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domingo, 7 de julio de 2013

La del Catatumbo, una triste historia. Por Juan Diego Restrepo E.

La fuerza pública siempre ha sido el Patron del paramilitarismo que solo en la región de Catatumbo asesinó
más de 7.500 seres humanos de la población civil.




Juan Diego Restrepo E.*

Ante el fracaso del Estado en la región del Catatumbo, a las autoridades solo les queda estigmatizar la protesta campesina y sus justas peticiones.


El 15 de marzo de 1999 comenzó a escribirse el peor periodo de la historia reciente de la región del Catatumbo, en Norte de Santander. Ese día, en una larga entrevista que le concedió el paramilitar Carlos Castaño Gil al diario El Tiempo, anunció la llegada de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) a esa zona fronteriza: “Este año va a haber fuerte confrontación con el ELN. 

Nuestras tropas están avanzando en este momento hacia el norte, en Santander, y el mayor escenario de confrontación se va a establecer en las riberas del río Tarra, donde permanecen ‘Gabino’ y ‘Antonio’ cuando no están vacaneados en el extranjero. El país tendrá que entender lo que va a suceder allí”. 

Lo que vino semanas después fue una despiadada incursión de facciones paramilitares que dejaron sangre y desolación en las veredas. Caminos, trochas y cunetas se comenzaron a llenar de muertos, la mayoría civiles, y el Estado, impasible, no hizo nada por defender a los campesinos; es más, algunos sectores fueron cómplices. Eso está probado ante la justicia. 

Uno de los pocos funcionarios que se atrevió a quejarse de ese abandono fue Iván Villamizar, Defensor Regional del Pueblo, días después de un inútil consejo de seguridad realizado en Cúcuta y que encabezó el entonces presidente de la República, Andrés Pastrana Arango: “Es necesario que se le diga a la comunidad qué clase de medidas se adoptaron, si las que se tomaron no fueron aplicadas o resultaron insuficientes, o si los organismos militares y policiales no las cumplieron a cabalidad”. 

La osadía de defender a las comunidades del Catatumbo, denunciar las atrocidades de los paramilitares y reclamar mayor presencia del Estado le costaría caro: Carlos Castaño Gil desató una persecución en su contra que terminó el 22 de febrero de 2001, cuando fue asesinado por sicarios momentos después de salir de la Universidad Libre de Cúcuta, donde trabajaba. El vocero político de las Auc lo acusó de “ser simpatizante de la guerrilla”. 

Ese discurso que esgrimieron los paramilitares contra todos aquellos que rechazaron sus acciones y se mantuvieron cerca a las comunidades es muy parecido al que vienen propagando algunas autoridades cuando indican que la actual protesta campesina “está infiltrada por las Farc”. Cuánto peligro hay en esos señalamientos.

Lo que queda claro en el Catatumbo es el fracaso del Estado en gobernarlo y ejercer autoridad. Desde mediados de la década del noventa se sabe que ha sido territorio estratégico para los grupos armados organizados ilegales. Sus extensos cultivos de hoja de coca, su ubicación fronteriza y los corredores de movilidad la hacen apetecible. Y esa atracción ha sido fatal para miles de labriegos pobres que desde esas épocas no han tenido más oportunidad que dedicarse a la ilegalidad. 

En éstos hornos fueron quemados centenares de víctimas del paramilitarismo.
El año de 1999 es bien interesante por todo lo que se diagnosticó sobre el Catatumbo. El diario La Opinión, de Cúcuta, preocupado por la región, reclamaba mayor atención del Estado, en un editorial del 2 de junio: “El Catatumbo es una región con problemas por resolver y en vez de agravarlos se impone es trabajar para hacer posible soluciones efectivas, con las cuales se mejore el nivel de existencia de todos. Un sueño colectivo en el cual es preferible coincidir en vez de atizar hogueras de muerte”.

Asimismo, en una extensa entrevista que le hizo la agencia Colprensa y publicada por el diario El Colombiano el 22 de agosto, el entonces alcalde de Cúcuta, José Fernando Bautista, aseguró que “los gobiernos, todos sin excepción, se comprometen a cosas con la intención de cumplir. Luego, las realidades financieras y presupuestales hacen que no se realicen o se hagan a medias. El Catatumbo es una región deprimida y necesita de inversión”.

Por su parte, en un editorial del 27 de agosto de ese mismo año, el diario El Tiempo reflexionó sobre los cultivos de uso ilícito en el Catatumbo y se preguntó: “¿Es ese otro de los signos demostrativos del fenómeno de un Estado ausente, que al no tomar iniciativas para el fomento del campo en los más diversos frentes ha dejado a la población que depende de la agricultura a disposición de distintas fuerzas para las que la tierra solo vale en la medida en que sea útil para incrementar un negocio sórdido?”.

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Casi 14 años después, la situación parece detenida en el tiempo. El Estado nunca llegó y si lo hizo fue empleando medidas de fuerza, criminalizando a la población campesina y fustigándola con el manido argumento de sus “nexos con las guerrillas”, como lo hicieran en el pasado las fuerzas paramilitares. La región ha estado a merced de las guerrillas del Eln, las Farc y el Epl, así como de las Auc y, actualmente, de las llamadas ‘bandas criminales emergentes’.

Históricamente estos grupos armados ilegales han sido la autoridad y los gobiernos de los últimos 20 años tienen gran responsabilidad en ello. Nunca supieron cómo resolver los problemas. Hoy quieren llegar a la fuerza, tal como lo pidió el presidente de la República, Juan Manuel Santos: “la orden a las fuerzas militares es implantar el orden en la zona”. ¿Es así cómo se buscan soluciones a problemas estructurales que vienen de décadas atrás?

Sus pobladores han estado sometidos a todo tipo de presiones, desde la ilegalidad, pero también desde la legalidad. No reclaman nada nuevo, sus pedidos son los mismos de hace 20 años, que aún tienen sentido y son justos porque el Estado, en su inoperancia, no los encara de manera eficiente y concreta.

Las comunidades de esta región de Norte de Santander merecen mejor suerte. Son colombianos también, viven en la zozobra y quieren tener una mejor calidad de vida. Razón les asiste a los campesinos cuando dicen, en su pliego de peticiones, que “el problema de la coca debe tratarse como un problema económico, social y político y no como un problema criminal”. De mantenerse ese último tratamiento, el Catatumbo no le pondrá fin a su triste historia.

* Periodista y docente universitario 

miércoles, 26 de junio de 2013

Señor de vidas y haciendas. Por Daniel Coronell.

Daniel Coronell
OPINIÓN. ¿Por qué unos empresarios respetables se le midieron a hacer un negocio en contravía de la ley e involucrando una tierra en la que han pasado cosas terribles?

El supuesto ejemplo de productividad agroindustrial en los Llanos orientales está construido sobre una sucesión de crímenes que muchas autoridades se niegan a ver. La gigantesca propiedad donde opera La Fazenda fue escenario de entrenamientos, torturas, desapariciones y asesinatos por parte de los paramilitares. 

Además, los predios fueron comprados ilegalmente por allegados a Víctor Carranza y englobados también ilegalmente para crear una hacienda de las dimensiones requeridas para el proyecto. La seguidilla de irregularidades es de tal dimensión que, incluso, uno de los firmantes estampó su rúbrica en un papel cuando habían pasado casi tres años desde su muerte.

Dos investigaciones periodísticas y una de control político no han sido suficientes para que las autoridades tomen cartas en el asunto. Buena parte de los hechos ha salido a flote por el trabajo del portal VerdadAbierta.com, de la Unidad Investigativa del diario El Tiempo y del congresista Iván Cepeda, quien adelantó un debate sobre el tema en la Cámara de Representantes.

La tierra en la que crece el proyecto más productivo de la altillanura sirvió como base de entrenamiento de los paramilitares conocidos en esa zona como Los Carranceros. Esa finca llamada entonces El Brasil era el centro de la operación paramilitar de esa región. Así lo han confesado los paramilitares Deiber Bolaños, alias 520; Delfín Villalobos, alias Alfa Uno; Elkin Casarribia, alias el Cura y Dúmar Guerrero, alias Carecuchillo.

En la casa principal de la finca se acondicionaron habitaciones para que sirvieran de celdas y cuartos de interrogatorio. Al lado funcionaba un taller donde se desarmaban carros robados. Cerca del río fue construida una pista de entrenamiento y un polígono donde se prepararon los autores de varias masacres. Allí pernoctó un grupo que reforzó a los asesinos que vinieron de Urabá a efectuar la masacre de Mapiripán. 

Cinco fosas con restos humanos han sido encontradas por la Fiscalía en los predios de la hacienda. Según testimonios entregados a los tribunales de Justicia y Paz el dueño de la tierra ha sido Víctor Carranza y detrás hay una historia de apropiación de antiguos baldíos, es decir de tierras del Estado por las que antes se movían los indígenas sikuani.

Todo empezó en 2007 cuando varios adjudicatarios de baldíos en Puerto Gaitán decidieron otorgarle un a poder a un abogado de Valledupar, llamado Fernandel Alfonso, para que cruzara medio país y fuera hasta una notaría en Villavicencio a englobar sus parcelas con las tierras de un hijo de Víctor Carranza.

Varias de las firmas que aparecen en los documentos de englobe no corresponden con las que figuran en la diligencia de titulación de la tierra. Aparentemente son falsas.

Uno de los adjudicatarios, llamado Segundo Luis Gaitán, le otorgó poder en 2007 a Julio Pérez Niño para que hiciera el englobe. Lo raro es que hay un certificado de defunción que demuestra que Segundo Luis había muerto en diciembre de 2004, casi tres años antes de firmar el poder.

Las tierras no se podían agrupar. La ley prohíbe sumar antiguos baldíos para crear grandes haciendas. Sin embargo, con la firma del muerto, las otras que no coincidían y en franca contradicción con la ley prosiguió el proceso.

Como consecuencia del englobe de tierras, en la misma notaría fue creada una empresa llamada Agualinda Inversiones S.A., cuyos gerentes son un ingeniero llamado Sergei Andrei Poveda y la esposa de Víctor Carranza, doña María Blanca Carranza de Carranza. 

Pocos días después de su creación, la empresa de la señora Carranza de Carranza –a través de un contrato de fiducia– le entregó la tierra al Banco Helm. El contrato establece que la propiedad debe ser administrada por La Fazenda del Grupo Aliar, cuya cabeza visible es el empresario bumangués Jaime Liévano Camargo.

El doctor Liévano es empresario avícola. Su firma Avidesa es dueña de Mac Pollo. En su proyecto de La Fazenda está asociado, además, con el grupo Contegral de Antioquia, dueño de la marca de concentrados Finca.

¿Por qué unos empresarios respetables, se le midieron a hacer un negocio con semejantes personas, en contravía de lo ordenado por la ley e involucrando una tierra en la que han pasado cosas tan terribles? 

Le escribí un mensaje al doctor Liévano y lo llamé por teléfono para preguntárselo. Hasta ahora no ha respondido. 


martes, 14 de mayo de 2013

El Clan de los Doce Apóstoles según Olga Behar




El paramilitarismo de Estado en Colombia


El Molino On Line / Martes 14 de mayo de 2013

De paso por New York durante el mes de mayo, Olga Behar, periodista investigadora colombiana, pasó algunos momentos con El Molino Online, oportunidad que aprovechamos para empaparnos de la cambiante situación de esa importante nación sudamericana.

Olga Behar, autora de varios libros sobre las diversas fases de las guerras civiles que por décadas han azotado a Colombia, ha publicado en años recientes dos nuevos estudios sobre el paramilitarismo allí: “El Clan de los Doce Apóstoles — Conversaciones con el mayor Juan Carlos Meneses” y “El Caso Klein — El origen del paramilitarismo en Colombia”.

Explican los últimos libros de Olga Behar, con la rigurosa metodología que distingue a la autora donde cada dato es corroborado una y otra vez por múltiples fuentes y donde la aseveración no vale si no se documenta, el quién, dónde, cómo, cuándo, cómo y por qué Colombia — que además de la brutal violencia de delincuentes comunes, narcotraficantes, políticos, guerrilleros y militares — sufrió durante la década de los 90 un nivel de violencia nunca antes vista: ejércitos paralelos al oficial, entrenados, armados y con un pase de impunidad que sembraron aún más terror — muertos, desaparecidos, desplazados, amenazados — en los campos colombianos.

Dos de los múltiples títulos de Olga Behar estarán en la feria del libro en Los Angeles, California, (LéaLA), que comienza el 17 de mayo. Fueron elegidos como representación de Editoriales Independientes colombianas en la importante feria.

http://youtu.be/Rs_a66TSX-I


http://youtu.be/ZvfZI6VXpHM

lunes, 13 de mayo de 2013

La huella nazi


"Joyita nazi" Foto: Jhon Calson

Por Daniel Coronell



Los nazis del movimiento Tercera Fuerza usan la esvástica y la cruz solar para identificarse.


Bajo la respetable denominación de víctimas de la guerrilla se están agazapando los nazis en Colombia. Los simpatizantes del nacional–socialismo tienen una larga historia de afinidad con los grupos paramilitares. La primera vez que el narco-paramilitarismo lanzó su propio movimiento político tenía entre sus fundadores al inspirador de los nazis colombianos. Esa historia, que empezó hace varias décadas, aún no termina.

Armando Valenzuela Ruíz, a quien los nazis del Movimiento Tercera Fuerza llaman “valuarte (sic) para la lucha nacionalsocialista”, (ver Valenzuela) fue uno de los tres fundadores del Movimiento de Restauración Nacional (Morena) impulsado por los paramilitares del Magdalena Medio. Los otros dos fueron Iván Roberto Duque y Fernando Vargas Quemba.

Iván Roberto Duque es el mismo jefe paramilitar del Bloque Central Bolívar conocido con el alias de Ernesto Báez. Para 1989, la época de la fundación de Morena, Duque era el dirigente más visible de Acdegam, una asociación ganadera de Puerto Boyacá que actuaba como fachada del paramilitarismo (ver Duque). De hecho por los días del lanzamiento de Morena, varios dirigentes de Acdegam eran investigados por la Justicia como autores de dos masacres en Urabá y del asesinato del padre de una juez de orden público.

El tercer miembro del grupo fundador de Morena es el abogado Fernando Antonio Vargas Quemba, quien hoy preside una fundación llamada Comité Nacional de Víctimas de la Guerrilla-Vida. Cuando se miran los documentos que sustentan el sonoro nombre, la realidad resulta un poco diferente. 

Según los registros públicos de la Cámara de Comercio de Bogotá, el Comité Nacional de Víctimas de la Guerrilla–Vida tiene como miembros al doctor Fernando Vargas Quemba, a su hermano Carlos Alberto Vargas Quemba, a su hermana Marta Cecilia Vargas Quemba y al señor Carlos Alfredo Bernal Ruíz. Con el endeble sustento de una fundación familiar, el doctor Vargas Quemba se autoproclama como legítimo vocero de las víctimas de la guerrilla (ver acta de fundación).

El doctor Vargas Quemba, además de activo defensor de militares involucrados en casos de violación de derechos humanos, incluyendo asesinatos de civiles, ha sido fervoroso practicante de la ortodoxia católica de monseñor Marcel Lefebvre. De este hecho da cuenta una investigación del periodista Norbey Quevedo para El Espectador. El culto lefebvrista es el mismo que practica el señor procurador Alejandro Ordóñez (ver vínculo).

Una foto de 1989 muestra al doctor Fernando Vargas Quemba en la presentación del movimiento Morena en Bogotá. En la misma imagen está el ideólogo nazi Armando Valenzuela Ruíz. A espaldas de ellos se ve la bandera de Morena coronada por un crucifijo y un símbolo nazi: la cruz solar que junto con la esvástica, o cruz gamada, hace parte de la infame iconografía del Tercer Reich (ver Vargas).

Los nazis del movimiento Tercera Fuerza usan la esvástica y la cruz solar para identificarse (ver cruz solar).

Bajo esos emblemas, de ingrata recordación para la humanidad, los nazis colombianos han patrocinado discursos de justificación del paramilitarismo, como el de Raúl Hernández en el que decía que si aparecían campesinos asesinados no es “por sembrar yuca, sino por ser guerrilleros” (ver vínculo).

Las causas de los nazis son puntualmente registradas en un canal de YouTube llamado Agencia de Noticias Nacionalistas. En los últimos meses han merecido difusión las marchas que han adelantado contra del matrimonio homosexual y en apoyo de la ampliación del fuero penal militar. 

Una de las más recientes actividades a las que fueron convocados los miembros de Tercera Fuerza, fue a un ‘plantón’ frente a la sede de la Cancillería, para reclamar –según ellos– que la Corte Penal Internacional escuchara a los voceros de las víctimas de la guerrilla.

Ese día el orador principal fue el doctor Fernando Vargas Quemba (ver vínculo).

Las víctimas de los crímenes de la guerrilla son cientos de miles en Colombia y desde luego deben ser oídas. Sin embargo, su representación no puede quedar en cabeza del dueño de una fundación familiar, respaldado por un grupo nazi que venera al mayor genocida de la historia. 

martes, 30 de abril de 2013

La columna de Godofredo Cínico Caspa Fernando Londoño se queda corto en homenaje a Carlos Castaño



Carlos Castaño y sus esbirros: el rostro de la muerte 




Godofredo Cínico Caspa / Martes 30 de abril de 2013

Estupenda noticia la republicación de la magistral columna de mi discípulo Fernando Londoño, en la cual hace siete años homenajeó al mayor autor intelectual que produjera nuestra patria, el tristemente desaparecido Carlos Castaño, jefe epónimo de los ejércitos de autodefensa que permitió con sus acciones previas el triunfo de la Seguridad Democrática.

Con esa columna y “Los tres Caínes” hemos logrado refutar a los comunistas que dijeron que el paramilitarismo era malo. ¡Pendejos! ¡Es y será el mejor negocio!

La columna dórica del gran avatar Londoño en la cual describe la deliciosa epopeya del mesías de San Pedro de Urabá, a pesar de sus aciertos, se queda corta. Carlos Castaño no solo merece elogios por haber salvado a la patria matando a algunos miles de campesinos brutos y filo terroristas y desplazando a otros millones para que la producción pudiera florecer en manos de los dueños históricos de todo y no de los indios invasores. Carlos merece una égloga, hasta un poema de Roy Barreras.

Dice el maestro:”Las autodefensas existen porque existe la guerrilla marxista, valga decir, el ataque”.

De acuerdo, pero me permito desarrollar su aventajado pensamiento del greco-platanal. La autodefensa fue inventada legítimamente como desarrollo histórico y etapa superior de las Convivir. Y desarrollada para desaparecer de la faz de la tierra no a la guerrilla (que al fin y al cabo anda también en el negocio) sino a los miles de campesinos tercos que no querían dejar sus tierras. Ese era el negocio, claro, junto con el connatural ejercicio de la libre empresa en materia de alcaloides.

Autodefensa sagrada de vacas y perico, con apoyo de las Fuerzas Amadas, como garantía ulterior, como telón de fondo de legitimidad. ¡Paras a mucho honor! Magna empresa exportadora que colabora hoy refundada en Bacrim, con no sé cuantos puntos a nuestro escuálido PIB.

¡Esa es la verdadera locomotora de nuestra economía! Un gremio narco-paraco que desarrolla el agro, la industria, el comercio y el sector exportador.

En efecto, mi doctor Londoño, Castaño defendió la honra de los propietarios y no solo defendió los bienes de él y de ellos, sino que los agrandó de manera exponencial.

Dice usted, maestro, que las autodefensas “no perdían y no querían perder el norte de su naturaleza política antisubversiva y anticomunista.”

Y digo yo: es usted de una pasmosa habilidad al hacernos ver que matar civiles se justifica si se sospecha, aunque sea vagamente o por saperías, que pueden ser, digamos, un 5% comunistas. Hasta los portadores de un 0,1% de ese virus marxista, debieron y deben ser exterminados como ha ido ocurriendo, gracias a la doctrina justificadora.

Que nuestros ejércitos tuvieran que financiarse, esa es otra vaina. No era suficiente la platica de ganaderos, comerciantes y políticos para comprar fusiles, balas y motosierras. Nuestras tropas crecían a ojo vista y entonces fue necesario combinar más formas de lucha. Es decir, meterle coca a la vaina. Pero todo con el fin de luchar contra la subversión. Si algunos de nuestros socios y amigos se enriquecieron de manera alucinante, eso solo debe ser entendido como un efecto colateral de nuestra guerra.

Le entiendo perfectamente cuando usted dice que lo de la coca fue una embarrada, ¿Pero cómo más, cuando usted tiene benefactores y cómplices como Don Berna o Hernán Giraldo? A la gente nuestra hay que dejarla trabajar, trabajar y trabajar.

Y ante esta frase suya que parece dictada al unísono por las mentes preclaras de Maquiavelo y Mussolini, yo me le quito el sombrero: “Castaño murió. Ya lo sabíamos. Es hora de que resucite su elemental pero preciso ideario, la única manera de recuperar el alcance y la legitimidad de la paz que se viene discutiendo”

¡Eso, sumercé lindo! Aun sin su rolex los tiempos históricos le son precisos. Elemental ideario el del patriarca Carlos Castaño, elemental como mochar cabezas, fusilar, tirar cadáveres a los ríos. Y preciso como el fusil AK 47, la granada Mk2, el rocket, el machete, la moto sierra y el incendio. Dejémonos de eufemismos.

Castaño fue legítimo y lo es históricamente porque le fue fiel a las leyes. A las nuestras, claro, las de la ventaja, el avionismo, la corrupción, el robo, el desplazamiento. Vivimos en una economía de mercado y Castaño fue el más lúcido mercader de la muerte, la muerte como inversión, la muerte como capital, la muerte como organigrama fundamental de la empresa sacra de mantener nuestros derechos, de crecer nuestras haciendas.

¿O es que acaso usted cree que hubiéramos podido correr las cercas para meter nuestro cebú, si no sacamos a los pata al suelo, si no los mandamos al otro toldo? Esa gente solo entiende a las malas. ¡Y qué malas que les dimos! Fuimos y somos épicos. Esto de Santos y compañía, de paces y generosidades y conciliaciones, es sol de un día. Las ideas del intelectual Castaño están vivas. Y usted es la reserva moral y militar de la patria, doctor Londoño,

Agrega usted venerable Chaolín: Carlos Castaño, intelectual hecho a pulso, en el desorden metodológico y conceptual que puede suponerse”.

Si, hecho a pulso, el mismo que el bien amado Carlos Castaño tenía para apuntar su pistola y disparar su fusil contra los cuerpos inermes de la indiada o del mestizaje ignorante, alevoso y envalentonado.

No estoy de acuerdo con usted en aquello del “desorden metodológico”. Si algo tuvo nuestro Comando Carlos, fue una visión milimétrica y científica de la metodología, del tiro de gracia. Lo suyo fue cartesiano en las ideas y propio de Clausewitz en la aplicación en la guerra.

Métodos rápidos de desaparición forzada, de masacres, métodos expeditos para sacar corriendo a los sucios labriegos. De tal importancia fue su encumbrado método, tan matemático y técnico, que se reprodujo el espléndido esquema por todo el país, desde sus Autodefensas de Córdoba y Urabá, llevándonos a blandir la espada del paramilitarismo por los cuatro puntos cardinales, y consolidando la limpieza social e ideológica en casi todo el país. Si eso no es método, doctor, ¿entonces qué?

¿Desorden conceptual mandar a matar a toda la dirigencia de la izquierda y a sus candidatos presidenciales incluido el traidor Galán? Sabemos bien quienes conocemos al detalle la gesta de la autodefensa, que detrás de sus capacidades de autor intelectual, Castaño, por fortuna, no estaba solo. El tenía quien le ordenara. ¿O no? Detrás de él moraban los duros, los verdaderos incitadores, es decir, los autores ideológicos que forjaron la cruzada desde sus escritorios, desde sus oficinas de gerencia, desde sus establos. Autores ideológicos que fueron los proveedores de la línea que Carlos Castaño desarrolló en el terreno, con lujo de detalles.

Que hoy doctor Londoño, no le tiemble la mano en reafirmar esas verdades que escribiera hace siete años. No se me vaya a retractar. No le tenga miedo al fiscal “escudero de las Farc” como dice nuestro filósofo de cabecera Pachito Santos. No hay ley que pueda acallar su catarata de pensamientos. Nosotros somos la ley, la justicia y su aplicación a nuestra voluntad, como lo comprobaran justamente las autodefensas.

¡Ay Carlos Castaño, que falta nos haces, ahora que seguro vienen los tiempos de eliminar a todos los facinerosos que se reinserten y a sus cómplices políticos y populares! ¡Bala señores!



Lo que murió con Castaño


Carlos Castaño, paramilitar, asesino



Una reflexión "pura" de uno de los ideólogos del "Puro Centro Democrático"

Agencia Prensa Rural / Martes 30 de abril de 2013

El exministro del Interior -durante el mandato de Álvaro Uribe- Fernando Londoño Hoyos y protagonista del robo de Invercolsa , publicó hece siete años en el diario El Colombiano de Medellín, esta alegoría nostálgica del paramilitarismo. Una prueba más de que el paramilitarismo si fue y es una política de Estado y de que el establecimiento compartía claramente las masacres de miles de colombianos inermes y el sicariato del narcoparamilitarismo por todo el país.

El siguiente es el texto completo de la columna:

Lo que murió con Castaño

Por: Fernando Londoño Hoyos

Hace mucho tiempo supimos que Carlos Castaño había sido asesinado por los sicarios de las autodefensas. Ahora sabemos que lo mató su propio hermano -la vieja historia de Caín y Abel, otra vez- quiénes fueron los verdugos y en cuáles atroces condiciones cumplieron su encargo siniestro. Lo que hoy corresponde examinar es otro asunto bien distinto, y de mucha mayor entidad, a saber, qué murió con Carlos Castaño.

Las autodefensas existen porque existe la guerrilla marxista, valga decir, el ataque. Esa perogrullada suele pasarse por alto, y no por accidente. En su origen, están, pues, atadas a dos hechos fundamentales: el oprobioso vejamen al que estaban sometidos los campesinos colombianos, y la ineptitud del Estado para garantizarles la vida, la honra y los bienes, que es exactamente aquello para lo que el Estado existe.

Pero las cosas se complicaron, por donde peor complicadas pudieran verse. Y es que aparecieron en la escena de nuestra tragedia los mafiosos, disfrazados de campesinos. Lo mismo que andaban en las selvas celebrando con la guerrilla la más vil de las alianzas posibles, ahora aparecían en las zonas agrícolas más ricas, posando de hacendados y de mártires. Para defender el producto de sus ganancias miserables, se tomaron las organizaciones que los campesinos habían montado para ejercer el sagrado derecho a defenderse. Y así quedó planteada nuestra desventura: la guerrilla era fuerte por el auxilio de la cocaína, y las autodefensas se hicieron fuertes por la cocaína. En el fondo, esa sería la guerra entre hijos de la misma despreciable madre, auspiciada por la ineptitud del Estado para hacer lo suyo.

Quien tenga alguna duda sobre este planteamiento puede recordar el reportaje que Carlos Castaño le concedió a Claudia Gurisati, uno de los documentos periodísticos más importantes que se hayan producido en Colombia. Carlos Castaño, intelectual hecho a pulso, en el desorden metodológico y conceptual que puede suponerse, era la ortodoxia plena de las autodefensas originales, que de mal grado admitían valerse del narcotráfico, y solo como de un instrumento indispensable para sobrevivir. Pero que no perdían y no querían perder el norte de su naturaleza política antisubversiva y anticomunista.

Pero el dinero es mal aliado, hasta de las causas más limpias. Y además es poderoso y capaz de envilecerlas y de dominarlas. Que fue lo que pasó con las autodefensas, que se convirtieron de señoras en siervas, y trocaron su vocación política por su concupiscencia por la riqueza fácil. Y ahí se armó la gresca entre los que en medio de los excesos y contradicciones de las autodefensas no querían renunciar a su sentido prístino, y los que preferían convertirlas en mafias fabulosamente rentables.

Lo que murió con Carlos Castaño fue el significado político de las autodefensas, su sentido como medio para enfrentar las Farc y sostener el derecho de propiedad en el campo y con ese derecho una manera de concebir la vida. Los que mataron a Castaño querían recoger el legado detestable de Pablo Escobar, de quienes fueron amigos y servidores algunos de los que hoy se llaman, tan injustamente, paramilitares.

Cuando en los acuerdos de paz se toleraron los mellizos, los bernas, los macacos y valoyes, la suerte quedó echada. Y cuando se olvidó proponer como condición primera y esencial la entrega de la droga, sus caminos, sus medios, sus cómplices, para acceder a un beneficio jurídico cualquiera, se abrieron las compuertas del desastre. Castaño murió físicamente, Ernesto Báez ha sido silenciado y Mancuso pareciera ser el próximo Castaño. Mientras los cultivos de coca subsisten, los laboratorios pululan y nadie toca las desafiantes riquezas de los supuestos negociadores de la paz, que apenas son delincuentes horrorosos en busca de impunidad.

Castaño murió. Ya lo sabíamos. Es hora de que resucite su elemental pero preciso ideario, la única manera de recuperar el alcance y la legitimidad de la paz que se viene discutiendo.