martes, 4 de diciembre de 2012

En cárcel de Picaleña en Ibagué hacinamiento y pésima alimentación




En cárcel de Picaleña en Ibagué

Hacinamiento y pésima alimentación

Por Nelson Lombana Silva
La situación de las personas recluidas en la penitenciaría de Picaleña en Ibagué, Tolima, es realmente degradante, exige de la comunidad defensora de Derechos Humanos apoyo solidario para hacer presión para que el gobierno nacional y las autoridades del INPEC tomen cartas en el asunto. Todo parece indicar que en este centro de reclusión se están violando los derechos mínimos de los detenidos, al igual que los Derechos Humanos consagrados no solo en la carta de las Naciones Unidas, sino también en la constitución nacional de 1991.
El hacinamiento es impresionante. Según cálculos, este penal fue construido con capacidad para albergar 2.500 reclusos y en la actualidad hay 5.038, más un centenar que llegarían en el transcurso de la presente semana, entre otros, Daniel Barrera, más conocido como “El loco Barrera”. De igual manera, según versión de los mismos detenidos, están aguantando física hambre, no solo por la mala calidad y poca cantidad de alimentos, sino por la forma tardía de repartir las comidas. Para la muestra un botón: El viernes 16 de noviembre el almuerzo les llegó a las cinco de la tarde y la comida a las diez de la noche.
Lo grave de esto, según reclusos consultados por el semanario VOZ La verdad del pueblo, es que esto no es un hecho aislado y circunstancial, hace rato se viene presentando con bastante frecuencia. La humillación es extrema y muy frecuente. No se permite el ingreso de la prensa, el “caspete” funciona a medias y el ingreso de literatura, especialmente para los presos políticos, es exageradamente restringido.
Se denuncia también la escasez de agua, las dificultades para que los enfermos sean atendidos oportunamente; al parecer muchos reclusos han muerto tramitando una cita médica.
La cárcel es otro mundo, distante e insondable que bien parece un infierno, donde se encuentran muchas personas inocentes pagando largas condenas sin deber absolutamente nada. “Estoy de en acuerdo que el que la deba la pague”, dijo un preso de esta cárcel, “yo no debo nada, sin embargo, estoy pagando las coles que el burro se comió”.
De igual manera, se ha venido denunciando que este penal es una “bomba de tiempo” que en cualquier momento puede explotar, por cuanto no hay separación de presos políticos de presos por delitos comunes. Son denuncias que reiterativamente se han venido haciendo, pero las autoridades hacen caso omiso.
Según los detenidos, la ley habla que el centro penitenciario es un centro de resocialización. Para ellos, hay de todo en la cárcel menos la posibilidad de eso. “¿Quién puede resocia- lizarse en unas condiciones tan precarias e inhumanas?” dijo uno de los presos.
Organizaciones de Derechos Humanos con asiento en la región se han dirigido al defensor regional del pueblo, Santiago Ramírez, quien ha hecho pronunciamientos pero las autoridades competentes aún no se han manifestado en serio para resolver la grave situación carcelaria. Solo pronunciamientos que se pierden en la demagogia de un régimen cada vez más represivo y criminal, que pretende minar la resistencia popular a punta de infernales prisiones como la de Picaleña.
Es la situación compleja que denuncian los detenidos en esta prisión de la ciudad de Ibagué, con la esperanza de tener una respuesta oportuna y humana del gobierno nacional. “Amanecerá y veremos”, dijo el ciego.