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miércoles, 26 de junio de 2013

Señor de vidas y haciendas. Por Daniel Coronell.

Daniel Coronell
OPINIÓN. ¿Por qué unos empresarios respetables se le midieron a hacer un negocio en contravía de la ley e involucrando una tierra en la que han pasado cosas terribles?

El supuesto ejemplo de productividad agroindustrial en los Llanos orientales está construido sobre una sucesión de crímenes que muchas autoridades se niegan a ver. La gigantesca propiedad donde opera La Fazenda fue escenario de entrenamientos, torturas, desapariciones y asesinatos por parte de los paramilitares. 

Además, los predios fueron comprados ilegalmente por allegados a Víctor Carranza y englobados también ilegalmente para crear una hacienda de las dimensiones requeridas para el proyecto. La seguidilla de irregularidades es de tal dimensión que, incluso, uno de los firmantes estampó su rúbrica en un papel cuando habían pasado casi tres años desde su muerte.

Dos investigaciones periodísticas y una de control político no han sido suficientes para que las autoridades tomen cartas en el asunto. Buena parte de los hechos ha salido a flote por el trabajo del portal VerdadAbierta.com, de la Unidad Investigativa del diario El Tiempo y del congresista Iván Cepeda, quien adelantó un debate sobre el tema en la Cámara de Representantes.

La tierra en la que crece el proyecto más productivo de la altillanura sirvió como base de entrenamiento de los paramilitares conocidos en esa zona como Los Carranceros. Esa finca llamada entonces El Brasil era el centro de la operación paramilitar de esa región. Así lo han confesado los paramilitares Deiber Bolaños, alias 520; Delfín Villalobos, alias Alfa Uno; Elkin Casarribia, alias el Cura y Dúmar Guerrero, alias Carecuchillo.

En la casa principal de la finca se acondicionaron habitaciones para que sirvieran de celdas y cuartos de interrogatorio. Al lado funcionaba un taller donde se desarmaban carros robados. Cerca del río fue construida una pista de entrenamiento y un polígono donde se prepararon los autores de varias masacres. Allí pernoctó un grupo que reforzó a los asesinos que vinieron de Urabá a efectuar la masacre de Mapiripán. 

Cinco fosas con restos humanos han sido encontradas por la Fiscalía en los predios de la hacienda. Según testimonios entregados a los tribunales de Justicia y Paz el dueño de la tierra ha sido Víctor Carranza y detrás hay una historia de apropiación de antiguos baldíos, es decir de tierras del Estado por las que antes se movían los indígenas sikuani.

Todo empezó en 2007 cuando varios adjudicatarios de baldíos en Puerto Gaitán decidieron otorgarle un a poder a un abogado de Valledupar, llamado Fernandel Alfonso, para que cruzara medio país y fuera hasta una notaría en Villavicencio a englobar sus parcelas con las tierras de un hijo de Víctor Carranza.

Varias de las firmas que aparecen en los documentos de englobe no corresponden con las que figuran en la diligencia de titulación de la tierra. Aparentemente son falsas.

Uno de los adjudicatarios, llamado Segundo Luis Gaitán, le otorgó poder en 2007 a Julio Pérez Niño para que hiciera el englobe. Lo raro es que hay un certificado de defunción que demuestra que Segundo Luis había muerto en diciembre de 2004, casi tres años antes de firmar el poder.

Las tierras no se podían agrupar. La ley prohíbe sumar antiguos baldíos para crear grandes haciendas. Sin embargo, con la firma del muerto, las otras que no coincidían y en franca contradicción con la ley prosiguió el proceso.

Como consecuencia del englobe de tierras, en la misma notaría fue creada una empresa llamada Agualinda Inversiones S.A., cuyos gerentes son un ingeniero llamado Sergei Andrei Poveda y la esposa de Víctor Carranza, doña María Blanca Carranza de Carranza. 

Pocos días después de su creación, la empresa de la señora Carranza de Carranza –a través de un contrato de fiducia– le entregó la tierra al Banco Helm. El contrato establece que la propiedad debe ser administrada por La Fazenda del Grupo Aliar, cuya cabeza visible es el empresario bumangués Jaime Liévano Camargo.

El doctor Liévano es empresario avícola. Su firma Avidesa es dueña de Mac Pollo. En su proyecto de La Fazenda está asociado, además, con el grupo Contegral de Antioquia, dueño de la marca de concentrados Finca.

¿Por qué unos empresarios respetables, se le midieron a hacer un negocio con semejantes personas, en contravía de lo ordenado por la ley e involucrando una tierra en la que han pasado cosas tan terribles? 

Le escribí un mensaje al doctor Liévano y lo llamé por teléfono para preguntárselo. Hasta ahora no ha respondido. 


lunes, 17 de junio de 2013

Así funciona la corrupción: La ley es (casi) para todos.Por Daniel Coronell, Revista Semana

Daniel Coronell
OPINIÓN. Las normas de Luxemburgo impiden conocer la identidad del dueño de una compañía como esa. Pero un informe de auditoría afirma que es de Riopaila Castilla.

Uno de los mayores grupos azucareros y agroindustriales de Colombia está burlando la ley para quedarse con más de 40.000 hectáreas en el Vichada. La denuncia la ha hecho el senador Jorge Enrique Robledo y la empresa implicada es Riopaila Castilla. Como si le faltaran ingredientes, la estrategia
fue diseñada por Brigard & Urrutia, la prestigiosa firma de abogados, cuyo principal socio era el actual embajador en Estados Unidos, Carlos Urrutia.

El cerebro de la operación es el abogado Francisco Uribe Noguera, socio de Brigard & Urrutia. Las actas de la junta directiva de Riopaila Castilla muestran que el doctor Uribe asistió a reuniones desde 2009. Su presencia obedecía a un único propósito: esquivar las limitaciones legales para armar una plantación de palma y una planta de etanol sobre antiguos terrenos baldíos adjudicados a campesinos en el Vichada.

La ley prohíbe a los particulares comprar a adjudicatarios de baldíos extensiones superiores a una Unidad Agrícola Familiar (UAF), para evitar la concentración de la propiedad en terrenos que fueron del Estado. La violación de esta ley da lugar a la caducidad de la adjudicación. En otras palabras, las tierras compradas así deben volver a ser un bien público.

Sin embargo, la ambición fue más grande que la norma y se inventaron una larga vuelta para saltársela.

La operación empezó en 2010 con la constitución de 27 compañías de papel. Las empresas fueron registradas como Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS). Cada una tenía 100.000 pesos de capital, un poco más de 50 dólares, que ni siquiera fueron pagados.

El único accionista de las 27 compañías era el abogado Francisco Uribe Noguera. La dirección registrada es la calle 70A No. 4–41, la sede de Brigard & Urrutia. El representante legal de algunas de las compañías es Luis Hernández Villegas y el de las otras es Alfredo Azuero. Los dos son funcionarios de Riopaila Castilla.

El mismo año de su constitución, las 27 empresas de papel compraron 31.000 hectáreas y firmaron promesas de compra-venta para adquirir otras 11.000. Los predios colindaban entre ellos y eran baldíos adjudicados, o en proceso de adjudicación, a campesinos. 

¿Por qué 27 sociedades y no solo una? Porque así podían comprar –fraccionado en 27– el terreno destinado a convertirse en una sola hacienda.

En algunos casos, como en el de la finca La Chamuscada, una de las SAS reemplazó a quien figuraba como comprador original en un documento. El comprador inicial se llama Álvaro Evelio Parrado y resultó ser el representante legal de Riopaila Agrícola S.A., Castilla Agrícola S.A. y Bengala Agrícola SAS, tres empresas controladas por Riopaila Castilla.

¿De dónde sacaron 27 sociedades de papel cerca de 40.000 millones de pesos para comprar estos predios? Se los prestó Riopaila Castilla y así está registrado en sus libros.

Mientras los colombianos despedían el año, el 30 de diciembre de 2011, el doctor Francisco Uribe Noguera cedió las acciones de las 27 SAS –sin recibir pago a cambio– a cinco compañías españolas.
Las sociedades españolas tienen un solo dueño que se llama Asturias Holding S.A.R.L., basado en el principado de Luxemburgo. 

Las normas de Luxemburgo impiden conocer la identidad del dueño de una compañía de esas características. Sin embargo, un informe de la empresa de auditoría Deloitte & Touche, revisora fiscal de Riopaila, afirma con todas las letras que Asturias Holding pertenece a Riopaila Castilla.
 Le pedí al grupo Riopaila Castilla que me diera su concepto sobre la denuncia del senador Robledo. Ellos, habitualmente corteses, guardaron absoluto silencio.

El embajador Carlos Urrutia, por quien tengo respeto y aprecio, informó a través de un comunicado a los medios que vendió sus acciones en Brigard y Urrutia antes de asumir el cargo. Eso es cierto, pero también lo es que el diseño de este plan y su ejecución tuvieron lugar cuando él era socio y cabeza de la firma.

El ministro de Agricultura, Francisco Estupiñán, reconoce que la compra de estas tierras “fue irregular” y se efectuó “por fuera de la ley”. Sin embargo “como el chicharrón es muy complejo” parece más interesado en adaptar la norma a la irregularidad que en hacer cumplir la ley vigente.


lunes, 3 de junio de 2013

El ‘transformer’. Por Daniel Coronell, Revista Semana



Daniel Coronell
OPINIÓN. William Pacheco, el oficial de la Policía sancionado e inhabilitado por la desaparición del joven Guillermo Hurtado hace 22 años, es hoy fiscal décimo de derechos humanos.

De ser comandante de Policía pasó al asfalto. Lo destituyeron disciplinariamente por su responsabilidad en la desaparición forzada de un joven. Aunque parezca increíble el policía destituido se convirtió en asesor de un congresista, después condenado por parapolítica.El asesor congresional se transformó nada menos que en fiscal aunque legalmente no podía, ni puede, cumplir esa función. No contento con semejante mutación, el personaje es ahora presidente de la Asociación Nacional de Fiscales de Colombia.

El protagonista de esta increíble historia se llama William Gildardo Pacheco Granados y la peor parte es que hay denuncias que lo señalan de hacerse el de la vista gorda con los paramilitares y, al mismo tiempo, amparar montajes y testigos falsos contra defensores de derechos humanos.

La historia arranca en marzo de 1991 cuando el joven Guillermo Hurtado les contó a algunos allegados que había visto a varios miembros de la Policía Nacional aparentemente asesinando a una persona en las cercanías de Calarcá, Quindío.

Unos días después al salón de billares de Armenia, donde Guillermo trabajaba, llegaron varios uniformados al mando del teniente William Pacheco. No tenían una orden judicial contra el joven, le pidieron sus papeles y él les mostró su cédula inmediatamente. Sin embargo, se lo llevaron detenido.

Está probado que el joven fue conducido a la subestación de Policía del Barrio Santander. Lo liberaron esa noche, pero cuando apenas salía de la estación fue interceptado por un carro particular. Varios testigos aseguran que el aterrado Guillermo gritaba: “Mi teniente, no me vaya a matar. Yo digo lo que usted quiera”.

Del joven nunca se volvió a saber. Guillermo Hurtado Parra sigue desaparecido hoy, 22 años después. El teniente Pacheco no pudo explicar su actuación en estos hechos y fue destituido disciplinariamente.

Mientras apelaba la decisión, William Pacheco se desempeñó como miembro de la Unidad de Trabajo Legislativo del entonces representante a la Cámara José Domingo Dávila Armenta. (Ver certificado).

La sanción de destitución fue confirmada por la Procuraduría y la Corte Constitucional. Desde el año 2000 el Ministerio Público certifica que sobre William Pacheco pesa una inhabilidad permanente que le impide, entre otras cosas, desempeñar cargos en la Fiscalía General de la Nación. (Ver antecedentes).

William Pacheco, sin embargo, el mismo oficial de la Policía sancionado e inhabilitado por la desaparición del joven Guillermo Hurtado, es hoy fiscal décimo de derechos humanos y fue hasta hace poco el fiscal 22 antiterrorismo.

Nadie se explica cómo llegó al cargo y menos aún cómo puede seguir en este.

En el ente acusador no ha perdido el tiempo. Mientras su antiguo jefe José Domingo Dávila Armenta era condenado por parapolítica en relación con el Pacto de Chivolo, la Corte Suprema reclamaba que se investigaran las acciones del fiscal 22 antiterrorismo, William Pacheco, que con su negligencia permitió que Jorge 40 y otros paramilitares se apropiaran de numerosas propiedades de indefensos campesinos, precisamente en la zona de Chivolo. (Ver Corte Suprema).

Con procedimientos parecidos a los de la ‘fábrica nacional de testigos’, que actuó contra Sigifredo López, el fiscal William Pacheco mandó a la cárcel al defensor de derechos humanos David Rabelo Crespo y al exsenador liberal José Aristides Andrade.

La Justicia debe revisar lo que ha sucedido en estos casos. Más allá de toda discusión está el hecho de que el acusador de estos dos hombres, William Pacheco, no podía ser fiscal.

Sin embargo ahí sigue. Y no solo eso, pues hace un tiempo fundó la Asociación Nacional de Fiscales que pretende agrupar a los acusadores del país, entre ellos los que investigan violaciones de los derechos humanos. William Pacheco es el presidente de esa asociación cuyos afiliados –gracias a un curioso convenio– pueden usar las instalaciones del Club Militar pagando solamente la mitad de la cuota que se le exige a un oficial subalterno. (Ver certificado de cámara).


domingo, 19 de mayo de 2013

La pistola humeante. Por Daniel Coronell


Por Daniel Coronell
Revista Semana

A la exalcaldesa nuevamente nadie le prestó atención. En agosto del año pasado la mataron de ocho balazos, disparados en ráfaga desde una moto en Valledupar.

Una seguidilla de crímenes ha azotado a La Guajira. Familiares de los asesinados –y algunas de las víctimas que alcanzaron a hacerlo– han señalado la presunta responsabilidad en estos hechos del señor gobernador Juan Francisco Gómez Cerchar, conocido como Kiko Gómez o KG. Nada ha pasado con las denuncias. Están ganando polvo en los anaqueles de La Guajira donde la palabra del gobernador es la ley. 

Denunciar no le sirvió de nada a la anciana wayú Francisca Sierra. Ella advirtió a las autoridades que iban a matar a su hija Martha Dinora Hernández. A pesar de haber puesto las amenazas en conocimiento de la Fiscalía –mencionando con nombre propio al gobernador– nadie investigó esa pista. Martha Dinora fue acribillada a 50 metros de una estación de Policía sin que nadie pudiera ver nada. Un tiempo atrás habían matado a Víctor Ojeda, esposo de la asesinada y yerno de la denunciante.

La historia de Yandra Cecilia Brito es aún peor. Ella fue alcaldesa de Barrancas, La Guajira, y en 2008 mataron a tiros a su esposo Ustariz Guerra y a Wilfrido Fonseca, que lo acompañaba. Ella aseguró que detrás del crimen estuvo Kiko Gómez e hizo su denuncia tan pública como pudo.

Le envió una carta al entonces fiscal Mario Iguarán, al procurador Alejandro Ordóñez y al entonces presidente Álvaro Uribe en la que les pedía protección y aseguraba: “Tal como lo señalé en la denuncia mis hermanos Saúl Javier, Saúl Rafael Brito Castillo y mi persona; hemos venido siendo amenazados telefónicamente por secuaces del señor Juan Francisco Gómez Cerchar, Kiko Gómez. Amenazas que empezaron dos meses después de la muerte de mi difunto esposo, originadas en el hecho de que estábamos investigando los motivos de su asesinato…”.

Las investigaciones nuevamente se quedaron engavetadas. A la exalcaldesa nadie le prestó atención. En agosto del año pasado la mataron de ocho balazos, disparados en ráfaga desde una moto en el barrio Guatapurí de Valledupar.

La Justicia no se imagina quién pudo haber ordenado ese homicidio, pero su desconsolada madre, Nedda Carrillo, ha denunciado –también infructuosamente– que quien está detrás es Kiko Gómez. Asegura además que la están amenazando desde el sepelio de su hija para que no siga averiguando por las muertes de sus parientes.

Ninguna investigación avanza contra el poderoso gobernador Kiko Gómez.

Tampoco le ha sucedido nada en el risible Consejo Nacional Electoral que terminó avalando su cuestionada elección en el cargo, ni en el Consejo de Estado cuya sección quinta produjo hace unos días un fallo favoreciéndolo. (Dicho sea de paso: ¿alguien sabe qué pasó con la investigación por el tráfico de fallos en el Consejo de Estado que implica por cierto a un célebre personaje guajiro?) 

Hace unos meses el periodista Gonzalo Guillén fue a La Guajira para indagar por los homicidios, por las investigaciones paradójicamente congeladas en el desierto y por otros fenómenos de corrupción. 

Guillén, veterano reportero de investigación con 36 años de experiencia, empezó pronto a encontrar las huellas de una alianza entre autoridades locales y miembros del hampa binacional que trafica combustibles, drogas y precursores químicos desde el Cesar en Colombia hasta Maracaibo en Venezuela. 

La investigación aún no ha sido publicada, pero la semana pasada fue descubierto un plan para asesinar al investigador.

Andrés Villamizar, director de la Unidad Nacional de Protección, del Ministerio del Interior, alertó sobre un atentado en marcha para matar al periodista Gonzalo Guillén y a los investigadores sociales León Valencia y Ariel Ávila, quienes desde la Fundación Arco Iris en el año 2011, habían mostrado las prácticas torcidas de la política en La Guajira, incluyendo las alianzas con grupos delincuenciales.

Según la Policía, a cargo de la ejecución del crimen está un hombre conocido con el alias de 'Morroncho' que –casualmente– viene de La Guajira.

Las autoridades, en su sabiduría, han podido determinar después de las exhaustivas pesquisas de rigor que detrás de la preparación del triple homicidio están, sin duda, “las bandas criminales” y “los enemigos de la paz”.