lunes, 25 de marzo de 2013

¿De cuál Argentina es hijo el Papa Francisco? Cartas a un sacerdote





Fieles orando en a asunción del nuevo Papa argentino



por Roberto Massari y Enzo Valls


A pocos días de la elección de Jorge Mario Bergoglio como el 266º papa y su entronización con el nombre de Francisco, publicamos tres cartas que Roberto Massari envió entre el 14 y el 19 de marzo a un sacerdote católico que aquí llamaremos Padre F. Me permito introducirlas brevemente por dos motivos: porque en estas cartas Roberto me menciona (marginalmente) y porque con el nuevo Papa tengo al menos una cosa en común: ambos somos argentinos, con las varias consecuencias que eso pueda tener.




En casi todo el mundo el enorme estupor y la incontenible alegría por la elección de este papa parecen haberse unido en un solo sentimiento cuyas exteriorizaciones suenan tan genuinas y esperanzadas en unos como hipócritas o histéricas en otros. Estupor por tratarse del primer papa no europeo - y para los de este lado del mundo, por si fuera poco, latinoamericano-, con todas las consecuencias que eso puede llegar a significar. Y alegría, en parte por el mismo motivo y en parte por muchos de los gestos y señales que desde su primer salida al balcón y desde la elección de su nombre, Francisco ha sabido lanzar al mundo: afabilidad, sencillez, humildad y sobre todo una cierta vocación de pobreza (¿franciscana?) que, según sus propias palabras, ansía para la Iglesia católica. Bastaría esto último para considerarlo ya un papado que trae de veras un viento nuevo y una mutación histórica para la ajada Iglesia Católica, eso sí, siempre maestra secular en espectacularidad, aún para mostrar los gestos mínimos, que es por lo demás una de las esencias de la sociedad del espectáculo: la transformación de lo “real” en un “momento de lo falso”.

 
De la histeria como reacción no han quedado excluidos muchos de los que repudian esta elección. He leído en Argentina comentarios realmente impresentables e inaceptables para quienes dicen luchar por un mundo más libre y justo, que trato siempre de imaginar como personas serenas, sensatas y ansiosas de buscar la verdad y transformarla positivamente en vez de arremeter a la ciega contra lo primero que les desagrada.
Muy diferente es la actitud de Roberto Massari en estas cartas y en general: su indignación trata de ir en busca de la verdad, cualquiera sea. Y cuando la encuentra o la intuye la dice, sin hacerle descuentos a nadie, pero con garbo y mesura, en este caso a un cura, que por lo que sé es de ideas muy abiertas y avanzadas respecto a la jerarquía eclesiástica, pero cura al fin.

No cabe duda que la mirada de Massari sobre este tema es la de un europeo, y no podría ser de otra manera. Es un internacionalista y gran conocedor de América Latina, pero obviamente no puede tomar el pulso de manera cabal a cada situación política y social que se verifica por estas pampas, este verdadero “fin del mundo”, como ha dicho coquetamente el Papa entre sus primeras palabras. No pretendo yo corregirlo en nada de lo que afirma, sobre todo porque comparto las cosas esenciales que expresa Roberto. Quiero simplemente aclarar - no porque él lo diga sino porque pudiera parecer que lo dice - que mis envíos de los artículos de Página 12 (diario alineado en general con el oficialismo) y otros a la redacción de Utopía Roja, no respondían a una voluntad de poner el dedo solamente en la llaga del pasado de Bergoglio sino por deber de información. Deber de información que no hubiera puesto en práctica (como no lo hice) con ningún argentino, a no ser que alguien me demostrara cierta agresividad en negar las evidencias o que yo supiera que coincidía conmigo. Es que, en realidad, el pasado de Bergoglio durante la dictadura me preocupa mucho menos que su pasado más reciente en Argentina y lo que geopolíticamente este papado puede llegar a representar para América Latina y el mundo, similar a lo que fue el de Juan Pablo II respecto a los fermentos revolucionarios que se estaban gestando en aquella época en Polonia y en toda Europa del Este, así como en otros continentes.

He leido que el padre Jalic, desde Alemania, ha dicho ahora que Bergoglio no lo denunció a él y a Yorio, que así lo creyó hasta hace varios años pero que ya no es así (después de la elección había declarado "No puedo juzgar el papel de Bergoglio en estos sucesos"). Por su parte, en Argentina, Hebe de Bonafini (de una de las líneas de Madres de Plaza de Mayo) le ha escrito una carta en la que se dice sorprendida al conocer su labor pastoral en los barrios más pobres y en la que depone su actitud beligerante, aquella que les hacía cantar cada vez que marchando pasaban ante la Catedral de Buenos Aires: "Ustedes se callaron cuando se los llevaron". Pareciera pues, que el primer viento nuevo que trae este papa es el de la reconciliación, lo cual puede ser muy positivo en algunos ámbitos de la vida privada, pero no en el terreno social, donde ciertas divisiones de clase son irreconciliables mientras se mantenga un sistema tan injusto.

Por ahí pasa mi temor: que las energías rebeldes de las masas latinoamericanas y de otros continentes vayan a ser canalizadas hacia un mundo de “paz y amor” pero sin justicia social. Mi esperanza es, de todas maneras, similar a la que expresa Roberto hacia el final de la tercera carta, es decir que el Papa pueda demostrar sus gestos espectaculares hacia los pobres y los oprimidos con acciones. En lo concreto de una parte de mi vida, la de militante social y cultural en barrios humildes de mi ciudad, espero (aunque no confío mucho en que así suceda) que, acuciados por el mensaje papal, los católicos se vuelquen en masa a darnos una mano como jamás lo hicieron.

Carta del 14/03/2013

Querido Padre F.:
Te adjunto un artículo de Página 12(conocido diario argentino con el cual colabora el también muy conocido periodista Horacio Verbitsky) que Enzo nos envió inmediatamente desde Argentina para nuestra información.
No te la envío con fines polémicos ni nada por el estilo. Me parece solamente que es justo que tu estés informado de entrada y en los límites de lo posible de la cuestión. A mí no me sorprende tanto que en el pasado de Bergoglio haya habido episodios de silenciamiento o connivencia con la dictadura militar (la de más de 20.000 desaparecidos) - no consigo imaginarme a un miembro de la jerarquía eclesiástica argentina en aquellos años que haya tratado de contrastar la matanza y haya quedado con vida - sino la indiferencia de los grandes electores cardenalicios frente a una mancha de esa naturaleza, que ha sido denunciada y puesta por escrito por un periodista famoso.

Después de lo cual nada impedirá a este Papa ser mejor o peor de los anteriores. Es más, tal vez justamente por esta mancha en su pasado, puede ser que haga de todo para que la misma caiga en el olvido o para hacerse perdonar. Por ahora no podemos saberlo.
Quedo sempre estupefacto ante estos «desafíos» que periódicamente el Vaticano lanza a la opinión pública mundial, indiferente hacia el deterioro de su imagen que de ello deriva. La desfachatez de haber querido beatificar a un papa colaborador y admirador del nazismo como Pio XII me asombra aún y constituye un precedente de gravedad sin parangón. Al lado del holocausto nazista, la redada del ghetto de Roma, las Fosas Ardeatinas, etc., no es nada un poco de omertà con los generales argentinos.

Te aconsejo una nota alegre: il Manifesto- que muchas veces con sus títulos es más que genial - puso hoy como título:“Ma non è Francesco”, con la imagen del nuevo Papa (referencia a la famosa canción de Lucio Battisti “Non è Francesca”). Y ha confiado el comentario principal a Franco Cardini, el más conocido medievalista italiano (autor de una biografía de San Francisco), personaje incómodo políticamente y no alineado con nadie.

Como puedes ver, una vez más, se confirmó aquello de que “quien entra papa sale cardenal”. Me parece que este Bergoglio, a diferencia de la vez anterior, no estaba ni siquiera en la rosa final de los papables.
Consolémonos, entonces, con otro dicho de nosotros los romanos: morto un papa se ne fa un altro (muerto un papa se pone a otro) - y esta es por el momento la única consolación…
Saludos
Roberto

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Carta del 18/03/2013

Querido Padre F.:

Si bien no es sobre estas miserias humanas (el asunto mezquino y cruel de la«entrega» de los dos jesuitas Yorio y Jalics a los torturadores militares argentinos) que debe concentrarse la atención respecto a la elección del nuevo Papa, el hecho es que la verdad hay que buscarla siempre. Y más se sospecha que esa verdad puede resultar incómoda, más es menester buscarla. Es un poco el punto número 1 de Utopía Roja (el fin no justifica los medios y en los medios debe estar presente la esencia del fin).

Por lo tanto, aún sin perder de vista la importancia de una elección papal fuera de lo común (precedida a su vez por una renuncia igualmente fuera de lo común) y la elección del nombre «Francisco» como declaración programática de querer invertir la ruta mercantilista del Vaticano (está por verse hasta dónde podrá llegar), no se puede ignorar o fingir no saber que a mitad de la década del 70 el Provincial de los jesuitas argentinos abandonó a dos colegas en las manos de los generales, mantuvo relaciones especiales con Massera (el almirante torturador que fue también miembro de la P2 italiana) y fue involucrado en cuestiones inmobiliarias de dudosa ética judicial.

La organización de propaganda del Vaticano ya partió al ataque contra Verbitsky y contra Página 12 por la documentación que han aportado sobre el affair de la delación. Creo por lo tanto que es mi deber transmitirte lo que Enzo Valls nos envió esta mañana y que actualmente es objeto de lectura y reflexión en muchos ambientes de la sociedad argentina.

El texto está en castellano y tal vez es difícil de leer. Pero la parte crucial es bastante clara. Y las citas están entre comillas. Pero la cosa más clara de todas es que el sacerdote todavía vivo, Jalics, declara haber perdonado al responsable de la delación, sin desmentir nada de lo que apareció (hace bastante tiempo) en la prensa argentina.

Jalics ha perdonado a Bergoglio. Y si Bergoglio pidiera públicamente perdón, por un error cometido en un contexto extraordinario para la misma Argentina, estoy seguro que toda la comunidad cristiana (y parte de la no cristiana) se lo concedería. Ha elegido en cambio el camino de la desmentida, del negar la evidencia, de la difamación de quien ha contribuido a excavar en la tragedia de aquellos años terribles. Con esta actitud está infelizmente hipotecando su (futura y presunta) obra de resaneamiento: porque en un mundo dominado por los mecanismos de la sociedad del espectáculo (piensa en lo que circula en la Red…)la mancha se ensanchará y contaminará también lo que hay de bueno en lo que este Papa se apresta a hacer. (Por lo demás, peor que el anterior no podrá ser y la Iglesia tiene una enorme necesidad de lustrar un poco su propia imagen hacia afuera del mundo de los fieles.)

Vista la colaboración y la familiaridad que existe entre nosotros, me siento en el deber de enviarte esta documentación que Enzo ha enviado a la redacción de Utopia Roja, sin esperar de tu parte ningún comentario o toma de posición. Te la envío por simple deber de información. Me hubiera gustado mucho poder enviarte alguna buena noticia o la documentación de algún acto de generoso apostolado de Bergoglio con relación a las 20-30 mil víctimas de los militares argentinos, de sus parientes, de los bebés secuestrados y criados por “padres”cómplices de los torturadores. Pero desgraciadamente no es así.

Un caro saludo.
Roberto


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Lettera del 19/03/2013

Querido Padre F.:

he releído el articulito che me enviaste (que no es el artículo de la Frankurter sino un breve resumen hecho por uno de los menos serios grande diarios italianos, es decir La Repubblica). Considerando que leemos solamente frases tomadas de las cartas de Bergoglio y nada de lo que le deben haber escrito los parientes implorando probablemente su intervención, extraigo algunas conclusiones lógicas:

1) No hizo nada o casi nada para liberar a sus cofrades, por que si así fuera habría referido algo al hermano o a los parientes, tal vez sin hacer nombres, pero sí refiriéndose a actos concretos. Aunque sea para aliviar la pena de los parientes. (Agrego que si hubiese hecho algo habría obtenido algún resultado. En el fondo, los militares se habían permitido el atropello solamente perché había sido él quien había levantado la cobertura de la Iglesia a aquellos dos pobres desdichados. Podía también reponerla.)

2) Dice que supo siempre que estaban vivos, pero lo dice después de su liberación. Por lo tanto: o mentía en aquel momento (en realidad no sabía más nada) o no había hecho ningún paso concreto con anterioridad, porque en tal caso habría sabido que estaban vivos y lo hubiera comunicado a los parientes.

3) La publicación de estas cartas ahorra a los estudiosos el trabajo de ponerse a buscar otras. Si existieran las habrían mostrado. Con tal de justificar lo injustificable decidieron inflar referencias insignificantes e hipócritas (de las cuales se deduce que no había movido un solo dedo por sus hermanos).

4) Hacen bien los diarios argentinos que recuerdan que el problema en aquellos años no era solamente Bergoglio, sino el conjunto de la jerarquía eclesiástica argentina, connivente de una u otra manera con los militares asesinos; Bergoglio no era la excepción sino la regla.

5) Es ridícula la acusación a Verbitsky de utilizar viejos materiales. ¿Qué debe hacer un periodista sensato que ya se ha ocupado de estos temas en el pasado: inventarse nuevos materiales? En todo caso son los cardenales del Conclave quienes deberían justificarse por el hecho de que, aún existiendo desde hace tiempo estos materiales, hayan considerado igualmente poder elegir a Bergolio. (Pregunta ingenua y maliciosa al mismo tiempo: ¿de verdad no podrían haber encontrado a otro, digamos, “sin antecedentes”, para elegir?)

6) Hoy los diarios publican un comunicado de la Corte suprema de justicia argentina que desestima cualquier tipo de complicidad de Bergoglio con los militares asesinos. En definitiva, el vicario de Dios sobre la tierra queda absuelto por insuficiencia de pruebas en una sentencia del aparato judicial argentino. Si yo fuera Dios me enojaría un poco. Pero luego, pensando en todo lo que me tocó ver en la historia de la Iglesia en los últimos dos mil años, mucho peores que estas, me calmaría y perdonaría, como generosamente ha hecho el padre Jalics. Yo (en cuanto Roberto Massari, no Dios) no hubiera sido capaz, lo admito. El perdón es una gran invención del Nuevo Testamento que en general está ausente en el Viejo, y que nunca me convenció. Puedo entender el perdón solamente como una forma de recuperación, un intercambio a la par: hiciste una cierta cantidad de mal y la sociedad te perdona sólo si repagas con la misma cantidad de bien. Es un principio que existe en parte en la moderna jurisprudencia dirigida a la recuperación del pecador (delincuente) más que al castigo.

7) Queda el hecho de que la mancha en el pasado del Papa Francisco existe, está documentada, es pública, es conocida y permanecerá en el tiempo, pasando de boca en boca, come por lo demás está ya sucediendo en la prensa y en Internet.

8) Preveo dos consecuencias políticas, una mala y una buena: a) La mala es que el Papa Francisco deberá agradecer al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (o a quien vendrá después de ella) por no haber querido profundizar en esta historia y de todas maneras por no haber querido aprovecharse. Por lo tanto es una papa condicionable por el gobierno argentino. b) La buena es que el papa deberá estar atento no solamente a no bendecir a otros dictadores y feroces torturadores (como han hecho siempre sus predecesores desde Paulo VI en adelante), sino que deberá demostrar con sus acciones que aquellos fueron errores de juventud y que hoy se ha vuelto mucho más bueno, ya sea hacia los pobres que hacia los oprimidos. Quizás en todo esto puedan beneficiarse también los homosexuales y los enfermos terminales. En cuanto a la actitud hacia las mujeres, en cambio, sigo siendo pesimista.

Paso ahora la palabra al Abogado del diablo (que en este caso debería demostrarse favorable a «santificar» a Francisco, al contrario de lo que ocurre en los procesos vaticanos de santificación).

Saludos.
Roberto

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