alternativas a la égida de Washington que se vive (proyecto del ALBA, Petrocaribe, UNASUR, Telesur, Radio del Sur, CELAC), tienen en la figura de Hugo Chávez un referente obligado.

Si algo caracterizó a la Revolución Bolivariana –cosa que el mismo Chávez se esforzaba en remarcar constantemente– fue la continua apelación a lo que hoy entendemos por democracia, a las elecciones periódicas. Para taparle la boca a la derecha, que vivía vilipendiando al chavismo tachándolo de “dictadura”, los procesos electorales pasaron a ser casi una gimnasia cotidiana en la vida de los venezolanos en estos últimos años. De hecho, hubo más de una elección anual: 18 en total desde que se abrió este complejo proceso que pasó a llamarse “chavismo”, o Revolución Bolivariana. La vida política colectiva pasó a tomar la forma de elecciones (presidenciales, legislativas, de gobernadores, referéndum revocatorio), expresando en las urnas las contradicciones de clase, las que se pusieron al rojo vivo.

Todo pasó a tomar la forma de elecciones; lo cual, en principio, puede verse como un fenomenal avance. Pero bien analizado, y quizá como una réplica de lo que sucedía en el ámbito económico, más allá de la apariencia de hiper politización y participación cívica que este continuo llamado a elecciones podía dar, eso no construyó una verdadera opción de poder popular revolucionario. 
Democracia formal, sí; democracia de base, faltó. Porque democracia de base no es llenar una plaza con simpatizantes. Ahí está la enorme diferencia.

En vez de un partido político revolucionario con propuesta de transformación de base y poder popular real asentado en las asambleas comunitarias, desde la dirección del proceso (Chávez en cuenta) el esfuerzo estuvo más bien encaminado a reforzar la maquinaria electorera. Como bien lo dijo Luis Britto-García: en vez de forjar cuadros revolucionarios se terminó generando una subasta de votos al peor estilo de cualquier candidato burgués. Incluso se llegó a la cuestionable situación –aparentemente muy amplia y democrática– de transformar la vida política venezolana en un continuo plebiscito donde las opciones eran votar por sí o por no, a favor o en contra. Y se entiende que…. a favor o en contra del comandante. “Están conmigo o están con el imperialismo”, pudo decir Chávez en alguna oportunidad en una campaña presidencial.

“La invencibilidad reside en la defensa, las oportunidades de victoria, en el ataque”, dijo sabiamente Sun-Tzu hace 2.500 años. Una revolución, un proceso de profunda transformación del estado actual de cosas, ¿debe consistir sólo en defenderse invenciblemente, o debe atacar, debe destruir cosas viejas para establecer un nuevo orden? La forma casi plebiscitaria que se construyó –con 17 elecciones ganadas sobre 18 llamados electorales– no terminó de servir para construir verdaderos mecanismos de poder popular de base. Más allá de la declamación, todo se vertebró de arriba hacia abajo. El Palacio de Miraflores era el absoluto centro de gravedad de la vida política nacional, y no el barrio, la comunidad, el sindicato. De hecho, todo el chavismo fue una construcción surgida a partir de una propuesta palaciega, una “revolución” de arriba hacia abajo, y no al revés, como han sido otras revoluciones, con la población en las calles forjando el cambio.

Es cierto que ese chavismo tuvo fulgurantes momentos populares, revolucionarios. Se ha dicho, por lo pronto, que el mismo Chávez fue el representante del volcánico descontento –chispa revolucionaria, por cierto– contenido en el Caracazo de 1989; su revolución palaciega sería así la puesta en acto de un proceso revolucionario que estaba en la población venezolana, por cierto la primera que reaccionó contestatariamente a los infames planes neoliberales (capitalismo salvaje, mejor dicho) que se implementaban en la región para los años 80 del siglo pasado. Montado en esa ola de descontento, protesta y fervor revolucionario, Hugo Chávez llevó a Miraflores esa vena de cambio (“astucias de la razón”, diría Hegel). Y también se “olfateó” revolución en la memorable reacción popular y espontánea (tal como son las verdaderas revoluciones político-sociales) de abril del 2002, cuando el golpe de Estado de la derecha, al salir al rescate del líder. Por esos puntos de quiebre, por el “peligro real” que con olfato de clase la derecha vernácula, la Casa Blanca y toda la derecha internacional perciben esos momentos y lo que en alguna medida representó el chavismo, es que todo el proceso se demonizó, se atacó, se vio como una verdadera amenaza. Se lo hizo con la figura de Chávez, y seguramente se lo seguirá haciendo con la de Nicolás Maduro, porque lo que realmente está en juego es la posibilidad que esa “chusma” abra los ojos y se quiera sentir dueña del poder. Es esa posibilidad la que realmente atemoriza a la derecha porque, hoy por hoy, los negocios los sigue haciendo, y quizá mejor que nunca; pero la posibilidad de transformación real que ahí está presente con la marea de franelas rojas puesta en la calle le quita el sueño. La reacción de Capriles llamando a incendiar el país la noche misma de las elecciones lo deja ver con claridad meridiana.

Ahora bien: con esa sucesión casi mecánica de elección tras elección, siempre con previas plazas llenas de simpatizantes ataviados con sus tradicionales franelas rojas, no se hace revolución. El siglo pasado, para las fuerzas revolucionaras era casi un chiste pensar en la opción de participación en el ruedo político convencional como una verdadera posibilidad de transformación. Cambiar administraciones (presidentes, gobernadores, alcaldes, legisladores) cada cierto tiempo no era sino un superficial cambio cosmético. Las estructuras de base no cambiaban un milímetro. Y si algo se iba medianamente de control, ahí estaban las fuerzas represivas (policía, ejército, parapoliciales o paramilitares si era necesario) para componer el desorden. 

Pensar en transformar algo desde ese esquema era, y sigue siendo, sumamente difícil, casi imposible, dado que se trabaja contra todo el poder de una clase, contra su dinero, su casi infinita presencia mediática y, en muy buena medida, contra una ideología dominante muy difícil de torcer. De ahí que esos 685.794 votos emigraron quizá hacia Capriles, lo que rápidamente pudo hacer decir a Diosdado Cabello que “la gente vota por sus explotadores”. Pero lo social nunca es tan sencillo; para apelar una vez más a Hegel: “el esclavo piensa con la cabeza del amo”. Una revolución, si realmente se precia de tal, debe apuntar a eso: a cambiar las cabezas, a modificar hondamente nuestras formas de ver y entender las cosas, a “¡formar revolucionarios y no consumistas, culminar una revolución y no competir en una subasta de votos!”. Y las maquinarias electorales no son precisamente escuelas revolucionarias.

Es evidente que competir en la arena electoral contra todo el poder de la clase dominante de un sistema que ya lleva varios siglos amasando capital, conocimiento y mañas, muchísimas mañas, es una tarea monumental, quijotesca. Toda la izquierda que lo intentó, terminó mal. La socialdemocracia europea, en los inicios del siglo XX, como opción no violenta que se opuso al sistema y entró en el juego electoral, terminó siendo cooptada. Hoy no pasa de ser un mecanismo más del sistema imperante, el “rostro amable” de una explotación inmisericorde. O el caso del Chile de Salvador Allende, con su intento de construcción del socialismo por la vía electoral… Generales Pinochet que juran fidelidad a la Constitución y luego terminan dando golpes de Estado por la espalda, sobran. ¿Los habrá también entre las filas castrenses chavistas?

Si el movimiento bolivariano, con Maduro a la cabeza en este momento, o con quien sea, intenta mantenerse como opción dentro de los límites de estas democracias restringidas, deberá terminar volviéndose cada vez “menos revolucionario” y más complaciente con el sistema dentro del cual se mueve. Eso quizá le permitirá sobrevivir como opción electoral, como partido político institucionalizado. Podría sucederle como le pasó al peronismo en Argentina, o al MNR en Bolivia, o incluso al PRI en México: mantendrá un discurso populista, pero de transformación revolucionaria, nada. Pero si el chavismo no avanza realmente hacia un poder popular de base y, por el contrario, se alinea cada vez más con un pensamiento de derecha (la “boliburguesía” imperante en sus filas ya lo deja ver), terminará siendo una opción aguada, que podrá ganar elecciones quizá, pero que no podrá ir más allá de hacer repartos más populistas de la renta petrolera. Y las posibilidades de transformación real que se abrieron con una población envalentonada como en abril del 2002, se habrán esfumado.

Hoy, aún en medio de la marea neoliberal que nos azota, con bases militares de Estados Unidos que acordonan toda América Latina, y luego de los terribles golpes sufridos por el campo popular en las décadas recientes, es difícil pensar en los caminos de transformación del actual estado de cosas. No es imposible, pero sí se ve difícil. Luego de años (décadas) de gobiernos militares, la vuelta de las democracias formales se puede percibir como un gran avance. Y por cierto, en un sentido lo es. Pero pensar que la lucha revolucionaria se agota en un sufragio es muy limitado, si no erróneo. Las 18 elecciones continuas del proceso bolivariano, por sí solas, no sirvieron para construir un auténtico poder popular desde abajo. Para que haya revolución, de eso se trata. Y junto a ello, cambiar sustancialmente la estructura económica. Desde el Parlamento o la casa de gobierno está visto que no se puede.

Es evidente que las democracias formales son un avance sobre las dictaduras; pero tampoco ellas por sí solas resuelven nada. De hecho en un estudio realizado por Naciones Unidas en el año 2004, buena parte de la población latinoamericana dijo no importarle vivir en un sistema democrático o autoritario si este último le resolvía sus históricas penurias socio-económicas. Pensar en las elecciones periódicas como un arma para el cambio es limitado. 

La invitación de este pequeño texto es encontrarle vías de posibilidad a la democracia parlamentaria como un momento en la construcción de la verdadera democracia participativa, de base. En ese sentido la experiencia de Venezuela nos convoca como un laboratorio y como un desafío.

miércoles, 1 de mayo de 2013

La postguerra fría


Abrazo de Uribe y Capriles: Dios los cría y el diablo los amontona: Amistades peligrosas



Por Alberto Pinzón Sánchez

¿Cuál país, desde el punto de vista geoestratégico, es más importante: Venezuela o Colombia? La respuesta obvia es ambos, pues son parte de una unidad dialéctica entrelazada por geografía, historia, economía, extensa frontera viva, migraciones y cultura. Lo que sucede en Venezuela (quiéranlo o no los partidarios de los compartimentos estanco) repercute necesariamente en Colombia y viceversa. Por esta simple razón, la desestabilización del gobierno venezolano y el proceso de paz en Colombia, hay que entenderlos como dos momentos de una realidad única en desarrollo.

Tal vez quien si lo ha entendido en todo su tamaño es el Pentágono estadounidense, que está jugando geoestratégicamente en ambos tableros de manera eficiente y lenta para, como lo dijo Kerry, “recuperar finalmente el patio trasero: En Venezuela, que como el verso del apóstol José Martí  “es un ciervo herido que busca en el monte amparo”; ha puesto toda la carne en el asador para perseguir implacablemente y hasta el final al sangrante gobierno recién elegido.

Mientras en Colombia, en donde existen 9 grandes bases militares estadounidenses, se consolidada una retaguardia político-militar de esta operación desestabilizadora, utilizando las contradicciones en la cúpula de la oligarquía santanderista, y se conforma y refuerza un grupo  “democrático de centro” que cumple la doble función de sabotear (usando  todas las formas de lucha) el proceso de paz que tiene asiento en la Habana, mientras trata de romper el reconocimiento diplomático que el gobierno Santos ha hecho del gobierno venezolano recién elegido, abriendo de paso una brecha en UNASUR.

Las dos tácticas, como digo, de una misma estrategia muy bien orquestada, caminan lenta e inexorablemente hacia su meta, y quizás esta sea la preocupación mayor, enfrentada por los dos bravos pueblos de manera aislada e incoordinada, y lo que es peor, contando con la actitud “ambivalente” del presidente Santos, quien asediado por Uribe Vélez, Pastrana y el Procurador Ordoñez y, por las encuestas de opinión, un día habla de paz y al otro de guerra. Da un paso adelante y dos para atrás, sin comprometerse a fondo con el único hecho político trascendental para la Historia del pueblo colombiano: 

La paz con justicia social y la reconciliación del Estado terrorista  que dirige con sus ciudadanos, considerados por la doctrina militar vigente y que todos los días vocifera el provocador ministro de guerra Pinzón, como “enemigos internos”.

Visualizadas las dos raíces que sostienen el histórico conflicto social y armado de Colombia: 

1- El asunto de la tenencia de la tierra, y 

2-El  Terrorismo de Estado; JM Santos en lugar de ser radical es decir de ir a esas raíces y preparar mediante un pacto social amplio, un escenario económico, social y político que sustente la POSTGUERRA que pueda surgir de los acuerdos de la Habana, prefiere insistir mezquinamente en sus desacreditadas “locomotoras neoliberales del despojo ” con las que cree que va a ser reelegido, y en un limitado espacio electoral jurídico en donde los guerrilleros perdonados y aconductados, supuestamente “cambiarían” sus fusiles por votos que le legalicen su reeleción presidencial. Concepción esta que obviamente (como en la casa vacía de Valledupar) al dejar en calzoncillos sus limitaciones, pues es un pastel de chocolate para sus adversarios. 

¿De verdad, JM Santos cree que su modelo neoliberal de las fracasadas  locomotoras agro- mineras y financieras, es la solución a dar a un pueblo movilizado conscientemente por la Paz con justicia social soberanía y solidario con el proceso Bolivariano de Venezuela, para que lo reelijan como presidente por otro período más?

Fuente foto Internet.

viernes, 26 de abril de 2013

James Petras: Boston and Venezuela: Terrorism There and Here

James Petras


Introduction

Two major terrorists’ attacks took place almost simultaneously: in Boston, two Chechen terrorists set off bombs during the annual Boston Marathon killing three people and injuring 170; in Venezuela, terrorist-supporters of defeated presidential candidate, Henrique Capriles, assassinated 8 and injured 70 supporters of victorious Socialist Party candidate Nicolas Maduro, in the course of firebombing 8 health clinics and several Party offices and homes. In the case of Boston, the terrorist spree resulted in one further fatality - one of the perpetrators; in Venezuela, some of the terrorists are under arrest but their political mentors are still free and active – in fact they are now presented as ‘victims of repression’ by the US media.

By examining the context, politics, government responses and mass media treatment of these terrorist acts we can gain insight into the larger meaning of terrorism and how it reflects, not merely the hypocrisy of the US government and mass media, but the underlying politics that encourages terrorism.

Context of Terrorism: From Chechnya to Boston: A Dangerous Game

Chechnya has been an armed battleground for over two decades pitting the secular Russian State against local Muslim fundamentalist separatists. Washington, fresh from arming and financing Muslim jihadis in a successful war against the secular Soviet-backed Afghan regime in the 1980’s, expanded its aid program into Central Asian and Caucasian Muslim regions of the former Soviet Union. Russian military might ultimately defeated the Chechen warlords but many of their armed followers fled to other countries, joining armed, extremist, Islamist groups in Iraq, Pakistan, Afghanistan and later Egypt, Libya and now Syria. While accepting Western, especially US arms, to fight secular adversaries of the US Empire, the jihadis’ ultimate goal has been a clerical (Islamic) regime. Washington and the Europeans have played a dangerous game: using Muslim fundamentalists as shock troops to defeat secular nationalists, while planning to dump them in favor of neo-liberal ‘moderate’ Muslim or secular client regimes afterwards.

This cynical policy has backfired everywhere – including in the US. Fundamentalists in Afghanistan took state power after the Soviets pulled out. They opposed the US, which invaded Afghanistan after the attacks of September 11, 2001, and have successfully engaged in a 12 year war of attrition with Washington and NATO, spawning powerful allies in Pakistan and elsewhere. Taliban-controlled areas of Afghanistan serve as training bases and a ‘beacon’ for terrorists the world over.

The US invasion of Iraq and overthrow of President Saddam Hussein led to ten years of Al Qaeda and related-clerical terrorism in Iraq, wiping out the entire secular society. In the case of Libya and Syria, NATO and Gulf State arms have greatly expanded the arsenals of terrorist fundamentalists in North and Sub-Sahara Africa and the Middle East. Western-sponsored fundamentalist terrorists were directly related to the perpetrators of the 9/11 attacks on New York and Washington and there is little doubt that the recent actions of the Chechen bombers in Boston are products of this latest upsurge of NATO-backed fundamentalist advances in North Africa and the Middle East.

But against all the evidence to the contrary, Chechen terrorists are viewed by the White House as “freedom fighters” engaged in liberating their country from the secular Russians … Perhaps after the Boston terror attack, that appraisal will change.

Venezuela: Presenting Terrorism as “Peaceful Dissent”

The candidate of the US backed and financed opposition, Henrique Capriles, has lived up to his reputation for violent politics. In the run-up to his failed candidacy in the Venezuelan presidential election on April 15, his followers sabotaged power lines causing frequent national blackouts. His supporters among the elite hoarded basic consumer items, causing shortages, and repeatedly threatened violence if the election went against them. With over 100 international observers from the United Nations, European Commission and the Jimmy Carter Center there to certify the Venezuelan elections, Capriles and his inner circle unleashed their street gangs, who proceeded to target Socialist voters, campaign workers, health clinics, newly-built low-income housing projects and Cuban doctors and nurses.

The “white terror” resulted in 8 deaths and 70 injuries. Over 135 right-wing street thugs were arrested and 90 were charged with felonies, conspiracy to commit murder and destroy public property. Capriles, violent political credentials go back at least a decade earlier when he played a major role in the bloody coup which briefly overthrew President Hugo Chavez in 2002. Capriles led a gang of armed thugs and assaulted the Cuban embassy, ‘arresting’ legitimate Cabinet ministers who had taken refuge. After a combined military and popular mass movement restored President Chavez, Capriles was placed under arrest for violence and treason. The courageous Venezuelan Attorney General, Danilo Anderson, was in the process of prosecuting Capriles and several hundred of his terrorist supporters when he was assassinated by a car bomb – planted by supporters of the failed coup.

Though Capriles electoral propaganda was given a face-lift – he even called himself a candidate of the “center-left” and a supporter of several of President Chavez’s “social missions”, his close ties with terrorist operatives were revealed by his call for violent action as soon as his electoral defeat was announced. His thinly veiled threat to organize a “mass march” and seize the headquarters of the electoral offices was only called off when the government ordered the National Guard and the Armed Forces on high alert. Clearly Capriles’ terror tactics were only pulled back in the face of greater force. When the legal order decided to defend democracy and not yield to terrorist blackmail, Capriles temporarily suspended violent activity and regrouped his forces, allowing the legal-electoral face of his movement to come to the fore.

Responses to Terror: Boston and Venezuela

In response to the terrorist incident in Boston, the local, state and federal police were mobilized and literally shut down the entire city and its transport networks and went on a comprehensive and massive ‘manhunt’: the mass media and the entire population were transformed into tools of a police state investigation. Entire blocks and neighborhoods were scoured as thousands of heavily armed police and security forces went house to house, room to room, dumpster to dumpster looking for a wounded 19 year old college freshman. A terror alert was raised for the entire country ad overseas police networks and intelligence agencies were involved in the search for the terrorist assassins. The media and the government constantly showed photos of the victims, emphasizing their horrific injuries and the gross criminality of the act: it was unthinkable to discuss any political dimensions to the act – it was presented, pure and simple, as an act of political terror directed at ‘cowering the American people and their elected government’. Every government official demanded that anyone, even remotely linked, to the crime or criminals face the full force of the law.

On the other hand and coinciding with the attack in Boston, when the Venezuelan oppositionist terrorists launched their violent assault on the citizens and public institutions they were given unconditional support by the Obama regime, which claimed the killers were really ‘democrats seeking to uphold free elections’. Secretary of State Kerry refused to recognize the electoral victory of President Maduro. Despite the carnage, the Venezuelan government did not declare martial law: at most the National Guard and loyalist police upheld the law and arrested several dozen protestors and terrorists; many of the former – not directly linked to violence - were quickly released. Moreover, despite the internationally certified elections by over 100 observers, the Maduro government conceded the chief demand for an electoral recount – in the hope of averting further right-wing bloodshed.

US Media Response

All the major Western news agencies, including the principle ‘respectable’ print media (Financial Times, New York Times and Washington Post) converted the Venezuelan political assassins into ‘peaceful protestors’ who were victimized for attempting to register their dissent. In other words, Washington and the entire media came out in full force in favor of political terror perpetrated against an adversarial democratic government, while invoking a near-martial law state for a brutal, but limited, act of terror in the US. Washington apparently does not make the connection between its support of terrorism abroad and its spread to the US.

The US media has blocked out discussion of the ties between Chechen terrorist front groups, based in the US and UK, and leading US neoconservatives and Zionists, including Rudolph Giuliani, Richard Perle, Kenneth Adleman, Elliott Abrams, Midge Dector, Frank Gaffney and R. James Woolsey – all leading members of the self-styled ‘American Committee for Peace in Chechnya’ (re-named Committee for Peace in the Caucasus after the horrific Beslan school massacre). These Washington luminaries are all full-throated supporters of the ‘war on terror’ or should we say supporters of ‘terror and war’ (“Chechen Terrorists and the Neocons” by former FBI official Coleen Rowley 4/19/13). The headquarters and nerve center for many ‘exile’ Chechen leaders, long sought by Russian authorities for mass terrorist activities, is Boston, Massachusetts – the site of the bombing – another ‘fact’ thus far ignored by the FBI and the Justice Department, perhaps because of long-standing and on-going working relations in organizing terrorist incidents aimed at destabilizing Russia.

Former Presidential candidate and New York City Mayor Rudolph Giuliani, after the bombing, stated that Chechens ‘were only focused (sic) on Russia’ and not on the US (his Chechens perhaps). Interpol and US intelligence Agencies are well aware that Chechen militants have been involved in several Al Qaeda terrorist groups throughout South and Central Asia as well as the Middle East. The Russian government’s specific inquiries regarding any number of suspected Chechen terrorists or fronts have been given short shrift – apparently including the activities of one Tamerlan Tsarnaev, recently deceased.

(As a historical aside (and perhaps not unrelated), the Boston-based FBI was notorious from the 1970’s through the 1990’s for protecting a brutal gangster hit man, James ‘Whitey’ Bulger, as a privileged informant, while he murdered dozens of individuals in the New England area.)

The Deeper Meaning of the War on Terrorism

US support for Venezuelan terrorists and their political leader, Henrique Capriles, is part of a complex multi-track policy combining the exploitation of electoral processes and the clandestine funding of NGO’s for “grass roots” agitation of local grievances, together with support for ‘direct action’ including ‘trial runs’ of political violence against the symbols and institutions of social democracy.  The versatile Capriles is the perfect candidate to run in elections while orchestrating terror. Past US experience with political terror in Latin America has had a boomerang effect – as evident in the Miami-based Cuban terrorist engagement with numerous bombings, gun-running and drug trafficking within the USA, especially the 1976 car bombing assassination of the exile Chilean Minister Orlando Letelier and an American associate on Embassy Row in the heart of Washington, DC – an action never characterized as ‘terrorism’ because of official US ties to the perpetrators.

Despite financial, political and military links between Washington and terrorists, especially fundamentalists, the latter retain their organizational autonomy and follow their own political-cultural agenda, which in most cases is hostile to the US. As far as the Chechens, the Afghans and the Al Qaeda Syrians today are concerned, the US is a tactical ally to be discarded on the road to establishing independent fundamentalist states. We should add the scores of Boston victims to the thousands of US citizens killed in New York, Washington, Libya, Afghanistan and elsewhere by former fundamentalist allies of the US.

By siding with terrorists and their political spokespeople and refusing to recognize the validity of the elections in Venezuela, the Obama regime has totally alienated itself from all of South America and the Caribbean. By supporting violent assaults against democratic institutions in Venezuela, the White House is signaling to its clients in opposition to the governments of Argentina, Bolivia and Ecuador – that violent assaults against independent democratic governments is an acceptable road to restoring the neo-liberal order and US centered ‘regional integration’.

Conclusion

Washington has demonstrated no consistent opposition to terrorism – it depends on the political goals of the terrorists and on the target adversaries. In one of the two recent cases – the US government declared virtual “martial law” on Boston to kill or capture two terrorists who had attacked US citizens in a single locale; whereas in the case of Venezuela, the Obama regime has given political and material support to terrorists in order to subvert the entire constitutional order and electoral regime.

Because of the long-standing and deep ties between the US State Department, prominent neo-con leaders and Zionist notables with Chechen terrorists, we cannot expect a thorough investigation which would surely embarrass or threaten the careers of the major US officials who have long-term working relations with such criminals.

The White House will escalate and widen its support for the same Venezuelan terrorists who have sabotaged the electrical power system, the food supply and the constitutional electoral process of that country. Terror, in that context, serves as its launch pad for a full scale assault against the past decade’s social advances under the late President Hugo Chavez.

Meanwhile, in order to cover-up the Chechen-Washington working alliance, the Boston Marathon bombing will be reduced to an isolated act by two misguided youths, lead astray by an anonymous fundamentalist website – their actions reduced to ‘religious fundamentalism’. And despite an economy in crisis, tens of billions of more dollars will be allocated to expand the police state at home, citing its effectiveness and efficiency in the aftermath of the bombings while secretly sending more millions to foment ‘democratic’ terror…in Venezuela.

miércoles, 24 de abril de 2013

Los atentados en Boston benefician al aparato represivo y la política belicista estadounidense




El análisis de James Petras del lunes 22 de abril de 2013


El sociólogo norteamericano James Petras esclareció este lunes en Radio Centenario (*), los cabos sueltos que quedaban tras los atentados de Boston. Para eso se preguntó quién se beneficio con los mismos y a continuación fue terminante: “la posición política y económica del aparato de Seguridad estadounidense”, ya que se fortalece la militarización y la ‘lucha contra el terrorismo’ que estaba muy desprestigiada en los Estados Unidos; Israel que a partir de esto se anunció que recibirá “más de 5.000 millones en ayuda militar adicional que facilita una agresión contra Irán”; y también, debilita a la oposición a los recortes sociales estadounidenses ya que “se desvía la atención de la gente hacia el problema del terrorismo, mientras el Congreso y la Casa Blanca están avanzando en los recortes sociales”. Lo que sigue es la trascripción de la Columna de James Petras del lunes 22 de abril.


Efraín Chury Iribarne: Como cada lunes en este espacio recibimos el análisis que tiene preparado en los Estados Unidos James Petras, a quien ya le estamos dando la bienvenida. Buenos días ¿cómo está?

James Petras: Estamos bien, tratando de analizar las noticias de hoy y hacer algunos comentarios medianamente inteligentes.

EChI: Sabemos que tus comentarios son siempre inteligentes y la gente, por lo menos aquí en el sur así los valora.

Bueno, para comenzar si le parece planteamos dos temas, por un lado darle seguimiento a la situación de Venezuela y por otro, que dejó las elecciones de este domingo en el Paraguay.  También está el tema Boston.

JP: Podríamos empezar con Venezuela y después volver a tocar algunos temas vinculados con los atentados en Boston porque hay varios cuestionamientos que están surgiendo bastante complicados y controversiales. Pero empezamos con Venezuela.

La primera cosa que hay que anotar es que el nuevo gobierno de (Nicolás) Maduro ha tomado algunas medidas muy enérgicas y muy justas. Han anunciado una serie de medidas, encarcelando a los asesinos que mataron a ocho activistas chavistas el pasado lunes y martes. Y es una buena señal de que el gobierno no va a tolerar la impunidad ni la violencia de los terroristas de la oposición. Porque ya sabemos que Enrique Capriles tiene un prontuario violento desde el golpe de Estado de 2002 donde estuvo activamente involucrado en el asalto a la Embajada Cubana.

Después, el juicio pendiente donde coincidentemente mataron al procurador Danilo Anderson que era el encargado de la persecución de Capriles, donde existe la fuerte sospecha de que  personas vinculada con Capriles estuveran involucrada en el coche bomba.

Es una buena señal de que Maduro va a actuar con más fuerza contra la violencia y el terrorismo sembrado por la oposición.
Más allá de eso han anunciado varias medidas contra oficiales corruptos en el gobierno. Estas son grandes reivindicaciones popular-- la lucha contra la delincuencia, ya sea política o simplemente criminal, y el gobierno han tomado estos primeros pasos.

Segundo,  lo importante es que busca en este momento revitalizar la economía y ha nombrado nuevo ministro de Finanzas y han fortalecido el Ministerio de Energía Eléctrica, que son otros problemas que deben arreglar.Porque las finanzas en el último período no marcharon bien, muchos intermediarios están comprando dólares baratos y vendiéndolos en el mercado negro fomentando así la inflación y encareciendo el costo de la mercancía importada.

Y también los apagones eléctricos que son una táctica favorita de la oposición para fomentar el caos. Ahora, con el nuevo ministro Jesse Chacón  tenemos una persona que tiene la firmeza y la eficiencia para arreglar y enfrentar este problema.

Más allá de eso,  Venezuela está preparándose para revitalizar los programas sociales y tiene  proyecto para profundizar la expansión de la participación productiva de la población. Y eso hay que verlo, porque los planteamientos generales no siempre tienen resultados en el impacto que tienen sobre la Economía.

En otras palabras  el gobierno está tomando cuenta de que debe lanzarse ya, pero manteniendo la seguridad y actuando con más energía contra las fuerzas que están sembrando el caos.

Hasta ahora el gobierno de (Barack) Obama está jugando la carta dura. No ha reconocido el gobierno, a pesar de que casi todo el mundo reconoció los resultados.  Washington está en un proyecto ofensivo, tratando de derrocar gobiernos y apoyando candidatos de la derecha. Una contrarreforma, una contrarrevolución, que es ya plenamente evidente en países como Honduras y ahora con el nuevo presidente del Partido Colorado en Paraguay, el multimillonario Horacio Cartes.

 Washington está tratando de revertir los cambios de la década pasada y buscando debilitar el Mercosur, la Unasur con estos planteamientos y agresiones. No han aceptado ninguna organización regional, ningún cambio político, quiere volver a los años ‘90 donde tenía toda una serie de gobiernos neoliberales. Y está en este camino.

Venezuela, Argentina, Ecuador y otros países deben entender que Washington está en una onda agresiva y va a utilizar las instituciones -como en Venezuela, o sea, auditar elecciones y otros planteamientos simples- como trampolines para fomentar la lucha golpista y desgastar los gobiernos. No hay que esperar ninguna tregua, ninguna conciliación, Washington está en un camino de confrontación.

La idea de Maduro de aplicar mano dura me parece la única respuesta, siempre que esté combinada con un programa de revitalizar la economía, las Misiones sociales y las instituciones que fomentan la participación popular.
La mejor defensa es una ofensiva contra la nueva agresión norteamericana.


EChI: En esta suerte de revitalización de lo que en Estados Unidos se publicita como el terrorismo. ¿Qué pasó concretamente en Boston? ¿O qué se sabe hasta ahora?

JP: En Massachusetts  se aplica un tipo de Ley marcial, la policía, la guardia nacional, coparon toda la ciudad de Boston, los suburbios y estaban en control de todo lo que pasaba por las calles, por los aviones, por el transporte público, fozosamente entraran casas.

Ahora, la pregunta que uno tiene que plantear es si Washington tenía algún indicio de que los acusados estaban planificando algo?. Y hay algunas indicaciones de si; por ejemplo, la Policía Federal admitió que sus efectivos estaban involucrados en una entrevista o en un interrogatorio con el principal actor acusado y las agencias Rusos informaron a Washington sobre la necesidad de seguir a este individuo.

En tanto, el padre y la madre de los acusados dicen que la Policía Federal fabricó o hizo provocaciones para involucrar a sus hijos en esta acción.
Ahora, estas indicaciones sugieren que Washington podría estar explotando el descontento de este señor involucrado y precipitando o facilitando el acto, para después relanzar esta guerra contra el terrorismo.

Hay que recordar que en los últimos años hemos dicho que el antiterrorismo en Estados Unidos ha caído en mucho desprestigio y poca eficiencia. Después del 9/11, años y años, de gritar lobo-- la gente se cansa.

Y en este momento sale un acto sin ninguna preparación, sin ninguna técnica importante, con personas que ni se disfrazan en el acto, frente a las cámaras que están montadas en todos los rincones y esquinas del país… Era evidente que iban a identificarlos, no hay ninguna otra forma de decirlo, no hay ningún descubrimiento de las caras de los actores.

Ahora, en el día de ayer, el asesor de Israel dice que ahora con este acto de terrorismo el pueblo y el gobierno norteamericano van a estrechar relaciones con Israel porque ‘somos los principales enemigos del terrorismo islámico’.

En otras palabras, Israel anunció que ellos se van a beneficiar del acto terrorista y de repente Washington anuncia que va a vender o a entregar a Israel más de 5.000 millones de nuevas armas capaces de atacar a Irán.
O sea, el presupuesto de aparatos de Seguridad va a aumentar,El peso político del antiterrorismo recupera fuerzas.El gobierno ahora tiene mano libre de relanzarse en el Medio Oriente, supuestamente en la lucha contra el terrorismo. Y todos los factores reaccionarios de poder que estaban en repliegue, ahora están en una situación mucho más fuerte, con gran respaldo público por las víctimas y por la campaña masiva de los medios de comunicación aterrorizando a los pueblos y haciendo acusaciones sin ninguna prueba.

Es decir, ya juzgaron a los dos acusados como culpables sin ningún esfuerzo de entender qué relaciones podrían tener con las autoridades y otros grupos.
Ahora, los chechenos tienen su centro en Estados Unidos, en Boston. Tienen vinculaciones con la Universidad de Harvard y con el gobierno norteamericano. 

Hace años vienen recibiendo subvenciones y muchos personajes como los Rudy Giuliani, el ex alcalde de Nueva York, y otros reaccionarios, son afiliados a un grupo de apoyo a los chechenos terroristas.
Ahora, los chechenos terroristas siempre en el pasado actuaban contra Rusia, pero entre ellos  haber muchos chechenos musulmanes vinculados con Washington en las luchas en el Medio Oriente y algunos en contra de Washington. Con los talibanes y ahora los involucrados en Siria. Hay individuos y grupos chechenos involucrados en diferentes lugares conflictivos.

Tienen antecedentes de terrorismo en Rusia donde mataron a más de 300 personas en una escuela y docenas en el metro de Moscú; y otros.
Tienen antecedentes. Pero también vínculos con el servicio secreto de EE.UU.

Entonces, hay muchas preguntas y debemos examinar, por ejemplo, la acusación de los padres, la madre particularmente, de los sospechosos diciendo que ella está segura de que la Policía Federal norteamericana seguía a sus hijos desde hacía dos años por lo menos, desde que llegaron a la madurez; y asegura que ella sospecha que montaron todo eso y los utilizan como chivos expiatorios.

Bueno, en parte puede ser que la madre trate de salvar la vida de su hijo, pero por otro lado debe saber algo más que lo que la prensa está contando. Además, el gobierno niega todos los derechos constitucionales al sobreviviente en el hospital; dice que no tiene derecho a un abogado, no tiene derecho de habeas corpus, no tiene ninguna necesidad de presentar algunas pruebas antes de interrogarlo. O sea, pueden interrogarlo indefinidamente sin ningún proceso legal.

¿Y por qué quieren aislarlo, interrogarlo e imponer los resultados unilateralmente frente a las noticias? ¿Por qué no le permiten un abogado?

(Nota: Aquí se cortó la comunicación que se retoma minutos después)

EChI: Petras, se nos cortó la comunicación cuando tú venías narrando el caso de los chechenos acusados de ser los autores de lo que pasó en Boston.

JP: Bueno, el hecho es que hay muchos cuestionamientos.
Primero por el hecho de que la Policía Federal tenía noticias de sus actividades con los grupos en Rusia. Segundo, tenemos información de parte de los padres de los sospechosos, de que la Policía Federal estaba involucrada en investigaciones y estaban monitoreando las actividades de los dos jóvenes desde hacía un buen tiempo.

Ahora, si analizamos las consecuencias del acto: ¿quién se beneficia con esto?
Primero, la Policía Federal y todo el aparato de seguridad es el gran beneficiario porque estaban muy desprestigiados. Llevan años agitando el antiterrorismo, con enormes presupuestos asignados mientras se suceden los recortes sociales y presupuestales. En cambio, ahora tienen mucho prestigio, han sembrado otra vez la idea del terrorismo pendiente, etc.

En segundo lugar, Israel. Que según se supo ayer, que a partir del acto terrorista en Boston ellos van a recibir más de 5.000 millones en ayuda militar adicional que facilita una agresión contra Irán.
En tercer lugar, tenemos el hecho de que en el último período hemos encontrado varios incidentes donde musulmanes cayeron en trampas de provocadores que incitaron a acciones violentas para justificar la captura y procesamiento judicial, mostrando que el terrorismo existe como un factor en la política norteamericana.

Otro asunto a tener en cuenta es que en este momento sigue avanzando en Washington el debate sobre los recortes sociales pero con menos atención. O sea, esto es una gran distracción para el pueblo que está contra los recortes sociales, se desvía la atención de la gente hacia el problema del terrorismo, mientras el Congreso y la Casa Blanca están avanzando en los recortes sociales.

Entonces, sirve para fortalecer la posición política y económica de aparato de Seguridad, fortalece la militarización, armas más avanzadas para Israel para atacar Irán y también debilita la oposición contra los recortes sociales.
Por estas razones uno tiene que preguntarse: ¿por qué el gobierno no quiere  permitir un abogado presente durante el interrogatorio del acusado en el hospital? Porque quieren negar todas las garantías constitucionales y protecciones de la Ley y simplemente quedar con un interrogatorio controlado por la Policía, sin ninguna observación de los derechos del acusado.

Por esta razón mucha gente está cuestionando estos procedimientos.

¿Por qué no investigamos la influencia que tiene la Policía Federal en los meses, días y semanas antes de este acto?

¿Y cómo estas dos personas pueden hacer un acto sin disfraces bajo las cámaras que están en todos lados, sin ninguna precaución?
Obviamente cayendo en una trampa de cámaras y policía.

O eran muy ignorantes, incapaces de entender el contexto de su acto, o bien alguien plantó la idea y ellos lo llevan a cabo, pero por intereses fuera de sus ideologías, más como una manera de consolidar un poder policial en Estados Unidos.

Por lo menos hay muchas preguntas y todavía no hemos recibido ninguna respuesta.

EChI: ¿Y qué pasa con esos sobres que han llegado con veneno a varios personajes? El tema es que todos han sobrevivido al recibimiento de esos sobres. ¿Qué es eso concretamente?

JP: Bueno, en este caso parece que pescaron a un ultraderechista que estaba a favor de las armas más pesadas sin controles y lanzó estas cartas de amenazas con veneno. Eso ha pasado en diferentes ocasiones.

En este momento no hay nada más que un individuo involucrado. Pero hay muchos ultraderechistas en este país, cada día hay algún tiroteo, hay grupos armados de la derecha que tienen mucho poder para proteger sus propias milicias y el uso de armas en cualquier lugar, incluso pueden llevarlas en público, como los vaqueros del siglo pasado.

En otras palabras, es un país peligroso, no sólo por las injusticias sociales y oficiales, sino también por las amenazas que vienen de grupos armados con protección de la Constitución y de los congresistas.

EChI: Bien James Petras, el gusto de haber hablado contigo, que nos hayas aclarado una cantidad de cosas, así que lo único que resta es decirte muchas gracias por todo esto y que nos reencontramos el próximo lunes.

JP: Muy bien, gracias por la invitación y espero continuar con esto, esclarecer algunas cuestiones sobre lo que pasó en Boston en el último período. Porque más allá de Boston, están en juego todos los derechos democráticos frente a esta ofensiva de las fuerzas represivas.
Gracias.
Un saludo a la audiencia.


(*) Escuche en vivo los lunes a las 11:30 horas (hora local) la audición de James Petras por CX36, Radio Centenario desde Montevideo (Uruguay) para todo el mundo a través de www.radio36.com.uy