lunes, 29 de abril de 2013

El foro de participación política, un camino hacia la apertura. Por Roberto Romero Ospina, Centro de Memoria, Paz y Reconciliación




No hay duda que el proceso de paz marcha. Como lo habían previsto los organizadores, la Universidad Nacional y las Naciones Unidas, el Foro sobre Participación Política acordado por los negociadores del gobierno y de las FARC, atestó el Centro de Convenciones Jiménez de Quesada.

Más de 1500 participantes se dieron cita en la mañana del domingo 28 para dar inicio a una agenda ambiciosa: un panel internacional, uno nacional y dos paneles simultáneos: sobre el papel de los medios en el proceso de paz y de la academia en la búsqueda de la reconciliación.

Tras la instalación por parte de Fabrizio Hochschild, coordinador residente de Naciones Unidas en Colombia e Ignacio Mantilla, rector de la Universidad Nacional, se dio paso a la ponencia central a cargo del historiador Francisco Leal. En su larga intervención de casi una hora, señaló algunos puntos que a su juicio han impedido la paz en más de medio siglo.

Como la presencia de un fuerte latifundio, la estancada modernización del país, la presencia del narcotráfico y la ausencia de nación que han llevado a un cuadro de violencia permeada por el narcotráfico y la intervención norteamericana con fuerte presencia de delincuentes que se han convertido en políticos.

A pesar de que es partidario de una justicia transicional que resuelva la reinserción de la guerrilla, indicó que algunos de sus miembros deben pagar, “aunque en forma breve algo de cárcel”.

Y en su repaso que hilvanaba desde los años cuarenta, saltó en un santiamén a los noventa sin tocar un segundo el genocidio de la Unión Patriótica.

Luego vendrían las intervenciones de los delegados internacionales. El Salvador, Filipinas, Sudafrica y Uruguay. Un repaso sobre cómo alcanzaron la paz. Previamente, los saludos de varios premios de Nobel de Paz en sus mensajes de video causaron emoción a todos los asistentes.

Ver a Desmond Tutu, Oscar Arias, Pérez Esquivel y Ellen Johnson Sirleaf, presidente de Liberia, hablando con tanta propiedad de Colombia y su esfuerzo por alcanzar el fin del conflicto, demostraba que el país no está solo en el más gigantesco esfuerzo de su historia.

Después del receso del medio día, las intervenciones políticas cronometradas de solo cinco minutos, en un calidoscopio perfecto del apoyo nacional al proceso de La Habana: todos los partidos de Colombia, a excepción del Puro Centro Democrático que encabeza el ex presidente Uribe, comprometidos con la solución negociada al conflicto.

Por allí desfiló el partido de la U a través del senador Roy Barreras, el Polo con su presidenta Clara López, Marcha Patriótica, con su vocera Piedad Córdoba, Hernán Andrade, por el partido conservador, Cambio Radical, el partido liberal, el Congreso de los Pueblos, la ASI, País Común, que lidera el indígena Nasa Feliciano Valencia, los movimientos indígenas, la comunidad afrodescendiente, el Partido Verde, a través del senador Sudarski, el partido comunista, con su secretario general Jaime Caycedo, Omer Calderón, presidente de la Unión Patriótica, los Progresistas con su representante Antonio Navarro, el Mira con su vocero, Carlos Baena.

Todos, desde la derecha, el centro y la izquierda, en una amplitud que no se veía desde los tiempos de las negociaciones del Cagúan, presentando fórmulas para abrir el camino de la que siempre ha sido esquiva participación democrática en todos estos años y cuyas propuestas serán remitidas a La Habana.

Dos puntos centrales matizaron las intervenciones: buscar una salida para la participación política de las guerrillas lo que implica profundas reformas de la vida institucional y electoral, sin perjudicar a los partidos políticos que hoy se ven amenazados en perder su representación por los manes del umbral que los obliga a obtener el 3% de la participación electoral.

Con razón Navarro señaló que “los pequeños partidos y los nuevos no podemos salir por la puerta de atrás quedándonos por fuera mientras a los insurgentes reinsertados a la vida política se le brindan condiciones especiales”.

Y el otro punto que cuando se tocaba arrancaba grandes aplausos, fue el del ir a una asamblea nacional constituyente que refrende las reformas que el país requiere. “Si no se dan las condiciones en el actual Congreso para construir un nuevo país, iremos a las calles, plazas y pueblos a pedir una nueva constituyente. La paz es para todos”, afirmó Baena del Mira.

La Unión Patriótica resaltó que hasta que no se esclarezca el genocidio de que fue objeto, será muy difícil construir caminos de reconciliación. “Si a la UP le concedieran un tercio de segundo por cada una de sus víctimas podríamos intervenir el mismo tiempo que tuvo el profesor Francisco Leal para negar buena parte de la historia del país y del conflicto interno”, señaló su presidente en medio de los aplausos.

La rica sesión del día de apertura culminó con los paneles sobre medios y academia. El primero, decisivo en el tema de la participación política, no contó con los grandes directores de la prensa que habían sido invitados como Roberto Pombo, de El Tiempo, Darío Arismendi, de Caracol o Rodrigo de RCN.

Intervinieron representantes de Semana, Voz, Confidencial Colombia, Colprensa, El Heraldo, Teleantioquia, Telemedellín, Arcadia, Canal Capital, entre otros, quienes coincidieron en la necesidad de defender los medios públicos y establecer un estatuto de prensa que abra los medios privados a la participación de toda la población.

El foro, el segundo después del exitoso sobre el tema agrario, cuyas conclusiones de diciembre pasado ya están en La Habana, continuará su intenso trabajo hasta el martes 30 en un ambiente de pluralismo y activa participación.


domingo, 28 de abril de 2013

Procurador Ordoñez, otra mula muerta que se le atraviesa a la paz

Procurador Alejandro Ordóñez, representante de Opus Dei en
Colombia y “vaca” de la derecha fascista encabezada por
el
ex mandatario Uribe hará todo los posible e imposible para
frenar y hacer fracasar el proceso de paz en Colombia.



Por Horacio Duque

Hay varias mulas muertas que con recurrencia se le atraviesan a la posibilidad de que Colombia supere la violencia expresada como una prolongada guerra civil con destrucción de miles de vidas humanas.

A lo largo del debate del tema agrario fue el inefable José Felix Lafaurie, el Presidente de Fedegan y jefe de los latifundistas ganaderos, quien desplegó una obstinada campaña de descrédito de las conversaciones y reuniones sobre este crucial asunto de la sociedad, fuente de litigios y ciclos de violencia contra la población campesina afectada por el despojo y desplazamiento forzado.

Para que referirse más al señor del Uberrimo y sus obsesión ultraderechista, bien conocida por todos.

O al desafío permanente del Ministro Pinzon, de la Defensa, con su retórica estridente orientada a devaluar la política de paz del Presidente Santos.

Todo indica que el turno del sabotaje sistémico a la Mesa de La Habana y a cualquier intento de cambio democrático, es para el espantoso Procurador Alejandro Ordoñez, actualmente en ejercicio de sus funciones administrativas como supuesto representante de toda la sociedad.

Sus posturas son de abierto bloqueo a toda fórmula que se perfile para aclimatar la paz.

En principio ha enfilado baterías para descalificar cualquier arreglo penal que derive en los indultos y amnistías que propicien la participación política democrática de los miembros de la resistencia campesina revolucionaria que cristalicen un acuerdo con el Estado respecto de la lucha armada como método político para transformar la sociedad.

Este ultramontano de la política se ha colocado en el centro de la cruzada para impedir que Colombia salga del bloqueo antidemocratico impuesto por la oligarquía dominante.

Tal parece que su onda expansiva desestabilizadora alcanzará al Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, cuyo único pecado ha sido destapar el peor robo a los caudales de la hacienda pública, ejecutado por mafias criminales que capturaron las instituciones democráticas de la ciudad.

Ordoñez, la otra mula muerta que se le atraviesa a la paz y la democracia. No hay que callar ante su absurdo comportamiento.

horacioduquegiraldo@gmail.com

Comienza el Foro sobre la participación democrática y el cambio política para la paz en Bogota

¿Que garantías ofrece el Estado en Colombia a la oposición política?


Por Horacio Duque

Los días 28, 29 y 30 de abril se realizará en Bogotá el Foro sobre participación política y garantías democráticas, organizado por la Mesa de conversaciones de La Habana, para escuchar las opiniones y propuestas de la sociedad colombiana sobre el segundo tema de la Agenda de diálogos, especializado en los asuntos políticos.

El evento será gestionado por la Universidad Nacional y el PNUD de Naciones Unidas y contará con la participación de 1100 asistentes que intervendrán con sus ideas en las comisiones y plenarias respectivas.

Los puntos del debate y análisis se relacionan con aspectos de la mayor trascendencia para el logro de la paz y la superación de la violencia. 

En el Acuerdo especial que sirve de marco de referencia a las conversaciones se señalan los siguientes elementos: i) la democracia como soporte crucial de la paz; ii) la participación ciudadana en la configuración y gestión de las instituciones públicas; iii) las reformas al voto y al sistema electoral; iv) el estatuto de la oposición; v) las garantías y seguridad para los nuevos movimientos políticos; y vi) el acceso a los medios de comunicación.

En el Texto del Acuerdo de La Habana hay lineas políticas que se enlazan con otros temas que se trataran cuando a estos les llegue el turno. Me refiero a la reforma de las instituciones públicas (Y del Estado, de manera general), al fenómeno paramilitar (que conduce al funcionamiento de los aparatos armados que regulan el monopolio de la violencia), a la revisión de los asuntos penales y judiciales, al ordenamiento territorial y al tipo de régimen político (entendido como las reglas de juego concretas de intermediación y las instituciones que operan la organización del poder), al sistema de partidos y los aparatos ideológicos del Estado.

No obstante que los componentes del debate previsto están referidos a componentes parciales del sistema político imperante, materia de importantes exploraciones analíticas como las hechas recientemente por el profesor Alejo Vargas, para decantar iniciativas concretas (1), un acercamiento a la problemática política nos lleva a lo que los expertos denominan “análisis del sistema completo” (whole system analysis) o al análisis sistémico (system analysis).

Antes de referirnos de manera más amplia a dicho tópico, es pertinente destacar que los niveles de abstracción tambien obligan el tratamiento de la política y de lo político en niveles un poco más complejos. Me refiero a la pertinencia de abordar el cambio político para la paz, entendido como desarrollo político, modernización, crecimiento, decadencia, transición o revolución.

Dichas lineas analíticas están siendo procesadas con la macro idea de una Asamblea Nacional Constituyente como acto fundacional del régimen para la paz. La controversia aún no logra madurar un modelo concreto pero su historicidad ofrece manifestaciones con enorme potencial como las Constituyentes que se han programado para arribar a un evento nacional que haga el quiebre temporal y la ruptura institucional inexorable.

Lo que llama la atención es que paulatinamente el tema de la Constituyente no se agencia dentro del esquema amicus-hostis (C. Schmitt), a pesar de que la ultraderecha presiona para radicalizar y polarizar con el fin de pescar en río revuelto para sus seis pre candidatos presidenciales.

El “análisis del sistema completo” exige abordar la teoría de la democracia y las características de la misma, para el caso concreto de nuestra formación social; y de igual forma el Estado, su origen y configuración.

De manera universal conviene considerar las siguientes vertientes:i) la comunidad política; ii) el régimen político; y iii) la autoridad.

En el detalle de cada uno de estos campos es indispensable mirar los valores, principios o creencias, dominantes o en competencia, que están en la base de ciertas ideologías y doctrinas que entran más o menos implícitamente en la praxis política, lo que quiere decir que están articuladas en expresiones simbólicas o son las justificaciones latentes del régimen como ocurre con el Estado neoliberal que satura de mercantilismo todos los significantes. Es aca donde cobra relieve la línea analítica de los medios masivos de comunicación. 

También las normas que son reglas operativas o “reglas de juego” que especifican los modos en que los miembros del sistema pueden participar y resolver los conflictos. Esas normas están formalizadas en la Constitución y los Códigos y también muchas veces no son formalizadas y consuetudinarias. Son ejemplo, los diversos mecanismos electorales, las leyes de justicia, los derechos civiles y políticos.

Obviamente, están las estructuras de autoridad, es decir, el conjunto de los roles o modelos regularizados de comportamiento y de expectativas acerca del modo en que habrán de comportarse los que ocupan posiciones especiales en la sociedad y el modo en que los demás deben obrar frente a ellos. 

Esas estructuras de autoridad/poder que se dividen el trabajo político son de cuatro tipos: i) las estructuras que toman las decisiones (aparato gubernativo); ii) las estructuras de ejecución de las decisiones (aparatos administrativos); iii) las estructuras que tratan de obtener al menos el apoyo y la obediencia de los actores relevantes del sistema o de neutralizar a los oponentes para alcanzar los objetivos propuestos (aparato coercitivo o de enforcement); y iv) las estructuras de extracción de los recursos necesarios para la ejecución de las decisiones (aparato fiscal y monetario).

La autoridad y la comunidad política es otra vertiente a considerar, pues para el orden político las personas, los núcleos sociales y los grupos activos son esenciales. Por supuesto en relación con las doctrinas, las ideologías y las creencias dominantes en la comunidad. Aca nos encontramos con las estructuras de conversión de las demandas como los partidos, los sindicatos y los movimientos sociales.

Sugiero al Foro de Bogota esta ruta como método para construir la sintaxis del sistema político de la paz con justicia social.


sábado, 27 de abril de 2013

El camino del ELN hacia la Paz



El ELN en marcha hacia encontrar la Paz

Carlos Medina Gallego / Sábado 27 de abril de 2013

Desde hace ya varias semanas viene flotando en el ambiente de la opinión pública nacional, alimentada por los medios de comunicación, la idea de que el Ejercito de Liberación Nacional (ELN) esta pronto a iniciar conversaciones con el Gobierno Nacional, que ya están listas las comisiones negociadoras de las partes y, que incluso, hay una agenda con posibles temas a discutirse.

Es posible que algunos de esos rumores sean ciertos, pero cualquier cosa que se diga antes de que formalmente se oficialicen los diálogos, son simples especulaciones.

Lo más fresco que tenemos en materia de información directa es el saludo que Nicolás Rodríguez Bautista, comandante del ELN, presentó a través de un video, al reciente Congreso Nacional para la Paz. Allí hay un conjunto de enunciados que señalan cual es la postura del ELN frente a un posible proceso de Paz y que camino se seguiría en tal caso.

La expresión, “el pueblo habla, el pueblo manda", con que Nicolás Rodríguez inicia su intervención en el video, es absolutamente determinante de la postura del ELN en relación con el modelo de negociación, que realizaría la organización, en un posible escenario de dialogo.

Para la organización, la participación de la sociedad civil es determinante y esta está unida a la posibilidad de que la paz se construya desde las regiones, con las comunidades y a través de procesos democráticos que mandaten los cambios y transformaciones que deben producirse; de ahí que retome la idea de un Movimiento Nacional por la Paz que conduzca a una Convención Nacional y se plantee como mecanismo de refrendación una Asamblea Nacional Constituyente.

Tres elementos serian importantes resaltar de la intervención del comandante del ELN en el camino hacia la paz con esta organización:

1. Contrario a otros procesos lo que busca el ELN es mediar como actor armado en un proceso de paz donde la vocería central la tendría la sociedad en su conjunto. Es esto lo que se desprende de la afirmación hecha por la organización al señalar que “El ELN le ha dicho al país que está dispuesto a sentarse en la mesa de diálogos con el gobierno, a buscar un ambiente propicio y caminos ciertos, para que se exprese y materialice por parte de las mayorías, la gran agenda recogida en los mandatos de años de luchas populares y sociales, que es lo más auténtico del sentir de las mayorías”. Lo que significaría que la agenda del ELN no sería otra que la mandatada por las comunidades en los distintos eventos nacionales realizados en los últimos años: El ELN ha asumido el mandato de la paz como un objetivo estratégico.

Si el anterior planteamiento en un primer momento pareciera difícil, la propuesta del ELN ayuda a irlo resolviendo pues crea los mecanismos para que todas esas demandas confluyan en un espacio común, que es lo que constituye el segundo aspecto a resaltar

2. El ELN retoma la idea de la Convención Nacional como un espacio en el que se expresan todas las fuerzas sociales y políticas con sus respectivas propuestas y construyen en colectivo un Mandato Nacional de Paz, según lo señalan al afirmar “Hemos propuesto la importancia de una Convención Nacional, como mecanismo democrático de encuentro y participación popular y democrática, donde las mayorías se expresen”. La idea del ELN de aumentar la capacidad de interlocución y participación de la sociedad civil se centraría en los esfuerzos que pudieran hacerse para que la Convención Nacional produjera un acuerdo político de transformaciones económicas, sociales y políticas que condujera a la dignificación de la vida de los colombianos.

3. Ese Acuerdo Político resultante de la Convención Nacional debe terminar refrendándose en una Asamblea Nacional Constituyente, según lo afirman al señalar: “…igual hemos planteado que una constituyente refrende las grandes decisiones salidas de un verdadero proceso democrático popular y social”. Y esto implica, en la actual coyuntura, que más allá de si hay una mesa paralela con el ELN, si se utiliza como mecanismo de refrendación de los acuerdos, como lo viene reclamando las FARC-EP, una constituyente, ambos procesos se encontrarían en ese único escenario. De ahí se deriva que el ELN y el Gobierno nacional, deben acelerar los procesos de acercamiento y la definición de una “agenda operativa”, realista y concreta, que satisfaga las partes y se inserten en las dinámicas sociales e institucionales que se adelantan.

De manera simultánea, el mensaje del ELN al Congreso Nacional para la PAZ, plantea la necesidad de construir un proceso de unidad política “…que aglutine a las organizaciones populares y sociales, los partidos y otras agrupaciones…”, con la idea que “Ha llegado la hora de superar ese andar de cada organización partido o grupo por su lado”. A través de este planteamiento, construido desde los imaginarios del sacerdote Camilo Torres Restrepo, el ELN convoca a los sectores políticos a retomar la idea del Frente Unido de manera que, en torno al discurso de la paz, se constituyan en una frente de confluencia política capaz de convertirse en alternativa de poder.

Es posible que en las próximas semanas el país se vea alegremente sorprendido con el anuncio de inicio de un proceso de conversaciones con el ELN; por ahora, lo único que se tiene es este conjunto de idea sueltas y el compromiso hecho por Nicolás Rodríguez Bautista de estar dispuestos a todo por alcanzar la PAZ.

* Tomado de Confidencial Colombia

Modelo económico y político en el banquillo. Por Domínico Nadal





Domínico Nadal, Cambio Total.

Está a la orden del día el modelo económico que implanta la oligarquía santafesino-traqueta en Colombia. Modelo que viene desde la época de Virgilio Barco y Cesarín Gaviria Trujillo. Recordemos no más que Cesarín –con voz aflautada como si no tuviera testosterona- decía a los colombianos: “Bienvenidos al futuro”. Y ya sabíamos a cuál futuro se refería, el futuro de “nalgas abiertas” del Neoliberalismo, el cual producía grandes negocios para el sector empresarial nativo y para las multinacionales que se robaban -y roban- nuestros recursos naturales.

Hoy vemos el colapso del modelo neoliberal en todo el mundo y el imperio lo continua aplicando porque su propia esencia así se lo dicta. Expoliación, despojo, con la maquinaria de guerra, que cumple así su papel ha muchos años señalado por Marx y Lenin –ayer cumplió años, por si no se acordaban-. Es una catástrofe, dicen algunos analistas internacionales. Una catástrofe producto de la propia estructura del capitalismo. Evidentemente que el único modelo realmente contrapuesto al capitalismo es el socialismo. Tocará a los pueblos desarrollar su modelo.

Colombia, al igual que todos los países capitalistas, sigue con el Neoliberalismo que entrega los recursos naturales a las Multinacionales y para los colombianos sólo queda “tristeza y socavón”. Ya vemos los anuncios triunfantes desde el gobierno diciendo que comenzará a “repartir” los Títulos Mineros, que además es entregar la soberanía nacional ya que el Estado no tiene recursos ni decisión política para verificar las cuentas de extracción que presentan esas multinacionales. En tanto, la tierra se concentra en pocas manos producto de la política estatal de desplazamiento forzoso que ya ha producido más de 5,5 millones de desplazados forzados, echando en brazos de la pobreza y la miseria estos compatriotas.

Claro está que para implantar el neoliberalismo necesitan su “modelo político” y su “modelo represivo”. 
En Colombia sistemáticamente se ha adelantado el Terrorismo de Estado como forma política de desarrollar su modelo económico. Terrorismo de Estado adelantado por las fuerzas militares-narcoparamilitares (hoy llamadas neo-narcoparamilitares o BACRIM) que ha producido más de 500.000 víctimas, 75.000 desaparecidos -18.000 forzados-, más de 4.000 masacres e incontables ejecuciones extrajudiciales –no más en “falsos positivos” hay 3.500 víctimas-. Este Terrorismo de Estado está avalado en leyes como la del Fuero Militar y toda suerte de leyes que incentivan la más profunda impunidad, la cual llega al 99% de los casos denunciados.

Evidentemente que los que se discutirá en la Mesa de La Habana no son “10 curules para senadores”, sino el modernizar la forma de hacer política en Colombia, la cual pasa necesariamente por desmontar el Terrorismo de Estado de la DSN y dotar a las fuerzas militares de una nueva Doctrina, una Doctrina Bolivariana, que coloque en el centro de la vida nacional el respeto al sagrado derecho a la vida. Forma de hacer política que excluya la corrupción como forma de enriquecimiento de unos cuantos a costa de la pobreza de millones y forma también de perpetuación en el poder de las corrompida clase oligárquica-traqueta.

Definitivamente, no es poca cosa lo que tiene que discutirse y desde luego, no será tarea fácil. Mas los colombianos estamos esperanzados y confiados en la sapiencia de los delegados populares en la Mesa de La Habana. Adelante, pues, que “el camino es culebrero” y para atrás ni para coger impulso, porque allá asustan !


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Publicado por Blogger en CambioTotalRevista el 4/23/2013

Paz como política de Estado. Rodolfo Arango

Rodolfo Arango*




Enterrada la posibilidad de prolongar el período presidencial a seis años, y remota la reelección con promesa de retiro a la mitad del segundo cuatrienio, surge la pregunta de cómo hacer para tornar la paz de “política de gobierno” en “política de Estado”.

¿Cómo sacar la decisión de paz o guerra del ámbito electoral? La fidelidad de los grupos que compiten por el poder al mandato constitucional de la paz como derecho y deber supone actitudes y decisiones altruistas que algunos protagonistas no parecen dispuestos a asumir. En esto radica el reto del gobierno: blindar el proceso de paz con independencia de quien ocupe la presidencia u obtenga las mayorías del Congreso entre 2014 y 2018.

Una consulta popular antes de terminar el año, cuyo resultado es de obligatorio cumplimiento, podría elevar el acuerdo de paz a política de Estado. Luego vendrían las reformas constitucionales y legales para desarrollar lo pactado. Pero un acuerdo refrendado por el pueblo antes de las elecciones del próximo año está todavía lejano. Mientras las partes negociadoras deliberan, ultramontanos pasean los cuarteles. Para neutralizar las ansias de solución total, Gobierno y Farc necesitarían de altas dosis de cordura y generosidad.

El desafío no es fácil. Se trata de desincentivar la comprensión de “lo político” como la distinción entre amigo y enemigo. Esta idea conflictiva de propios y ajenos, de buenos y malos, no sólo es abrazada por el uribismo; es compartida por amplios sectores de la insurgencia. Al fin y al cabo compartimos una misma cultura hegemónica, blanca, machista y católica. Los partidarios de una solución radical, que elimine —incluso físicamente— a los supuestos enemigos o diferentes, se basan en una concepción de la naturaleza “caída” del ser humano. Sólo la justicia divina o revolucionaria podría ahorrarnos el valle de lágrimas o el sufrimiento causado por nuestra “falsa” conciencia. Resultado de esta visión teológica es la búsqueda de un pueblo homogéneo, puro, presuntamente democrático, por compartir una idea unitaria del bien común.

Contrapuesta a la comprensión antagónica de lo político, invitando a la reflexión en momentos neurálgicos, se encuentra la idea aristotélica de la política. Dice el Estagirita en su Ética a Nicómaco que “la tarea de la política consiste, sobre todo, según parece, en promover la amistad; y, por eso, se dice que la virtud es útil, pues es imposible que sean amigos entre sí los que son recíprocamente injustos. Además, todos decimos que la justicia y la injusticia se manifiestan especialmente en relación con los amigos; y se reconoce que el ser humano mismo es, a la vez, bueno y amigo, y la amistad una cierta propiedad moral; y si uno desea hacer que los hombres no se traten injustamente, basta con hacerlos amigos, pues los verdaderos amigos no cometen injusticias entre sí”.

Si bien es mucho pedir que farcanos o elenos y uribistas se hagan amigos, aunque metamorfosis de unos en otros se han visto en el pasado, la fuerza civilizatoria de la discusión y del diálogo puede contribuir a convencer a unos y otros de que no son tan diferentes. ¿Qué mínimos en el acuerdo permitirían elevar la política de paz a política de Estado para un eventual presidente uribista o un Congreso de mayorías afines al líder supremo?

Adenda: Es hora de que el Congreso de la República avance en el camino civilizatorio y reconozca la posibilidad de contraer matrimonio civil a las parejas del mismo sexo.

* Columnista en El Espectador

Muerto el perro… se acaba la sarna? La Paz y la Violencia. Por José María Carbonell





Por José María Carbonell, Cambio Total.

Algunos “analistas”, con disimulada alegría, han “descubierto” que la “violencia” no se acabará con la firma de un Acuerdo de Paz entre las FARC-EP y el Gobierno colombiano. Quizá piensan que la Paz se logra por decreto, solución “mágica” a la cual están acostumbrados.

En Cambio Total hemos dicho que la Paz, su consecución, es un proceso. Como tal, implica puntos de partida –inicio de conversaciones, discusión de los puntos de una Agenda, concreción de los Acuerdos, implementación de éstos, verificación de ellos, etc-, y puntos de llegada –fortalecimiento de las nuevas organizaciones populares, modernización de la forma de hacer política, justicia, justicia social, equidad, etc-. 

En éste “proceso”, el Estado y su gobierno deberán accionar todos los mecanismos en su poder para llevar a feliz concreción los Acuerdos. Ejemplo, distribución de tierras y formas de propiedad (colectiva vs “privada”), ayudas monetarias a los campesinos e indígenas, modernización de las labores del campo, etc, etc. Las FARC-EP, como una consecuencia de la acción estatal de adelantar la guerra contra el pueblo, se irá involucrando en la vida “legal” que brinda la Nueva Constitución elaborada por todos los sectores de la sociedad colombiana e irá desarrolando su acción “política” a fin de modernizar el Estado, sus formas de propiedad, su estructura y superestructuras, a fin de inscribirnos en el siglo 21 como la Nueva Colombia en paz con justicia social.

Evidentemente que los “enemigos de la Paz” no se van a estar quietos. De hecho no están quietos. Están desarrollando lo único que saben hacer y recurren a su único argumento : la guerra. “Guerra sucia” entre otras cosas, que recurre al asesinato a mansalva de los líderes populares que adelantan la lucha por una mejor Colombia, ahora y siempre, la cual utiliza también las modalidades criminales de la desaparición forzada, las masacres, las ejecuciones extrajudiciales, etc.

Por ello, en éstos momentos de discusión y Acuerdos, esos “enemigos de la Paz”, los Uribhitler, los Francisco Santos, los Ordóñez, algunos militares en servicio activo y uso de buen retiro, los narcotraficantes ahora llamados neo-narcoparamilitares o BACRIM, seguirán soterradamente impulsando y acolitando la política de Terrorismo de Estado entre esos sectores “enemigos de la solución política”, política que todavía se mueven las fuerzas estatales –militares y políticas-.

Ya la Marcha Patriótica denunció el asesinato de 8 de sus líderes en 2013. Ya el CICR en su último “informe —conocido justo en momentos en los que Colombia pasa al banquillo de los derechos humanos al presentar su Examen Periódico Universal en Ginebra, Suiza — la Cruz Roja señala que en 2012 registró 880 presuntas violaciones al Derecho Internacional Humanitario por parte de todos los actores del conflicto y ocurridas tanto en los campos como en las grandes ciudades.

...Esa entidad refiere que en 2012 hubo un deterioro de la situación de derechos humanos en regiones como Cauca, Norte de Santander, Caquetá, Arauca, Putumayo y Nariño y en ciudades como Medellín, Buenaventura y Tumaco. Asimismo, el desplazamiento forzado se mantuvo en niveles preocupantes, de acuerdo con el CICR, que citando cifras oficiales, indicó que desde 1997 se han registrado cerca de 3 millones 900 mil desplazados.

...De acuerdo con el CICR, que citando cifras oficiales, indicó que desde 1997 se han registrado cerca de 3 millones 900 mil desplazados”.
Igualmente, “durante 2012 el CICR conoció de 161 casos de desaparición forzada y entregó los restos de 13 personas cuyos cuerpos se encontraban en fosas comunes. Hasta el año pasado se habían reportado cerca de 78.000 casos de desaparición en el Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres de l Instituto Nacional de Medicina Legal” Además, “la violencia sexual, esa institución atendió en 2012 cerca de 117 casos”.

Lo que demuestra que desde el Estado se sigue aplicando el Terrorismo de Estado y no se entiende cómo desde el Estado y los medios de comunicación en poder de la oligarquía les siguen exigiendo el “desarme de las FARC”, mientras el Estado sigue aplicando su política de Terrorismo de Estado, es decir, de guerra contra el pueblo.

Hemos también señalado que el Estado tiene la capacidad de desmontar sus grupos neo-narcoparamilitares ya que éstos dependen de los sectores guerreristas al interior de las fuerzas militares y estatales. Quizá por el miedo a que “muerto el perro, se acaba la sarna”, los sectores guerreristas al interior del estado y fuera de él temen quedarse sin el último argumento propagandístico que justifica su política de exterminio, cuya principal motivación es económica, desde luego, y es política en segundo lugar.

Lograr unos Acuerdos de Paz con las FARC-EP tendrá que producir el desmonte de las bandas neo-narcoparamilitares, que actúan impúdicamente con las fuerzas militares y políticas tradicionales en Colombia, es decir, “muerto el perro”, la Guerra, se “acaba la sarna”, las bandas de los “enemigos de la Paz”. 

No quisiéramos creer que el gobierno y el estado colombianos seguirían aplicando su política de exterminio de líderes guerrilleros que pactaron Acuerdos de Paz con ellos, como sucedió con Guadalupe Salcedo, Carlos Pizarro-LeónGómez, y otros. Eso sería re-editar las causas que originaron el actual conflicto interno colombiano.


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Publicado por Blogger en CambioTotalRevista el 4/25/2013