viernes, 12 de octubre de 2012

¿Día de qué descubrimiento? La infamia de un 12 de octubre




¿Día de qué descubrimiento?
La infamia de un 12 de octubre

Por Nechi Dorado

" ... entraron dentro de la carabela donde el dicho almirante venía e les motró el dicho almirante carátulas de oro que traía de las dichas Yndias e seys o siete yndios que traía de allá e con un cuchillo quitó el dicho almirante un poco de oro a vn indio e se lo dio ... "

Archivo General de Indias, Signatura: PATRONATO,12,N.2,R.3 (fls. 33v-34r.)


Año 1492 o más o menos. No había Internet ni correo. Tampoco periodistas ni escritores que relataran los horrores que comenzarían a ejecutar en nombre de la fe, la evangelización, el desarrollo, la ¡civilización! A sangre y fuego, como corresponde actuar cuando se invade.
Con el correr del tiempo, de las naves y de la vergüenza, comenzaron a mutar hasta las palabras, accediendo a otras definiciones, por ejemplo, comenzaron a hablar de descubrimiento cuando debía hablarse de invasión. In-va-sión,  así nomás, sin vueltas ni tapujos.
No había nada más que  hombres, mujeres, niños, animales y riquezas  en esas tierras prósperas a punto de ser saqueadas. Casi nada y nada menos que riquezas, olfateadas a lo lejos.
Hasta la esperanza cayó herida tras la llegada de las naves desde las que descendió el genocidio.
La respuesta a la barbarie y al crimen no se hizo esperar,  generó la RESISTENCIA heroica -como toda resistencia-.
Quedó instaurado el  “Día del Descubrimiento de América” enredado en la teoría de la  “civilización”, la que devoró vida, costumbres y cultura ancestral.


¿Llegaron hombres o llegaron bestias aquel 12 de Octubre? Los recién llegados sin aviso  se llenaron de gozo pensando que habían descubierto lo que ya estaba descubierto por esa gente “salvaje”, del color de la tierra que era suya.
Pero ¿qué cosa era esa, la de creerse dueños de semejante belleza? Habrase visto tanto desparpajo, tanta insolencia en esos cuerpos donde las gotas del  sudor jugaban carreras antes de caer en los agujeros por los que se escapaba la vida.

 A lo lejos, el símbolo de lo más bajo que puede representar recuerdo humano, mujer conocida como Su Majestad,  reina de España, fiel católica practicante, desde su trono de excrementos  se frotaba las manos solo de imaginar si la arriesgada travesía y la tremenda inversión mercantilista, llegara a dar sus frutos.
Así se reprodujo el oro y la riqueza sin pecado concebidos.
Así fue la  irrupción del Gran Capital que seguiría ahogándonos en el tiempo. Hizo su entrada triunfal con la fuerza de esos hombres que rugían mientras la baba caía por la comisura de sus labios descompuestos de deseo, luego de la larga travesía y al encontrarse, de pronto, con los cuerpos desnudos de nuestras indígenas.
Ni que hablar cuando vieron a las niñas.

Diseminado el horror, pasada la sorpresa, mientras descansaban los instintos satisfechos agotados por los esfuerzos de las  violaciones, había que empezar a  hablar de un dios que castigaba a los que no se postraran ante la cruz de madera clavada en las entrañas de la Pacha Mama.
Cruz, que por otra parte, tiene la propiedad del castigo aunque esté impedida para  detener las masacres y el espanto.
Había que hacerles entender que alguien “murió por ti”, para que se sientan cómplices de torturas desconocidas, hasta entonces, porque no eran aplicadas por ellos. Sino contra ellos.
Les hablaron de un dios que esperaba en el cielo a los “buenos” siempre y cuando lo veneraran antes. Ya no había perdón si se optaba por seguir siendo “salvajes”.
En ese caso, derechito al infierno.
Derechito…
Ese que algún imbécil pintó de rojo y convenció a millones.

Hoy se conmemora un nuevo año de la llegada del  primer monopolio español al que sucederían otros en  la historia capitalista de América, introducido gracias a la mano de obra barata de presos liberados para la travesía y enfermos reproductores de pestes.
Los primeros sicarios que pisaron tierra Nuestramericana.

Esta fue la historia venerada por muchos, repudiada por otros,  de aquel 12 de octubre de 1492  y sucedida por otras.

Y siguen llegando conquistadores a esta América morena.
Y siguen matando indígenas y a sus sucesores, los pobres.
Ya no asustan con cruz de madera, ahora es suficiente con lanzar un documento que asegure que otros “incivilizados” tienen armas químicas y ponen en vilo al mundo.  O decir, simplemente son “terroristas”.
El objetivo es el mismo: la riqueza que pese a tanto dolor y tristeza nuestra Madre tierra sigue pariendo.