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martes, 25 de junio de 2013

¿Un desafuero? Por Marta Ruiz, Revista Semana



Las palabras de este controvertido señor me hicieron recordar un viaje que realicé a la zona del Caguán cuando estaba en curso el famoso Plan Patriota.

Por Marta Ruiz, Revista Semana. 

Hace unas pocas semanas un general de la República que goza de buen retiro, Jaime Ruiz Barrera, dijo en el Congreso, y luego en los micrófonos de la radio, que, palabra más, palabras menos, el senador comunista Manuel Cepeda, asesinado hace casi 20 años por sicarios al servicio de paramilitares, era un guerrillero de las FARC. Ese día quedó claro que Ruiz, que lleva sobre sus hombros la representación de los oficiales retirados, no puede distinguir entre un civil de filiación comunista y un guerrillero de un ejército insurgente.

¿Pensará este general que Manuel Cepeda era un blanco legítimo en la guerra?

Las palabras de este controvertido señor me hicieron recordar un viaje que realicé a la zona del Caguán cuando estaba en curso el famoso Plan Patriota, a mediados de la década pasada.

Un general que en aquel entonces comandaba la Fuerza Tarea Omega me señaló una decena de recolectores de hoja de coca que acababan de ser capturados y me dijo muy convencido: “Son milicianos”. ¿Cómo lo sabe? le pregunté. Para mí eran simples raspachines. Gente “llevada” que termina en lo profundo de la selva ganándose unos pesos, exponiendo su pellejo y su libertad en una actividad ilícita. Él me aclaró, de manera condescendiente, que mi percepción era ingenua. Que dada su experiencia en esa manigua, cultivadores de coca y milicianos eran la misma cosa.

Tenía, en el lenguaje del nuevo fuero, la convicción errada e invencible de que estos paupérrimos campesinos eran parte de un grupo armado, a pesar de que en realidad eran su carne de cañón.

Recuerdo también que cuando estalló el escándalo de los falsos positivos en el 2008, hablé telefónicamente con un brigadier general al mando de tropas en Norte de Santander. Cuando le pregunté por los muchachos de Soacha que habían aparecido como muertos en combate en su jurisdicción, me respondió sin vacilación: “No eran angelitos ni estaban cogiendo café”.

Estupefacta le pedí que me hablara de las circunstancias en las que habían muerto, que eran lo que me interesaba. No obstante, a él sólo le interesaba dejar claro que los muchachos eran parte de una banda de ladrones de Bogotá que tenía azotada la sociedad de Ocaña. Estaba convencido de manera errada e invencible de que los ejecutados eran un “blanco legítimo”.

Si esto es lo que piensan algunos generales muy influyentes, ¿qué se puede esperar de la tropa? ¿Pueden realmente diferenciar un combatiente de uno que no lo es? ¿Saber que es un civil que participa en hostilidades? ¿La situación temporal y puntual que convierte un civil en blanco legítimo?

Permítanme dudarlo. Y encender las alarmas sobre los riesgos intrínsecos del fuero militar aprobado esta semana en el Congreso por una aplastante mayoría.

Primero que todo, el fuero traiciona la esencia del derecho internacional humanitario, que es garantizar la mayor protección de los civiles en la guerra. Lo que ha hecho esta ley es recortar esta protección, con la excusa de ofrecer una mayor garantía jurídica a las Fuerzas Militares.

El fuero interpreta de manera abusiva y torcida el DIH. Abusiva porque según la doctrina internacional, el Comité Internacional de la Cruz Roja es el organismo al que se le ha delegado esta interpretación. Y torcida porque la ley aprobada olvida el principio básico de humanidad, al privilegiar de manera inexplicable y aislada el principio de necesidad militar.

El summum de esta violación de principios es la manera como se acoge la figura del blanco legítimo, que establece como parte del enemigo los civiles que participan directamente en hostilidades.

¿Quién decide si un civil está implicado directamente en hostilidades? ¿Altos oficiales como los tres que describí al principio de esta columna? ¿Con base en los criterios “invencibles” que ellos exponen?

Otros dos problemas que veo en el fuero militar es el contexto en el que está aprobado y quién lo aplicará.

El contexto es el de un país que por primera vez abraza en serio el sueño de ponerle fin a la guerra por la vía del diálogo. Algo en lo que la propia cúpula militar dice estar de acuerdo. Y lo aplicará una institución castrense que, tristemente, se niega a abandonar la doctrina del enemigo interno y su arraigado anticomunismo. Una institución que en un alto porcentaje confunde adversario y opositor, con enemigo. Una institución fuertemente ideologizada.


El fuero ampliado que se aprobó es anacrónico y alberga inmensas zonas grises. Aun así, el problema de fondo no es su articulado, sino la doctrina, el pensamiento y la visión estratégica de quienes lo pondrán en práctica. Su apego a la guerra como fuente de poder.

viernes, 10 de mayo de 2013

El triunfo de las guerrillas






 Allende La Paz, Cambio Total.

Los teórico-prácticos de la guerra de guerrilla, es decir, partidos comunistas (2a Guerra Mundial), Vietnamitas (venció 2 imperios, francés y gringo), Mao Tse Tung (triunfó en China) y el "Ché" Guevara (asesinado por la CÌA), siempre han sido extremadamente claros que el primer triunfo de una guerrilla es su sobrevivencia, es decir, su permanencia en el tiempo ya que no es cualquier cosa luchar contra los ejércitos oficiales que cuentan con todos los recursos. Siguen después otros triunfos sobre las fuerzas militares oficiales. Crecimiento y desarrollo de la estructura guerrillera, constante dominio sobre el terreno, movilidad en ciertas zonas, guerra de posiciones en otras, hasta constituirse en un ejército irregular capaz de planificar, atacar y copar importantes bases del ejército oficial.

Mas quizá el mayor triunfo de una guerrilla en el momento actual, en medio de la guerra asimétrica que se desarrolla, es llegar a una Mesa de Diálogos ya que ella significa que la guerrilla tiene suficiente fuerza para obligar al estado a llegar a la Mesa de Diálogo en donde se disutirá la firma de un Acuerdo de Paz que lleve al país hacia adelante. Evidentemente que el triunfo total sobre el enemigo de clase es el objetivo mayor, pero debe tenerse en cuenta que ante unos detentadores del poder con todos los recursos, apoyados militar y financieramente por el imperio actual, no es cualquier triunfo llegar a la Mesa de Diálogos. Llegar a la Mesa de Diálogos significa la incapacidad de las fuerzas estatales para vencer las guerrillas. Ello es diáfanamente claro en los casos como el de Colombia. Con una diferencia fundamental con otros procesos dados en latinoamérica. En Colombia es el pueblo el que está jalonando el proceso de diálogos para llegar a una Paz duradera.

Triunfo mucho mayor en la medida en que han vencido el "más grande esfuerzo" contrainsurgente, el Plan Colombia, el cual languidece y tal vez reciba un "boca a boca" del imperio, a todas luces insuficiente. El Plan Colombia ha utilizado la tecnología de punta conque cuenta el imperio gringo -drones, aviones espías, bombas "inteligentes", bombas "racimo", etc- al tiempo del aumento del pié de fuerza que ha convertido las fuerzas militares en una descomunal fuerza que todo lo engulle y atropella, no sólo a los campesinos e indígenas, sino también a quien ose denunciar sus apetitos desmedidos -caso Calderon, por ejemplo- y su violaciones del propio ordenamiento burgués.

El Plan Colombia fue entregado al presidente Andrés Pastrana -después de más de 10 golpes contundentes de las FARC-EP en el gobierno Samper (no debemos olvidarlo)- y estaba contemplado para 6 años. Pasó el tiempo y aún hoy el Plan Colombia no ha podido ser desplegado en su totalidad producto de la contención que hicieron las FARC-EP en las zonas del Bloque Oriental, Sur y Occidental. Hoy no saben como "quitarse el muerto de encima" y ya casi ni lo mencionan. Prefieren hablar de "otras políticas" -otros nombres- ya que la "política" es la misma: "guerra". Pastrana, Uribhitler -elegido por la oligarquía a pesar de ser mafia mafia con la promesa de "vencer la far"- en sus dos períodos y lo que va del gobierno Santos, en total más de 12 años, que muestra el enorme triunfo de las FARC-EP así dimensionado.

Mas las FARC, al contrario del Estado y sus gobiernos, si tenía una política diferente a la guerra para adelantar en el país. Este es un triunfo estratégico ya que se parte de la visión de la posibilidad de construir un Nuevo País entre todos los colombianos. Que el Estado y su gobierno no tenía -ni tiene- claro cuál es el derrotero a seguir en caso alcanzar la Paz está demostrado en las estridencias diarias de los ministros del despacho e, incluso, del propio presidente Santos, quien la última "perla" que soltó fue decirle a los militares que el "triunfo es tener las armas". Decir eso en un país armado como Colombia es una perogrullada. Tener claro qué se quiere construir, cómo y hacia dónde ir es el triunfo de las FARC-EP, máxime cuando el "contendor" en la Mesa de Diálogos adolece de una nueva visión de país y se aferra a su "modelo" y a sus políticas: guerra, Terrorismo de Estado, desempleo, pobreza, carencia de salud, carencia de educación, etc, etc.

El mayor triunfo de las guerrillas de las FARC sería lograr la concreción de los Acuerdos en la Mesa de La Habana que signifiquen comenzar la construcción de un Nuevo País, sin Terrorismo de Estado, sin víctimas, sin desapareciones, sin masacres, sin ejecuciones extrajudiciales, sin desplazamiento, con empleo, con educación, con vivienda. Evidentemente que lograrlo es producto de la lucha adelantada por las FARC y el pueblo colombiano y por ello es mayor su significación, ya que es muestra de lo que se puede lograr a través de la acción civilizada, política, de los contendientes. Desde luego que no es con discursos altisonantes y declaraciones incendiarias como se aclimata la Paz. Es mostrando lo que estamos logrando en La Habana, -mientras los campos y ciudades colombianos siguen viviendo el horror de la guerra-, como debemos enseñarnos, re-enseñarnos, re-educarnos para vivir en Paz, es decir, reconciliarnos en la reconstrucción de Colombia.