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lunes, 22 de abril de 2013

La Marcha por la Paz nos mostró el camino de la reconciliación




  Por Matías Aldecoa*

"Nosotros somos revolucionarios que luchamos por un cambio de régimen. Pero queríamos y luchábamos por ese cambio usando la vía menos dolorosa para nuestro pueblo: la vía pacífica, la vía democrática de masas. Esa vía nos fue cerrada violentamente con el pretexto fascista oficial de combatir supuestas ¨Repúblicas Independientes¨…"

Programa Agrario de los Guerrilleros de las FARC-EP

(Julio 20 de 1964)

La Movilización por la Paz, la Democracia y la Defensa de lo Público realizada el último 9 de abril rebasó las expectativas tanto en lo nacional como en lo internacional, constituyendo un logro importante de las fuerzas convocantes y el aislamiento de los sectores que se oponen a la paz por convicción o por intereses creados.

Más allá de lo masiva, que lo fue (el secretario privado del Distrito Capital estima que en Bogotá y otras localidades del Distrito se movilizaron en total 1´150.000 personas), lo más importante que la caracterizó y la hace única en los últimos 65 años, es que de su convocatoria hicieron parte -además de otros movimientos y partidos políticos-, los dos adversarios que sostienen una guerra a muerte desde 1948: el Estado representado por el actual gobierno, heredero oligárquico de los Gómez, Ospina, López, Lleras y Turbay; y las FARC-EP quien encarna desde hace 49 años el acumulado, la rebeldía y el levantamiento popular originado con la muerte del gran líder liberal asesinado el 9 de abril de 1948: Jorge Eliécer Gaitán.

De lo anterior podemos inferir, si tomamos en consideración otros aspectos, que es probable que hayamos empezado a andar el camino de la reconciliación. Es muestra de que se ha construido confianza en la mesa de conversaciones en La Habana entre el gobierno nacional y el secretariado de las FARC-EP.

El hecho que el presidente Santos coloque en el centro de la política nacional de su gobierno el tema de los diálogos, señala su decisión de apostar su capital político a la paz. Ello obviamente no nos da la certeza de que está dispuesto a jugársela por una paz democrática y con justicia social. Pero sí implica enfrentar al sector guerrerista del país que se ingenia argucias para obstruir la búsqueda de una solución política al conflicto colombiano.

En cuanto a las FARC-EP, ha dado muestras sinceras de voluntad de llegar a un acuerdo que ponga fin al conflicto en los últimos años: liberación de los prisioneros políticos y de guerra que se encontraban en su poder; renuncia al secuestro con fines económicos; tregua unilateral de dos meses; y recientemente, el fortalecimiento de la comisión de paz con un nuevo miembro del secretariado más otros tres destacados comandantes.

Sin duda la llegada de Pablo Catatumbo (quien además de miembro del secretariado del EMC es el jefe nacional del Movimiento Bolivariano) y la carta de Joaquín Gómez aclarando su subordinación a las decisiones del Secretariado, indican que las FARC-EP están cohesionadas en torno a los diálogos. Esto ayudará a superar eventuales escollos de la negociación, aportando elementos de análisis que enriquezcan la discusión tanto al interior de la delegación fariana como frente al equipo gubernamental.

Uno de esos escollos consiste en que, aún sin ser firmados y aprobados acuerdos relacionados con el primer punto de discusión, ya están asesinando a quienes reclaman tierras usurpadas por narcotraficantes y terratenientes, y a dirigentes agrarios que defienden la creación de Zonas de Reserva Campesina (ZRC).

En entrevista reciente el ex presidente Belisario Betancur decía que él sí cree que hay voluntad de Gobierno y FARC para llegar a un acuerdo que ponga fin al conflicto porque hay fatiga de guerra. Esto significa –según el ex presidente- que tanto las FARC-EP como las Fuerzas Armadas y la sociedad colombiana, han pagado un costo elevado y están cansados de la guerra. Ninguno de los dos adversarios militares ha alcanzado un triunfo sobre el contendor ni se vislumbra en el horizonte cercano la posibilidad de una victoria militar. Y en el caso del resto de la sociedad, 49 años de enterrar a sus muertos, ver caer a sus hijos e hijas, perder a hermanos, hermanas, padres, ver encarcelados a parientes, sufrir el destierro y la expoliación, son más que suficientes para querer construir un futuro en condiciones de tranquilidad y democracia.

Pero aparte de si BB tiene razón o no en su lectura política, las FARC-EP desde su nacimiento expresaron su disposición de cesar la guerra en caso de superarse la catadura antidemocrática y excluyente del régimen; cuando la oposición pueda hacer política en igualdad de condiciones, sin temor a ser exterminada; cuando las clases dominantes abandonen la mezquindad y renuncien a la criminalidad como forma de hacer política para cuidar sus privilegios y sostenerse en el poder.

De resultar cierta la hipótesis del ex presidente Betancur, en el sentido que la burguesía se haya convencido que le es más costoso seguir apostando a la guerra para eliminar a sus adversarios políticos, que disponerse a hacer reformas sociales que democraticen el país, pongan fin al conflicto y abran camino a la paz, la mesa de diálogo estaría soportada en suelo firme.

No obstante los atisbos de solución política de la actual coyuntura, aún subsisten corrientes populares que se oponen al proceso de diálogos, quienes acudieron a distintos argumentos para no marchar el pasado 9 de abril. Todavía no vislumbran las posibilidades de cambios democráticos que se abren para un futuro próximo, de concretarse un acuerdo entre la insurgencia de las FARC-EP y el gobierno nacional. Posibilidades que se convertirán en realidad solo si se organiza en un torrente único, la inmensa mayoría de la nación.

Se trata de aislar a quienes por convicción, interés creado o mezquindad sectaria se ponen del lado de la guerra. Estamos en un momento crucial de nuestra historia, y así lo deben entender estos importantes sectores que aún no optan por apoyar con decisión el proceso de diálogo en La Habana.

Es claro que en el esfuerzo por mantener la coherencia discursiva de la última década, a algunos les cuesta reconocer que la insurgencia colombiana juega un papel importante en la lucha popular por las transformaciones democráticas y revolucionarias de nuestro país. Por encima de ello, lo que deben entender el PDA, las centrales obreras, la minga indígena, etc., es que ellos también tienen un rol que jugar sumándose al movimiento nacional por la paz. Deben llegar a poner su grano de arena a la construcción de un nuevo país.

La paz es del pueblo y su logro demanda la unidad más completa del Movimiento popular. La coyuntura política nos convoca. Es la oportunidad para avanzar en la realización de importantes cambios. Debemos estar a la altura del momento histórico.

20 Abril 2013

* Coordinador del movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia en el Suroccidente del país.


viernes, 19 de abril de 2013

Mientras usted nos invita a creer en la paz dan órdenes de asesinarnos!


panfleto de amenazas contra
el campo popular


por Luis García

Viernes, 19 de Abril de 2013

Carta abierta al presidente Santos de dirigentes sindicales colombianos amenazados de muerte. No cabe la menor duda de la vocación asesina del empresariado colombiano. Se impone la más amplia solidaridad internacional para frenar su accionar.

Cartagena, 16 de abril de 2013

Doctor Juan Manuel Santos
¡Mientras usted nos invita a creer en la paz dan órdenes de asesinarnos!

Señor Presidente,
Bajo el lema “Mi aporte es creer” usted desfiló el pasado 9 de abril llamando a los colombianos a confiar en el proceso de negociaciones de paz que su gobierno desarrolla con las FARC en La Habana, Cuba. ¡Quisiéramos creer, pero por ahora no podemos!

Somos dirigentes sindicales que, en el marco de la Constitución y la ley vigente, luchamos cotidianamente por la defensa de los intereses de millares de trabajadores. No hemos sido ni somos parte del enfrentamiento armado; igual que millones de colombianos sufrimos sus consecuencias.

Con la falsa acusación de ser agentes o miembros de organizaciones guerrilleras, durante las últimas décadas los empresarios, los grandes medios de comunicación a su servicio, y diversos agentes estatales han estigmatizado nuestra actividad. La culminación exitosa de un acuerdo negociado entre su gobierno y las organizaciones alzadas en armas mostraría la absoluta falsedad del argumento bajo el cual han asesinado a varios miles de dirigentes sindicales y dejaría al descubierto que el método de la amenaza y el asesinato de los dirigentes de las luchas obreras y populares trasciende los marcos de dicho enfrentamiento armado. Es un método consustancial a los feroces niveles de sobre-explotación del empresariado colombiano, incorporado como parte del propio régimen político por todos los gobiernos anteriores.

Por ahora, entonces, no podemos creer; porque mientras transcurren las negociaciones en La Habana y usted llama a que “creamos”, cotidianamente nos llegan nuevas amenazas e intentos de atentar contra nuestras vidas.

El mismo 9 de abril, Día Nacional de las Victimas, y mientras miles de personas, incluidos los dirigentes sindicales de Sinaltrainal, usted mismo, y muchos de sus funcionarios marchaban por la paz, fue asesinado el dirigente campesino, presidente de la Mesa Municipal de Desplazados, Elber Antonio Cordero, en Valencia Córdoba, el 5 de abril llegó a la sede sindical de Sinaltrainal Cartagena el amenazante panfleto que adjuntamos.

Por su contenido, no queda la menor duda de que está inspirado y orientado directamente por sectores del empresariado, como mínimo, de nuestra ciudad. Pasando de las amenazas a los hechos, en la madrugada del 13 de abril, 5 hombres armados, tal como ya conocen las autoridades, intentaron asaltar, en Cartagena, la casa de nuestro compañero Wilson Castro para atentar contra él y su familia, tratando de hacer efectiva la amenaza de muerte del 5 de abril que incluye al compañero Edwin Molina, ambos dirigentes sindicales y trabajadores de Coca Cola. Igualmente, el día 15 de abril en casa del compañero Jairo del Río Caro, fue dejado un panfleto amenazante escrito con letras recortadas de papel revista, donde se le dan 24 horas para salir de la ciudad so pena de muerte.

¿Cuántos nuevos asesinatos de dirigentes sindicales más serán necesarios para que un gobierno como el que usted preside adopte medidas reales y efectivas para contener el accionar de los grupos que, inspirados por el empresariado, tratan de impedir que ejerzamos nuestros legítimos derechos de organización sindical, defensa de nuestros pliegos de peticiones y defensa de los intereses de los trabajadores?

La defensa de nuestra vida no puede continuar dependiendo de un esquema rutinario de escoltas y permanentes denuncias ante la Fiscalía, sin ningún resultado efectivo en las investigaciones, sin ubicar a los verdaderos responsables de dar las órdenes de amenazarnos y asesinarnos. Demandamos de su gobierno medidas inmediatas, radicales y efectivas para contener a los asesinos y para obligar a los empresarios a adoptar cualquier clase de medida necesaria para garantizar la defensa de nuestras vidas, que es, a la vez, el respeto a los derechos de organización y actividad sindical en el país.

Para discutir directamente con usted, señor Presidente, las medidas y acciones inmediatas que deberán adoptarse le solicitamos públicamente una entrevista con una delegación de los abajo firmantes.
Enviaremos copia de la presente carta a la OIT, a los organismos de derechos humanos, organizaciones sindicales y políticas de los demás países.

Atentamente,

Fredis Marrugo - Ustrial

Coordinadora Sindical de Solidaridad de Cartagena

lunes, 15 de abril de 2013

[Cambio Total Revista] La gran manifestación

Alfredo Molano Bravo



Por: Alfredo Molano Bravo.

Conservo aún el eco de la manifestación del martes.

Miles —quizás un millón— de ciudadanos salimos a defender la paz, que es lo mismo que gritar contra la guerra. Yo caminé con mi nieta desde la 26 a la Plaza de Bolívar, a la que llegó otro río de pueblo que caminaba desde el sur. ¡Formidable! La plaza de Bolívar se llenaba por la carrera séptima y se vaciaba por las calles 10 y 11. Una manifestación firme pero alegre. Gente del pueblo, pacífica, campesina, negra, blanca, indígena, obrera, toda, de alguna manera, víctima de la guerra; una guerra hecha para mantener el statu quo, es decir, los privilegios, la exclusión, la impunidad, la corrupción. La marcha del pasado 9 de abril comenzó el 7 de febrero de 1948 con la Oración por la Paz de Gaitán, que pide lo mismo: “paz y piedad para la patria”. 

Fue una manifestación de convergencia que sacó a la calle desde el presidente hasta el colono del Guaviare, desde el fiscal hasta la empleada de servicio que vive en Soacha y trabaja en Rosales. Papel muy destacado desempeñó Canal Capital al informar con imparcialidad e imaginación el desarrollo del evento. Faltaron los que hacen la guerra, los que de ella se benefician y están dispuestos a impedir —a cualquier costo— que las conversaciones en La Habana terminen en un acuerdo definitivo. No son muchos, pero son fuertes. Uribe le mostró al país que un sector de militares le tiene tanta confianza, que le entrega información confidencial. 

¿Divulgar secretos de Estado no es un delito? Uribe y el uribismo tienen ascendencia sobre un sector de las Fuerzas Armadas y, por tanto, también sobre el paramilitarismo, que está vivito y “colaborando” con renovados bríos —como diría Fernando Londoño— por el antiguo Caldas, por Antioquia, por la Costa Atlántica. El uribismo busca despertar el viejo litigio entre federalismo y centralismo que cocinó con sangre y pólvora todo el siglo XIX. En Medellín y Valledupar, en Amalfi y en Chibolo se habla del “gobierno de Bogotá y de la legítima defensa de la provincia”. Un lenguaje conocido. La criatura está moviendo la cabeza y las extremidades y me parece que el escenario del choque va a ser de nuevo —¡quién lo creyera!— la tierra. El gobierno de Santos ha jugado la carta de las víctimas y poco a poco se muestra más decidido a devolver a sus dueños legítimos la tierra usurpada, pero, ahí, en Córdoba, en Urabá, en Cesar, tierras ubérrimas, están los ejércitos antirrestitución asesinando campesinos. En esas regiones donde el uribismo tiene tanta fuerza, también la tienen los Urabeños y los Rastrojos, que nunca dejaron las armas ni sus vínculos con las manzanas podridas y con el narcotráfico. El paramilitarismo es un monstruoso entable económico y electoral. 

El procurador nada ha dicho sobre la impunidad que ha protegido a los paramilitares, que los reproduce y envalentona; pero en cambio, impugna la ley marco de paz, que pese al esperpento del fuero militar, alienta una salida a la encrucijada, como lo ha defendido el fiscal. No me cabe duda de que oponiéndose a la paz, al aborto, al matrimonio gay, a la despenalización de las drogas, Ordóñez está en campaña política y terminará como candidato del uribismo a la Presidencia si la Corte Constitucional considera exequible el acto legislativo y monseñor renuncia a la Procuraduría. 

¿Quién más tiene posibilidad de enfrentar a Santos? ¿Su zafado primo hermano? ¿El vanidoso y oscilante Holmes Trujillo? ¿El mando de los grandes ganaderos? Se avecina una campaña electoral polarizada en extremo. El hecho de que el Gobierno haya desfilado, de que las Farc hayan apoyado la marcha, de que la mayoría de las tendencias políticas se hayan hecho presentes —pese al infortunado marginamiento del Polo, que parece seguir preso del conflicto chino-soviético— abre una ventana sobre el porvenir que no nos dejaremos birlar de nuevo.

La marcha del 9 de abril..."pelando la cebolla"





 Por Mauricio Archila*

Lectura histórica y fina de una marcha donde se dieron cita el legado de Gaitán, la variopinta coalición por la paz, las víctimas de la guerra, el ingreso eventual de las FARC a la política y los intereses particulares de los convocantes.

Marcha con muchos colores

Mauricio Archila


La multitudinaria movilización del pasado 9 de abril representa una amplia convergencia entre movimientos y organizaciones sociales, grupos políticos, funcionarios públicos y personalidades destacadas de la vida nacional.

 Aunque se haya hecho publicidad a la participación del gobierno nacional — más bien tímida y tempranera, por demás — o a la más entusiasta de la Alcaldía Distrital, la marcha del 9 de abril no fue una manifestación de respaldo a Santos ni menos a su reelección, o de apoyo a Petro, pero tampoco fue contra ellos: la consignas convocantes fueron la paz, los derechos de las víctimas y la defensa de lo público.

 Si bien por las calles de Bogotá desfilaron defensores de derechos humanos, grupos de víctimas, sindicatos, asociaciones campesinas, comunidades indígenas y negras, estudiantes, funcionarios públicos — entre ellos el Fiscal —, grupos de gays y lesbianas, animalistas, y se vio una que otra bandera del M19 o de Progresistas, del Partido Conservador o del MIRA, y también alguna figura liberal rodeada de guardaespaldas, el tono dominante lo dieron los integrantes de Marcha Patriótica y, en forma menos visible, otros movimientos sociopolíticos como el Congreso de los Pueblos.

 Esta movilización encierra varios significados con profundidades distintas, que vale la pena desmenuzar. Y nada mejor que usar la metáfora de pelar la cebolla, utilizada por Günter Grass en su autobiografía: cada nivel de significación corresponde a una capa que va recubriendo la cebolla. Propongo comenzar desde el núcleo, para luego salir a las capas más superficiales.


Gaitán, o la unidad popular



Un primer significado gira en torno al simbolismo de la fecha misma: este 9 de abril se cumplían 65 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Ello remite al imaginario gaitanista, que se ha tratado de revivir insistentemente para legitimar proyectos de izquierda, liberales, populistas y hasta de derecha.

 Así, hemos visto cómo desde sectores liberales como el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) hasta el populismo de la Alianza Nacional Popular (ANAPO) — pasando por la insurgencia y por otros movimientos como el Frente Unido de Camilo Torres — ha habido intentos de reapropiarse de la imagen y del legado de Gaitán.

 No sobra recordar que en las primeras jornadas electorales donde participó el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), sus activistas llenaron las paredes de las ciudades con la consigna “¡A la carga!”. Y no ha faltado el intento de asociar a Álvaro Uribe con Gaitán, dizque por los rasgos “populistas” comunes. Salvo este último — que se cae de su peso por grotesco — de los otros intentos de reapropiación de su legado se rescata el llamado a la unidad del movimiento popular.

 Y eso se vio el pasado 9 de abril, especialmente desde la convocatoria de Marcha Patriótica, a la cual se sumaron el gobierno nacional y el distrital, además de un sinnúmero de organizaciones sociales y políticas.

Coalición por la paz

El segundo nivel de significación — la siguiente capa de la cebolla — consiste en interpretar la marcha como la expresión de una extraña coalición entre tradiciones políticas de izquierda y de derecha, pocas veces vista en nuestro pasado.

 Si dejamos de lado las muchas coaliciones bipartidistas — que no eran más que acuerdos de caballeros por arriba, sin incorporación del pueblo — y la parcial participación del ospino–pastranismo en el Paro Cívico de 1977, el antecedente más cercano es el Mandato por la Paz.

 En 1997, la coalición promovida por la Red Nacional de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra (REDEPAZ) y País Libre, obtuvo más de diez millones de votos en las elecciones regionales. Un par de años después, en octubre de 1999, esta coalición convocó a una multitudinaria marcha bajo la consigna del “¡No Más!”.

Los frustrados diálogos de paz en El Caguán dieron al traste con esta convergencia de izquierdas y derechas, y cada cual volvió a sus trincheras ideológicas. Esto se puso en evidencia en 2008, cuando hubo dos marchas que demostraron la polarización de la sociedad en torno a la paz y la guerra:

 El 4 de febrero se dio una movilización masiva contra las FARC, con múltiples puntos de encuentro, aunque el grueso de los manifestantes en Bogotá llegó a la Plaza de Bolívar.

 Un mes después, el 6 de marzo, se presentó otra marcha, menos nutrida pero más cohesionada, contra los paramilitares. Aunque hubo gente que participó en ambas, era evidente la polarización, propiciada desde altas esferas gubernamentales.

 No falta quien señale el aparente giro político que se dio en estos cinco años. Pero es solo una apariencia, porque los motivos no son intercambiables: las movilizaciones de 2008 eran contra las FARC o contra los paramilitares, pero no necesariamente a favor de la guerra.

 La del pasado martes era por la paz y no a favor de las FARC. Pero más allá de esta asimetría, lo que ha cambiado es el contexto institucional y político donde nos movemos, pues algo va del gobierno de Uribe al gobierno de Santos.

Las víctimas se hacen visibles



Un tercer significado de la marcha se enmarca en la trayectoria reciente de las protestas en Colombia. Como señala la Base de Datos de Luchas Sociales del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), desde los años 90 hay una visibilidad creciente de las víctimas del conflicto armado: entre 1975 y 2012, sus protestas representaron el 4 por ciento del total nacional.

 Se destacan especialmente los grupos de mujeres como ASFAMIPAZ — Asociación Colombiana de Familiares de Miembros de la Fuerza Pública retenidos y liberados por grupos guerrilleros — y Madres de La Candelaria.

 A la histórica presencia de ASFADES — Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos — se suma en 2000 el MOVICE — Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado — y en 2005 el Movimiento Hijos e Hijas por la Memoria y contra la Impunidad, todos ellos convocantes de la marcha.

 Pues bien, las víctimas han librado durante todos estos años una importante lucha por hacerse visibles: el año pasado lograron que se aprobara una ley que, entre otras cosas, designó el 9 de abril como su día conmemorativo. Este 2013 era el primer año en que se conmemoraba. Tristemente ese día fue asesinado su vocero en Córdoba, Éver Cordero.

Convergencia política en torno a la paz

Un cuarto nivel de significación — otra capa más de la cebolla — es la coyuntura actual de un proceso de paz entre las FARC y el gobierno, por ahora, aunque pronto se sumará el ELN. Aquí es justo reconocer que ha habido un cambio institucional: del gobierno anterior -que le mostraba los dientes a la insurgencia mientras le tendía la mano a los paramilitares - al gobierno actual, que de entrada reconoció el conflicto armado y entabló negociaciones con las FARC, sin bajar la guardia en su despliegue militar. Y esa misma voluntad de cambio también hay que reconocérsela a la insurgencia que, si bien ha sido golpeada en su aparato militar, se encuentra lejos de haber sido derrotada.

 Con la marcha del 9 de abril se refrenda el retorno de la paz a la política. Dejó de ser el deseo aislado de unos cuantos políticos, curas, artistas, defensores de derechos humanos y voceros de las víctimas para tomarse las plazas públicas.

 La paz fue el catalizador de la gran coalición entre la izquierda y la centroderecha del pasado 9 de abril, que durará si los diálogos de paz fructifican. Y el apoyo de la jerarquía católica y de muchos pastores de otras congregaciones religiosas fue muy importante para legitimar esta convergencia.

La futura participación política de las FARC

Pero más allá del contexto general de los diálogos de paz, hay otra capa significativa que se superpone: la propia agenda de discusión en La Habana. La sociedad se ha ido enterando a cuentagotas de los avances de la negociación. Y si bien aún no hay humo blanco en ninguno de los puntos de discusión, se dice que se ha avanzado en todos y especialmente en el más difícil: el problema agrario.

 La pasada movilización fue un impulso definitivo para otro de los puntos que cubre la futura participación política de la insurgencia y la necesidad más inmediata de refrendar dichos acuerdos con algún tipo de consulta popular.

 Digámoslo claramente: el fenómeno del martes pasado puede ser interpretado como un ensayo de esa participación. Este ensayo, a mi juicio, resultó exitoso. En eso dieron en el clavo los convocantes y a todos les va a dar réditos.

Intereses particulares

En la última capa de significados están las motivaciones particulares, por no decir personales, de los convocantes. Aunque aparentemente no son tan nobles como las anteriores, y por ello tal vez no fueron las principales razones que explican la gran movilización, no se pueden desconocer:

 Se trata de la reelección de Santos, a la que sin duda le apostará si sale bien del proceso de paz.

 También está el afán de Petro por legitimar los pasos necesarios, pero torpes, para garantizar la prestación de los servicios públicos y un hábitat digno en la capital.

 Marcha Patriótica quería mostrar su capacidad de movilización y algo similar pretendían otras organizaciones convocantes. Por su parte, a las FARC — que no fue un convocante abierto — les convenía que mucha gente saliera a las calles.

 Así todos aportaron su cuota de particularismo legitimado bajo el discurso del bien común. A esos intereses particulares, no necesariamente mezquinos, la opinión pública no les hizo mucho caso.

La capa podrida

Por esto resulta tan miope — por decir lo menos — haberse negado a apoyar la marcha con el argumento de que era a favor de la reelección de Santos o de mero respaldo a Petro o que era en apoyo a las FARC. Razonar así es negarse a ver todas las capas de significados que sugerí más arriba, arriba y pensar que la gente es estúpida cuando sale a hacer política en las calles.

 Es bueno aclarar que entre quienes usaron estos retorcidos argumentos se encuentran algunos miembros de la cúpula del Polo Democrático Alternativo, aunque me resisto a creer que la razón de esta negativa radique en viejas pugnas que ya pensábamos superadas, entre el MOIR, el Partido Comunista y la CGT (Confederación General del Trabajo). Aquí también hay motivo de suspicacia, pues se sabe de la cercanía entre el vicepresidente Angelino Garzón y esta central sindical.

 Por fortuna las bases no les hicieron caso y salieron a las calles a marchar a favor de la paz. Y con ello, estos personajes terminaron aliándose con la otra orilla del espectro político: el uribismo y sus allegados como el Procurador.

 La extrema derecha podría considerarse como la capa podrida de la cebolla, pero esto no sería justo con la cebolla. En efecto, estas voces quedaron aisladas en sus trinos contra la paz y a favor de la guerra.

 Aun Andrés Pastrana, que se había sumado a este tren de la muerte en las últimas semanas, se bajó apresuradamente de él sin cejar en su terquedad, al sostener que tenía razón al dar voces de alerta sobre el proceso de paz en La Habana.

Ahora si hay un mandato por la paz

Pero en honor de la verdad, la marcha del 9 de abril mostró gran madurez política: no solo porque no hubo enfrentamientos con la fuerza pública y los comerciantes pudieron dejar abiertos sus establecimientos, sino porque las consignas no fueron contra ninguna ave de mal agüero, sino a favor de la paz.


 En síntesis, las marchas del pasado 9 de abril encerraban — siguiendo la metáfora de Grass — distintos significados como capas de cebolla: en el núcleo, el legado gaitanista de unidad popular; en seguida, las grandes convergencias políticas ante coyunturas críticas; más afuera, el derecho de las víctimas; luego, los temas ligados con la agenda de paz en La Habana, y en la superficie, los intereses particulares de los convocantes. Hay capas más nobles que otras, y por lo común la gente prestó poca atención a los particularismos.

 Como tituló El Espectador al día siguiente: a partir de esta marcha, ahora sí hay un “mandato por la paz”. Seguramente, Gaitán descansaría más tranquilamente sabiendo que su legado de paz y justicia social ha sido retomado por la vía que soñó. 

* Historiador, profesor titular de la Universidad Nacional, Investigador de CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular/ Programa por la Paz).

miércoles, 10 de abril de 2013

Para Lula la paz en Colombia será la victoria para Latinoamérica





Por Telesur

Expresidente brasileño, Lula da Silva, que la paz en Colombia es la victoria para Latinoamérica (Foto: Archivo)

El expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, envió este martes a Bogotá un video en el que expresa su optimismo por los diálogos de paz que se adelante en La Habana, a propósito de la marcha por la paz que se efectuó en la capital colombiana en la que participó Juan Manuel Santos.

El expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, expresó este martes que un acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) sería una victoria no solo para la nación latinoamericana sino para la región completa. El exmandatario hizo estas declaraciones en el marco de la marcha por la paz que se realizó en Bogotá, capital colombiana.

“La victoria de Colombia en la batalla de la paz será no sólo de ustedes, sino de todos en América Latina”, manifestó el político brasileño a través de un video, difundido por el Instituto Lula.

El expresidente fue invitado a la marcha por la Alcaldía de Bogotá y otras organizaciones sociales; sin embargo Lula envío el video debido a que no pudo asistir a la concentración.

“Colombia, por lo que representa en América Latina, por todo lo que su pueblo tiene de extraordinario, merece la oportunidad de tener en el siglo XXI la paz que no tuvo en la segunda mitad del siglo XX”, siguió el exmandatario.
Lula da Silva, indicó además que “la más poderosa arma en favor de la paz es el diálogo”.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, acompañado de miles de ciudadanos se concentraron en siete puntos de Bogotá en una marcha que se realizó por la paz y en apoyo a las víctimas del conflicto armado que se vive el país.

El conflicto que se vive en Colombia en el que participan las FARC, grupos irregulares de derecha y organizaciones del narcotráfico ha cobrado la vida de una 600 mil personas y ha dejado más de 3,7 millones de desplazados, así como también 15 mil desaparecidos.

Desde el pasado mes de noviembre el Gobierno colombiano adelanta con las FARC en La Habana unos diálogos de paz y se espera que pronto las autoridades de este país comiencen negociaciones también con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Paz, alerta que camina el poder constituyente




Horacio Duque.

Las multitudinarias expresiones del pueblo colombiano en apoyo a la paz, realizadas el 9 de abril instalaron definitivamente el Poder constituyente como fuerza politica y social que busca la paz mediante la superación de la guerra civil.

Camina el Poder constituyente por todo el territorio colombiano y en todos los ámbitos de la vida social.

El Poder constituyente no aparece espontáneamente  necesita de quien lo impulse, promueva y organice. 

En esas está la Marcha Patriótica y otras organizaciones agrarias y sindicales.

Debe derivar en una Asamblea Constituyente que siente las bases de un nuevo Estado y régimen político democrático.

Los enemigos de la Constituyente elaboran argumentos y sofismas para descalificarla. Quieren que nos crucemos de brazos para ellos instalar sus claves y su poder
-saber-verdad.

La paz necesita de una Asamblea constituyente fundacional e histórica. Es un punto al que llegaremos.

La mejor manera de prepararlo es canalizando el Poder constituyente popular que impugna el poder constituido conservador y contra revolucionario, que quiere acotar la potencia y energía democrática de las masas desplegadas el 9 de abril.

Vamos a organizar y realizar ya las 100 constituyentes por la paz. En veredas, barrios, municipios, capitales y departamentos. Con los sindicatos obreros, los campesinos, las victimas de la violencia, los presos políticos, las juntas comunales, los desplazados, los desempleados, con los soldados, con todo el pueblo lleno de energía y optimismo. Que perdió el miedo y construye la esperanza.

Manos a la obra, compañera Piedad, compañeros de la Marcha Patriotica, del Partido Comunista, del Congreso de los Pueblos, de Fensuagro, de la gloriosa resistencia campesina revolucionaria y de las Zonas de Reserva campesina.

Alerta que camina el poder constituyente de la paz.

Pasto 10 de abril del 2013.

Ministro pavoso pretende enlodar a Piedad Córdoba


Piedad marcha en busca de la Paz



Horacio Duque.
Definitivamente el actual Ministro de Defensa del señor Santos y la cúpula de generales derechistas de su coro estridente, son los infiltrados del señor del Uberrimo, de la estirpe de los tres caines.

El saboteador de ayer en las marchas de millones por la paz era este impotable personaje, cantando como una cotorra cualquier cantidad de sandeces e invenciones contra el proceso de paz para dinamitarlo y destruirlo en su fértil avance.

Ministro pavoso, que es lo que se dice de las personas que siempre cargan mala suerte encima, y que estar con ellas es de mal augurio.

Patético. 

Venir a decir que Piedad Córdoba es un correo de la guerrilla, financiada por el terrorismo, es una infame canallada. Es la misma cantaleta de Uribe Velez, del Procurador y la ultraderecha.

Si alguien ha tenido valor, arrojo y audacia en esta lucha por la paz es la senadora Piedad Córdoba. 

Se la ha jugado el todo por el todo, arriesgando hasta su propia existencia y la de sus seres queridos, en la difícil tarea de superar la guerra civil nacional.

Brilla Piedad con sus virtudes ciudadanas. No le hace sombra el pavoso burócrata engolosinado con su poderío de papel. 

Que no nos vengan con cuentos los politólogos de escritorio y a sueldo a decirnos que es que al hombre lo tiene Santos ahí para que diga lo que dice y los militares se queden contentos. 

Es creer a muchos oficiales unos tontos e idiotas. 

Ya se instalaron las fisuras en las Fuerzas Armadas y pronto tendremos destacados militares expresando otros puntos de vista más serios y modernos sobre la problemática de la violencia y la necesidad de la paz. Son oficiales a los que produce asco esta retórica barata y frívola del señor Pinzón.

Hace bien Piedad Córdoba,  porque conoce del asunto, en denunciar que en los cuarteles hay elementos y grupos con animo golpista. Que no quieren la paz.

Piedad Córdoba no es una ficha militarista, es un sujeto político muy lúcido que sirve de referencia a millones de personas y sus palabras son una "alerta temprana" frente a cualquier contingencia en este complejo proceso que tiene a las Farc dialogando con el gobierno del señor Santos para concretar un tratado que traiga la paz a esta martirizada nación. Advertir que ve nubarrones de golpe entre ciertos militares no es una falsa alarma, es un aviso muy oportuno porque estas pirañas siempre actúan al acecho y cuando menos se piensa dan el zarpaso. Recuerdo a Pinochet.

Gracias compañera Piedad por sus denuncias. Valerosas y oportunas. No se deje intimidar que siempre estaremos contigo donde estés  por encima de cualquier pequeñez o diferencia conceptual que es superable. Aunque sea en la prisión. Lo demás son tonterías de intrigantes de salón que viven pescando oportunidades para ascender. 

Piedad, hay que convocar y abrir el diálogo con los militares honestos, con los profesionales, con aquellos que piensan en una Colombia en Paz. Las cosas están maduras para eso. No le comamos a las amenazas y bravuconadas. Hagamos una carta pública a los soldados, policias, sub oficiales, oficiales, almirantes y demás integrantes de la Fuerza Armada para que dialoguemos abiertamente, para que politicemos los códigos de la paz. Eso va a caer muy bien y es oportuno. Dele por ahí.

Es lo que quiere impedir el Ministro Pinzón,  pero perdió total credibilidad entre la tropa.

A los demócratas y revolucionarios no nos puede callar la arrogancia y la ignorancia de un patán encorbatado.

Pasto, 10 de abril de 2013.


Segunda Oración por a Paz





Por William Ospina

La primera Oración por la Paz fue pronunciada por Jorge Eliécer Gaitán, dirigente del Partido Liberal Colombiano el 7 de febrero de 1948 durante la Marcha del Silencio en Bogotá, contra la persecución y represión desatada por el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez . Esta segunda "Oración por la Paz" escrita por el poeta, novelista y ensayista colombiano, William Ospina, fue leída en la Plaza de Bolívar, en el acto central de la Movilización por la Paz y la Democracia, por la ex senadora Piedad Córdoba, este 9 de abril de 2013.




Hace 65 años se alza desde esta tribuna un clamor por la paz de Colombia.

65 años es el tiempo de una vida humana. Eso quiere decir que toda la vida hemos esperado la paz. Y la paz no ha llegado, y no conocemos su rostro.

Es un pueblo muy paciente un pueblo que espera 65, 70, 100 años por la paz. Cien años de soledad. Un pueblo que trabaja, que confía en Dios, que sueña con un futuro digno y feliz, porque, a pesar de lo que digan los sondeos frívolos, no vive un presente digno y no vive un presente feliz.

Aquí no nos dan realidades, aquí se especializaron en darnos cifras. El pueblo tiene hambre pero las cifras dicen que hay abundancia, el pueblo padece más violencia pero las cifras dicen que todo mejora. El pueblo es desdichado pero las cifras dicen que es feliz.

Ahora comprendemos que un pueblo no puede sentarse a esperar a que llegue la paz, que es necesario sembrar paz para que la paz florezca, que la paz es mucho más que una palabra.

El verdadero nombre de la paz es la dignidad de los ciudadanos, la confianza entre los ciudadanos, el afecto entre los ciudadanos. Y donde hay tanta desigualdad, y tanta discriminación, y tanto desprecio por el pueblo, no puede haber paz. Allí donde no hay empleo difícilmente puede haber paz. Allí donde no hay educación verdadera, respetuosa y generosa, qué difícil que haya paz. Allí donde la salud es un negocio, ¿cómo puede haber paz? Donde se talan sin conciencia los bosques, no puede haber paz, porque los árboles, que todo lo dan y casi nada piden, que nos dan el agua y el aire, son los seres más pacíficos que existen.

Donde los indígenas son acallados, donde son borradas sus culturas, donde es negada su memoria y su grandeza, ¿cómo puede haber paz? Donde los nietos de los esclavos todavía llevan cadenas invisibles, todavía no son vistos como parte sagrada de la nación, ¿a qué podemos llamar paz?

La paz parece una palabra pero en realidad es un mundo. Un mundo de respeto, de generosidad, de oportunidades para todos.

Y hay que saber que lo que rompe primero la paz es el egoísmo.

El egoísmo que se apodera de la tierra de todos para beneficio de unos cuantos, que se apodera de la ley de todos para hacer la riqueza de unos cuantos, que se apodera del futuro de todos para hacer la felicidad de unos cuantos. De ahí nacen las rebeliones violentas, y de ahí nacen los delitos y los crímenes.

Hemos ido aprendiendo a saber qué es la paz… haciendo la suma de lo que nos falta.

La paz es agua potable en todos los pueblos y agua pura en todos los manantiales. No hay paz con los ríos envenenados, con los bosques talados y con los niños enfermos por el agua que beben.

La paz es trabajo digno para tantos brazos que quieren trabajar y a los que sólo se les ofrecen los salarios de sangre de la violencia y del crimen.

La paz son pueblos bellos y ciudades armoniosas, que se parezcan a esta naturaleza. Porque las montañas, los ríos, las llanuras, las selvas y los mares de Colombia son la maravilla del mundo, y no hemos aprendido a habitarlas con respeto, a aprovecharlas con prudencia, a compartirlas con generosidad.

Porque la idea de generosidad que tienen muchos grandes dueños de la tierra tiene un solo nombre: alambre de púas. Esa idea medieval de tener mucha tierra, mientras las muchedumbres se hacinan en barriadas de miseria.

Pero es que la paz verdadera exige no sólo un pueblo respetado y grande y digno sino una dirigencia verdadera. Y no es una gran dirigencia la que se esfuerza veinte años por que le aprueben un Tratado de Libre Comercio, y cuando le aprueban el Tratado la sorprenden con un país sin carreteras y sin puertos, con una agricultura empobrecida, con una industria en crisis, confiando sólo en vender la tierra desnuda con sus metales y sus minerales para que la exploten a su antojo las grandes multinacionales. Ahí no sólo falta generosidad sino inteligencia, ahí faltan grandeza y orgullo.

En cualquier país del mundo un tratado de libre comercio se negocia poniendo como primera prioridad qué necesitan y qué consumen los propios nacionales. ¿Por qué tiene que ser la prioridad poner oro en las mesas de otros antes que poner alimentos en nuestras propias mesas?

Hoy el mundo se ha lanzado a un obsceno carnaval del consumo. Pero esos países que divinizan el consumo, como los Estados Unidos y Europa, por lo menos han tenido la prudencia de garantizarles primero a sus pueblos agua limpia, vivienda digna, educación seria y gratuita, salud para todos, trabajo y salarios decentes, una economía que se esfuerza por ofrecer empleo de calidad, que no llama trabajo como aquí al rebusque desesperado, ni a la mendicidad, ni al tráfico violento de todas las cosas.

Si por lo menos cumpliéramos con brindar a los ciudadanos las prioridades básicas de una vida digna, no sería tan absurdo que nos predicaran ese evangelio loco del consumo, pero aún así tenemos que pensar con responsabilidad en el planeta, para el que ese consumo indiscriminado es una amenaza. Tenemos climas frágiles porque tenemos ecosistemas ricos y preciosos, que producen agua y oxígeno para el mundo entero.

Colombia es un país de tierras bellísimas y de climas benévolos, esto no es Europa ni los Estados Unidos, donde el clima exige millones de cosas, aquí podemos vivir una vida sencilla en un paisaje maravilloso, aquí no habría que refugiarse en ciudades malsanas y estridentes, el país es de verdad La Casa Grande. ¿Qué nos impide esa felicidad? La desigualdad y la violencia. La codicia que pasa por encima de todo.

La naturaleza no es una mera bodega de recursos sino un templo de la vida. Pero una lectura equivocada del país y una manera mezquina de administrarlo han convertido este templo de la vida en una casa de la muerte.

Hace 65 años Gaitán clamaba aquí por la paz. Sus enemigos no sólo lo mataron sino que llevaron al país a una guerra, a una violencia que acabó con 300.000 personas. El país entero entró en una orgía de sangre. Y perdimos el sentido de humanidad, y casi nos acostumbramos al horror, y dejamos de estremecernos con la muerte. El tabú de matar se perdió, Colombia se volvió tolerante con el crimen, y en el último medio siglo es posible que por falta de paz y de solidaridad haya muerto en Colombia otro medio millón de personas.

Y cada día que tardan en firmar un acuerdo el gobierno y las guerrillas, más muertos de todos los bandos, más víctimas, se suman a esa lista. Porque no es sólo el conflicto en los campos: bajo la sombra de ese conflicto prosperan las guerras de supervivencia en las ciudades, la violencia de las mafias, el delito, el crimen, la violencia intrafamiliar, el desamparo, la ignorancia.

Pero es que lo único que detiene a la mano homicida es sentir que lo que le hace a su víctima se lo está haciendo a sí mismo. Lo único que detiene esa mano es la compasión, y para que haya compasión hay que sentir al otro como a un hermano, como a un milagro de la vida, efímero, precioso, irrepetible. Si no sentimos eso no sentimos nada. Sin ese respeto profundo por los otros nadie siente verdadero amor por sí mismo.

Pero para que haya ese afecto profundo por los conciudadanos hay que haber sido educados en la generosidad, bajo unas instituciones generosas, hay que haber sido querido. Al que no es valorado en su infancia, respetado, apreciado, ¿cómo pedirle que quiera, que respete, que valore a los otros?

Por eso es tan ciega una sociedad que no da nada y en cambio pide todo. Que da adversidad, obstáculos, discriminación, pero pide a los ciudadanos que se comporten como si hubieran sido educados por Sócrates o por Francisco de Asís. El estado se volvió irresponsable, los ciudadanos le perdieron el respeto al estado, y el estado les perdió el respeto a los ciudadanos. En ningún país se exigen tantos trámites para cualquier cosa. Y el que está en desventaja es el que no tiene recursos para sobornar, para abreviar los trámites, para correr con éxito de oficina en oficina. Con mucha frecuencia el estado no facilita la vida sino que es un estorbo para las cosas más elementales.

Las cárceles están llenas de seres que no recibieron nada, que fueron educados en la dureza y en la precariedad, y a los que la sociedad les exige lo que nunca les dio. Porque aquí sólo les exigimos respeto a los que nunca fueron respetados.

Es necesario gritar que nuestro pueblo no es un pueblo malo sino un pueblo maltratado. Y todavía a ese pueblo maltratado y admirable vamos a pedirle, aunque no tenemos derecho a hacerlo, vamos a pedirle que nos dé un ejemplo de su espíritu superior; vamos a pedirle que, a cambio de un acuerdo esperanzador entre los guerreros, sea capaz de perdonar.

No hay ceremonia más difícil y más necesaria que la ceremonia del perdón. Pero es el pueblo el que tiene que perdonar: no la dirigencia mezquina ni la guerrilla violenta que tomó las armas contra ella. Y sin embargo todos tendremos que participar, humilde y fraternalmente, en la ceremonia del perdón, si con ello abrimos las puertas a un país distinto, más generoso, que deponga las armas fratricidas, que abandone los odios y que construya un futuro digno para todos, pero sobre todo un futuro de dignidad para los que siempre fueron postergados.

Desde hace 65 años pedimos la paz, suplicamos la paz, esperamos la paz. Hoy ya no podemos pedirla ni suplicarla ni esperarla. Si se logra un acuerdo entre el gobierno y las guerrillas, tenemos que construir la paz entre todos, la paz con una ley justa, la paz con una democracia sin trampas, la paz con un afecto real en los corazones, la paz con verdadera generosidad. Y la única condición para que esa paz se construya es que no maten la protesta, que no aniquilen la rebeldía pacífica, que dejen florecer las ideas, que permitan a este país grande y paciente ser dueño de sí mismo y de su futuro.

Esa paz que construiremos será un bálsamo sobre esos miles de muertos que se fueron del mundo sin amor, a veces sin dolientes, a veces sin un nombre siquiera sobre su tumba.

Entonces sabremos que la paz no es sólo una palabra, que la paz es convivencia respetuosa, prosperidad general, justicia verdadera, campos cultivados, empresas provechosas, bosques y selvas protegidos, ríos que tenemos que limpiar y manantiales a los que tenemos que devolver su pureza.

Y que otra vez haya venados en la Sabana y bagres sanos en el río, que salvemos la mayor variedad de aves del mundo, que vuelen las mariposas de Mauricio Babilonia, y que los caballos de Aurelio Arturo vuelvan a estremecer la tierra con su casco de bronce, y que haya hombres y mujeres pescando de noche en la piragua de Guillermo Cubillos, y que el viajero que encontremos por los campos a la luz de la luna no nos produzca terror sino alegría.

Que haya cantos indios por las sabanas de Colombia, y arrullos negros en los litorales, y que las armas se fundan o se oxiden, y que haya carreteras y puertos, y barcos y trenes que nos lleven a México y a Buenos Aires, y que nuestros jóvenes tengan amigos en todo el continente, y que sólo una industria se haga innecesaria y necesite ayuda para cambiar su producción: la industria de las chapas y los cerrojos y los candados y las rejas de seguridad, porque habremos logrado que cada quien tenga lo necesario y pueda confiar en los otros.

Porque la paz se funda en la confianza y en la sencillez, y en cambio la discordia necesita mil rejas y mil trampas y mil códigos. Aquí, por todas partes, están los brazos que van a construir ese país nuevo, los pies que van a recorrerlo, los cerebros que van a pensarlo, y los labios del pueblo que lo van a cantar sin descanso.

Que hasta los que hoy son enemigos de la paz se alegren cuando vean su rostro.

Que llegue la hora de la paz, y que todos sepamos merecerla.