domingo, 21 de octubre de 2012

Colombia: El gobierno no es rehén del proceso de paz


¿Ante quien es rehén Santos?


Por Alberto Pinzón Sánchez

Tronó enfurecido el 18 de octubre en Oslo, ante la prensa mundial Humberto de la Calle, el jefe de la delegación del Estado colombiano para los diálogos con las Farc-EP, dejando ver con toda claridad la filosofía política del gobierno del presidente JM Santos en lo que se ha dado en llamar el proceso de paz colombiano. Más tarde el mismo presidente Santos repitió textualmente desde Bogotá, el trueno de la Calle.
Claro que no, digo yo. El gobierno de JM Santos es rehén NO de un proceso de paz, sino de sus propias contradicciones y vacilaciones, tanto internas como externas que encadenan al gobernante. Dentro de los eslabones externos, está como una Sobre-Determinación aplastante y del cual se desprenden los demás condicionantes tanto externos como internos; el acuerdo bipartidista de los EEUU para promulgar, financiar y desarrollar el Plan Colombia y sus prolongaciones hasta la fecha actual, así la actual Secretaria de Estado Sra. Clinton, apoye telefónicamente al presidente Santos (no al proceso) en los diálogos emprendidos, máxime cuando hay de por medio una muy cercana elección presidencial en los EEUU.
2-Un segundo determinante, es el bloque de países del Pacífico latinoamericanos con los cuales los EEUU tienen TLC vigentes (México, Colombia Perú y Chile) creado por la diplomacia estadounidense para hacer contrapeso reaccionario al bloque de países que están adelantando y desarrollando procesos democráticos progresistas, soberanos y de integración continental. El negociador de Colombia general Naranjo, asesora directamente al presidente de Méjico, y un representante directo del gobierno Chileno de Piñera, acompañará directamente la mesa de diálogos en la Habana.   
3- En cuanto a lo interno, está la gran contradicción aún no resuelta en el bloque de clases trasnacionales en el Poder de Colombia, entre los sectores terratenientes y ultramontanos liderados por Uribe Vélez y el prevaricador Ordoñez; enfrentados al sector Agro-minero y financiero. Un día Santos, como el niño de la fábula, se aleja de la casa política de la U, pero al otro amanecer, se regresa siguiendo las piedritas blancas que ha dejado por el camino; porque sin el partido (partido) de la U de Uribe Vélez, no tiene ningún chance de salir re-elegido, lo que constituye la verdadera apuesta de un jugador compulsivo de póker: ¡Ganar!
Timoleón Jiménez
4- En Cuarto determinante, es el tiempo electoral que corre contra la re-elección presidencial de JM Santos, y por eso su extrema presión para firmar un acuerdo “express” de paz, que le permita presentarse a elecciones presidenciales con el As en la mano. De ahí su amenaza de que si no ve un acuerdo “sustantivo” (es decir presentable en las elecciones) antes de 8 meses dará por concluido el dialogo. Es el oligárquico y mezquino Plan B santista para la negociación, nuevamente usando la paz como bandera electoral y, a las FARC como su elector indirecto. Por esta razón, el comandante Timoleón Jiménez también tiene que exhibir su plan B de la siguiente manera:
...” De nuestra parte planteamos que, en caso de no ser posible alcanzar el fin de la confrontación en esta oportunidad, avancemos hacia la construcción de un tratado de regularización de la guerra, que incluya la cuestión del uso y empleo bilateral de explosivos y de operaciones de bombardeo indiscriminado en zonas densamente pobladas; el seguimiento a las denuncias de las víctimas; el tratamiento digno de nuestros prisioneros en las cárceles; así como la verificación de todo el proceso y de los acuerdos salidos del mismo, por parte de una comisión encabezada por organismos internacionales escogidos a mutuo acuerdo entre las partes..” (http://prensarural.org/spip/spip.php?article9452)
Triste perspectiva si se considera que casi siempre los planes alternativos terminan remplazando el plan inicial.
5- El quinto determinante es que han sido diez años de una extrema y repugnante campaña mediática de “satanización de la Insurgencia” para negarle su característica política, acompañada del cuento chimbo de su “inminente” derrota militar, que ahora, cuando se da una extensa movilización social cuestionando el neoliberalismo depredador dominante en Colombia, y poco después la insurgencia presenta ante el mundo desde Oslo las cifras (ninguna falsa, ni rebatible) de su análisis político sobre la actual Colombia; nadie lo podía creer, ni aceptar, ni asimilar, pues una opinión pública así de alienada, sectarizada y dominada por el Estado de Opinión, no va a cambiar de la noche a la mañana. Basta leer los análisis enfurecidos y sin argumentos de toda la prensa colombiana sobre lo ocurrido en Oslo, para confirmarlo.              
Y un 6º determinante: el ideológico-político que domina la mentalidad de la clase dominante en Colombia (oligarquía trasnacional) expresada en dos de los mejores análisis sobre el inicio de los diálogos en Oslo (cuyas frases decisivas subrayo) Uno, escrito por el editorialista del diario conservador El Nuevo Siglo, ahora ministro del medio ambiente del gobierno Santos, Juan Gabriel Uribe, quien fuera también negociador en el Caguán y escribe la siguiente nota en futuro -pasado:
Juan Gabriel Uribe
…”Es oportuno precisar sobre el proceso de paz que la pura doctrina conservadora tiene como principal objetivo consagrar el orden, está por la legalidad, la legitimidad, el imperio de la soberanía nacional, la fortaleza de las instituciones, el triunfo perenne de la democracia, para consolidar la libertad. Según las circunstancias, agita el olivo de la paz o apela a los cañones. Lo conservador es el sistema. Defendemos el orden contra el desorden. En el concepto conservador de Estado, las Fuerzas Armadas juegan un papel insustituible, por eso defendemos el Fuero Militar, más en un país en el cual el 70 por ciento del territorio periférico es en extremo vulnerable y prevalece la ley de la jungla. Allí es notoria la falta de autoridad y de gobernabilidad, por lo que la paz en esas zonas selváticas y de cultivos ilícitos no se logra por decreto, pende, también, de los factores del desorden, del atraso y la miseria colectiva. Una paz con futuro demanda un Estado fortalecido, un gran plan económico de desarrollo que modifique la estructura de pobreza de los que viven en zonas riquísimas casi sin explotar, que incorpore la población a la civilidad, la producción y el bienestar” (El arte de negociar Editorial Nuevo Siglo. Octubre 17, 2012)

Y OTRO, ESCRITO POR EL VERDADERO jefe del partido Liberal, parte esencial del gobierno Santos, Horacio Serpa Uribe, quien que para no repetir errores del pasado formula un poco diferente lo que en 1997 dijo en el Caguán el agente de Uribe Vélez, Valencia Cossio, al comenzar la refundación: ¡Cambiamos o nos cambian! :
….”¿Por qué reunirse? Porque debe acabarse una guerra con la cual tanto perdemos. No tienen razón, dentro de nuestra óptica. Son violentos y han matado, secuestrado y traficado con estupefacientes, pero se trata es de buscar que renuncien a la violencia y se sometan a las leyes. Nosotros no nos vamos a someter a ellos. Los cambios hay que hacerlos con ellos o sin ellos. Muchas cosas exigen reformas. Tenemos desigualdad, pobreza, corrupción, inconsistencias democráticas, partidos y Congreso desprestigiados, desempleo enorme”… (Aproximaciones a la paz. Vanguardia Liberal 21. 10. 2012)
Por todo esto, me atrevo a decir que el gobierno colombiano no es rehén de ningún proceso de paz para darlo por terminado; sino de sus propias contradicciones inherentes y de las vacilaciones del gobernante.