miércoles, 10 de abril de 2013

Jorge Eliécer Gaitán: 65 años


J. Fernando Ocampo





“Hoy como ayer y como mañana sólo hay una verdad, que todas las fuerzas regresivas que se confabulan, todas las tácticas de la reacción, no podrán detener en el camino la revolución ideológica que viene transformando al mundo y que no es el producto de un capricho, sino la consecuencia inevitable y afortunada de una determinación histórica.” 
Jorge Eliécer Gaitán, 1946  

 Por José Fernando Ocampo T. (*) 



Artículos de José Fernando Ocampo T. editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Bogotá, 03/04/13.

- Hace sesenta y cinco años caía asesinado Jorge Eliécer Gaitán en plena carrera séptima de Bogotá. El pueblo enfurecido salió a vengar su asesinato y sin dirección y sin rumbo se tomó la ciudad, quemó tranvías, edificios, iglesias, casas y todo lo que encontró a su paso. Amenazó con tomarse el Palacio de gobierno al que responsabilizaba del asesinato. Por eso se hizo famoso el 9 de abril. Era Presidente Mariano Ospina Pérez, del Partido Conservador, llevaba año y ocho meses en Palacio. Había subido al gobierno gracias a la división del Partido Liberal entre Gabriel Turbay y Gaitán. Como consecuencia, Gaitán, a pesar de haber obtenido la tercera votación, después de Ospina y Turbay, había quedado como jefe único del Partido Liberal. La oligarquía liberal dirigida por López Pumarejo, Santos, Lleras Camargo, Lleras Restrepo había hecho mutis por el foro para dejar como jefe único a Gaitán. 

Un acontecimiento extraordinario servía de escenario a la primera semana de abril, la Conferencia Panamericana de 1948, controlada por Estados Unidos, vencedor indiscutido de la Segunda Guerra Mundial, con una delegación de alto nivel bajo la dirección del general Marshall, en ese momento ya nombrado reconstructor de una Europa destruida por la furia bélica.

Ignoro si Gaitán recordaba en ese momento histórico los acontecimientos de la Conferencia Panamericana de 1906. En ese entonces como en el de 1948, la reunión de los países americanos tenía un significado de gran trascendencia. Estados Unidos llegaba a Bogotá como dueño del mundo. Sólo se le enfrentaba la Unión Soviética, a pesar de haber sido su aliado contra el fascismo en la guerra, cuyo jefe indiscutido, Stalin, estaba a las puertas de la muerte. Cuarenta años antes, ya Estados Unidos era la segunda o tercera potencia mundial, en donde los grandes grupos financieros a lo Rockefeller, Mellon y demás, dominaban su economía y buscaban su expansión financiera por doquier. La potencia del Norte se había robado a Panamá sin que el gobierno colombiano presidido por Marroquín hubiera reaccionado para defender la soberanía nacional. Entonces se reunía la Conferencia Panamericana de 1906 y en ella el país estaba representado por Guillermo Valencia y Rafael Uribe Uribe. En ella la traición de los representantes colombianos fue dramática. Uribe Uribe terminaría su informe al gobierno nacional afirmándole que los estadounidenses—los ladrones de Panamá—se habían hecho “amar irresistiblemente aun de sus peores enemigos”. (Ver Ocampo, Colombia siglo XX, cap. III)

Estados Unidos no solamente se había robado Panamá, sino que controlaba Cuba como una colonia, dos veces había desembarcado en México, había instalado dictadores en Guatemala, Honduras, Haití y República Dominicana. No importaba que se hubiera comprometido con los aliados en la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo, la juventud democrática de América Latina lo identificaban como el enemigo principal del continente. Que el reconstructor de Europa encabezara la delegación estadounidense a la Conferencia de Bogotá fue tomado como una amenaza para la independencia de América. Una numerosa delegación de juventudes de todo el continente se había hecho presente en Bogotá para desarrollar una “conferencia antipanamericana” contra la injerencia de Estados Unidos. Gaitán iba a ser el personaje emblemático del evento a cuya inauguración estaba invitado ese fatídico nueve de abril. Uno de los dirigentes de la reunión de juventudes latinoamericanas era Fidel Castro. Una hora antes de asistir a la inauguración del evento, Gaitán caía asesinado en pleno centro de Bogotá. Su asesinato produciría lo que quedó en la historia como “el bogotazo”, fatídico 9 de abril.

En el momento de su asesinato Gaitán era el jefe único del Partido Liberal. Meses antes había presidido la famosa “marcha del silencio” contra la violencia del gobierno de Ospina Pérez. En el momento de su asesinato era considerado ya seguro presidente de Colombia, sin competencia alguna, no obstante la candidatura presidencial de Laureano Gómez, a la que se había comprometido la dirección del Partido Conservador como compensación al apoyo del laureanismo a la candidatura de Ospina. Gómez sería elegido presidente en las elecciones de 1950 sin oposición alguna ante la abstención del Partido Liberal como consecuencia de los actos violentos que se desataron contra todos sus dirigentes obligados a exilarse. En ese período surgió la etapa histórica de la que se llamó violencia liberal conservadora. Los gaitanistas se habían organizado en guerrillas liberales para vengar su jefe y tomarse el poder por la fuerza de las armas. Así llevamos sesenta y cinco años, con movimientos guerrilleros de todos los colores. El movimiento gaitanista desapareció rápidamente y fue reemplazado por movimientos guerrilleros de diferente orientación ideológica y política.

Gaitán había aparecido a la escena política ya en 1914 con el discurso pronunciado en el funeral de Rafael Uribe Uribe, a quien el Partido Liberal moderno considera como su fundador, asesinado a escasos metros de donde Gaitán sería inmolado casi treinta y cinco años después. En su oración no menciona la traición de Uribe en la Conferencia Panamericana de 1906. Pero su verdadero ingreso a la política nacional lo constituiría su histórico debate de 1928 en el Congreso sobre la masacre de las bananeras. Es en él donde Gaitán plantea por primera vez su posición antiimperialista contra Estados Unidos. Había entrado al Congreso con un movimiento disidente, por medio del cual desembocaría en la fundación de la UNIR—Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria—el cual desaparecería muy pronto, después del asesinato en Fusagasugá de varios de sus militantes, del cual acusaría a Carlos Lleras Restrepo, entonces secretario de Gobierno de Cundinamarca y presidente del país en el período de 1966 a 1970. Gaitán no abandonaría su posición antiimperialista y esa se constituiría en una característica fundamental de su carácter histórico en la política nacional. Acertaban los estudiantes de la conferencia antipanamericana del 48 en su invitación de Gaitán a inaugurarla.

Gaitán no se había sumado a la candidatura de unidad nacional del candidato liberal Enrique Olaya Herrera para las elecciones de 1930. Representaba un movimiento disidente, propio, sin mucha estructura ideológica, pero con posiciones democráticas, ya desde ese momento antiimperialistas, imposibles de conciliar con las de Olaya que llegaba a la presidencia comprometido con el imperialismo yanqui. Desde el principio de su trabajo parlamentario tuvo claridad sobre el fascismo. Acababa de ascender Hitler a la política alemana. Ya Laureano Gómez había tomado partido a su favor, recién llegado de su embajada en Alemania. Dirigiría el ala fascista del Partido Conservador con el que coincidirían en una u otra forma personajes de extrema derecha como Fernando Londoño y Londoño, Silvio Villegas y Alzate Avendaño. Por eso Gaitán sería contundente tanto en su caracterización del fascismo como en su posición política frente a la extrema derecha colombiana. Y plantearía tanto su diferencia ideológica con ese movimiento como su caracterización.

“El fascismo,” explicaría, “es, ante todo y desde el punto de vista estatal, una reacción contra el sistema democrático, mejor dicho contra el sistema representativo. Él impugna…con franqueza el principio básico de la democracia, proclamando, en cambio, sin reticencias, la dictadura del Estado por el Estado mismo.” (Las mejores oraciones de Gaitán, Editorial Jorvi, 1948, p. 105)

Si estaba contra el fascismo, también estaba contra el marxismo. Pero no los confundía. Su movimiento unirista ni era fascista ni marxista, se proclamaba positivista. El marxismo, según Gaitán, no se podía confundir con el fascismo. Rechazaba la dictadura del Estado por el Estado de carácter fascista. Pero también la dictadura de la clase proletaria sobe las otras clases, que es lo, que según él, defiende el marxismo. Esa era la diferencia fundamental entre las dos posiciones políticas. En ese momento no se planteaba ese fascismo encubierto neoliberal no estatista como en la actualidad, pero sí basado en el poder de los monopolios económicos, como también lo fue en época de Hitler y Mussolini. Gaitán se confiesa positivista:

“He aquí que nos diferenciamos de las escuelas materialistas filosóficamente hablando, las cuales, al igual que las espiritualistas, pretenden darnos como verdad neta el primer origen y el último efecto de las cosas. Pero como positivismo es aceptación de los fenómenos existentes, no puede negarse al reconocimiento de las fuerzas síquicas que llamamos ideales, dado que ellas pertenecen a la vida antropológica, como observables y comprobables.” (Íbid., p. 112)

Está claro, Gaitán no era marxista. Por eso, quienes se proclamaban marxistas de la época, primero en el Partido Socialista y luego en el Partido Comunista, se enfrentaron con él en el Congreso y en la plaza pública y en los sindicatos. Ese enfrentamiento irá hasta la propia muerte de Gaitán. El Partido Comunista nunca entendió la posición antiimperialista de Gaitán ni su enfrentamiento con los monopolios económicos ni su papel en la política nacional. En las elecciones de 1946 los comunistas apoyaron la candidatura presidencial del representante de la oligarquía liberal Gabriel Turbay, atacaron la candidatura disidente de Gaitán y se enfrentaron a su jefatura pasada la derrota liberal. A pesar de haber coincidido con él en el apoyo a Alfonso López Pumarejo para su primera presidencia nunca lograron un acuerdo en la organización del movimiento obrero. Gaitán no apoyó a la CTC de orientación liberal como lo hizo el Partido Comunista y organizó su propia central obrera. Corrían tiempos procelosos con el ascenso de Hitler en Alemania, el triunfo de Franco en la guerra civil española, el ingreso de Estados Unidos en la guerra mundial con los aliados enfrentados al fascismo mundial, el rompimiento de relaciones de Colombia con el Eje fascista, la amenaza del fascismo colombianos dirigido por Laureano Gómez y Gilberto Alzate Avendaño de guerra civil contra López Pumarejo. Gaitán se enfrentó al fascismo e hizo parte del gobierno de Santos que alineó a Colombia con los aliados en contra del Eje. No obstante, el Partido Comunista mantuvo su enfrentamiento con Gaitán, al que siempre acusó de fascista.

No fue la única diferencia de Gaitán con los comunistas. También sostuvo con ellos un histórico debate sobre el problema de la tierra en Colombia. Denunció en el Congreso la concentración de la tierra en Cundinamarca, Tolima y Antioquia. Existían en Fusagasugá hacia el páramo de Sumapaz grandes latifundios, frente a los cuales estalló una batalla de los campesinos. Gaitán los apoyó. A raíz de ese movimiento desarrolló uno de los más interesantes debates en el Congreso de entonces alrededor del problema de la propiedad de la tierra. Y planteó que en Colombia el problema agrario podía dividirse en tres aspectos: las tierras no cultivadas, unas con título legítimo y otras sin él; las tierras cultivadas con título legítimo y sin él; y las relaciones entre el trabajo humano y el capital agrario existentes en todas las formas de propiedad agraria. De este análisis concluye que “el país debe llegar a la expropiación de todas las tierras que no estén siendo trabajadas, con la sola excepción de las reservas forestales, precisamente determinadas por la técnica.” (Íbid., p. 113)

Y de allí planteaba la conclusión fundamental de una revolución democrática, la entrega de la tierra a los campesinos: “esas tierras expropiadas podrán ser entregadas, previa una organización técnica, a los campesinos en forma gratuita.” (Íbid., p. 125).

Constituía el principio simple de “la tierra para el que la trabaja”, esencia de la revolución democrática en el terreno económico. Los socialista y comunistas de entonces defendieron en el Congreso un principio planteado por Marx en el tercer tomo de El Capital de la nacionalización de la tierra para ser arrendada a los capitalistas, principio fundamental aplicable a una economía capitalista avanzada, pero excluida en todos los países donde sería necesario aplicarla por temor a caer en el socialismo. Pero Lenin, en su famoso trabajo sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia, tomó de Marx una modificación del principio general para aplicarla a países donde existen formas feudales o semifeudales de propiedad, en donde no es posible forzar la nacionalización de la propiedad agraria. Sin haber leído a Marx o Lenin en estos temas especializados, Gaitán coincide con una solución democrática al problema de la tierra en un país como Colombia, en donde predominaban el latifundio y el minifundio. En esa forma coincidía con Lenin y no con los congresistas comunistas.

Como ministro de Educación en 1940, Gaitán se opone al adoctrinamiento ideológico en el sistema educativo. Plantea, entonces, que la Iglesia Católica no debe monopolizar el control de los contenidos de la educación ni imponer la doctrina religiosa en las escuelas. Así mismo defiende la dotación estatal de los textos escolares, no de las editoriales ni de las instituciones religiosas. Se opone a la dirección vertical de la educación desde el Ministerio, lo que considera una orientación totalitaria. Por eso postula una especie de lo que la Ley General de Educación de 1994 denominaría “la autonomía escolar”, mediante la cual las instituciones son las que definen los contenidos educativos sobre la base de unos planteamientos mínimos de la norma. Con energía denuncia el pago de los educadores en los municipios con aguardiente como sucedía en el país hasta la aprobación del Estatuto Docente defendido por los maestros y aprobado en 1979. Sobre la educación superior consideraba que las universidades no eran para todo el mundo, por lo cual el Estado debería promover la educación técnica intermedia. Defendió que en los ramos del saber existen gradaciones, que las capacidades individuales no son uniformes, que el orden social es el que debe definir la organización de la educación. Y resume así su criterio educativo: “Debemos y necesitamos otorgar todo nuestro apoyo a la alta cultura de investigación y de pensamiento, pero sin olvidar por ello las distintas gradaciones y zonas de hombres a quienes hay que armar con los conocimientos prácticos para los distintos menesteres de la lucha vital” (Íbid. p. 254).

Que los estudiantes antiimperialistas de América Latina reunidos en Bogotá para la Conferencia Panamericana de 1948 hubieran invitado a Gaitán a instalar su encuentro continental no es una mera coincidencia. Es que Gaitán defendía una posición antiimperialista. Conocía muy bien la historia del continente, la invasión de Estados Unidos a Cuba, sus atropellos en México y Centroamérica, el robo de Panamá a Colombia, la matanza de las bananeras por la United Fruit Company en el Magdalena. Estaba por una posición nacionalista, no de derecha fascistoide, sino de izquierda de defensa de la soberanía nacional. Por eso defendía en sus discursos: “Ni ahora ni nunca claudicará nuestro espíritu nacionalista. Hoy y siempre lo defenderemos porque creemos que las naciones latinoamericanas tienen un peligro cierto en los imperialismos, pero nuestro nacionalismo ha de ser siempre un culto severo y solemne a la República.” (Íbid., p. 86).

Por esa conciencia tenía claro que había surgido en el mundo una nueva forma de dominación de unos países sobre otros que no consistía en la imposición de un gobierno directo del país colonial, sino indirecto, por otros medios: “No veremos ya los cañones disparando contra las naciones débiles ni la provocación de revoluciones internas. El sistema será distinto y ceñidamente legal en apariencia, se enviarán al país que quieren dominar grandes empresas, bancos poderosos, capitales ingentes que lo irán invadiendo y dominando con la aceptación regocijada de los ciudadanos. Ya no se tratará de violar la ley escrita, sino que mediante la expansión financiera aun permaneciendo inviolada la legislación se impondrá el más fuerte desde el punto de vista económico. No se necesitará perpetrar el ataque al derecho del estado débil, sino que este será absorbido por las vías legales y quedará entregado legalmente al adversario. He ahí el hecho de la conquista técnica.” (Íbid., p. 59)

Su coincidencia con la posición de Lenin sobre el imperialismo como una etapa de dominio del capital financiero es sorprendente. No resulta extraño que Estados Unidos lo considerara una amenaza en la presidencia de Colombia. Resulta completamente secundario el descubrimiento seguro de la mano asesina. Gaitán no le convenía al imperialismo estadounidense y a la oligarquía colombiana liberal que lo había ya abandonado ni a la oligarquía conservadora que lo veía como su peor enemigo. Por eso lo sacrificaron.

Jorge Eliécer Gaitán abrigaba una posición antiimperialista. Consideraba a Estados Unidos el enemigo de Colombia y de América Latina. Se enfrentó a la oligarquía liberal conservadora que ha dominado en el país. Fue un opositor radical de las tendencias fascistas que se alinearon con Hitler, Mussolini y Franco en la política colombiana. Estuvo con los obreros en su lucha por las reivindicaciones económicas. Fustigó el gobierno asesino de los obreros masacrados para defender el monopolio de la United Fruit Company. Levantó su voz en el Congreso para destapar una estructura de la tendencia de la tierra en manos de terratenientes, a favor de los campesinos. Vapuleó los gobiernos conservadores y liberales que entregaron el petróleo a la Tropical. Se opuso radicalmente a las concesiones de los ferrocarriles de La Dorada y Puerto Colombia. La candidatura de Gaitán en 1946, su oposición al gobierno conservador de Ospina Pérez, la marcha del silencio de 1948, su posición antiimperialista, el levantamiento popular del 9 de abril en reacción contra su asesinato, las guerrillas liberales que se levantaron para vengar su caudillo, constituyeron elementos prerrevolucionarios nunca antes experimentados en Colombia. Se dieron condiciones para que se produjera un cambio político, económico y social profundo en Colombia. Ese es el significado histórico de Gaitán en la historia nacional.


(*) Miembro de la dirección nacional del Polo Democrático Alternativo. Obtuvo su doctorado en Ciencia Política en Claremont Graduate School de California. Ha sido profesor de tiempo completo de las Universidades de Antioquia, Caldas, Nacional y Distrital de Bogotá. Fue miembro de la dirección de FECODE desde 1975 hasta 2000. Hizo parte de la elaboración y negociación de la Ley General de Educación. Participa en el Centro de Estudios e Investigaciones Docentes de FECODE. Colabora en las revistas /Deslinde/ y /Educación y Cultura /. Es miembro de la organización Unidad Panelera Nacional. Sus principales obras son: /Colombia siglo XX: estudio histórico y antología política, 1886-1934; Ensayos sobre historia de Colombia; Reforma universitaria, 1960-1980; Dominio de clase en la ciudad colombiana; La educación colombiana: historia, realidades y retos./ Es editor del libro /Historia de las ideas políticas en Colombia.