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jueves, 1 de noviembre de 2012


En EEUU compiten dos tiburones, no un delfín y un tiburón
El 6 de noviembre se vota en EEUU. El demócrata Obama va por la reelección y el republicano Rommey quiere ocupar el Salón Oval. Dudas en la región sobre cuáles pueden ser los beneficios. Compiten dos tiburones.
Por Emilio Marin
La del martes 6 de noviembre va a ser una elección reñida entre los dos partidos del sistema norteamericano que presume de hiper-democrático y pluralista por excelencia. Las encuestas han venido dando un par de puntos a favor de uno u otro candidato, en un sentido u otro por circunstancias de la política doméstica, sobre todo del frente económico, y en mucha menor medida por la situación internacional.
Cuando las mediciones arrojaban una luz de ventaja para el ex gobernador de Massachusetts, Mitt Rommey, los demócratas se encargaban de recordar que en el sistema estadounidense no importan tanto los votos directos de la población cuanto los del Colegio Electoral. Y para dar más fuerza al argumento, planteaban que en el año 2000 el demócrata Al Gore obtuvo más sufragios que George W. Bush. Sin embargo éste se alzó con la victoria merced a algunos votos de más en el Colegio Electoral, luego de un polémico escrutinio en el estado de Florida, capital de los grupos cubano-americanos más recalcitrantes. Recién allí se despejó el triunfo del republicano que venía de gobernar Texas.
Ventaja
Esa pequeña ventaja para Rommey se dio por cierta luego del primer debate televisado entre los dos contendientes, a principios de octubre, en Denver, Colorado. Allí apareció un presidente con pocos argumentos frente al embate del opositor, que hizo hincapié en que la clase media está ahora bastante peor que cuatro años atrás.
Sin embargo, si es por el impacto de esos debates vistos por TV hasta por 60 o 70 millones de personas, al menos en una parte de su desarrollo, se sabe que luego Obama revirtió el resultado. Hubo dos discusiones televisadas más, la segunda en la Universidad de Hofstra, estado de Nueva York, el 17 de octubre, también sobre cuestiones de política y economía. La tercera, el lunes 22, fue en Boca Ratón, La Florida, y giró sobre asuntos de política internacional.
En el segundo match, pero sobre todo en el tercero y último, todas las valoraciones coincidieron en que el presidente había ganado con claridad. No es que Obama sea en materia internacional un consumado estadista, pero tiene mayor conocimiento y experiencia que su rival, quien cometió errores imperdonables.
Entre esas gaffes, acusó equivocadamente al mandatario de haber demorado dos semanas en condenar el atentado terrorista donde murió Christopher Stevens, embajador norteamericano en Benghazi, Libia. Resulta que el pronunciamiento había sido en el acto. Luego volvió a quedar en ridículo cuando acusó al presidente de tener un plan de insuficiente rearme, en un mundo hostil, criticando que hoy el país cuenta con menos barcos que en 1916. Obama no le perdonó tan liviana opinión, recordándole, con ironía: “Claro, gobernador. También tenemos menos caballos y bayonetas. El mundo ha cambiado”.
Se puede y se deben criticar muchas cosas de la superpotencia, pero no justamente que no tenga numerosas armas de exterminio en tierra, mar y cielos. Al contrario, tiene en exceso. Muchos pueblos lo sufren en carne propia.
Elección pareja
De los últimos sondeos, uno de RealClearPolitics, surge que los dos candidatos tienen una intención de voto empatada, del 47,8 por ciento. Se sabe que en algunos estados importantes, como California y Nueva York, ganaría el demócrata y que en Texas el republicano. Una decena de estados tienen un resultado oscilante y eso explica que en estos últimos días las dos campañas estén gastando fortunas en esas plazas. Llevan a los presidenciables a uno y otro punto, en un tour acelerado por disputar los votos de los indecisos.
Que Colorado votaría a Rommey, que Ohio lo haría por su rival, que en Florida no se sabe con exactitud, porque la fuerte y radicalizada hacia la derecha comunidad cubano-americana votará por el republicano, pero en ese estado también hay muchos latinos (y hay estudios que afirman que hasta el 65 de estos 12 millones de ciudadanos tiene preferencias por el actual presidente). Y así de seguido, en una frenética carrera de obstáculos hacia la Casa Blanca.
Confianzas
Las matemáticas dicen que para ganar el turno de cuatro años hacen falta 270 votos del Colegio Electoral. A Obama lo secunda el actual vice, Joe Biden, y a su rival lo acompaña Paul Ryan, un joven representante del ala más reaccionaria republicana, titular de la Comisión de Presupuesto de la Cámara. Ryan es un cuadro cercano al extremista Tea Party y autor en ese ámbito parlamentario de varios planes de recorte del gasto social que hacen temblar a diversos sectores sociales humildes, los sindicatos, la clase media, los ancianos y los obispos católicos, entre muchos más.
Cada uno de los exponentes del bipartidismo tiene razones para sentirse optimista.
Rommey, como lo planteó en el debate de Colorado, se sintió con confianza para pasar a la ofensiva recordando la mala situación económica que atraviesan muchos ciudadanos. Es una carta valiosa en una elección ubicada en medio de la crisis detonada en Wall Street en setiembre de 2008.
Sin embargo, el republicano no es el más indicado para representar a los más débiles que sufren los cimbronazos del capitalismo, pues es un empresario e inversionista devenido en político y gobernador. Su fondo Bain Capital es sinónimo del capitalismo parasitario y especulativo que generó la catástrofe. ¿Cómo confiar en que fuera parte de la solución?
A Rommey se le escaparon varias opiniones despreciativas sobre los humildes, que no serían su prioridad. Además, a candidatos de su mismo palo en varios estados se les conocieron expresiones contrarias al aborto, incluso en caso de violación, incesto o riesgo de muerte para la mujer. “Violaciones legítimas”, dijo un republicano. Otro, Richard Mourdock, candidato a senador por Indiana, declaró que “incluso cuando la vida comienza en una situación horrible de violación, es algo que Dios quería que pasara”.
Antipopular
La política de Rommey, relativamente maquillada a lo largo de la campaña y las declaraciones, tiene un sentido antipopular: ajustes presupuestarios y del gasto público, mayor gasto en Defensa, endurecimiento del bloqueo a Cuba, programas antiabortistas y un largo etcétera. Es un tiburón de aguas profundas, que tiene gran parte de su fortuna eludiendo impuestos en paraísos fiscales como las islas Vírgenes.
¿Acaso eso ubica a Obama como un amigable delfín, bondadoso, juguetón incluso con los niños? No. A la luz de los cuatro años transcurridos de su mandato, él también califica como tiburón.
Se dedicó a apalancar a los bancos y grandes empresas que habían provocado la crisis, concediendo subsidios y créditos a granel. Como muchos de sus colegas presidentes de otros países del mundo, el afroamericano tampoco impuso controles del Estado a esos capitales especulativos ni reformó el Fondo Monetario Internacional ni el Banco Mundial, todos organismos pendientes de la última palabra del Departamento del Tesoro y la Reserva Federal.
Por eso es que el último informe de la Organización Internacional del Trabajo dio cuenta de 30 millones de desocupados al compás de la crisis actual, con otros 7 millones que engrosarán ese triste récord a finales de este año. Esto llevó la cifra de desocupados en el planeta a más de 200 millones de seres humanos. Obama no es el único responsable de esa calamidad, pero seguro que está entre los principales.


Uno y uno
En el primer debate televisado, Rommey dijo que si sigue este presidente la deuda pública estadounidense en cuatro años llegará a 20 billones (millones de millones) de dólares. Sea esa la cifra correcta o una menor, lo único confirmado es que quienes tendrán que pagarla -por diversas vías- serán muchos de los pueblos del mundo y los sectores sociales menos pudientes de EEUU.
Ya se mencionó que es verdad que hoy el imperio tiene menos caballos y bayonetas. Eso sí, tiene muchísimas más ojivas nucleares, misiles, bases militares desparramadas por el mundo, bombarderos, portaaviones, drones (aviones no tripulados) y toda una parafernalia bélica que continúa empleando en Irak y Afganistán, con probables usos en el futuro en Siria, Irán, etc.
Que están en competencia dos tiburones, y no un delfín y un tiburón, se notó en el tercer debate, sobre política internacional. Allí las coincidencias de ambos sobrepasaron ampliamente las diferencias. Por ejemplo, el tema de América Latina ni fue ni mencionado en la discusión. No están agendados eventuales cambios en la política de bloqueo total hacia Cuba, ni en uno ni otro candidato, lo que tiene relación con la disputa de ambos por el voto miamense. Obama no cerró la cárcel ilegal de Guantánamo ni devolvió ese territorio a Cuba, y Rommey no abrió la boca al respecto.
Puede que un escualo “blanco” tenga menos voracidad que el de variedad“tigre”, o sus dientes no tan afilados o su olfato degradado. Pero así y todo, sigue siendo tiburón. Para los latinoamericanos no confundir delfín con el depredador es un asunto de vida o muerte.

jueves, 30 de agosto de 2012

El presidente colombiano Santos, en caída libre de su popularidad

Opinión


El presidente colombiano Santos, en caída libre de su popularidad
28/8/2012

Baja la popularidad de Juan Manuel Santos. Fiel aliado de Washington, tiene que juntar fuerzas para los dos años que le restan de mandato. La crisis económica le juega en contra y no pudo derrotar a las FARC.
Por Emilio Marin
El presidente colombiano Juan Manuel Santos atraviesa un momento político muy delicado porque tiene abiertos demasiados frentes con muchos enemigos, pero sobre todo por su incapacidad para resolver los problemas económicos que afligen a los colombianos.
En este último frente, se ha articulado al Grupo del Pacífico, donde se aglutinan los mejores amigos de Washington. Allí orbitan sus colegas de Chile, Sebastián Piñera; Perú, Ollanta Humala y México, Felipe Calderón, entre otros.
Como la estrategia de ese espacio es subordinarse a las economías de las grandes potencias, es altamente improbable que tenga buenos resultados para Bogotá. Sobre todo en este tiempo de aguda crisis económica y financiera del capitalismo global que Santos aprecia, como economista formado en Estados Unidos y Reino Unido que devino en ministro de Economía y luego de Defensa de Alvaro Uribe (2002-2010). Tras desempeñar esas funciones y luego que su jefe no pudiera habilitar un tercer mandato, Santos ganó ampliamente por el oficialismo el acceso al Palacio de Nariño.
Crisis mundial
El reflujo de la popularidad del mandatario está vinculado con la crisis económica mundial y su impacto en el país. Según las Agencias DPA y Reuters, los datos del primer trimestre indicaron una desaceleración del 4,7 por ciento en cotejo con igual lapso de 2011.

El producto bruto interno, que ascendió el año pasado el 6 por ciento, bajaría al 4,8 por ciento, lo que de todos modos no sería una mala marca, por ese marco internacional.

La apuesta del presidente tiene pocos puntos de contacto con el segmento más popular de la Unasur (Venezuela, Ecuador y Bolivia) y aún con Argentina y Brasil. De allí su recostamiento sobre la Alianza del Pacífico, que es la espina dorsal regional más conservadora.
En abril pasado, cuando Colombia fue sede de la VI Cumbre de las Américas, con los países del continente, incluidos Estados Unidos y Canadá (excluida Cuba, más otros que se solidarizaron, como Ecuador), el principal objetivo del anfitrión no estuvo tanto en Cartagena de Indias, sede del encuentro. Su esfuerzo central fue presentarle a Barack Obama la ley aprobada por el parlamento local sobre la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) colombo-estadounidense. En vez de defensa del trabajo y la producción colombianas, apertura de par en par de la economía a las trasnacionales en medio de la crisis, cuando necesitan más y más dólares en las plazas sudamericanas.
  
Pelea con Uribe Un dato nuevo de la política colombiana es la disputa entre las clases dominantes y la misma camarilla de derecha que vino gobernando en la última década. En 2009 Santos dijo estar de acuerdo con que Uribe buscara su re-reelección. Y cuando éste no la consiguió, recién lanzó su candidatura, que fue apoyada por el mandatario saliente, de quien había sido ministro leal incluso en los asuntos más controversiales, como la cesión a EEUU de siete bases militares en Colombia y el bombardeo e invasión a Sucumbíos, Ecuador.

Se suponía entonces que esa afinidad se mantendría en el tiempo, pero los hechos muestran que hubo divorcio. La señal pública la dio Uribe, quien el 19 de agosto pasado realizó un acto público en Sincelejo, capital del Departamento de Sucre y allí rompió el entendimiento. El ex presidente acusó a Santos de estar negociando con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Cuba. "Incomprensible esto: deterioro de la seguridad y el gobierno negociando con el grupo terrorista de las FARC en Cuba. Y Chávez protegiendo a las FARC", tronó.
Ayer Uribe aseguró que esos supuestos diálogos comenzarían en Oslo, Noruega, el próximo 5 de octubre, y que luego se trasladarían a Cuba. Para hacer más pesada su denuncia, agregó que esa negociación se haría con la mediación de Venezuela, "lo que sirve a Chávez para la reelección". En una durísima acusación a Santos, dijo que "este gobierno piensa que a la paz se llega negociando con el terrorismo". En Colombia, para la derecha política, los comandos militares y la oligarquía local, negociar con la guerrilla debe ser el pecado capital en que se puede incurrir.
Es que esos intereses han privilegiado, desde el "Bogotazo" de 1948 y sobre todo desde la aparición de las FARC en 1964, la represión policial, militar y paramilitar, en particular desde los años de Uribe y su llamada política de "Seguridad democrática" acordada con el imperio. Uribe está acusando de "traidor" a quien lo sucedió en Nariño.
Fase final
¿Será verdad que el actual presidente ha decidido abrir esa negociación con los rebeldes? En principio no quería tal diálogo. Alentado por el asesinato del jefe de las FARC, Alfonso Cano, y algunas otras bajas impuestas a esa fuerza, Santos no dio señal de apaciguamiento. Al contrario, redobló sus campañas militares, sus bombardeos y cercos a la guerrilla, intimando a una rendición incondicional de los jefes insurgentes bajo pena de aniquilamiento. Quien asumió en reemplazo de Cano, Timochenko, rechazó la capitulación y dijo que su agrupación seguiría luchando por una nueva Colombia. Eso sí, ratificó la necesidad de un diálogo de paz y de la liberación de todos los prisioneros.
Más aún, en los últimos meses las FARC han asestado numerosos golpes al ejército, imponiéndole bajas, muertos y heridos. Dieron una demostración de fuerza al liberar al periodista francés Romeo Langlois a fines de mayo pasado, en un pueblo del Caquetá donde centenares de pobladores le dieron un marco civil de apoyo. Y el 12 de julio se adjudicaron el derribo de un avión "Super Tucano" en el Cauca, entregando luego uno de los dos cadáveres, aunque para el gobierno se trató de un "accidente".


Santos ha ingresado en la fase final de su gobierno sin haber podido liquidar a la guerrilla. Y eso, sumado a todo lo anterior, podría abrir un resquicio para un diálogo entre esas dos partes, tal como acaba de informar Telesur, por medio de una noticia difundida por su director de información, el colombiano Jorge Enrique Botero.
 
Menos popularidad Además de no haber disminuido la intensidad de los choques armados con la fuerza fundada por el legendario Manuel Marulanda Vélez, el presidente vio empeorar su conflicto con los pueblos originarios. Hubo choques y denuncias de los nasas-paeces que habitan el Cauca, en el suroeste, quienes desalojaron a los militares del cerro Madrid, considerado un lugar sagrado. Los indígenas de ACIN reclamaron la presencia de Santos en su territorio, interpelado por unos 7.000 indígenas en una asamblea.
 
Si bien el gesto de concurrir fue a favor de la distensión, su negativa a retirarse de los territorios de esos originarios, "ni un centímetro", le provocaron abucheos. Esas comunidades también reclaman que las FARC se alejen de su zona, pero hasta ahora la mayor tirantez es con los uniformados del presidente, responsables de muertes y abusos.
El resultado de todas estas contrariedades de Santos es una caída de su popularidad. Quizás por eso que ha tratado de no agravar los roces que su antecesor tuvo con las vecinas Venezuela y Ecuador. También quiso abrir válvulas de escape de la presión judicial, soltando la mano de algunos ex funcionarios con cuentas pendientes con la justicia. Fue el caso del general Rito Alejo del Río, íntimo de Uribe mientras fue gobernador de Antioquia, condenado a 25 años de prisión por crímenes de campesinos.
Juicio en EEUU
Otro expediente muy sonado es el juicio comenzado en EEUU contra el general retirado Mauricio Santoyo, extraditado desde Colombia y que se declaró culpable de "conspiración para proporcionar ayuda material y recursos" a los criminales paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Santoyo fue jefe de Seguridad de Uribe. A propósito, estos dos casos refuerzan las denuncias de que Uribe fue desde su tiempo de gobernador un firme aliado de los narcos y paramilitares. La mejora en la relación con Caracas y los juicios a esos ex colaboradores tienen que ver con la ruptura de relaciones entre el anterior y el actual jefe de Estado. Es que aquél mantiene una beligerancia total hacia Chávez, al punto de declarar que "no invadí Venezuela porque no tuve tiempo". En 2008 estuvo a punto de hacerlo. Según Chávez, "le faltaron cojones", no tiempo.
La popularidad de Santos viene en picada. En julio, un sondeo de Gallup midió que su imagen positiva había caído al 48 por ciento, 16 puntos menos que en abril. El afectado declaró al diario "El Tiempo", propiedad de su familia, que "la popularidad está para gastarla". La semana pasada otra encuesta, de Colombia Opinión, arrojó un resultado similar: su popularidad había caído en un año 24 puntos, al bajar de 71 a 47 por ciento.
Tratando de apagar el incendio, el presidente pidió la renuncia a sus 16 ministros, para cambiar todo su gabinete. Pero el problema es él, no tanto sus colaboradores. Que no siga gastando popularidad a cuenta, porque puede quedarse "seco".