Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de junio de 2013

Las tetas de Afrodita


Afrodita, diosa de la mitología
greco romana

Catalina Ruiz-Navarro (Desde España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL).

Cuenta la leyenda que en el año 238 después de Cristo, Ágata de Catania se resistió a las intenciones libidinosas del procónsul romano Quinizano.


El político, ofendido, mandó a amputarle las tetas, ella tuvo una visión de San Pedro, se hizo santa, y su impactante iconografía la condenó a cargar sus mamas en una bandeja. Santa Ágata, cuyo milagro parece ser adelantarse a la ciencia, es la patrona del cáncer de seno.

Angelina Jolie, "diosa" de Hollywood

Hace un mes, Angelina Jolie hizo pública una doble mastectomía que se practicó como acción preventiva frente al cáncer de mamas. Según un sofisticado (y costoso) análisis de su ADN, Jolie tiene el gen BRCA1, que aumenta su probabilidad de tener cáncer de seno y de ovario al 87%. Con la mastectomía, Jolie reduce sus probabilidades de cáncer de seno al 5% y ha anunciado públicamente que el paso a seguir es remover sus ovarios.

La mastectomía de Jolie puso a hablar a todo el mundo. No de sus tetas, ya todos hablábamos de sus tetas. Desde siempre. Pero que la tantas veces llamada “mujer más sexy del mundo” reemplace esas tetas memorizadas por su público hasta la pertenencia por prótesis es un reto contemporáneo a nuestra idea de belleza, de mujer, de feminidad y de destino; plantea dilemas éticos, estéticos, biológicos, ontológicos y políticos. Unos son sobre la voluntad y el destino: ¿Lo hizo por valiente o por cobarde? ¿Lo hizo “por sus hijos” o por un incontrolable deseo de controlarlo todo? ¿Vale la pena hacerle tantos quites a algo tan irremediable y gratuito como la muerte? Otros sobre el cuerpo y los símbolos de lo femenino: ¿La hace menos sexy la latencia de su enfermedad? ¿Hay tal cosa como un cuerpo natural? ¿No es cada decisión que tomamos en la vida una intervención sobre el cuerpo? ¿Es ahora una especie de cyborg, una mujer biónica? ¿Es mujer todavía, aún sin sus tetas, sin sus ovarios, sin los marcadores biológicos a partir de los cuales nos inventamos, en el lenguaje, unos géneros?

La gran Afrodita de Hollywood se convirtió en la Santa Ágata contemporánea. Muchos, de hecho, hablan de Jolie como heroína y como mártir. Los dos papeles en este caso son antagónicos. Primero porque Jolie desafía su supuesto destino, escrito en los genes, para tomar las riendas de su vida y escapar a ser víctima de una enfermedad. Segundo, porque Jolie es la única que puede darse el lujo de hacer eso sin convertirse en mártir. Su gesto habla de un mundo soñado por Odiseo, en el que la astucia y la voluntad humana pueden derrotar los designios de los dioses. Pero también es cierto que una probabilidad no es más que eso, que el destino nos aplica psicología inversa y la mastectomía pudo ser inútil (tal vez Jolie nunca iba a tener cáncer) o el 5% basta y aun puede tener mala suerte en la lotería de la enfermedad.

Jolie no le puede ganar a la muerte. Pero lo valiente de su decisión es que una mujer que ha construido su carrera sobre los símbolos de lo que significa ser mujer, la más deseada, amada por el más deseado, se deshaga de esos símbolos, por la razón que sea, y se reclame mujer ante el mundo, frente a tantas mujeres que tomaron la misma decisión en secreto y se cuestionan su feminidad. Y si bien no responde la pregunta, deja claro que una mujer es más que unos órganos dislocados, unos ovarios y unas tetas, una mera función erótica y reproductiva. Afrodita, Angelina y Ágata. Ser mujer es más.

lunes, 10 de junio de 2013

¿Porque Colombia no cumplirá con las metas del milenio?



por Jose Camargo.
Martes, 11 de Junio de 2013


Colombia es un país inmerso en el sistema capitalista, que sostiene a ultranza el modelo Neoliberal. Este aspecto es importante para valorar, lo concerniente a las metas del milenio y otras situaciones en lo económico, lo político, etc.

Colombia es un país inmerso en el sistema capitalista, que sostiene a ultranza el modelo Neoliberal. Este aspecto es importante para valorar, lo concerniente a las metas del milenio  y otras situaciones en lo económico, lo político, etc.

Colombia no alcanzará las metas del milenio porque presenta situaciones como: el modelo neoliberal imperante, una deuda externa impagable, un conflicto armado que se eterniza y una corrupción a todos los niveles que evita la prosperidad y el desarrollo del país. En este año, 2013, según las tendencias y proyecciones del Banco de la República, la deuda externa  colombiana estará por encima de los 80 mil millones de dólares. Se prevé, que el mayor monto del presupuesto de la Nación (2014) se lo llevará el pago del servicio de la deuda a la  cual se le podrían asignaran recursos  por el orden de los$ 41,7 billones. De no prosperar los diálogos de paz en la Habana-Cuba, el conflicto interno le puede costar al país alrededor de 225 billones de peso en la próxima década, según un informe realizado por el partido Liberal y el Observatorio Conflicto y Ciudad del Politécnico Gran Colombiano.

La corrupción, les significa a los colombianos pérdidas anuales por un monto de 12 billones de pesos. Estudios realizados por la Universidad de Colombia y el Banco Mundial, coinciden en señalar que el 13% del presupuesto destinado para inversión se distribuye entre funcionarios corruptos (2011).Otro estudio de la Sociedad Colombiana de Economistas (2011), señalo que la corrupción, le había  costado a Colombia 189 billones de pesos en el periodo - 1991 y 2010-. Un país que cuenta con un  cuadro tan dramático, no tiene de donde pensar en cumplir con metas del milenio ni nada que se le parezca. La demagogia es otro elemento, que causa tanto daño como el de la corrupción. En una plaza pública colmada de “simpatizantes” en el municipio de Plato- Magdalena, el actual presidente J.M. Santos, en campaña electoral alardeaba: “Vamos a desaparecer el hambre que afecta a los niños de la región Caribe”. 

Como Presidente de la República, en un evento  realizado en el centro de convenciones Anas-Mai en Riohacha, aseguro:”Quisimos venir aquí para iniciar todo el proceso, para ver cómo podemos mejorar los índices de pobreza en La Guajira y en el resto del país”. Y en la Universidad de Oxford, ante un grupo de 25 países del mundo, expresó sin ruborizarse: “Tan solo en dos años…1,7 millones de colombianos dejaron de vivir en la pobreza”  ¡que falacia ¡
Según, el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE)en Colombia cerca de 20 millones de personas no tienen acceso a los productos básicos de una canasta familiar, el 34,1% de los Colombianos viven en la pobreza  y otro 10,6% en la indigencia ¿Como entienden los gobiernos en 

Colombia el concepto de Seguridad Alimentaria? La FAO la define de la siguiente manera: “La seguridad alimentaria se da cuando todas las personas tienen acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros y nutritivos y en cantidad suficiente para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias, y así poder llevar una vida activa y saludable”. El programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, señaló que en Colombia el 52% de las tierras está en manos de 1.5% de la población. Además hay muchas más hectáreas dedicadas a la minería que a la agricultura de subsistencia.

La ONU, se prepara para una  fallida cruzada consistente en erradicar la pobreza extrema en todos sus aspectos en el año 2030.Los países ricos deberán consagrar el 0,7% de su P.I.B, a este proyecto. La humanidad no necesita de las migajas de los poderosos.

La ONU y otros organismos internacionales deben dedicarse: a  instar a los gobiernos  del mundo a castigar severamente la corrupción, condenar el pago de  la deuda externa que ha sido cancelada varias veces por los países en desarrollo, detener la carrera armamentista y el avivamiento de conflictos regionales y  aupar para que las relaciones políticas y económicas entre los países del mundo se den  bajo criterios de solidaridad, igualdad, y respeto a la soberanía.


jueves, 9 de mayo de 2013

La columna de Godofredo Cínico Caspa: Baja de pensiones a excongresistas y magistrados. ¡Atraco!


Godofredo Cínico Caspa: ironía fina que
sabe pegar donde duele


Godofredo Cínico Caspa / Miércoles 8 de mayo de 2013 

¡Carajo! ¿Fue que no estudiaron derecho como uno en la Gran Colombia, con el siervo de Dios José Galat? Además de cómplices de la decadencia de 1991, las bestias sin enjalma de la Corte Constitucional, ahora se declararon totalmente contra la ley y la tradición al bajarle las modestas pensiones a más de mil ejemplares servidores de la patria, ex magistrados y límpidos ex congresistas.

Lo peor de este repudiable caso, es el de decenas de valientes ex parlamentarios que se vieron beneficiados con las pensioncitas porque, no pocos de ellos, le sirvieron al país doblemente y de manera desinteresada: con su labor de padres de la patria refundada en el capitolio y con su trabajo dedicado en la construcción de la legítima autodefensa, como puntales y pilares del nunca bien ponderado paramilitarismo.

Antes les hubieran debido dar pensión doble y hasta triple, por fabricar leyes en beneficio de la gente decente y por haber facilitado el financiamiento, crecimiento y consolidación de la AUC de mijito Castaño (¡viva Gustavo Bolívar!) sacando de circulación a miles de campesinos guerrilleros. Ni un peso será devuelto por ellos quienes invirtieron todo en el futuro de una patria unánime, con una sola doctrina.

Si lo vemos de manera ordenada y jurisprudente, pensiones de 26 millones de pesos, son una bicoca al lado de los servicios prestados. Esa pequeña platica mensual ¿con lo caras que se pusieron en aquellos tiempos -por exceso de demanda- las moto sierras?

Ese dinero de bolsillo, jamás les hubiera alcanzado para amortizar las descomunales inversiones en metálico que muchos de esos hombres y mujeres desinteresados hicieron para comprar los votos con los cuales llegaron a legislar para nosotros, la gente de postín. Además, ahora la indiada y la gaminería mestiza impulsada por el sindicalismo marxista, ya no se conforman con una cerveza y un salchichón para votar por uno. Tengan en cuenta que toca darles almuerzo gourmet o light, pagarles el bus o la lancha, mandarlos a motilar, y encima de eso darles hasta 50.000 pesos por meter la vaina en la urna…

Súmenle a eso toda la plata que había y que hay que untarle a tanto funcionario carísimo a quien toca sobornar para lo de los carruseles, los contratos, las regalías, las adjudicaciones… En uso de buen retiro, los ex congresistas que saben por dónde va el agua al molino, ni siquiera logran con esas pensiones pagar las deudas del oficio. ¿Cómo se les ocurre, tinterillos constitucionales, abogaduchos comunistas, bajarles el ingreso a repugnantes 14 millones?

Le va tocar a esa pobre gente empeñar el rolex, vender las fincas con todo y cebú, des blindar las camionetas, tomar vacaciones en Melgar, irse a vivir a Guacamayas en el suroriente bogotano, a Rebolo en Barraquilla, a Aguablanca en Cali o a la comuna 13 en Medellín,

De otro lado, no estoy de acuerdo con la posición de algunos ex magistrados que dicen que la solución no es bajarles la pensión a ellos, sino subírsela a todo el mundo. Eso es demagogia, cuando no democracia, que es mucho peor para la conveniencia de nuestro régimen de 200 años de chupar la linda tética del erario público y púbico.

Si justamente, las desigualdades que se dan en materia de pensiones, son un reflejo de las calidades de la gente, de la tradición ¿la misma pensión, -ni siquiera proporcionalmente – para un ex magistrado que para un celador de motel? ¡Ni de vainas! ¿Los mimos derechos para un senador de la auto defensa que para un profesor subversivo de la Nacional? ¡Ni por el putas! El primero le enseñó al país a Convivir y el otro enseña a subvertir.

Critican que en no pocos casos al promediar por lo alto, un magistrado auxiliar –por ejemplo que se ganaba seis milloncitos, en el último mes de su vida laboral- fuera ascendido a magistrado y pasara a ganarse 20 lucas grandes y se pensionara con ese sueldito. Eso es inteligencia, viveza. ¿O es que acaso uno no tiene derecho a la malicia, lo único bueno de los indios? ¿Qué quieren, que uno se pensione con el primer salario de sustanciador? El truco y la maña son cimientos de nuestra legalidad. Todo cambio es revolucionario, terrorista.

Sí señor. ¡Son derechos y privilegios y prebendas adquiridas! O es que como en algunos casos, liberar a los de cuello blanco y hacerse el pendejo, ¿no es costosísimo? Todo lo que signifique beneficiar a la justicia para los de ruana, es hacer patria. Que se trata de un carrusel de pensiones… Pamplinas. Y si los fuera ¿qué? Carruseles queremos, carritos chocones adoramos, ruedas de Chicago veneramos.

Aténganse a la que vamos a hacer. En solo mi caso y en muy pocas horas de conocida la atrabiliaria decisión de la Corte Constitucional, ya estoy tramitando con mis asesores 283 tutelas, como apoderado de quienes se apoderaron del billete en rama judicial. Y las que siguen. Les vamos a llenar los despachos de papelería para que aprendan a respetar. ¿O es que acaso no saben quiénes somos?

Pues ni más ni menos que los dueños de dos ramas públicas del poder, afectados, no como los ex presidente a quienes si les dejaron las pensiones, para que Belisario pueda ir a la Lerner a comprar poesía, Gaviria a Nueva York a comprar obras de arte, Andrés Pastrana al Caguán a veranear, Samper a Corabastos a comer pelanga, y su eminencia Álvaro Uribe al nudo de Paramillo a domar caballos.

¿Fueron o no especiales esos funcionarios? Especiales y definitivos como mis hermanos para-políticos. Por qué entonces ¿arrebatarles su régimen especial de pensiones? Abusivos, rateros, choros.

¿Cómo se les ocurre bajarles las pensiones a ex congresistas como Carlos Holguín que necesita esa plata para comprar excitantes que no lo dejen dormir, o a Jaime Castro que la gasta en perfumes y pañuelos o a un Jaime Dussán que invierte en su inversión de valores?

En tiempos de las locomotoras chimbas de Santos, bienvenido un choque de trenes. Que de frente el tren chatarra de la Corte Constitucional, embista al tren inmaculado del Consejo de Estado, que si defiende nuestras pensiones. Que se choquen esos descastados con nuestro jefe máximo Alejandro Ordóñez que está por la defensa de todo beneficio para la gente católica.

Y claro que tenía que salir el Juan Manuel en calzoncillos u oliendo yerba a decir que esto hace de Colombia un país más justo. Como a él no le van a bajar la pensión. Y de paso propongo que si se trata de Álvaro Uribe, le doblen la pensión ya que fue mandatario durante dos periodos. Y tiene dos hijos para heredarles ese dinerillo en beneficio del desarrollo de las zonas francas.

Los bergantes de la Constitucional se dejaron influenciar sin duda por todos los “juristas” comunistoides para llegar a este fallo que es una falla. ¿Quién ha dicho que la Justicia consiste en hacer justicia?
La Justicia está para que de manera organizada y recibiendo beneficios co administre y co gerencia nuestros capitales. ¿O es que no les damos regalitos? ¡Traidores!

Le hago un llamado a los congresistas y magistrados para que no acaten ese fallo, para que una vez más se poposien en la ley. Salgamos en manifestación a la calle con nuestros escoltas, en nuestras toyotas y nuestros mercedes a desfilar, cual harleystas, en la defensa de lo adquirido. Somos 1.032 colombianos afectados por esa porquería de decisión. ¿Pocos?

* Tomado de Confidencial Colombia/Agencia de Prensa Rural.

lunes, 6 de mayo de 2013

Más allá de una nostalgia


Patricio Guzmán, documentalista que suele agitar
las alas de la memoria


Mas  allá de una nostalgia.
                                                                                                                                                Por Sara Leukos

En el año de 2002 me encontraba en Paris,  allí conocí al documentalista  Patricio Guzmán. Se emitía  su documental  sobre Chile y la represión del general Pinochet. Recuerdo que mas allá de mi memoria escrita, la cual pasaba bajo mis inquietudes y  la dirección  de mi padre sobre lo ocurrido en Chile, me sitúe en aquel momento  en la pluralidad que se me ofrecía sobre la historia del gobierno de Allende. En medio de imágenes visuales me  adentraba a la realidad chilena que  bajo trazos de toda una  reflexión política- Patricio Guzmán nos ofrecía sobre la memoria ensangrentada de  las calles chilenas: la señal estrepitosa de la maldad del dictador Augusto Pinochet.  

Lo más especial en el documental,    era el trazo del  sonido, las  imágenes en la calle, las voces en el estadio, los silencios que resultaban de sus protagonistas dirigidos hacia mí. Como latinoamericana, me resultaba impactante  y dramático.  La memoria  transitaba más allá de los hechos, se  bifurcaba bajo sentido espectrales que marcaban trazos visuales y auditivos. 

En este significado,  bajo el recuerdo y atendiendo un poco la lectura de  Daniel Barenboim -“...según Antonio Damasio, hay dos tipos de memoria fundamentales: uno relacionado con las habilidades y con los hechos. Yo daría un paso  más y dividiría la memoria  basada en los hechos en sus aspectos visuales y auditivos definitivos. ( en su texto:   El sonido es vida. El poder de la música- 2007) .

Bajo estas palabras  de Barenboim y atendiendo mas allá de una nostalgia,  me convoco quizás a  darme una respuesta a lo sentenciado por este músico de origen judío y de nacionalidad argentina, que  dicho sea de paso trabajó con Edward Said para unificar músicos palestinos y  judíos entre otros músicos, en la  realización del gran concierto de Paz en la franja de gaza…

Atendiendo sus palabras actuales  y  asumiendo  su trazo,  mi memoria tanto como hoy, se relacionaba con  los hechos de mi país. Era precisamente, los sentidos visuales y  auditivos  de un tiempo escrutable y  reflexivo que el cineasta  Patricio Guzmán nos delineaba  a partir del  documental: La batalla de Chile.  Chile nos dejaba en un silencio sobre nuestros propios muertos.  No estaba en Chile, me hallaba en Paris lejos de mi familia,  pero con la memoria  viva  sobre el acontecer de miles de muertos, bajo asesinatos perpetrados por los paramilitares: la familia castaño, otros secuaces, maniáticos, narcos, políticos y apátridas tratando de refundar la patria. El documental  me hacia llegar vertientes ajenas a la dictadura, represión- eliminación y la guerra total que mi país labraba, estos sentidos visuales, auditivos inundaban mi pensamiento- me pregunté entonces - En qué  país  habíamos crecido?

El documental nos  acercaba  a nuestra memoria con un  afán del tiempo- me dije: -así son los documentales,  no se fijan en el tiempo cuando tiene que mostrar la historia. 
Hoy,  llega  una vez más Patricio Guzmán con su  texto “Nostalgia de la luz”- me imagino que así se llama su documental, el  cual no  logré ver en la página: ¡Error! Referencia de hipervínculo no válida.

Recordando,   aún  continúo preguntándome por ese  arrebol del tiempo- en lo que se  logra ver a tiempo y lo que no se puede  ver sino después: los hechos. Estos,  en la línea  fina de la memoria como aquella tarde en Paris,- Patricio Guzmàn me advierte: 

…Mientras los astrónomos buscan la vida  extra terrestre, un grupo de mujeres  remueve las piedras: busca a sus familiares.-  

Sara Leukos 
saraleukos@gmail.com






























miércoles, 1 de mayo de 2013

República clerical



Por: Cristina de la Torre.

No se sacude Colombia el lastre de la Iglesia en el poder público. Caverna contra la sociedad plural y el Estado laico que desde nuestra frustrada revolución liberal de los años 30 redobla su ofensiva contra el poder civil, una mayoría de senadores hundió el matrimonio gay, más a embates de biblia que de código civil.


Rebaño del abominable Ordóñez, se brincó el derecho de igualdad que a todos cobija, minorías incluidas. Así lo prescribe la democracia, para desdicha de mayorías que suelen imponerse a golpe de tumulto, y de devotos siempre prestos al golpe por la fe. Pero nuestra democracia anda en pañales, pues la historia se repite sin cesar

Cuandoquiera que los segregados levantaron la cabeza, se atrincheró la reacción en su territorio de privilegio moral, bajo la égida de un dios despótico. Dios hechizo a la medida del integrismo católico de un monseñor Builes para fustigar a la mujer que exigía ciudadanía y voto. Dios hechizo para potenciar el griterío de un Laureano contra el divorcio y el matrimonio civil. 

Dios hechizo de las Ilva Myriam y políticos-pastores para bloquear el matrimonio igualitario y el aborto terapéutico de ley. Dios hechizo con pasajes que el Ku Klux Klan rebuscaba en la biblia para justificar el asesinato y la esclavitud eterna de los negros en EE UU. Hasta 1964 vivieron ellos segregados en el lema “iguales pero separados”. Como en Colombia quedó para las parejas homosexuales: tendrán ellas los mismos derechos jurídicos y patrimoniales de las heterosexuales; pero, eso sí, no se llamará lo suyo matrimonio sino unión solemne. El rótulo discrimina, pues se le asigna en exclusiva a una minoría repudiada. Es fórmula paternalista de mera tolerancia: reconozco que, a mi pesar, existes; no te mato pero tampoco te incluyo; tu destino es el gueto. Gueto fue el de los negros en EE UU.

Campeó en el Congreso, en la plaza y en las redes la misma intransigencia religiosa que aquí se resolvió en guerras, en violencia moral sobre la familia, en ataque al postulado liberal formulado hace siete siglos por Marcilio según el cual la vida civil ha de regirse por la ley civil, no por la divina. El canonizado obispo Ezequiel Moreno, contribuyente de las tropas conservadoras en la guerra de los Mil Días, parecía hablar ahora por boca de nuestra jerarquía eclesial y política. Como reavivando la “sana y recta aversión” del santo a las ideas liberales que “son pecado”, monseñor Falla desconceptuó a la Corte Constitucional y, en defensa de la familia patriarcal, condenó el matrimonio igualitario. El senador Gerlein logró síntesis feliz del Estado confesional, premoderno: “política y religión deben ser aliadas; la Iglesia Católica iluminó a quienes han escrito nuestras Cartas políticas para definir el matrimonio entre hombre y mujer”.

Hoy se reedita el acoso contra el liberalismo y el laicismo. Contra la igualdad de derechos, el respeto a las minorías y a la diversidad creciente en los modelos de pareja y de familia. Diversidad que adquiere legitimidad, visibilidad y voz. E incluye el paradigma de la pareja homosexual, que una nueva ley ha de reconocer y proteger, con igual denominación del vínculo y derecho de adopción. Como en el caso del aborto, este debate no remite a la moral religiosa sino a los derechos civiles. No puede dirimirse entre Dios y el Diablo, sino entre Estado laico y teocracia. Así vocifere todavía la república clerical.

Mea culpa. Por error que lamento, escribí en mi columna pasada que se habría realizado reunión política en casa del concejal Argote para oponerse a un proyecto del Alcalde. Se trataría –según La Silla Vacía- del apartamento de Julio César Acosta y no del concejal Álvaro Argote Muñoz. Rendidas disculpas.

·                     Cristina de la Torre | Elespectador.com


lunes, 29 de abril de 2013

Todos con todos


Alfredo Molano Bravo



Por: Alfredo Molano Bravo

Hace pocos días estuve en Montes de María, una región bella y amable que ha sufrido la violencia en todas sus formas desde la época en que Sancho Ximeno —que ha pasado en nuestra historia patria como el defensor de Cartagena contra los piratas ingleses— fue también el brutal perseguidor de los negros que se arrochelaban en la zona cenagosa del Canal del Dique y resistían en la pequeña cordillera.

 

Fue don Sancho el que si bien redujo al héroe de los cimarrones, Benkos Biojó, no pudo acabar con la rebelión de los esclavos que sobrevivieron en palenques; el más conocido, San Basilio, aún conserva palabras de las lenguas africanas. En los Montes se acostaron con las indias chimilas y zenúes y viceversa, y se pasaron por la faja las barreras raciales. Un primer unos con otros y todos con todos. Más tarde los españoles trataron de sacar a esa gente a punta de tiros de mosquete y perros rabiosos, para poblar la región con colonos criollos y hacendados blancos. Pero unos y otros terminaron gateándoles a todas, y todas abriéndoles campo en el chinchorro a unos y otros. Una segunda batalla ganada por la cama libre. De ahí fue saliendo y puliéndose el todos con todos que terminó siendo la norma de convivencia de nuestro pueblo levantisco. Algunos grandes hacendados, si bien acostaban ‘a la brava’ a la servidumbre de sus haciendas, mantenían relaciones con sus esposas para excluir de la herencia a todo mestizo. Pero, al contrario, los mestizos se divertían de cama en cama y de chinchorro en chinchorro, sin miedos, sin cálculos, sin reservas. Lo que sucedió en Montes de María sucedió —y sucede— en todo el país.

La violencia pasó por esos montes y por esas sabanas como guerra civil. Todos los bandos buscaban el control del río Magdalena y reclutaban niños, mujeres y hombres como carne de cañón. Pero entre batalla y batalla, y también durante las batallas, el todos y todas contra todas y todos mandaba más que los generales, y en las noches los gemidos de goce en las tiendas y hamacas opacaban los de los moribundos. Somos hechos de polvo y pólvora. Guerras civiles que no han terminado. Tampoco las otras batallas.

El último capítulo fue el que escribieron —y escriben— los campesinos en rebelión contra los hacendados de Sucre, Bolívar y Magdalena, uno de cuyos epicentros sigue siendo los Montes de María. Las guerrillas echaron raíces en esa pelea y los paramilitares fueron organizados y financiados para ganarla. Y la ganaron: los bombardeos de la aviación fueron consolidados con masacres y masacres. Las tierras de los campesinos fueron arrebatadas, las haciendas corrieron sus cercas; los notarios firmaron escrituras a dos manos. Y entraron a gozar de las victorias los grandes inversionistas: los fabricantes de arepas, los industriales de la palma africana, los empresarios del cemento, las empresas reforestadoras con teca y pino, con eucalipto y acacia magnum, cultivos devastadores de la fauna y la flora vernáculas. Los ganadores reclamaron sus derechos de vencedores y los pueblos se llenaron de discotecas y prostíbulos donde, dicho sea de paso, se mercadea cualquier cosa, todo o nada.

También apareció una carretera hecha por ingenieros militares que, se dice, costó tres veces más porque de cada viaje de varilla, cemento y combustible, sólo se usaba una parte porque las otras dos desaparecían en los bolsillos de oficiales contratistas. Ahora se sabe el destino y la razón de esa vía con especificaciones de autopista que Uribe inauguró como el más glorioso logro de la seguridad democrática: un puerto en Tolú para sacar aceite de palma, carne en canal, cemento y madera hacia el exterior desde los emporios paisas y los latifundios costeños.

En Macayepo, situado en la cresta de esos montes, en el atrio de una iglesia abandonada donde crecen los yarumos, dos burros machos gozaban entre sí de las facultades que Dios les dio, como para demostrarle al procurador —un macho santandereano— y al eterno senador Gerlein —un varón cartagenero— que ese derecho es tan natural como el que asiste a todos con todas y viceversa, y al contrario. La verdad, siempre es sospechoso tanto machismo institucional.

 

·                     Alfredo Molano Bravo | Elespectador.com


viernes, 26 de abril de 2013

Miedo a la democracia


Augusto Trujillo Muñoz

Por: Augusto Trujillo Muñoz

Una Asamblea Constituyente siempre será una alternativa democrática para garantizar el funcionamiento dinámico del estado de derecho.

Según informe de la redacción política de este diario (abril 22/13) algunos círculos han vuelto a considerar la idea no sólo para refrendar los eventuales acuerdos de La Habana, sino para impulsar desarrollos del post-conflicto. Dos días después surgió de nuevo en la mesa de diálogos. Hay que debatirlo: una Constituyente es un instrumento para reformar la Constitución, pero también es una forma de airear la vida política del país.

Para comenzar es la mejor vía capaz de acercar la política a la gente, y al revés. Más allá de la mecánica de los partidos, de la racionalidad del Congreso, del temor de sectores conservaduristas y del sectarismo de sectores revolucionarios que siguen anclados en los ideologismos del siglo xx, supone participación del ciudadano en el debate de sus problemas y en la misma toma de las decisiones.

En los últimos años ha hecho carrera una frase acuñada para generar temores: una Constituyente se sabe cómo empieza, pero no se sabe cómo termina. La afirmación es falsa porque hoy se cuenta con mecanismos que no existían en 1991: una ley que autoriza la convocatoria específica, una corte que ejerce el control constitucional y una jurisprudencia que garantiza la reforma pero impide la sustitución de la Carta Política.

La Asamblea Constituyente es producto del avance que se ha producido en el mundo actual, hacia la democracia de participación. No ha sido fácil ese tránsito por reservas ideológicas y temores políticos. Las primeras sobredimensionan las virtudes de la representación y desconfían de la gestión participativa. Los segundos sienten miedo de que los desborden algunas decisiones democráticas.

Después del 91 se ha producido en Colombia un fenómeno de conservatización creciente, que cubre casi todos los sectores de la actividad social. Los gobiernos, los partidos, los congresos, múltiples organizaciones de la sociedad civil encontraron identidades entre sí, fundamentalmente dirigidas al mantenimiento del statu quo. Y miran impasibles ciertas decisiones políticas que deterioran la legitimidad institucional.

Lo que ocurrió, el año pasado, con la reforma constitucional a la administración de justicia es el mejor ejemplo, aunque no el único. Hay reformas urgentes, importantes, incluso inaplazables que se siguen negociando políticamente a sabiendas de que no van a resolver los problemas. Para eso estaría la Constituyente. Pero cuando se habla de ella surgen rechazos hasta en quienes fueron sus miembros en 1991.

Cualquier colombiano sabe que, por ejemplo, la reforma política, la de la justicia, la del sistema electoral, son imposibles de aprobar e través del Congreso. Pero no hay voluntad política alguna para tramitarlas por vías alternativas. Se nos están quedando escritas en la Constitución unas instituciones básicas para la modernización de nuestra democracia. La Constituyente es una de ellas. Parece increíble.

*Ex senador, profesor universitario, atm@cidan.net

El Espectador.com

sábado, 20 de abril de 2013

Colombia: Gobierno de Santos, auténtico vocero del neoliberalismo no tiene capacidad para construir una paz sostenible: Clara López


Clara López


por Polo Democrático Alternativo

Domingo, 21 de Abril de 2013

“¿Podemos administrar el posconflicto con el modelo económico neoliberal?”

“¿Pueden los voceros auténticos del neoliberalismo proyectar, gestionar y administrar exitosa y constructivamente el complicado periodo del posconflicto que se avecina, en el cual se deben sentar las bases económicas y sociales para construir una paz sostenible y duradera? La respuesta es contundente. La respuesta es  NO”. Así se manifestó en un aparte de su intervención ante el Congreso de la Paz reunido en la Universidad Nacional de Colombia, la candidata presidencial del Polo Democrático Alternativo, Clara López Obregón.
Tras hacer un recuento de la oscura realidad socioeconómica nacional y los avatares por los que están atravesando las negociaciones de paz en La Habana, López Obregón reconoció que si bien el gobierno de Juan Manuel Santos dio una paso positivo en concretar los diálogos con la guerrilla de las Farc, planifica sin embargo, en forma ostensible, crear las condiciones para su reelección.

Reelección del modelo neoliberal

“No se trata de un proceso de reelección cualquiera. No se trata simplemente de la reelección de una persona, en este caso del presidente Juan Manuel Santos o de uno de sus alfiles. Se trata de la reelección de un modelo político, económico y social. Se trata de la reelección del modelo neoliberal, en crisis no solo en Colombia, sino en todos los países del llamado mundo occidental”, señaló en forma categórica la presidenta del Polo Democrático.
Explicó que “el modelo neoliberal no es ni puede ser el sustento material de la construcción de la Colombia que necesitamos reconciliada y en paz. Quienes histórica y tradicionalmente con sus políticas excluyentes, sectarias, anticomunistas y de dominación económica y militar han dirigido al país en el último siglo, son los principales responsables naturales de la violencia, constituyen el virus que ha enfermado a la sociedad colombiana que vive un proceso de descomposición que toca todos los ámbitos de la vida nacional. Ellos son los responsables de la desigualdad y de la violencia. Ellos son los responsables de la pobreza, del desalojo, de la acumulación de las tierras y de la riqueza en pocas manos. Francamente no tienen autoridad política y moral, ni la mentalidad de cambio para aspirar, mediante la reelección, a continuar rigiendo los destinos del país”.

Comisión de Verdad y Reconciliación

La aspirante presidencial consideró necesario que la Comisión de la Verdad prevista en el marco jurídico especial para la paz, “sea también una comisión para la reconciliación. Una verdadera Comisión de Verdad y de Reconciliación no fomente la retaliación sino que garantice la no repetición y que permita edificar caminos de paz, no sobre bases endebles de una reconciliación vacua de frases vacías, sino que implique el reencuentro de todos y todas las colombianas en un esfuerzo de metas y sueños compartidos”.

La paz supone cambio de modelo económico y renovación política
López Obregón fue enfática en señalar que la paz en Colombia supone el cambio de modelo económico y una renovación política y democrática. Para ello planteó la necesidad de impulsar un nuevo modelo participativo que, efectivamente, garantice el desarrollo nacional, “sustentado en un Estado estratega y comunitario, un mercado abierto y democrático y una solidaridad social eficaz y sostenible”.

Para alcanzar estos propósitos, la presidenta del Polo Democrático ratificó una vez más su invitación “a conformar una gran confluencia por el cambio capaz de reunir las mayorías necesarias para disputarle con éxito la Presidencia de la República a las fuerzas reeleccionistas, a las fuerzas continuistas, la las fuerzas refractarias del pasado”.

“El futuro de Colombia es promisorio, -puntualizó- si lo construimos de la mano de las fuerzas del cambio democrático”.

Texto del discurso
POLO EN CONGRESO POR LA PAZ
PAZ PARA EL CAMBIO

Palabras de Clara López Obregón en el Congreso para la Paz
Universidad Nacional, 19 de abril de 2013.

Saludo al Congreso de los Pueblos, a las organizaciones sociales y fuerzas políticas hoy presentes en la Universidad Nacional para debatir sobre el futuro de la paz en Colombia.

Existen varios modelos para concretar los acuerdos que permitan a la sociedad toda ponerse en la tarea constructiva de afianzar las condiciones, los fundamentos esenciales de una paz sostenible y duradera. Uno es el modelo tradicional que conjuga el verbo de la participación de una manera muy particular. Yo participo, tu participas, nosotros participamos, pero ellos deciden. Este Congreso busca abrir la deliberación pública democrática para que el conjunto de la sociedad no solamente sea escuchada sino que se convierta en parte de la solución. Un diálogo entre iguales políticos, sin exclusiones que celebramos todos y todas las demócratas de Colombia. Felicitaciones a los organizadores y organizadoras por esta iniciativa que reúne hoy a miles de voces y propuestas.

Quisiera empezar por compartir con ustedes que el Polo Democrático Alternativo, hoy presente en este acto de instalación con el pleno de su Comité Ejecutivo Nacional e importantes representaciones de las coordinadoras de Bogotá, Cundinamarca y otros departamentos del país; desde su misma fundación en el año 2005 con su ideario fundacional ha abogado por la solución política negociada al conflicto armado colombiano. En ese entonces, la inmensa mayoría de los colombianos y las colombianas se mostraban escépticos y veían la solución negociada como un imposible. El lenguaje del momento era de derrota o victoria militar. De una parte, las fuerzas militares del Estado, argumentando su propia legitimidad, acariciaban la posibilidad de una derrota unilateral del movimiento armado guerrillero. 

Fueron los momentos de la consigna del “Fin del fin” y de la estigmatización de quienes defendíamos la solución política como “guerrilleros de civil” o “terroristas camuflados”.

De otra parte, el movimiento armado guerrillero soñaba con derrotar militarmente a las fuerzas armadas oficiales y sobre sus cenizas edificar una revolución transformadora. Y nosotros que apenas nacíamos como una fuerza política civilista de oposición nos enfrentamos a ambos criterios afirmando que el conflicto armado no tiene solución militar y que la transformación que proponemos se tiene que conquistar en el terreno de la política, mediante la movilización social y lucha electoral.

Amigos y amigas. Desde ese año 2005, según cifras del CINEP,  el conflicto armado hacobrado alrededor de 750 combatientes muertos al año y no menos de 1000 infracciones anuales al derecho internacional humanitario, en una guerra sin perspectiva para ninguna de las partes lo que es lo mismo que afirmar, en una guerra sin sentido. Ahora Gobierno y FARC se encuentran en La Habana dialogando para concretar acuerdos que lleven al fin de este cruento conflicto armado y ante este Congreso por la Paz quiero reiterar que los polistas –todos- somos fervientes partidarios de la paz que se vislumbra, que se avecina. Esa es la razón por la cual nuestro III Congreso Nacional, que reunió en el mes de noviembre pasado a los 750 delegados y delegadas elegidas mediante consulta popular, que registró votos en 1056 de los 1.100 municipios del país; aprobó por unanimidad una resolución mediante la cual llamamos a las partes, al Gobierno y a las FARC, a que no se levanten de la mesa sin llegar a acuerdos y al Gobierno para que incorpore al ELN al proceso de acuerdos que allí avanzan.

Me gustaría entonar con fuerza las palabras de Nelson Mandela, por cuya libertad marché intensamente en mi juventud, aquello de que las personas valientes no temen perdonar por el bien de la paz. Por ello también reclamar que la Comisión de la Verdad prevista en el marco jurídico especial para la paz, sea también una comisión para la reconciliación. Una verdadera Comisión de Verdad y de Reconciliación no fomente la retaliación sino que garantice la no repetición y que permita edificar caminos de paz, no sobre bases endebles de una reconciliación vacua de frases vacías, sino que implique el reencuentro de todos y todas las colombianas en un esfuerzo de metas y sueños compartidos de democracia real.

Quisiera también que todos los que estamos hoy aquí y los demás que vemos al otro lado de la talanquera pudiéramos repetir con entusiasmo aquel otro enunciado de Mandela que invita a “alejarnos del pasado para concentrarnos en el presente y el futuro.”

Los diálogos y las perspectivas de paz se han precipitado y nos encuentran en una situación política complicada, compleja, llena de peligros  y de interrogantes. Se presenta precisamente en los momentos en que el Gobierno Nacional, quién ha dado un positivo paso en materia de entablar los diálogos, planifica en forma ostensible crear las condiciones para atornillar en el poder a su coalición gobernante de mesa de unidad nacional. Precisamente, en el día de ayer, el Presidente Santos hizo un anuncio sorpresivo: que se lanza a la reelección por dos años más y para despertar el apoyo de concejales, alcaldes, diputados y gobernadores propone prolongar el periodo actual y empatar a partir de 2016 todos los periodos de cargos de elección popular en una sola fecha de una mega elección y por periodos, inicialmente sin reelección, de seis años. Y para los escépticos remata con el ofrecimiento de una prima de mes y medio de sueldo adicional a todos los burgomaestres del país.

Es una maniobra de bajo vuelo que apunta a fortalecer el presidencialismo y va en dirección a terminar de recentralizar los hilos de la autonomía territorial, tocando el corazón de la democracia participativa en lo local y recomponiendo la estructura de poder del Estado colombiano, nuevamente en favor del centro y del exagerado presidencialismo. Definitivamente, al Presidente Santos hay que reclamarle que no se le puede creer nada pues apenas hace dos meses sostenía que en vísperas de elecciones no se debían cambiar las reglas de juego de las elecciones en gesto que malinterpretamos como democrático. Pero no, ahí estaba aupado el ventajismo de siempre.
Esto debe servirle a todas las fuerzas democráticas para alertarnos sobre los peligros que se ciernen sobre el futuro democrático del país, cuando una sociedad se ve incapaz de impedir que cada Presidente de la República, mediante un articulito, o una docena como en este caso, aceitado con las viejas y corruptas prácticas clientelistas, desbarajuste los pesos y contrapesos del poder en su beneficio, y de sumo, fortalezca las apuestas del continuismo frente a las posibilidades de una verdadera alternancia en el poder del Estado.

No se trata de una reforma constitucional o de un proceso de reelección cualquiera. No se trata simplemente de la reelección de una persona, en este caso del Presidente Juan Manuel Santos o de uno de sus alfiles. Se trata de una reforma constitucional ideada para la reelección permanente de un modelo político, económico y social de élites. Se trata de la reelección del modelo neoliberal, en crisis no solo en Colombia, sino en todos los países del llamado mundo occidental.

El modelo neoliberal ha llevado a que se registren altos indicies de desempleo en la vieja Europa, donde el capitalismo salvaje desplazó, sin pena ni gloria, a la propuesta social demócrata del Estado de bienestar. Un solo país, España, ya registra más del 23% de desempleo, similar al registrado en la peor etapa de la crisis de los años 30 del siglo pasado.  El desempleo total en Europa alcanza ya la increíble suma de 40 millones de personas aptas y formadas para el trabajo. Esos países, que hasta hace poco eran el refugio para el desempleo latinoamericano, hoy comienzan a emigrar vergonzosamente a los países llamados subdesarrollados en busca de oportunidades. En toda Europa se en función de ese modelo excluyente, los gobiernos acuden a la austeridad, al recorte del gasto público social como fórmula de ajuste semejante a la que el Fondo Monetario Internacional le impuso a América latina en lo que se ha venido a conocer como la década perdida” en este continente La fórmula es la misma y los resultados también:  pérdida de capacidad adquisitiva de los ciudadanos, desigualdad creciente, pobreza, sufrimiento y destrucción del tejido familiar y social y quién iba a pensarlo, violencia y guerras. Hasta se ha recuperado el lenguaje que Fukuyama quiso condenar al olvido pero aplicado en el corazón de la Unión Europea donde hoy se habla del centro próspero y la periferia dependiente.

Este panorama comienza a observarse también en el seno de la poderosa sociedad norteamericana, donde el desempleo comienzo a golpear a norteamericanos e inmigrantes y en donde proliferan con más frecuencia verdaderos actos de terrorismo que reflejan un proceso de descomposición política y social, todo ello producto del modelo de desarrollo neoliberal copado por el afán de lucro y la codicia en forma ostensible y en donde la reproducción artificial de la emisión de dinero favorece casi exclusivamente al sector financiero de la economía mundial.

La pregunta que yo les hago desde aquí, desde esta importante iniciativa del Congreso de la Paz es la siguiente: ¿Podemos administrar el posconflicto con el modelo económico neoliberal y la democracia recortada que le es funcional? 

¿Pueden los voceros auténticos del neoliberalismo proyectar, gestionar y administrar exitosa y constructivamente el complicado periodo del posconflicto que se avecina, en el cual se deben sentar las bases políticas, económicas y sociales para construir una paz sostenible y duradera? La respuesta es contundente. La respuesta es  NO.

El modelo neoliberal y la democracia formal en que se finca no son ni pueden ser el sustento material de la construcción de la Colombia que necesitamos reconciliada y en paz. Quienes histórica y tradicionalmente, con sus políticas excluyentes, sectarias, anticomunistas y de dominación económica y militar han dirigido al país en el último siglo, son los principales responsables naturales de la violencia, constituyen el virus que ha enfermado a la sociedad colombiana que vive un proceso de descomposición que toca todos los ámbitos de la vida nacional. Ellos son los responsables de la desigualdad y de la violencia. Ellos son los responsables de la pobreza, del desalojo, de la acumulación de las tierras y de la riqueza en pocas manos. Ellos son los responsables del déficit de democracia que ahora pretenden ahondar. 

Francamente no tienen autoridad política y moral, ni la mentalidad de cambio para aspirar, mediante la reelección y el golpe de gracia institucional, a continuar rigiendo los destinos del país.

La paz supone una renovación política y democrática. Parodiando a Jorge Eliécer Gaitán, la reconstrucción democrática, económica, social y moral tenemos que colocarla en manos de las nuevas fuerzas políticas que se abren paso en Colombia, como lo han hecho los pueblos de América Latina, con vientos de transformaciones económicas y democráticas, con vientos de lucha por la inclusión social y política, con vientos de lucha por la igualdad, con vientos de paz y soberanía. Con un nuevo modelo participativo de desarrollo nacional en palabras de Silva Colmenares, sustentado en un Estado estratega y comunitario, un mercado abierto y democrático y una solidaridad social eficaz y sostenible.

No es sino ver a PIPE. Un diminutivo enano para afrontar la crisis que azota al pueblo colombiano. Mientras se anuncia el Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo, se notifica también lo que se ha convertido en uno de tantos flagelos para el pueblo colombiano. Se anuncia una nueva alza de la gasolina porque la imaginación no les da para nada distinto que cargarle a los débiles el peso del ajuste económico causado por el afán especulativo de los poderosos. El alza de la gasolina se ha convertido en el “gota a gota” que afecta directamente la capacidad adquisitiva de los consumidores y en una traba real para el desarrollo y la competitividad de la industria nacional. Junto con las altas tarifas de la electricidad privatizada, pagamos la energía más cara del continente y tal vez del mundo, con excepción, eso sí de las grandes las empresas mineras multinacionales que gozan de precio reducido especial.

Hay que decirlo con franqueza. El modelo no solo afecta a los desocupados, a los asalariados e informales, sino también a sectores empresariales muy importantes de la economía colombiana. Es increíble que se insista en firmar más y más tratados de libre comercio. Ya está en el orden del día del Congreso el TLC con Corea. Estos instrumentos de manera mañosa están convirtiendo a nuestros industriales en importadores y destructores de empleo, para no hablar de los empresarios del campo. Ahí está el caso patético de los cafeteros sometidos a un proceso de extinción gradual por cuenta del llamado postulado de las ventajas comparativas. Pensar que los cafeteros han tenido que levantarse a pelear en las calles por su supervivencia como artífices de un reglón económico que había el corazón de la economía colombiana. Muchos otros empresarios de la agricultura como los algodoneros, los arroceros, los maiceros y  cacaoteros, sufren las consecuencias de la competencia desleal de importaciones en un mercado abierto incompatible con la locomotora minera y su revaluación rampante. La semana pasada estuve en Córdoba y tuve la oportunidad de conversar con empresarios del campo de todos los tamaños, desde grandes cultivadores hasta minfundistas esforzados y puedo decirles que para desgracia de todos, la agricultura en las mejores tierras de Colombia como en tantos otros lugares de la geografía nacional, está en crisis y amenaza la misma supervivencia de los empresarios agrícolas. Es que el modelo neoliberal es así, es el capitalismo salvaje en plena actuación, expropiando en función de grupos financieros especuladores las tierras hipotecadas en créditos impagables, que durante el gobierno de Pastrana recibieron por segunda vez en diez años de 20 puntos del PIB en su salvamento por parte del Estado, lo que significa una bofetada a la pobreza de nuestro pueblo y que ahora tratan de revivir con el ropaje falso del PIPE.

Son estas razones, son estos hechos, los que permiten advertir que las fuerzas democráticas no deben desviar el rumbo. La firma de los acuerdos de la Habana que tenemos a la mano, nos abre una bifurcación en el camino: la paz para el cambio democrático  o la paz para el continuismo. No podemos rehuir este debate. Por ello reitero ante este Congreso por la Paz el llamado que es mandato del III Congreso del PDA a la confluencia de todas las fuerzas de la izquierda de Colombia, y más allá de la izquierda, a los todos y todas las demócratas del país, a conformar una gran confluencia por el cambio capaz de reunir las mayorías necesarias para disputarle con éxito la Presidencia de la República alas fuerzas reeleccionistas, a las fuerzas continuistas, a las fuerzas refractarias del pasado. El futuro de Colombia es promisorio: si lo construimos de la mano de las fuerzas del cambio democrático.

Viva el Congreso por la paz

Viva Colombia

Arriba la esperanza que el futuro nos pertenece.

Bogotá, 20 de abril de 2013.


jueves, 11 de abril de 2013

El 9 de Abril de 1948 y su impacto en la vida colombiana


Renán Vega Cantor



Renán Vega Cantor

Jueves 11 de abril de 2013 

El viernes 9 de abril de 1948 a las doce del día, en pleno centro de Bogotá fue asesinado el líder popular y dirigente liberal Jorge Eliecer Gaitán. Apenas fue conocida la noticia, la gente pobre se insurreccionó y destruyó todo lo que simbolizaba el poder conservador y clerical. Algo similar sucedió en muchos lugares del país, donde la población se sublevó de diversas maneras cuando se enteró del crimen. Para aplacar los enardecidos ánimos de la muchedumbre urbana, los órganos represivos del Estado y sectores de la iglesia católica la aniquilaron a sangre y fuego, masacrando a centenas o quizás miles de personas. En pocas horas la ciudad capital, llamada en forma demagógica por las elites dominantes como la “Atenas Sudamericana”, había quedado reducida a cenizas y se rompía el mito de que Colombia constituía la democracia más sólida y perdurable de América Latina. 

Los sucesos de Bogotá constituyeron la protesta urbana más importante de la primera mitad del siglo XX en todo el continente, y con ellos se cerró una etapa de la historia de Colombia y se abrió otra, que todavía no termina, cuya característica principal ha sido el terrorismo de Estado, entronizado en en la vida cotidiana de nuestro país desde aquella fatídica fecha.

Ya es un lugar común decir que el 9 de abril partió la historia contemporánea de Colombia en dos. Sin duda alguna, esa fecha ha sido importante no sólo por lo que pasó en aquel día y lo que significó en el proceso de generalización de la violencia por todo el territorio nacional, sino además por la muerte política del gaitanismo y por el tímido intento de reconciliación entre los partidos cuando todavía estaba tibia la sangre del caudillo liberal. Para completar el cuadro de los factores estructurales que gravitarán en los años venideros, en el mismo día y lugar de los acontecimientos se reunía la Novena Conferencia Panamericana que desde un comienzo había adoptado como su lema central el anticomunismo y que inició oficialmente la Guerra Fría en territorio latinoamericano y dio paso a la hegemonía indiscutible del imperialismo estadounidense.

1 Contrariamente a la denominación de “el bogotazo”, el 9 de abril alcanzó una dimensión nacional a nivel urbano e incluso tuvo manifestaciones rurales y en ese sentido se le puede denominar como “el colombianazo”. Luego de conocido el asesinato de Gaitán se produjeron levantamientos espontáneos, protestas y formación de Juntas Provisionales de Gobierno en diversos lugares del país.

No obstante, se presentaron notables diferencias entre los eventos de la capital del país y los de provincia. En las grandes capitales el liberalismo oficial era la fuerza dominante, en razón de lo cual el movimiento no tuvo ninguna cohesión interna, ni orden, ni organización y se manifestó en el desahogo de las masas populares contra los símbolos del orden establecido y, al final, fue capitaneado por los dirigentes tradicionales del liberalismo. En provincia, en cambio, ante la existencia de tradiciones de lucha popular, se presentó una relativa cohesión interna que posibilitó nuevas formas de organización popular y dotó de cierta dirección a la protesta.

En las ciudades grandes, y en primer lugar en Bogotá, no fue posible constituir un poder alterno, y los dirigentes del bipartidismo lograron mantener su unidad, en medio del dolor y de la ira incontenible de la población citadina. En provincia, aunque los resultados no se hayan logrado consolidar durante bastante tiempo se generó una especie de dualidad de poder, puesto que emergió de las entrañas mismas de la población un tipo de organización interna diferente a las de las clases dominantes. Mientras que en Bogotá el movimiento estaba derrotado desde un comienzo por el comportamiento político de la aristocracia liberal, en provincia se dieron gérmenes de nuevas formas de poder popular en contra de las instituciones establecidas. Incluso, los resultados del descontento popular fueron diversos, dado que mientras en Bogotá fue evidente la destrucción de propiedades y edificios públicos y privados, en provincia los daños causados fueron escasos. A la larga, el comportamiento de la protesta en provincia estuvo condicionado por la evolución de loa acontecimientos en Bogotá, ya que la derrota política en la capital contribuyó a desmovilizar y desmoralizar la protesta organizada en las distintas regiones.

2 Con el oportunismo que históricamente la ha caracterizado, la dirigencia del Partido Liberal empleó el cadáver de Gaitán como arma de presión para negociar su reingreso al gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950) y, al mismo tiempo, calmar los ánimos de las enardecidas multitudes. El forcejeo con el gobierno duró 17 horas, al cabo de las cuales se estableció un acuerdo entre la oligarquía bipartidista a espaldas de la población que, como siempre, puso los muertos, la sangre y las lágrimas.

Los liberales, aterrorizados ante la insurgencia de las masas –por muy espontánea que haya sido- no fueron al Palacio Presidencial a exigir la renuncia de Ospina, sino que imploraron la paz por la vía constitucional. Se inició el regateo y Mariano Ospina fue imponiendo su criterio y convenciendo a los liberales de que no podían jugar a la subversión, ni a identificarse con esas “fuerzas brutales” que habían salido a flote con ocasión de la muerte de Gaitán. Dario Echandia, el principal jefe liberal tras la desaparición del líder popular, reunió una convención liberal de bolsillo para plantear si aceptaba o no el ofrecimiento presidencial de designarlo Ministro de Gobierno. La “democrática” convención consideró que lo mejor para el liberalismo era aceptar esa cartera y modificar el gabinete, como lo había propuesto el primer mandatario, incluyendo la remoción del odiado Laureano Gómez, el “monstruo” profalangista que irradiaba odio, violencia y muerte en todas sus actuaciones.

El más encarnizado rival de Gaitán dentro del liberalismo, el financista Carlos Lleras Restrepo, dando muestras de un gran cinismo, fue el encargado de pronunciar el postrer discurso ante la tumba de aquél y pasó, además, a presidir la Dirección Nacional del Partido Liberal. Días después los dos partidos expidieron una declaración conjunta en la que le pedían al país olvidar los sucesos anteriores y se declaraban partidarios de la paz, pero eso sí, pedían el castigo de los culpables de los delitos contra la propiedad y los bienes públicos. Manifestaban estar dispuestos a conducir al país por caminos de concordia y democracia, introduciendo cambios sustanciales en la lucha política y partidista. ¡Pamplinas, porque el último acto de la Unión Nacional estaba pegado con babas, pues la tan anunciada unidad duró un año escaso, al cabo del cual los liberales estaban otra vez pidiendo garantías al Ejecutivo y, en la sombra, pensaban en organizar levantamientos armados o guerrillas campesinas, con la intención de que sus peticiones fueran tenidas en cuenta y nada más!

3 Entre los efectos de mediana duración del 9 de abril debe señalarse que condujo, luego de la virtual parálisis de los órganos del Estado, a la unidad política entre los dos partidos y al acuerdo estratégico del conjunto de las clases dominantes para enfrentar la crisis. Así, se produjo una recomposición y luego un fortalecimiento de todos los aparatos estatales. Para facilitar esta tarea se recurrió a un mecanismo tradicionalmente usado en el país: el excesivo dramatismo puesto ante los acontecimientos de abril y la responsabilidad de fuerzas externas, antes que en asumir sus propias responsabilidades. El primero en señalar las alarmantes dimensiones de los sucesos fue el presidente Ospina, quien no dudó en proclamar inmediatamente que el principal responsable de los motines y desordenes era el comunismo internacional, como para servir de caja de resonancia a las acusaciones provenientes de la Novena Conferencia Panamericana. Todavía hoy el argumento es repetido por los sectores más conservadores de este país cada vez que se cumple un aniversario de la trágica fecha.

Como un efecto significativo del 9 de abril se produjo la reorganización interna de los cuerpos represivos del Estado colombiano. Para el gobierno de Ospina y para el conservatismo esa era una medida urgente, si se recuerda que la Policía Nacional estaba compuesta en su mayor parte por fervientes partidarios del asesinado líder popular y durante los sucesos de aquel día había mostrado su beligerancia al sumarse en forma masiva a las filas de los amotinados. Con los primeros decretos se trasladó el control del orden público al Ejército. También se ordenó el licenciamiento de personal uniformado de la Policía Nacional y otras disposiciones entraron a considerarla como una institución “eminentemente técnica”, lo cual preparó el camino para la conservatización de esa policía y su conversión en una fuerza al servicio del partido gobernante, que la utilizaría a diestra y siniestra para matar a los nueveabrileños en todo el territorio colombiano.

4 Entre las repercusiones del 9 de abril cabe destacar la adopción del anticomunismo como doctrina oficial del Estado colombiano, en concordancia con las conclusiones generales de la Conferencia Panamericana, lo que prácticamente significó la entrada de esta parte del continente en la Guerra Fría. Como para que no quedaran dudas de las intenciones del gobierno de Estados Unidos, en las discusiones internas de la conferencia surgió la propuesta de traer marines para acabar con los disturbios e imponer la tranquilidad en el país, así como para asegurar la vida y las propiedades de los súbditos estadounidenses, empezando por “arquitecto de la paz universal”, el propio George Marshall, Secretario de Estado de los Estados Unidos.

El espíritu anticomunista de la Novena Conferencia Panamericana se manifestó a lo largo de sus sesiones, como lo atestiguan los documentos internos del gobierno de Estados Unidos. La presión de la delegación estadounidense influyó directamente para que fuese aprobada una declaración final, titulada Prevención y defensa de la democracia en América, que en sus partes fundamentales de condena al “comunismo internacional” decía:

“Las repúblicas representadas en la Novena Conferencia Internacional Americana Considerando Que para salvaguardar la paz y mantener el mutuo respeto entre los Estados, la situación actual del mundo exige que se tomen medidas urgentes que proscriban las tácticas de hegemonía totalitaria, inconcebibles con la tradición de los países de América, y que eviten que agentes al servicio del comunismo internacional o de cualquier totalitarismo pretendan desvirtuar la auténtica y libre voluntad de los pueblos de este continente. Declaran: Que por su naturaleza antidemocrática y por su tendencia intervencionista, la acción política del comunismo internacional o de cualquier totalitarismo es incompatible con la concepción de la libertad americana, la cual descansa en los postulados incontestables: la dignidad del hombre como persona y la soberanía de la nación como Estado”.

Tan barata demagogia anticomunista se implementó para perseguir y aniquilar cualquier proyecto democrático en el continente, como rápidamente se demostraría en el caso de Guatemala, cuyo gobierno libre y democrático, fue aplastado por una confluencia de intereses de la United Fruit Company, la CIA y el Pentágono en 1954.

La organización de Estados Americanos, OEA, el “ministerio de colonias de los Estados Unidos” surgió de las cenizas de Bogotá y se institucionalizó como el órgano predilecto del imperialismo yanqui para imponer sus políticas en el continente latinoamericano, para lo cual contó con innumerables testaferros en los diferentes países, empezando por Colombia.

Con el auspicio de los Estados Unidos, el estado colombiano y sus clases dominantes adoptaron el anticomunismo como doctrina oficial y en nombre de la defensa de los “valores patrios”, del “mundo libre” y de la “civilización occidental y cristiana” se dieron a la tarea de perseguir y aniquilar toda forma de oposición política, social o reivindicativa. Eso explica en gran medida la entronización del terrorismo de Estado y todos sus crímenes durante los últimos 65 años.

5 Otro efecto importante de los acontecimientos señalados estaba vinculado con los aspectos económicos, en lo relacionado con la reconstrucción de Bogotá y con la implementación de nuevos instrumentos de inversión y de planificación urbana. Sobre el impacto económico de los mencionados sucesos, el Ministro de Hacienda y Crédito Público José María Bernal señalaba pocos días después de la insurrección popular:

“Las desventuradas ocurrencias del 9 de abril pasado […] implican una nueva fuente de nuevas obligaciones que es inevitable llenar de alguna forma. El sostenimiento de un ejército sensiblemente más numeroso que el ordinario; la dotación de nuevos e inaplazables servicios de seguridad; la urgencia de tomar medidas encaminadas a la pacificación del país y el robustecimeinto de su economía; la indiscutible urgencia de atender a los servicios sociales que procuren un sano equilibrio entre los distintos grupos de colombianos, son necesidades que han surgido con más protuberancia que antes, y que representan gastos inmediatos a los cuales es indispensable atender con recursos ordinarios, ya que, en su mayor parte, no son gastos a los cuales, dentro de una sana política, deba atenderse con recursos de crédito”.

Para implementar la recuperación económica y ampliar el aparato de represión, el gobierno creó dos organismos asesores de su política económica: la Junta de Planeación de la Reconstrucción de Bogotá y el Comité de Crédito Público y Asuntos Económicos. El primero tenía funciones de administrar recursos y realizar operaciones comerciales, mientras el segundo se ocupaba de la política económica del gobierno.

Entre las medidas de recuperación se destacaban las concernientes al ordenamiento del espacio urbano para la reconstrucción del centro de Bogotá, que posteriormente contó con el asesoramiento directo del arquitecto francés Le Corbusier. En el orden crediticio, el Banco de la República rebajó en un 25% el encaje bancario con el fin de destinar créditos a los propietarios perjudicados por los sucesos de abril; en el orden financiero se autorizó al gobierno para contratar un préstamo externo de hasta 60 millones de dólares con el Banco Mundial; a nivel tributario se estableció una impuesto a la renta que variaba del 5% sobre las rentas líquidas superiores a 24 mil pesos y se impuso un gravamen a los solteros y a los colombianos residentes en el exterior. Pero el impuesto que más afectó a la población fue aquel destinado a restablecer el orden público. Según esta disposición cada contribuyente tenía que pagar el 10% de lo pagado por la liquidación del año gravable de 1946 por concepto de impuesto a la renta, patrimonio y complementario.

Calculando el probable monto de este impuesto, el Banco de la República autorizó un préstamo al gobierno central por un valor de 10 millones de pesos. Por una suma equivalente, el municipio de Bogotá emitió bonos de servicios urbanos. Así se lograba una típica socialización de las pérdidas, para que no solamente los comerciantes resultaran afectados por los destrozos del 9 de abril, sino para que además el aumento del pie de fuerza fuera financiado directamente por la población.

6 Desde el punto de vista de las clases dominantes el 9 de abril sirvió para que se impulsara una completa reorganización del Estado, como resultado de lo cual se fortaleció y cualificó para la represión de una forma más sofisticada y con nuevos instrumentos de control social e ideológico. De esta manera, las clases dominantes disponían de todos los recursos para controlar cualquier rebeldía o síntoma de protesta por parte de las clases subalternas.

Esto explica que, paradójicamente, el 9 de abril representara el golpe más fuerte contra la movilización popular en las grandes ciudades, movilización que se había ampliado desde 1943-1944. De esta forma, la unión sagrada de las clases dominantes contra los sectores populares tuvo como primordial objetivo la desorganización y desarticulación de los núcleos más combativos en las ciudades, empezando por los obreros, que salieron sucesivamente mal librados en 1947-1948 -cuando se implementó el paralelismo sindical y se hostigó y reprimió con saña a cualquier protesta sindical- y en forma paralela el movimiento gaitanista, destrozado en sus pocos reductos, si se recuerda que en Bogotá fueron asesinadas cientos de personas de origen popular.

Después del 9 de abril, el habitante citadino humilde, que tanta actividad mostró en la década de 1940, fue desterrado de las calles de las grandes urbes, cuyo control pasó directamente al aparato represivo. Este control era necesario para las fuerzas del bipartidismo y de las clases dominantes, dada la radicalidad que había adquirido la protesta popular. Al ciudadano tampoco se le compensó su “expulsión” de la calle ofreciéndole condiciones aceptables y humanas de vida en el interior de los espacios residenciales, sino que se le proporcionaron pésimas condiciones de existencia, y se le reprimió con la imposición del Estado de Sitio permanente. Se “expulsó al ciudadano y por la fuerza se le mantuvo encerrado en un espacio habitacional absolutamente insuficiente, malsano, antihigiénico, individualizante y opresor”. Las clases dominantes pudieron dedicarse entonces a diseñar ciudades de y para el capitalismo, sin ningún tipo de participación de los sectores mayoritarios de la población. Esta particularidad del desarrollo urbano en el país indica que lo acontecido en “la década de 1950 a 1960, que tiene tan sombrias consecuencias en la vida nacional, fue paradójicamente la época del apogeo de la arquitectura moderna en Colombia”.

Desde el punto de vista de las clases subalternas, el 9 de abril también dejó su impronta. Muchos de los “nueveabrileños” serían protagonistas centrales de posteriores gestas de resistencia a la violencia oficial, tanto durante los gobiernos conservadores (1948-1953) como bajo la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) y fueron organizadores de importantes baluartes guerrilleros en diversas zonas del país. Pero ellos se marcharon a pelear a las zonas rurales, porque el 9 de abril desplazó la violencia de las ciudades al campo, al que se trasladarían también los más importantes focos y centros de resistencia popular, algunos de los cuales con el tiempo darían origen al movimiento insurgente que heredó las banderas populares y nacionalistas del gaitanismo.