lunes, 15 de abril de 2013

Venezuela, un socialismo en aprietos


Horacio Duque Giraldo
Horacio Duque.

No soy un francotirador de la revolución bolivariana que por años lideró el Presidente Hugo Chávez y ahora está en manos de un equipo que encabeza el nuevo Presidente de Venezuela, Nicolas Maduro, quien ha obtenido una clara victoria electoral el pasado 14 de abril.

Tampoco soy un aprovechado que se pegó al proceso socialista para sacar beneficios personales como si ocurre con otros que se disfrazaron de "socialistas" y llegaron desde Colombia a organizar negocios de comercio exterior para engordar sus bolsillos de piratas.

Desde los años 90 he acompañado con mis posiciones todo el trabajo de Hugo Chávez y sus propuestas de cambio para Venezuela. A los comunistas de Venezuela me unen lazos muy estrechos y la admiración por su lucha perseverante contra el capitalismo y el imperialismo expoliador de la riqueza petrolera. Se de su trabajo abnegado.

La premisa de estas observaciones es la buena fe y la voluntad de hacer uso de la crítica y autocritica revolucionaria para defender el proceso de cambios que ocurren en Venezuela y que se dan en favor de las grandes mayorías populares.

Ayer, en el día de las elecciones para escoger el reemplazo presidencial del inmortal Chávez, las cosas no salieron muy bien. El socialismo sufrió un aprieto, de no menor cuantía.

La derecha y el imperialismo se anotaron un golpe político porque estrecharon su margen con el voto popular que eligió a Maduro. Apenas son 300 mil votos de diferencia, cuando en octubre del 2012, la suma era superior a los 2 millones de votos.

¿Qué pasó?, es la pregunta que muchos nos hacemos. Las respuestas son varias y con el correr de los días el análisis político permitirá comprender la dimensión del tropiezo.

Una respuesta inicial nos remite a los códigos de la contrarrevolución en curso que hace uso de todos los recursos para destruir el gobierno bolivariano. Eso ya lo tenemos muy sabido.

Lo que necesita una reflexión más ponderada son los errores de nuestro lado, que facilitan el discurso y la estrategia de la derecha y su candidato Capriles. 

Los mismos se han identificado y se repiten en muchos diagnósticos: violencia urbana, corrupción sin límites, burocratismo estatal, ineficiencia pública, desabastecimiento alimentario, inflación, malos salarios, devaluación, estancamiento industrial, agricultura paralizada, incoherencia ideológica, pensamiento débil y deficiencias en la organización del partido o la fuerza política de la revolución.

La revolución bolivariana ha vivido momentos muy difíciles como los que ocurrieron con las huelgas, paro petrolero y golpe de Estado, entre los años 2002 y 2003 cuando el PIB se contrajo casi en un 8%. También en la derrota del referendo del 2007.

Esos momentos azarosos fueron una muy dura advertencia política y el Presidente Chávez tomó nota rápidamente implementando los planes adecuadas para sortearlos. Recuerdo las tres "R".

Con el resultado de ayer algunos hacen triunfalismo. Craso error. 

Lo que procede es el análisis de los problemas que gravitan en el curso político. Es necesario hacer la valoración cualitativa y cuantitativa de cada fenómeno. De la corrupción, de la inseguridad, del desabastecimiento, etc.

Una vez establecidas las tendencias es prioritario entrar a corregir y avanzar en otros objetivos que profundicen la revolución y el Socialismo del siglo XXI.

Lo pero es actuar en la dirección de configurar un bloque con la derecha, argumentando hipotesis como las de la unidad y la salvación nacional. 


San Cristobal, 15 de abril del 2013