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lunes, 4 de marzo de 2013

Las técnicas de la insurrección cafetera





Por Horacio Duque


No para la insurrección cafetera. El paro cívico nacional de los pequeños y medianos campesinos de la caficultura es como una bola de nieve que crece todos los días y contagia otros colectivos populares, como los camioneros que reciben un golpe del Ministro de Minas y Energía, con un nuevo reajuste de los precios de la gasolina.

Impensable lo que esta ocurriendo. Tanto pontificar sobre paros cívicos, huelgas políticas y movilizaciones para desmontar el poder oligárquico centenario y el neoliberalismo depredador, para concretar la revolución y el socialismo y la liebre salta por donde menos se espera.

Los campesinos ligados a la producción cafetera, pequeños y medianos caficultores, los trabajadores y trabajadoras escogedores de cafe y ejecutores de las otras labores de la caficultura, han protagonizado un levantamiento espectacular contra el neoliberalismo encarnado en los TLC que los gobiernos van firmando sin importar las consecuencias sociales de los mismos. Es lo que ha hecho el señor Santos en sus meses de gobierno y lo que hizo su patrocinador, el Señor Uribe, durante ocho años, protagonista ahora de una voltereta oportunista para despejar sus ambiciones electoreras y la de sus flamantes y cínicos precandidatos presidenciales. 

La insurrección de miles de campesinos nos da lecciones en las formas de lucha contra los poderes plutocráticos. Hay que hacer el aprendizaje y replicarlas por el resto de las luchas populares.

Bloqueos de carreteras, acciones masivas contra el ESMAD, denuncias de la violencia policial, pliegos adecuados, voceros documentados, son modalidades de acción que demuestran su alta efectividad para doblegar la soberbia del poder oligarquico que representa el señor Santos y sus mediocres ministros, que hace rato debieron renunciar a sus cargos. 

El paro cívico cafetero es de tal potencia que ya tiene por el suelo la anacrónica institucionalidad de la Federación Nacional de Cafeteros y sus Comités locales, nido del burocratismo y la corrupción.

El poder constituyente de los caficultores desbordo el poder constituido de los reyes conservadores de la caficultura y exige una Constituyente cafetera, ¡Ya!.

La revuelta antineoliberal colombiana en curso que simbolizan los valientes luchadores del Huila (Gigante, Garzon y Paicol), no va a parar. Se va a generalizar y sus técnicas hay que utilizarlas en otros escenarios de rebeldía revolucionaria que se gestan con los usuarios de la salud, con los algodoneros de Córdoba, los maiceros de Cerete, los arroceros del Tolima, los paneleros de Villeta, los lecheros del Meta y el Cesar, los cacaoteros de San Vicente de Chucuri, los cocaleros del Guaviare, los trigueros de Sandoná, los paperos de Boyacá los vendedores ambulantes de Bucaramanga, Cucuta y Medellin, los movimientos cívicos contra la corrupción en Bogota, los indignados de Cartagena y Magangue, los campesinos del Putumayo, los indigenas del Cauca, los camioneros, los universitarios, las madres comunitarias, las víctimas defraudadas por las reparaciones clientelistas y las restituciones de farsa, y los desempleados.

El común denominador de estas luchas es su ataque al neoliberalismo y al poder político que lo implantó y promueve con nuevas modalidades.

Tenemos entre nosotros el “sujeto político” antineoliberal que ha cuajado después de prolongadas luchas organizadas y lideradas por las diversas expresiones de la izquierda consciente y consecuente. Es preciso asumir cabalmente esta realidad para alcanzar nuevos niveles de la lucha del pueblo contra la hegemonía oligárquica en crisis. Es lo que nos indica, por lo demás, la mezquindad de aquellos politiqueros y politiqueras que, pescando en río revuelto, ya están organizando la rapiña de las listas electorales que deben, supuestamente, oficializarse a la vuelta de 14 meses. Pero así es y hay que desenmascararlos, porque el daño que ocasionan es tremendo.


@PazXXI

jueves, 28 de febrero de 2013

La insurrección cafetera en Colombia




Por Horacio Duque

Es de tales proporciones la crisis de la pequeña y mediana agricultura (maiceros, algodoneros, lecheros, cacaoteros, arroceros, trigueros, paneleros, plataneros y cafeteros) ocasionada por la implementación de los Tratados de Libre Comercio y la vigencia, por más de quince años, del modelo neoliberal y su credo mercantil, que produjo la insurrección protagonizada por los campesinos caficultores.

El levantamiento, con bloqueo de carreteras, manifestaciones y confrontación directas con el ESMAD policial asesino, tiene las dimensiones de una insurrección multitudinaria contra el Estado y la institucionalidad del sector que representa la Federación Nacional de Cafeteros y sus Comités Departamentales.

Lo que estamos presenciando en Mondomo, Pescador y Piendamó, en el Cauca; en Garzón, Pitalito y Gigante, en el Huila; en Chinchina, Supia y Riosucio, en Caldas; en Bolombolo, Antioquia; en Ibague y Cajamarca, en el Tolima; en Calarcá y Armenia, en el Quindío; en Nariño; en Santander; en el Magdalena; y en el Cesar, es una rebelión generalizada contra el estado de cosas existente y contra el régimen oligarquico y proimperialista que impera en el Estado nacional.

Esta explosiva y potente movilización tiene las características de la insurrección de los Comuneros y artesanos del Socorro en 1789; se parece a las recientes manifestaciones de los indígenas en el Cauca que dieron pie al desalojo de los militares en Toribio; a la prolongada y heroica resistencia campesina revolucionaria, que desde 1964 lidera, con las armas en la mano, las Farc/EP, contra la dominación feudal e imperial.

Los campesinos se cansaron de los pliegos respetuosos, de las marchas pasivas, de los desfiles que mas parecen un entierro, de las manifestaciones con conciertos musicales y obras de teatro que no conducen a nada y de los derechos de peticiones que son objeto de desprecio por los jueces.

Los campesinos se cansaron de las burlas de una burocracia repugnante y de los politiqueros clientelistas, punta de lanza de la corrupción, compradores de votos. 

Se les agotó la paciencia con el Ministro de Agricultura, un reaccionario que ha parasitado por años en la Federación de Cafeteros ocupando todos los altos cargos, nacionales e internacionales. Ya no quieren más a la Federación Nacional de Cafeteros ni a Genaro Muñoz, su Gerente perfumado, ni sus otros tecnocratas neoliberales, insensibles frente a la situación de los caficultores pobres.

La insurrección de los cafeteros se va a generalizar y es preciso que llegue hasta sus ultimas consecuencias en las demandas y pliegos puntuales, que deben incluir la Constituyente Cafetera a la que no se debe renunciar y en la que es preciso intervenir, desde su diseño, la fecha de realización y temas a decidir.

Grandes lecciones nos están dando los miles de cafeteros que hemos visto dando la pelea sin tregua contra las maquinas violentas del Estado y el gobierno del señor Santos,achicharronado por su mediocridad.