martes, 4 de septiembre de 2012

Un día histórico


Un día histórico



Por Roberto Romero Ospina*


No hay duda. Hoy 4 de septiembre fue un día histórico. Primero, la alocución presidencial a las doce y treinta que reconocía lo que ya se había filtrado a la prensa: el Gobierno y las FARC habían llegado a un acuerdo para comenzar negociaciones y así poner punto final al largo conflicto armado. Santos se dirigió al país rodeado de todos sus ministros y la cúpula militar en pleno, con toda la solemnidad del caso, para que no quedara duda de su compromiso con el país.
Y luego, una hora exacta después de esos 18 minutos en la Casa de Nariño, el jefe de la insurgencia, Timoleón Jiménez, en las montañas y a través de un video transmitido desde La Habana, saludó este arreglo sin precedentes en el país.
Jiménez apareció sin mandos a su alrededor, sólo un inmenso telón con la imagen de Marulanda y su compañera.
La paz en todos los canales
Entonces todo el país entró en la dinámica de la paz. Ni un solo medio regateó un minuto para transmitir en directo la ceremonia. Casi tres horas de televisión continúa para que ningún colombiano se quedara por fuera de esta cita con la historia.
Con dos frases capitales de Santos y Jiménez; uno, subrayando “que la historia sería mucho más severa con todos nosotros si no aprovechamos la oportunidad que hoy se nos presenta”, y el otro, comprometiéndose a “no levantarse de la mesa hasta no conseguir la paz”.
La confianza, suprema consejera en cualquier negociación, se abría de nuevo paso entre las partes tras una larga década de horror que ha dejado más de diez mil combatientes, de ambos lados, tendidos en esta guerra fratricida.
Y decenas de miles de víctimas civiles, daños a la infraestructura y varios puntos del PIB en pérdidas que bien podrían haber ido a resolver agudos problemas sociales y dejar de ocupar el tercer lugar entre los países más desiguales del mundo.
Generando confianzas
“Hemos trabajado con seriedad, y debo reconocer que las FARC también. Todo lo que hasta ahora se ha acordado, se ha respetado. Si las FARC abordan la siguiente fase con la misma seriedad, tenemos buenas perspectivas”, agregó el presidente.
Terminada esta primera fase, la exploratoria, que se inició en La Habana el 23 de febrero de 2012, en las siguientes dos semanas comenzará la segunda fase de trabajo reservado y directo. Será una discusión, sin interrupciones y sin intermediarios, sobre los puntos acordados para llegar al Acuerdo Final. Y con ese acuerdo final se terminaría formalmente el conflicto.
La agenda, para que se termine el conflicto, contempla solo cinco puntos, todos cruciales: primero, desarrollo rural; segundo, garantías para el ejercicio de la oposición política y de la participación ciudadana; tercero, el fin mismo del conflicto armado que incluye la dejación de las armas y la reintegración de las FARC la vida civil, junto con todas las medidas del Gobierno para dar garantías al proceso de terminación; cuatro, el narcotráfico y quinto, los derechos de las víctimas.
La tercera fase es la implementación simultánea de todo lo acordado, con las correspondientes garantías y mecanismos de verificación y participación ciudadana.
Y vendría el espaldarazo de la Casa Blanca. Obama se despachó en elogios a las tratativas de Santos en búsqueda de la paz, que los necesita en su justo afán de aislar a la ultraderecha y aquellos jerarcas militares, todos bien amigos de EE.UU., que sueñan que todo esto fracase.
Los peligros de negociar en medio del fuego
Un punto crítico de las negociaciones, que se instalan formalmente en Oslo en la primera quincena de octubre, es que se darán en medio de las hostilidades.
Por eso el presidente le pidió al pueblo colombiano templanza, paciencia y fortaleza ante eventuales nuevos ataques de las FARC o un incremento de la violencia. "Esos ataques serán respondidos con toda la contundencia por parte de la fuerza pública y de la justicia”.
Jiménez, quien no pudo conocer el discurso de Santos, no se refirió al tema del cese al fuego. Pero seguramente las FARC no fijarán una tregua unilateral de sus acciones de guerra sin acuerdos previos.
Por desgracia, entonces, asistiremos a un teatro de operaciones permanente donde las dos partes arreciarán para demostrar su contundencia y favorecerse en la mesa, pero siempre en perjuicio de los derechos humanos. En medio de las conversaciones de La Habana, se corre el peligro de un escalonamiento de los enfrentamientos y lo que es peor, a cualquier grave provocación de los enemigos de la paz que a través de un atentado o una operación encubierta dé al traste con el gigantesco esfuerzo de poner fin a este conflicto de medio siglo.
La prudencia y la fina ingeniería que seguramente demandará el proceso de pláticas, más temprano que tarde pondrá en la mesa la urgente necesidad de un cese al fuego antes de que un bombazo haga trizas la agenda.
Acordémonos del secuestro y posterior muerte del ex ministro conservador Angelino Durán Quintero a manos del EPL en enero de 1992o el ataque al senador Aurelio Irragori, este sin consecuencias, en plenas conversaciones entre la Coordinadora Guerrillera Simón y el gobierno de Gaviria, que paralizaron el curso de las conversaciones de paz.
Para no hablar del plagio del senador Gechen y el avión donde iba que puso fin a las negociaciones del Caguán en 2001.
El frustrado proceso de paz de las FARC con el gobierno de Betancur, en 1983, estableció de entrada que los acuerdos, los únicos firmados entre esa guerrilla y el Estado, serían precisamente de “cese al fuego, tregua y paz”. Y así operaron un trecho. Incluso, desde ese año hasta 1989, varias veces las FARC decretaron ceses unilaterales de fuego como voluntad de concordia.
¿Acuerdos de paz para enviar guerrilleros a la cárcel?
Llama la atención que el presidente Santos no se refirió al tema de la penalización en el posconflicto. Es sabido que en ninguna parte del mundo un proceso de paz que haya culminado con éxito contempló un solo día de cárcel para los reinsertados a la vida civil.
Como se sabe, algunos sectores, en especial de la ultraderecha, encabezados por Uribe y hoy lo manifestó sin ambages, exigen llevar a prisión a los ex combatientes en una ingenua visión de lo que debe ser el curso final de esta guerra civil larvada de años.
Y la ex ministra de Defensa de Uribe Vélez, Martha Lucía Ramírez, planteó hoy en panel de Cable Noticias, al lado del ex general Néstor Ramírez, una prisión especial para los guerrilleros, con mando o sin mando.
Martha Lucía Ramírez, en el 2006, aseguró que en seis meses acabaría con las guerrillas. Algo similar había dicho en 1991, el hoy ministro de Trabajo Rafael Pardo, siendo ministro de Defensa del presidente Barco.
ACORE, la asociación de militares en retiro, que acaba de sacar un manifiesto de doce puntos y su exigencia de entrar en la mesa, es de la misma idea y otras peores, como poner como punto inicial un cese del fuego unilateral de la guerrilla antes de entrar a negociar y la disolución inmediata de Marcha Patriótica por considerarla el brazo político de las FARC. Remember Unión Patriótica.
Y a propósito, llamó la atención que el jefe de las FARC saludara varias expresiones sociales como el Congreso de los Pueblos, la Minga, el movimiento indígena, entre otros, como garantes populares del proceso y no a la Marcha Patriótica. Quizá para que no le vayan a poner el sambenito de siempre.
Seguramente el primer mandatario espera que su ley marco para la paz, aprobada en el Congreso, que contempla penas a los desmovilizados será de fácil acogida por los negociadores de las FARC. Una vana ilusión y como dijo Camilo Gonzáles Posso, director del Centro de Memoria, en un panel hoy en Canal Capital, con toda seguridad nuevos acuerdos en este sentido llevará la mesa de La Habana al Congreso, incluidos los derechos políticos de los ex guerrilleros a participar en las contiendas electorales.
Si algo fundamental anuncia este proceso que hoy se presenta al país, es que sí es posible una salida política al conflicto colombiano, que solo a través de las conversaciones civilizadas se puede alcanzar la paz. En eso estriba este día histórico.